Instrucción Técnica de Sequías: nueva amenaza para nuestras fuentes y ríos

33 alegaciones para frenar la nueva embestida del Ministerio de Agricultura

sequia

Dicen que las casualidades no existen, pero yo aún necesito que alguien me explique esto.

Como algunos seguidores del blog recordarán, el pasado 27 de noviembre publicamos un extenso artículo describiendo las nefastas políticas de gestión de la sequía que se siguien en este país, todavía obsesionadas con ofrecer más agua mediante los denominados “pozos de sequía”. En él comentábamos cómo a base de mucho trabajo y presión social, conseguimos que la Confederación Hidrográfica del Segura aceptara someter a revisión el Plan Especial de Sequía de la cuenca, proyecto que con la desmovilización acabó aparcado en un cajón.

Pero mira por dónde, que apenas 24 horas después de escrito y compartido el artículo, se publica en el portal del Ministerio de Agricultura (MAPAMA) la apertura del periodo de consulta pública de una nueva Instrucción Técnica, encaminada ni más ni menos que a regular estos planes. Y para el 21 de diciembre todas las cuencas intercomunitarias (que pasan por más de una comunidad autónoma) presentaron a revisión sus nuevos Planes Especiales de Sequía.

Que nadie se llame a engaños: preparar una documentación de este tipo lleva muchísimo tiempo, así que obviamente no había por parte del Ministerio y Confederaciones Hidrográficas ninguna repentina clarividencia al leer el artículo de marras. Esto hacía meses que ya lo tenía el Gobierno en mente -concretamente desde el inicio del actual período seco-, y los proyectos que ahora podemos leer no son sino una vuelta de tuerca más en la dirección equivocada.

En efecto, hemos podido comprobar nada más leyendo el preámbulo de la Instrucción Técnica que lo que se persigue es ni más ni menos que impedir a las Confederaciones Hidrográficas cambiar su modelo de gestión sin permiso del Ministerio. O traducido a neolengua: “establecer criterios comunes en todo el territorio” para evitar “una indeseable heterogeneidad”. Se ve que el respeto a la diversidad está en horas bajas últimamente.

Así que no ha quedado más remedio que presentar un paquete de 33 alegaciones, que podéis descargaros de esta página y enviar hasta el próximo 28 de febrero al correo bzn-sgpusa@mapama.es, indicando en el asunto: “Observaciones al proyecto de Orden por la que se aprueba la Instrucción Técnica para la elaboración de los planes especiales de sequía”.

Alternativamente, y en especial si sois personas físicas y no asociaciones en defensa del medio ambiente, os ofrecemos una opción muchísimo más sencilla: firmar una petición en Change.org y compartirla en vuestras redes sociales para divulgar el problema. Un click tal vez no haga mucho, pero sumados pueden demostrar a los gobernantes el respaldo social que merece esta causa. Además, difundiendo en redes esta información puede llegar mejor a quienes realmente marcan la diferencia: las grandes organizaciones ecologistas.

Los nuevos Planes Especiales de Sequía -en exposición pública hasta el 22 de marzo- ya han sido redactados siguiendo tal cual la Instrucción Técnica, incluso aunque esta todavía no esté ni aprobada. Parece evidente que la predisposición del Gobierno a escuchar las alegaciones es nula, pero que no se crean que no plantearemos una dura resistencia.

A continuación os dejamos el texto de Change.org a fin de que os hagáis una idea de cuales son las reivindicaciones e ideas centrales de las alegaciones.

Los Planes Especiales de Sequía son un instrumento de las Confederaciones Hidrográficas para tratar de prever y adelantarse a las situaciones de falta de lluvias y gestionar las situaciones de escasez de agua, tratando de minimizar el impacto ambiental y social de las restricciones que pueden llegar a producirse.

Sin embargo, muchos Planes de Sequía se han hecho sin incluir capacidad predictiva alguna, aplazando los problemas hasta el momento en el que solo queda repartir la escasez (causando graves conflictos entre comunidades vecinas) y utilizando como “remedio” la (sobre)explotación de los acuíferos mediante “pozos de sequía”, que en realidad solo supone aplazar aún más el problema: lo extraído de acuíferos hoy, deja de manar de las fuentes pocos meses después. En vez de ahorrar en tiempos de abundancia, se pretende robarle el agua al día de mañana.

