Incendios forestales ¿realmente son un negocio?

Menos del 0,5% de los incendios tienen un móvil económico, mientras más de la mitad son de origen agrícola y ganadero

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Todos los años, al llegas estas fechas, el debate es el mismo. Una cadena de grandes incendios forestales causa la alarma entre la población, y los medios de comunicación se llenan de declaraciones sobre presuntos artefactos incendiarios y pirómanos -calificativo que además se extiende mucho más allá de la patología mental-, mientras las redes sociales arden con discursos políticos entorno a un pretendido negocio del fuego: desde la recalificación urbanística hasta la venta de madera quemada, pasando por acusar hasta a los propios bomberos de provocar incendios “para ser contratados en la siguiente campaña”.

Desde luego que hay de todo en la viña del Señor, y estas causas han llegado al imaginario popular porque en algunos casos -generalmente aislados- se han producido. Pero la generalización que se hace a partir de ellos no es más que una búsqueda de chivos expiatorios, puesto que la realidad es bien diferente de la caricatura.

El Ministerio de Medio Ambiente -y anteriormente el ICONA– llevan décadas recopilando estadísticas sobre las causas de los incendios, que nos muestran una imagen muy diferente a la del típico tópico del pirómano y el empresario de la construcción.

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Causas de los incendios forestales provocados entre 2001 y 2010, según datos del Ministerio de Medio Ambiente

Como puede verse en el gráfico de la izquierda, el cambio de usos del suelo -que abarcaría la recalificación urbanística- apenas supone el 0,60% de los incendios provocados (0,37% del total de incendios), alterar el precio de la madera el 0,09% (0,05% del total), y los famosos pirómanos -enfermos mentales, stricto senso, sin móviles económicos detrás- sólo representan el 9,79% de los incendios intencionados (5,98% del total). En conjunto, los móviles estrictamente económicos constituyen menos del 0,5%.

En contraste con estas cifras, podemos ver que las verdaderas causas de los incendios provocados son, en la inmensa mayoría de los casos, prácticas tradicionales inadecuadas en el mundo rural. Se trata normalmente del clásico agricultor o pastor de avanzada edad con exceso de confianza en su capacidad para controlar el fuego.

Así, podemos ver que la quema de rastrojos agrícolas abandonada supone el 42,71% de los incendios provocados (26,09% del total), y que la regeneración de pastos abandonada supone el 25,69% (15,69% del total). Las quemas relacionadas con la caza son el 3,48% (2,13% del total).

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Las quemas agrícolas y ganaderas representan más de la mitad de los incendios en España

A estos incendios que se califican de intencionados -a pesar del carácter accidental de la extensión del fuego- hay que añadir los incendios agrícolas y ganaderos calificados de no intencionados por el mero hecho de ser quemas legales en las que el causante aún permanecía junto al fuego cuando este se propagó. Estas suman otro 8,21% más a este origen, que si añadimos quema de matorrales sube a 9,89%. Total: 53,8%.

No cabe duda de que esta extraña forma de clasificar los incendios no ayuda nada a que la gente de a pie entienda el problema, y le pone en bandeja a los medios sensacionalistas hablar simplemente de un “61,09% de incendios intencionados”, dejando caer que todos son por intereses económicos. Pero la prensa seria debería tener la obligación moral de derribar estos tópicos e informar correctamente a la población.

Porque resulta que la falta de información correcta entre la población desvía la atención de los verdaderos problemas, y hace girar todo el debate público entorno a ese ridículo <0,5% por intereses económicos, en vez de hacerlo entorno al >50% por prácticas agrícolas. Lo mismo sucede con los medios técnicos y humanos destinados a la prevención: demasiada poca vigilancia en zonas rurales, poca atención a fuegos agrícolas -y poco énfasis en cambiar de prácticas-, etc.

En definitiva, con prejuicios en la cabeza nunca combatiremos los incendios de manera eficaz. Y por el camino perdemos nuestros tan preciados montes.

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