[Reseña] The Power of Community (El Poder de la Comunidad)

Cómo sobrevivió Cuba al pico del petróleo
powerofcommunity

Diciembre de 1991. Desaparece la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y con ella el grueso del mundo comunista. Para la isla de Cuba, cuyo comercio exterior se había concentrado en más de un 70% con la antigua COMECON -a pesar de la enorme distancia geográfica-, este drástico desenlace supuso un golpe casi fatal: durante el conocido como Periodo Especial el Producto Social Global cayó entre un 35 y un 50%, y las exportaciones cerca de un 80%.

La carestía de divisas forzó al gobierno cubano a una reducción urgente de todas las importaciones, destacando entre ellas las de alimentos y las de petróleo -que obtenía a precios preferentes de la URSS-. Así se pasaron de consumir unos 14 millones de toneladas de crudo al año, a apenas cuatro. Y con esta mínima cantidad debía funcionar toda la economía.

Pero ¿qué hay de interesante para nosotros en esa experiencia? ¿No vivimos en un próspero país capitalista? La explicación es sencilla: aunque en el caso cubano los factores decisivos en ese colapso fueron puramente políticos, la realidad es que tuvieron que hacer frente a un reto que más temprano que tarde deberemos asumir todos los demás paises. Es decir, el Pico del Petróleo.

Este carácter de pionero que, de alguna manera, se le podría atribuir a Cuba -en particular por la orginialidad de las medidas que tomaron para adaptarse al cambio- ha llamado poderosamente la atención de muchos partidarios de la transición a una economía sostenible. Entre ellos, del Instituto Arthur Morgan para las Soluciones Comunitarias, autores del magnífico documental El Poder de la Comunidad: cómo sobrevivió Cuba  al Pico del Petróleo.

Pasando sucintamente por una explicación sobre el Pico del Petróleo y sus consecuencias previstas sobre la economía global -y experimentadas en propias carnes por los cubanos-, a partir del minuto 15 se centra en la revolucionaria transformación de su sector agrícola (orientada hacia la Permacultura) y otras medidas que contribuyeron a que Cuba fuera el único país del mundo en alcanzar un desarrollo genuinamente sostenible.

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Cuba es actualmente uno de los pocos países del mundo que compatibilizan un alto nivel de desarrollo humano con una baja huella ecológica.

La información que aparece en el vídeo puede dar pie a una buena cantidad de análisis altamente interesantes. El principal de ellos es, con toda seguridad, el mensaje de esperanza que nos deja: el fin de la era del petróleo no conlleva necesariamente el inicio de una era de hambrunas, sino que -muy al contrario de lo que algunos piensan- es perfectamente posible alimentar a toda la población mundial con una agricultura de bajos insumos -como veremos más extensamente en otro artículo-.

Caen también muchos otros tópicos, como la idea de solucionar el hambre en el mundo a base de producir mayor cantidad de alimentos: la experiencia -y no sólo la cubana- demuestra que el problema es eminentemente de reparto y de acceso a la (pequeña) propiedad de la tierra. Aquí la enorme fortaleza del sentimiento de comunidad cubano ha jugado muy a favor del éxito del sistema implantado.

La cuestión del “para quién” se produce también determina fuertemente el “qué” y el “cómo” se produce. De producir azúcar de monocultivos de caña para que los rusos pudieran beber vodka -y que “por solidaridad” les pagaban a un precio por muy encima de mercado-, Cuba pasó a producir las hortalizas básicas para el sustento de su propia población -permitiendo a su vez introducir el policultivo, las rotaciones, especies y  variedades más nutritivas, y muchísima menos mecanización-. Esto mismo podría ocurrir a escala global, pero sustituyendo los actuales monocultivos para pienso de ganado (de enorme impacto ambiental).

Finalmente, es especialmente relevante la mención a la reforma de la tenencia de la tierra y la distribución de los alimentos: de las ineficientes granjas estatales y el reparto centralmente planificado –típico de una economía comunista– a un régimen muy similar a la pequeña propiedad privada y sistema de mercado -pero libre de los grandes oligopolios agroalimentarios que ahogan al agricultor en el mundo capitalista-.

Y es que no son pocos los informes de la FAO que inciden en que la pequeña propiedad privada (o alternativamente arrendamientos o usufructo a largo plazo), con un reparto equitativo de la tierra, son la principal medida que el mundo necesita para alimentar a los 10.000 millones de personas que seremos de aquí a final de siglo.

Ni granjas o cooperativas estatales, ni latifundios de capitalistas absentistas: es el pequeño y mediano agricultor quien tiene en sus manos cambiar el mundo y prevenir el colapso ambiental post-petróleo. Es lo que tanto Cuba como tantos otros lugares del mundo nos han enseñado. ¿Tomaremos nota de ello?

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