Para luchar contra estos “pozos de sequía” (en ocasiones también denominados “Batería Estratégica de Sondeos”), diversas organizaciones sociales de la cuenca alta del Segura se organizaron en 2008 en la Plataforma en Defensa de las fuentes de los ríos Segura y Mundo. Tras 10 años de reivindicaciones la Plataforma ha logrado que se sometan a revisión los Planes Especiales de Sequía aprobados a principios de siglo, pero esta revisión se ve ahora amenazada por una Instrucción Técnica del Ministerio de Agricultura que solamente profundiza en los errores del pasado y pretende maniatar a las Confederaciones Hidrográficas para que no introduzcan ninguno de los cambios reivindicados por la Plataforma.

La Plataforma en Defensa de las Fuentes rechaza la Instrucción Técnica de Sequías por los siguientes motivos:

  • Se está tramitando simultáneamente a los Planes Especiales de Sequía (PES), pero siendo una norma de rango superior que todos los PES deberán acatar genera una grave situación de indefensión jurídica a quienes presentan alegaciones a los Planes Especiales de Sequía.
  • Con la excusa de “establecer criterios comunes en todo el territorio” la Instrucción Técnica impide que los Planes Especiales de Sequía se amolden realmente a las características propias de cada río y a los deseos de quienes en su entorno habitan.
  • No incluye indicadores adelantados, como la previsión meteorológica a medio plazo, que permitirían detercar de forma anticipada el riesgo de ver una merma en las reservas de agua, consolidando la función de los PES al reparto de escasez y dejando como única medida posible la explotación de aguas subterráneas.
  • Consolida como “normalidad” situaciones de clara sobreexplotación y vaciado sistemático de los embalses -al utilizar la media histórica como referencia-, que impiden una gestión preventiva de las sequías.
  • Impone valores arbitrarios para decretar situaciones de “alerta” y “emergencia” -que son los que activan la puesta en funcionamiento de los “pozos de sequía”-, sin permitir que cada cuenca amolde esta declaración a sus propias características.
  • Incumple flagrantemente los artículos 4.6 y 14 de la Directiva Marco del Agua, al no tomar todas las medidas necesarias para prevenir el deterioro de las masas de agua y al negar la posibilidad de que los Planes Especiales de Sequía cuenten con una participación ciudadana activa.

Por este motivo, la Plataforma ha presentado una batería de 33 alegaciones contra la Instrucción Técnica de Sequías, empezando por una petición de su completa retirada -hasta que no se presente un proyecto aceptable-, pero proponiendo también numerosas mejoras y cambios absolutamente imprescindibles.

Los abajo firmantes apoyan esta batería de alegaciones e instan al Ministerio de Agricultura a tomarlas en consideración.

¡Paremos la Instrucción Técnica de Sequías! ¡Paremos la sobreexplotación de nuestros acuíferos!

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Casas del Río: noria de riego y zona de baño en el Cabriel

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La noria de Casas del Río, reconstruida en 1991 sobre el modelo del s. XVIII, permite regar 19 ha. en la ‘Rinconada de Muñoz’.

Un lugar de paso casi ineludible al visitar la Finca La Golfilla es la pedanía requenense de Casas del Río. Viniendo desde Madrid o Valencia, el acceso norte por Pedrones a la finca será el más conveniente y nos llevará también al destino que describimos en esta entrada. También desde la finca podemos ir fácilmente caminando o en bicicleta (ver mapa al final).

Esta pedanía fue fundada en el siglo XVI, cuando aún pertenecía al municipio de Cofrentes y formaba parte del Ducado de Gandía de los Borgia, en un momento de fuerte expansión económica y demográfica en la Corona de Castilla, y con el fin específico de aumentar sus rentas señoriales al convertir tierras de secano en regadíos.

