La organización territorial de la Villa de Ves en las Relaciones Topográficas, su Fuero y sus Ordenanzas

mapamanchuela

Aislada entre los cañones del Júcar y del Cabriel, la comarca de La Manchuela lucha por su supervivencia sobre un terreno agreste, con suelos pobres y clima árido.
Mapa: Distrito de Casas-Ibañez hacia 1835 (AHP de Albacete).

En anteriores entradas ya comentamos que, según los indicios de los que disponemos, la aldea de La Golfilla nació durante la Desamortización de Madoz, al subastarse en diversos lotes una de las principales dehesas de propios de la Villa de Ves.

Seguramente muchos se preguntarán qué significa eso de “dehesa de propios”, pues esta figura desapareció hace más de 150 años y hoy en día la mayoría de la población vive en las ciudades -borrándose así la memoria colectiva sobre estos espacios-. Así que, para explicarlo, viajaremos atrás en el tiempo, hasta el periodo bajomedieval y la conquista castellana del “Rincón de Ves”.

La actual comarca de La Manchuela, situada entre los cañones del Júcar y del Cabriel, pasó de manos musulmanas a cristianas en otoño de 1211, poco antes de la gran batalla de las Navas de Tolosa, que abriría de par en par los territorios al sur del Tajo y daría el pistoletazo de salida a un nuevo modelo de dominio señorial, caracterizado por el fuerte empuje de las órdenes militares. Puede decirse, por tanto, que se trata de uno de los últimos coletazos del modelo precedente -el de las comunidades de villa y tierra de realengo- preponderante entre el Duero y el Tajo -la Extremadura Castellana– y bajo el férreo control de los caballeros villanos.

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Las campañas de Almanzor (939-1002) fueron el detonante para un cambio en la organización social de Castilla, dando pie a las comunidades de villa y tierra y a la caballería villana.

Las comunidades de villa y tierra surgen -a partir de finales del siglo X y principios del siglo XI- como consecuencia del conflicto entre la nobleza, la Corona y una clase de campesinos enriquecidos, de la que los últimos salen como vencedores aprovechando la necesidad de movilizar efectivos ante la amenaza de Almanzor.

En clara defensa de sus intereses, fuerzan a la Corona y a la nobleza a reconocer -en fueros escritos- el derecho a ser caballeros por el mero hecho de poder permitirse caballo y armas -lo suficientemente caras para que no estuvieran al alcance de cualquiera-, y el derecho de organizar el territorio circundante a la villa desde los Concejos -asambleas de vecinos que podían ser más o menos abiertas, pero que generalmente estaban totalmente dominadas por los caballeros villanos-.

Los grandes despoblados de la zona de frontera, particularmente importantes en La Mancha, también favorecieron este proceso y una profunda reorganización del espacio. De acuerdo con las diversas tradiciones derivadas del derecho romano, el Rey pasaba a automáticamente a ser propietario de las tierras abandonadas. Pero, dada la debilidad de la Corona a lo largo del medievo, generalmente tuvo que conceder inmediatamente estas mismas tierras a aquellos señores que le ayudaran en las campañas militares y que fueran capaces de repoblar la zona -cosa que estos, también, podían hacer solo repartiendo la propiedad sucesivamente, reservándose los derechos territoriales o jurisdiccionales que consideraran oportunos-.

Cuando pasaron a dominar la escena los caballeros villanos, la Corona se vio forzada a conceder amplias extensiones de tierra a los mismos. Pero el reparto no se produciría de forma individualizada, sino que se cede al común de los vecinos, excluyendo tajantemente a los forasteros, de forma que solo se puede disfrutar de los derechos derivados de esta propiedad comunitaria mientras se siga residiendo en -y defendiendo- la villa en cuestión. Villa fuertemente fortificada, y que centralizaba toda una serie de privilegios y derechos sobre el territorio y poblaciones circundantes, ejerciendo su poder al más puro estilo feudal.

La propiedad de la tierra de labor

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Privilegio rodado de Juan II confirmando el Fuero de Cuenca a la Villa de Ves, en 1420

De la misma manera que hoy en día muchas leyes se copian de unos lugares a otros -para ahorrarse sesudos análisis jurídicos-, en el medievo se procedía de forma similar.

En el caso concreto de la Villa de Ves, Alfonso X otorgó en 1272 el privilegio de villazgo y el Fuero de Cuenca. Un fuero que se vería complementado poco a poco por la promulgación a nivel local de una serie de ordenanzas municipales, que en el caso de Ves serían recopiladas en 1598.

