Palomares, golondrinas y cajas nido como alternativa a la fertilización sintética

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Palomar del Cortijo de Tobas (Tabernas). Foto: Arquitectura Tradicional de Almería

Al atravesar las grandes llanuras cerealísticas de las dos mesetas, o en general cualquier zona árida de este país, es muy probable que a uno le llame la atención la gran cantidad de estructuras y edificios -casi todos abandonados- que cuentan con un buen número de pequeños orificios triangulares sin aparente utilidad, al ser demasiado pequeñas y ubicadas en lo alto como para tratarse de una ventana.

Si ya estamos algo más familiarizados con el entorno rural, seguramente sepamos que en realidad se trata de una puerta.

-¿Cómo? ¿Tan pequeñas?

Claro: no están pensadas para las personas, sino para las palomas. Un animal que en las ciudades se considera una plaga, y fuente de numerosas enfermedades, pero que en el campo ha sido de vital importancia para la supervivencia de los más desfavorecidos.

El urbanita tipo tal vez pueda sentir inicialmente cierta repugnancia al pensar en ello, pero en nuestra gastronomía abundan los platos en los que el pichón es el protagonista, como es el caso de los famosos gazpachos manchegos. También sus huevos contribuían notablemente al aporte proteínico en dietas generalmente pobres.

Sin embargo, y por sorprendente que nos pueda parecer, han sido sus deyecciones -llamadas popularmente palomina- las que más han contribuido a superar la hambruna. De forma indirecta ¡por supuesto!

La palomina, un potente fertilizante de origen renovable

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El Nitrato de Chile fue la principal fuente de abono nitrogenado inorgánico hasta la invención del proceso Haber-Bosch

Hasta que en los albores de la Primera Guerra Mundial se inventó el proceso Haber-Bosch, para la fijación del nitrógeno atmosférico, y a excepción del archiconocido Nitrato de Chile -proveniente de depósitos formados por evaporación cerca de los grandes salares-, la fertilización de nuestros campos dependía fundamentalmente de la rotación de cultivos con leguminosas y de la aportación de estiércoles de los animales -también los de dos patas-.

Dentro de estos estiércoles, resultaban particularmente potentes las excretas de ave, debido a que estos seres alados no tienen vejiga y sus riñones mezclan la orina -muy rica en nitrógeno- con el resto de heces en la cloaca. Dicho de paso, eso también hace muy líquidas y corrosivas sus deyecciones.

Para ilustrar el poder fertilizante de estas deyecciones, la agricultura occidental del siglo XIX recurrió de forma masiva a la minería del guano -deyecciones de aves marinas en las islas del Pacífico donde anidaban-, generando una rocambolesca historia de colonialismo, guerras y trabajo esclavo que supuso la práctica extinción de la población de la Isla de Pascua y permitió el despegue económico del viejo mundo.

Pero la importancia del descubrimiento de estos depósitos fue sobre todo cuantitativa -capas de varios metros de grosor-. Cualitativamente, la humanidad ya llevaba al menos tres milenios explotando este recurso de forma muy singular: construyendo nidos en lugares estratégicos para facilitar la recogida de sus excrementos. Proliferaron así toda una serie de especies de aves que, desde entonces, se encuentran estrechamente vinculadas a la presencia del ser humano.

Los palomares en la historia

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Mosaico romano de Palestrina, datado del s. I a.C., mostrando un palomar

La domesticación de la paloma se inició muy probablemente durante los primeros estadios de la revolución del neolítico, en las llanuras entre los ríos Tigris y Eufrates. Las primeras imagenes de palomas datan del 3.000 a.C. aproximadamente, y ya en ellas se puede observar su uso ritual-religioso, que denota la importancia económica que tenía para estas comunidades y que de hecho persiste hasta nuestros días -el Espíritu Santo, por ejemplo-.

Entorno al 2.500 a.C. también se descubre el hábito de la paloma de volver a su hogar, utilizándose para la transmisión de mensajes en tiempos de griegos y romanos, y desarrollándose sofisticados sistemas sistemas de comunicación en la época de las cruzadas, entorno al s.XII, en Siria y Palestina.

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Palomar subterráneo de  ‘Ain al-Baida

El que probablemente sea el palomar más antiguo conocido data de los siglos VIII a VI a.C. y se encuentra en Jordania (véase fotografía). Su ubicación subterránea nos puede resultar un tanto sorprendente, si bien tiene lógica si pensamos que en esos tiempos se intentaban aprovechar al máximo los relieves naturales para economizar en materiales de construcción, como de hecho se ha continuado haciendo hasta muy recientemente.