Tal y como consta en un legajo depositado en el Archivo Municipal de Requena, y se reproduce en un mural junto a la iglesia:

“Como a cosa de tanta utilidad, se debe mandar que en la partida de Tanesna, termino de las villa de Cofrentes, se haga un azud o presa para que las tierras de dicha partida sean de riego, que hay más de 300 tahullas que se pueden allí fundar y edificar un nuevo pueblo pues todo el suelo y toda ella la Baronía es de Vuesa Ilma…

En algún momento del siglo XVIII, para mejorar el riego de las huertas, se instaló la icónica noria -de 19 metros de diámetro, la única en funcionamiento en la Comunidad Valenciana tras su restauración en 1991- y se reformó el azud para facilitar el aprovechamiento del salto -donde también se ha construido un molino harinero-.

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Mosaico de azulejos junto a la iglesia de Casas del Río.

El caso es que el conjunto así creado ha llegado a nuestros días ofreciéndonos una espléndida área recreativa y de baño, en la que recientemente se ha construido un aparcamiento, merendero y numerosas instalaciones para facilitar su uso y disfrute por parte tanto de requenenses ‘acaloraos’ como de otros visitantes que buscan el frescor del agua en verano pero huyen de las playas masificadas.

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kayakAdemás de para bañarse, la pequeña represa es asimismo un lugar ideal para terminar un descenso en kayak por el río Cabriel -siendo además el mejor punto de inicio la propia Finca la Golfilla, pues dispone de riberas libres de carrizos- por lo que en época primaveral y estival recibimos siempre la visita de numerosos aficionados a este deporte de aventura. ¿Y quién no se apuntaría?

Por la tarde-noche, el Bar-Chiringuito del Río nos ofrece una magnífica terraza sobre el Cabriel, siendo el local de ocio más cercano a nuestra finca -totalmente recomendable para retomar el contacto con la civilización-. Eso sí: abre solamente durante el verano.

El resto del año nos atenderán muy cordialmente en el Bar Ca’ Rafa, justo en el cruce que lleva hacia la noria y la zona de baño, bajando la rampa de la Parroquia de San Antonio de Padua.

Y aunque temporalmente se encuentre cerrado, ha existido por algún tiempo la posibilidad de alojarse en el Hotel-Restaurante La Noria del Cabriel de forma económica y agradable. Os alertaremos cuando vuelva a abrir sus puertas.

Las fiestas patronales de Casas del Río se celebran entre el 1 y el 15 de agosto, en honor a la Virgen de la Asunción.

Listado de teléfonos de interés en Casas del Río

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Cómo crear una moneda complementaria fiable

Y por qué la mayoría de ‘criptomonedas’ son una vulgar estafa piramidal

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Durante la Guerra Civil Española muchos ayuntamientos emitieron su propia moneda para poder seguir funcionando a pesar de la contienda. Foto: Patrimonio Ayora

Uno de los temas de moda últimamente en la prensa económica es el de las llamadas criptomonedas, y particularmente del ‘bitcoin’. Estas pretendidas “monedas” aspiran a ser un sustituto fiable del dinero fiduciario que nos ofrecen el Estado y el sistema bancario, aunque en realidad –como veremos- son un simple engaño. Con un discurso atractivo (pero erróneo) con el que atrapar a los incautos.

Seguro que en este punto más de uno se preguntará: “¿Por qué hablar de ellas en un blog sobre el mundo rural?”. La respuesta es sencilla: porque la idea de ofrecer una alternativa al dinero del Estado no es nueva. Surge siempre que hay grandes crisis, como sucedió durante la Guerra Civil Española. Además, la creación de las mismas tiene una fuerte tradición entre las comunidades agrarias –particularmente las ecoaldeas adscritas al movimiento de la Permacultura-, adquiriendo el nombre de monedas complementarias.

En las líneas que siguen trataré de hacer un esbozo del funcionamiento moderno del dinero y desmontar algunos bulos y errores de consideración que se tienden a hacer. La idea en sí es sorprendentemente sencilla, accesible a todo el mundo, aunque la explicación detallada puede que incluya algún tecnicismo y requiera cierto nivel de abstracción.

¿Por qué crear monedas complementarias?