El Fuero de Cuenca empieza concediendo la totalidad del término “a todos sus habitantes, así como a sus sucesores”. Una fórmula parecida a la que se utiliza en el privilegio rodado por el que se concede dicho fuero a la Villa de Ves:

“a todos los vezinos que y son moradores e seran de aqui adelante […] otorgamosles que ayan todos sus terminos conplidamente asy commo los auie Vees en tienpo de Amyr Amomenin.”

Partiendo de la base de esta propiedad común, se concede a los vecinos el derecho al uso y disfrute (pero no el de libre disposición) de un terreno que -según el desarrollo normativo del siglo XVI- no excediese las 2 ha. y por un periodo de 6 años, tal y como consta en las Ordenanzas de 1598:

52. Que se pueda labrar seis almudes en tierras llecas y no sean vedadas

Ytem ordenaron, en razón de los arrompimientos, e tomar posesión en tierras llecas, qualquier vezino de esta Villa pueda señalar y señale para labrar en los dichos términos sus tierras llecas y no vedadas hasta seis almudadas de tierras, y éstas las am de tener muy bien labradas y no a trascerro, como muchas personas yntentaron a lo hazer; y esto se a de tener bien labradas hasta postrero del mes de febrero, y no las teniendo bien labradas, qualquier otro vezino se pueda entrar en hello y azer lo propio al tenor de lo que adelante yrá declarado, labrándolo bien y no de otra manera; y si más señalare de los seis almudes para arar, no le vale.

y las Relaciones Topográficas de 1575:

XLV.- Al capitulo quarenta e cinco dizeron que pasa en verdad que los terminos que la Villa de Ves tiene, todos ellos an sido y son comunes a los vezinos desta villa, para los poder rozar y labrar […] lo que se puede labrar, lo labran e ronpen libremente los dichos vezinos, y en la tierra que el tal vezino ronpe y labra tiene senorio ella tienpo de seis anos, y, en pasado aquellos, qualquier otro vezino se puede entrar y labrarlo libremente, como el otro que lo dexo, y lo posee por la mesma horden que el primero. Y desta manera unos tienpos tienen y poseen las dichas tierras vn tienpo, y otros vezinos otro tienpo […].

Aunque desde una óptica actual -mitificadora de lo común– podría parecer una norma muy igualitaria, la realidad resultaba ser harto distinta. Entre otras cosas, no debe olvidarse que solamente los cabezas de familia (invariablemente hombres, libres y cristianos) eran considerados vecinos, quedando excluidos entorno al 80% de la población de todos los derechos que esta propiedad comunal de la tierra representaba.

Para seguir contextualizando, debe recordarse que en esa época de despoblación -y agricultura poco tecnificada- el valor de la tierra era en sí mismo muy escaso, considerándose por lo general una mera prolongación de los medios para cultivarla -bienes muebles que sí eran plenamente privados-, de manera que serían estos los que en última instancia determinarían la inequidad.

slash and burn

La agricultura de roza y quema se sigue practicando en amplias zonas del mundo, contribuyendo en buena medida a la deforestación de la selva.

Abundando sobre este hecho, la gran trampa radica en la obligatoriedad de labrar la tierra con arado y bueyes -solo al alcance de los más pudientes- impidiendo (o dificultando seriamente) la práctica de la agricultura itinerante de roza y quema -al alcance de capas de población más humildes, y predominante en la región hasta la conquista-, pues se prohibió el uso del fuego salvo en casos excepcionales y bajo licencia del Concejo. Podemos una vez más verlo en la Ordenanza nº 14, que regula el uso del fuego.

14. Pena de los que hechan fuego

Otrosí ordenaron, que ningún vezino ni forastero sea osado de hechar fuego ni quemar en ninguna parte de los términos de esta Villa, so pena de mil maravedíes de cada un quemado que hiziera y demás de esta pena, yncurra en la pena de los pinos y carrascas que con el tal fuego quemare; ésto se entienda y a de entender no dando lizenzia e horden el Conzejo para que se pueda quemar en partidas que conbenga, para renouar la tierra y euitar no se críen animales dañosos.

Tampoco debe olvidarse que la caballería villana podía -controlando el Concejo, con sus competencias de ordenación y organización- asegurarse las tierras de más calidad y empujar al resto de la población a las tierras marginales. Y, claro está, siempre quedaba la opción de trabajar para la clase propietaria.

