Liberando ríos: por el desmantelamiento de infraestructuras hidráulicas obsoletas

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La imagen de un embalse lleno de agua cristalina probablemente sea una de las más evocadoras para cualquier humano. Conscientes de que nuestra vida y bienestar dependen de este recurso, la asociamos automáticamente a la abundancia que nos regala la madre naturaleza y con un medio ambiente sano. Pero ¿es esto realmente cierto?

La construcción de embalses de siempre ha sido polémica por sus fuertes impactos sociales y ambientales. Valga de ejemplo uno de los mayores dramas de la provincia de Albacete: los “Sucesos de Yeste”, en la antesala de la Guerra Civil española y a causa -entre otros muchos factores- de la contrucción del pantano de La Fuensanta.

El bajo Cabriel no está exento de problemas de esta índole: fuertemente regulado por el embalse de Contreras, lleva un caudal anormalmente frío y elevado en pleno verano -ideal para practicar deportes acuáticos, pensará más de uno-, mientras en otoño e invierno la ausencia de crecidas permite la proliferación de carrizos y algas, y con ellos la molesta mosca negra. La barrera que suponen los numerosos azudes de riego también limitan bastante la capacidad para albergar peces, cuya población ha caído en picado en los últimos años.

Hoy en día, y tras el punto final a la construcción de grandes pantanos que supuso el conflicto de Riaño, cada vez se alzan más voces para reivindicar que se haga justo lo contrario: demoler algunas de estas infraestructuras hidráulicas, siempre que hayan caído en desuso o supongan un impacto ambiental intolerable. Es el movimiento Liberando Ríos, impulsado por WWF y Ríos con Vida.

En la Demarcación Hidrográfica del Júcar también ha tomado fuerza este movimiento, y recientemente se han inventariado 144 presas y azudes en desuso para su demolición.

Aunque en algunos casos estas infraestructuras suponen un interesante patrimonio cultural, su conservación puede compatibilizarse en ocasiones con la liberación del río mediante orificios laterales o de fondo.

Las presas y azudes no son el único tipo de infraestructura hidráulica que impide el normal desarrollo de la vida, pero sí el más impactante por impedir la conectividad ecológica longitudinal, así que su demolición es prioritaria.

Sin embargo no debemos perder de vista las motas y escolleras, que encajonan los caudales, y que sólo recientemente –con motivo de las crecidas en el río Ebro– han empezado a ser cuestionadas.

Durante siglos los humanos hemos intentado siempre dominar las fuerzas de la naturaleza, pero nos topamos una y otra vez con la misma realidad: que casi siempre resulta mucho más interesante adaptarnos y saber convivir con ella.

Nos queda muchísimo que aprender, y en la Finca “La Golfilla” queremos que todos nuestros visitantes se conciencien con el respeto a nuestros ríos y aguas. ¡Nos va la vida en ello!

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