La mayor proliferación de torres-palomar en Europa se produce en los siglos XVI y XVII, coincidiendo en gran parte con la aparición de los molinos de viento y en los prolegómenos de una de las mayores crisis de subsistencia de nuestro continente. Algunos ejemplos de torre-palomar particularmente bellos pueden encontrarse en el actual Irán, y también en buena parte de la zona del Sahel.

En España podemos visitar, entre otros, el que es considerado el palomar más grande del mundo: el Palomar de La Breña. Asimismo, se ha trabajado mucho en su conservación y puesta en valor en la Tierra de Campos, en Castilla y León.

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Palomares, golondrinas y cajas nido en la agricultura actual

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Golondrina dáurica en La Golfilla. Foto: Eulogio García

El ejemplo histórico de los palomares de Irán resulta particularmente trascendente, en tanto en cuanto en dicho país la introducción de los fertilizantes sintéticos supuso la inmediata degradación de sus frágiles suelos y una reducción de la productividad -justo lo contrario de lo que se esperaba-. Se produjo, en cámara rápida, lo que le sucederá al resto de suelos si no cambiamos inmediatamente nuestro modelo agrícola basado en el abuso de los fertilizantes de síntesis.

Pero ¿hasta qué punto pueden realmente los palomares y otras estructuras sustituir la fertilización inorgánica actual? El cálculo no se puede hacer directamente, puesto que la palomina no es un producto homogéneo -depende de la dieta de la paloma, el tiempo de maduración, etc.- y cada suelo se comporta de una manera diferente al aporte de fertilizantes. Además, el importante aporte de materia orgánica lo hace cualitativamente diferente, pues reduce las pérdidas por lixiviación y hace más eficaz la aplicación del abono.

Aun así, a modo de ejercicio teórico, se suele decir que cada paloma produce unos 12 kg de excrementos al año. No obstante, lo normal será que en nuestro palomar únicamente podamos recoger 3 kg de deyecciones secas por individuo, con la siguiente composición:

Ácido fosfórico……………..2,30%
Nitrógeno……………………3,04%
Amoníaco……………………3,70%
Potasio soluble…………..…1,53%

Un palomar de tamaño medio, con 100 individuos, produce pues unos 300 kg de palomina seca, que contiene aproximadamente 9kg de nitrógeno. En agricultura ecológica no se permite la aplicación de más de 170 kg de N precedente de estiércoles o compost por hectárea. Con una simple regla de tres, obtenemos el resultado de una superficie mínima de 500 m² -un huerto más que interesante-, y probablemente mucho más si contamos con otros aportes orgánicos o si no apuramos el límite. No debemos olvidar tampoco que el resto de excrementos también tienen muchas probabilidades de caer sobre nuestra parcela, sobre todo si esta es grande.

Cabe indicar que la potencia de la palomina fresca -superior incluso a la de la gallinaza o los purines de cerdo- hacen recomendable una aplicación muy moderada y repartida en el tiempo -preferiblemente en los momentos de mayor demanda de la planta-, y si es posible rebajándola con otros estiércoles con una relación C:N más alta o con restos de paja. De lo contrario, corremos el riesgo de “quemar” nuestros cultivos.

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Que cada elemento cumpla varias funciones, uno de los pilares de la Permacultura

Uno de los aspectos más interesante de las palomas, pero muy especialmente de las aves insectívoras como las golondrinas (o también, pasándonos a los mamíferos, los murciélagos) es que obtienen su alimento de fuera de nuestras parcelas, lo que supone una importante importación de nutrientes. Y resulta que hacen esto a la vez que contribuyen a controlar plagas, y proveyéndonos de carne, huevos y plumas. A estas ventajas podemos sumarles los valores estéticos y educativos de un palomar bien hecho y mantenido. Resumiendo: una delicia para los aficionados a la Permacultura, que tanto ansian que cada componente cumpla varias funciones.

Son muchas las especies silvestres y semi-silvestres (además de la paloma, las golondrinas o los murciélagos) que nos pueden aportar este valiosísimo recurso. Podemos favor su presencia tanto integrándolas en edificios históricos existentes (como muestra este interesantísimo manual de Gaden-Fauna de Álava), como construyendo torres y cajas-nido ex-profeso.

¿Alguien tiene experiencia con el uso de la palomina y la integración de palomares en diseños de Permacultura? ¡Gracias por comentar!

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