De esta manera, si la propiedad estaba reservada a quienes dispusieran de yunta y bueyes, el trabajo mismo de la tierra solía encargarse a un yuguero -una especie de aparcero que solía ser un vecino libre con cierta cantidad de capital, pero no suficiente para disponer de animales y tierras-. Este podía usar los bueyes y arado del propietario, y recibir a cambio una pequeña retribución fija de subsistencia, así como una participación variable del fruto de la cosecha en función de su participación económica a la hora de realizar inversiones. El contrato agrícola garantizaba su ocupación el año entero, pero precisamente por ello le impedía dedicar tiempo a otros menesteres más provechosos que habrían permitido su enriquecimiento y cambio de estatus social.

Por debajo del yuguero, se encontraría una masa de gente desposeída, que normalmente no alcanzaba el estatus de vecino, compuesta por jornaleros, siervos, esclavos, mujeres, niños, moros, etc. Esta suponía , y solamente podía aspirar a ser contratada eventualmente en las puntas de trabajo estacionales.
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La ordenación de pastos

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Solemos asociar la palabra dehesa a grandes campos abiertos. Pero en realidad el término surgió del establecimiento de cercados y el cierre del paraje a ganados ajenos.

Otra forma de reservarse las tierras de mejor calidad, en este caso para pastos, fue el establecimiento de dehesas concejiles. Aunque hoy en día asociemos la palabra dehesa a amplios campos abiertos, con arbolado disperso y ganadería extensiva (como la famosa dehesa extremeña), en realidad el término procede de la voz defensa.

Se trata pues de espacios cercados, que tratan de restringir severamente el acceso a ganados ajenos y a vecinos con intención de roturar la tierra.

Las dehesas concejiles (o de propios) quedaban excluidas del común. Mientras la villa todavía era de frontera, con una economía orientada a la guerra, estas dehesas se destinaban primordialmente a apacentar a caballos, mulos y asnos -las bestias por excelencia en el campo de batalla, todas ellas propiedad de los caballeros villanos y su particular forma de ganarse la vida mediante el pillaje-.

Alejado el riesgo de la guerra contra el Islam, su función pasa a ser financiar los gastos del Concejo y se amplía sustancialmente su número y extensión. Las dehesas se arriendan al mejor postor -generalmente los oligarcas de la propia villa o villas vecinas, pues la lana era un magnífico bien de exportación con el que acumular dinero (y no trigo y otras especies)- y los ingresos así obtenidos se dedican principalmente a los sueldos de regidores y demás empleados municipales -cargos a los que, una vez más, solo podían optar personas bien conectadas y fieles al poder local-, quedando una parte menor para obra pública, pago de la deuda, etc.

El sistema de licencias para aprovechamiento del monte, pastos y demás espacios comunales -así como las restricciones a nuevas roturaciones y la propiedad concejil del único molino harinero- garantizaban el control casi absoluto de la actividad económica por parte del Concejo, y con él su capacidad de extraer de los demás habitantes el excedente productivo -en todo caso, bastante bajo en la tierra de Ves- u obtener una forzada fidelidad política a la oligarquía. A su vez se establecía un sistema de beneficencia, y ciertas normas para aprovechamientos menores -tales como el derecho al espigueo, o libertades para pequeñas aves de corral-, que en última instancia ayudarían a contener el estallido social.

Para una mejor descripción del funcionamiento, recomiendo encarecidamente la lectura del artículo de Carlos López Rodríguez La organización del espacio rural en los fueros de la Extremadura castellana.
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El reparto de la Villa y Tierra de Ves

La anterior explicación teórica y más bien generalista nos permite especular sobre la evolución de los acontecimientos en la Tierra de Ves, a la vista de la parte de su historia que nos es conocida, y de alguna infomación complementaria a la que hemos tenido acceso.

Debemos empezar por destacar que su conquista cristiana en 1211, y posterior declaración como Villa -con su breve paso como aldea de Jorquera-, se centra en lo que actualmente es el castillo y el Santuario de Ves. El siguiente vídeo nos da una magnífica idea de lo agreste del terreno y las dificultades que supondría organizar la vida económica del espacio circundante.

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Como ya explicamos en la entrada arriba referida, el castillo se ubicaba en un enclave estratégico, sobre un peñasco fácil de defender y controlando el único vado sobre el río entre Alcalá del Júcar y Cofrentes. Según consta en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575):

“(es) cosa publica y notoria que la fundaron los moros y ansi lo creen por rrazon destar fundado junto a huerta y caboclagna que son lugares que ellos mas particularmente mjran para edificar”

Sabemos por la Carta de Yátova que una aljama de mudéjares persistiría al menos hasta 1266, y que tras la conquista cristiana presumiblemente continuaría trabajando la mencionada huerta -así como otros bancales construidos entorno a la villa (ver ortofoto)- pagando fuertes tributos a los caballeros villanos. El resto de la meseta, totalmente expuesta a los ataques enemigos, seguramente estaría despoblada, con eventualmente alguna siembra precaria siguiendo el tradicional método de roza y quema, pero sin realizar grandes inversiones por lo vulnerable de su posición.

villadeves_santuario2

La Villa de Ves nace entorno a un recóndito castillo de origen musulmán, controlando un vado sobre el Júcar, cuyas aguas regaban una estrecha franja de huerta. Los bancales de secano, la caza y los pastos complementaban el espacio agrícola para sustentar una población mínima.

Para poder apacentar a sus caballos, los villanos debían recurrir en verano a la ribera del río, mientras en invierno podrían ser de utilidad las resguardadas terrazas que se forman en la solana del cañón -todas ellas accesibles por caminos y fácilmente defendibles-. En las Relaciones Topográficas de Felipe II podemos leer:

33. Al capitulo treinta y tres dixeron que en esta villa ay vn castillo el qual es vna pena muy grande […] y en el rrellano della puede en la yerba della ahijarse vn pegujico de oveja […]

En caso de necesidad podían incluso aventurarse a las suaves vaguadas del altiplano más inmediato, donde conocemos por textos posteriores la existencia de la dehesa de Cabañiles -paraje que conserva el topónimo- y la Redondilla -que en las Ordenanzas de Ves de 1589 se reservaba a los vecinos menos pudientes, y cuya ubicación es dudosa pero creemos estaría al norte del actual Cerro del Redondillo, aunque también podría tratarse del paraje de La Redonda próximo a Canto Blanco-:

29. Que se guarde la redondilla de la Villa

Otrosí, atento que la dicha Villa a tenido y tiene una redondilla para los vezinos que tienen algunas resezillas de ganado que auitan con ella en el arrabal o arrabales de esta Villa, que tienen sus mojones antiguos y es en prouecho y utilidad de los vezinos que tienen algunos atajuelos de ganado, ningún forastero con su ganado lo pueda comer so pena de dos reses de día y quatro de noche, del género del ganado que fuere, y cada un vezino pueda denunziar y lleuar la dicha pena, la terzia parte de hella, y Justizia y Conzejo las dos partes.

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Aunque sea altamente especulativo, los primeros caballeros de Ves probablemente apacentaran su ganaso y caballerizas en las terrazas de la solana del cañón del Júcar, y bajo estricta vigilancia a la zona del altiplano -donde se ubicarían las dehesas de Cabañiles y La Redondilla-.

En comparación con otros territorios, como la Encomienda santiaguista de Segura, la Villa de Ves permaneció muy poco tiempo como zona de frontera entre cristianos y musulmanes -perdurando no obstante su carácter fronterizo con la Corona de Aragón-. En efecto, la taifa de Balansiya capituló ante Jaume I en 1238, la Murcia de los Banu Hud se convirtió en protectorado en 1243, y en 1246 cayó la ciudad de Jaén y se fijó la frontera con el reino nazarí de Granada.

Tras poco más de 30 años el peligro parecía alejado definitivamente, pero dadas las dificultades para la repoblación -entre otros por la presencia de golfines y almogávares– se iniciaron los intentos de señorialización. En 1282, finalizada la guerra entre el Infante don Sancho contra su padre Alfonso X, la Villa de Ves se entregaría sería entregada al Señorío de Don Manuel -más adelante el famoso Marquesado de Villena-.

Bajo el impulso de sus nuevos señores -y de la relativa paz- el paso del s. XIII al XIV supone un salto demográfico importante, y el inicio del desarrollo de unas aldeas que sintomáticamente se ubicaron en el borde norte del altiplano -hacia el que fluían las aguas, pero notablemente alejadas de la Villa-.

La primera de la que tenemos noticia, en las Relaciones Topográficas, es la de Casas de Ves, situada estratégicamente en junto al cruce del Camino Real de Valencia -que venía siguiendo aproximadamente el trazado actual de la CM-3207-, el Camino de Chinchilla a Requena por Tetuán -hoy perdido- y el Arroyo de la Cañada -conocido también como Rambla de Campiñana-.

Aunque en el enclave seguramente se hayan producido asentamientos anteriores, podemos decir que el actual poblado de las Casas de Ves nace a principios del s. XIV, al establecerse un “puerto seco” (aduanas) para controlar el comercio con el Reino de  Valencia.

casasdeves

El nacimiento de Casas de Ves podría datar de finales del s. XIII o principios del XIV, al establecerse una aduana para el comercio entre el Reino de Valencia y la Corona de Castilla. Precisamente 3 de las 7 dehesas que tiene el Rincón de Ves en 1575 se ubican en el Arroyo de la Cañada, que también serviría para regar algunas huertas.

La presencia de la Rambla, que en ese tramo suele llevar agua todo el año, resultaría primordial por la posibilidad de establecer huertas de regadío junto a ella. Pero destaca mucho más todavía el establecimiento precisamente de al menos tres dehesas concejiles a sus orillas, y de una cañada para el ganado, limitando así su posible aprovechamiento comunal u hortícola (autoabastecimiento de alimentos) para poder generar un beneficio monetario a las oligarquías residentes en la Villa. Un ordenamiento que a la postre provocaría un grave conflicto con los vecinos de las Casas de Ves-.

Las numerosas lagunas que existen en el eje de la Rambla parecen haber sido construidas en esta época para servir de abrevaderos al ganado de quienes arrendaban estas dehesas. La cercanía de varios manantiales salados también convertían estas zonas de pasto en altamente interesantes para los arrendatarios.

charcas-casas-ves

En azul, una serie de charcas excavadas a lo largo del eje de la Rambla de Campiñana, en lo que serían las dehesas de La Alberca y Campiñana. Actualmente son terrenos de regadío.

La municipalización y adehesamiento del término de la Villa de Ves de hecho prosigue al menos hasta mediados del siglo XVIII, cuando se producen graves incidentes -que exigen la intervención real- debido a una de estas municipalizaciones. El resultado práctico más importante de estos incidentes es la compra a la Corona del derecho a nombrar alcalde mayor -hasta entonces venía el corregidor de Chinchilla- y el traslado de la capitalidad de la villa desde el Castillo de Ves a las Casas de Ves-.

Hemos tratado de recopilar estas dehesas y ubicarlas en un mapa, a fin de facilitar la interpretación del proceso de ocupación y organización del territorio:

Tipo de dehesa Relaciones Topográficas (1575) Ordenanzas municipales (1598) Catastro de Ensenada (1755) Actualidad
¿Comunes? (No figura) “Redondilla” (No figura) Cerro del Redondillo
¿Comunes? “del carnjçero” (No figura) (No figura) DESCONOCIDA
Propios Cabanjles (No figura) Cavañiles Los Cabañiles
Propios Pradancho (No figura) Prado Ancho Lo Ancho
Propios Alberca (No figura) Alberca Fuente  La Alberca
Propios Canpinaria (No figura) Campiñana Campiñana
Propios Egorgilla (No figura) Algorfilla La Golfilla
Propios Abenbajar (No figura) Abenvaxar (Linde con Alcalá)
Propios (No figura) (No figura) Rincón El Rincón
Propios (No figura) (No figura) El Saladar Casa del Saladar
Desconocido DESCONOCIDA (No figura) DESCONOCIDA Dehesa Cendreros
Desconocido DESCONOCIDA (No figura) DESCONOCIDA Dehesa Vaqueros

Como puede observarse, las 6 dehesas del siglo XVI se convierten en 8 en el XVIII. Una de ellas tal vez por apropiación de la “del carnjçero” (¿el Rincón?). Figuran dos dehesas más, obtenidas de mapas recientes, que podrían haber sido de comunales (no siendo reportadas), haberse creado después del siglo XVIII (improbable, dado el conflicto ya existente), o de hecho coincidir al menos en parte con las anteriores dehesas (por cercanía, nos inclinamos a pensar que Cendreros era parte de Prado Ancho y Vaqueros parte del Saladar).

El mapa resultante sería el siguiente:

tierra-de-ves-dehesas

Los círculos verdes representan la ubicación aproximada de las dehesas de la Villa de Ves. Las más antiguas probablemente se situaran cerca de la Villa (Cabañiles y Redondilla), pero con el alejamiento de la frontera sur y el establecimiento de un “puerto seco” (aduanas) en la aldea de las Casas de Ves en el s. XIV se adehesa buena parte del espacio entorno a la Rambla, que desemboca cerca de La Golfilla. .

Si las Casas de Ves nacen a principios del s. XIV, el resto de aldeas del altiplano deben haber surgido en los siglos XVII o primera mitad del XVIII (la Iglesia de la Balsa, por ejemplo, fue erigida a finales del XVIII), en un intento de acabar de aprovechar plenamente las últimas tierras de labor que quedaran por colonizar en un contexto de fuerte incremento de la demanda de cereal.

Ante esta presión demográfica, la privatización de las dehesas de propios durante la Desamortización de Madoz debió resultar un alivio para buena parte de la población, surgiendo algunas nuevas aldeas, como la de Perichán o particularmente la de La Golfilla. Pero esa ya es otra parte de la historia 😉

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