Puede que para algún lector esta sea la primera vez que escucha el término de moneda complementaria. Así que empezaremos por explicar por qué muchas comunidades juzgan necesario el crearlas.

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Tras la ocupación francesa del Valle del Ruhr (1923-1925) y la resultante huelga general, la República de Weimar fue incapaz de sostener el valor del marco alemán. Los billetes pasaron a ser utilizados como juguetes o combustible, empobreciendo masivamente a las clases medias y favoreciendo el posterior auge del nazismo.

En primer lugar, debemos destacar que el valor del actual dinero depende en muy gran medida del poder del Estado para redactar y hacer cumplir las leyes –particularmente las relativas al crédito y a la deuda-, así como de su capacidad para establecer y recaudar impuestos. También se relaciona –aunque esto no sea del todo exacto- con el sistema económico capitalista y la gran banca. Así que lógicamente las personas de ideología anarquista, y muchas otras pertenecientes a la izquierda alternativa, sienten un notable y visceral rechazo al dinero “oficial”, pero a la vez no siempre quieren renunciar a las ventajas que supone el contar con un medio de pago en vez de recurrir al trueque u otras fórmulas de dudosa eficacia.

Asimismo, esta vinculación con el poder del Estado supone en sí misma un importante riesgo. Si el Estado se debilita, si desaparece, si hay un fuerte shock de oferta (como el pico del petróleo), o simplemente si cae en manos de malos gobernantes, hay una probabilidad más bien alta de que el dinero “oficial” pierda todo su valor (hiperinflación). También sucede que, en algunos casos más raros -como en las grandes depresiones-, este se vuelva tan escaso que a la práctica no se pueda utilizar para los típicos pagos cotidianos, generando así un gran desabastecimiento de la población e importantes bolsas de pobreza (deflación).

En el caso específico de las economías más locales y de las comunidades rurales, existe además un problema añadido: las decisiones macroeconómicas que regulan el valor y la abundancia del dinero se toman pensando en el conjunto de la nación –y últimamente (en Europa) a escala continental-, lo que equivale a hablar de los intereses de un puñado de grandes metrópolis. Para nada se tienen en cuenta las necesidades de regiones enteras que con frecuencia han quedado totalmente fuera de los principales circuitos comerciales y luchan por frenar la despoblación. Tampoco se tiene en cuenta a la propia población urbana excluida, que al recurrir a estas monedas (y sobre esto hay una amplia experiencia) mejora notablemente su bienestar material y mental. Tanto en las zonas rurales como en los barrios marginales la población sufre de forma crónica una escasez de moneda que el resto de la economía solamente nota en momentos de severa crisis.

Y, por supuesto, está la clásica cuestión de la gobernanza. Desde hace ya algunas décadas, con la intención de evitar los abusos por parte de algunos políticos con pocos escrúpulos, entre las élites globales se ha impuesto la idea de que el banco central y toda la política monetaria resultante debe ser independiente tanto del Gobierno como del Parlamento. Se convierte así en una institución profundamente antidemocrática, a pesar de la enorme trascendencia que sus decisiones tienen sobre el conjunto de la sociedad.

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El Banco Central Europeo es el blanco habitual de numerosas críticas por déficit democrático

Pero claro, en el fondo este arreglo institucional no es tan diferente a la independencia de la justicia (cuando la hay), que es precisamente uno de los pilares básicos de las democracias liberales. Y si la alternativa es que el banco central sea un instrumento en manos de unos gobernantes cuyo uso del poder es en gran medida arbitrario, y cuya rendición de cuentas ante la sociedad deja tanto que desear, la disyuntiva planteada tampoco parece nada halagüeña. Solamente desde una radicalidad democrática, por lo general inviable a gran escala (imposible poner de acuerdo a millones de personas), se rompe esta lógica perversa y se pone el dinero al servicio de la gente.

¿Monedas libres de tipos de interés?

Como puede observarse, existen muchas y poderosas razones para rechazar –al menos parcialmente- el sistema monetario actual, y en consecuencia se propongan monedas alternativas o complementarias: que no aspiran a sustituir completamente el dinero “oficial” (que en muchos aspectos funciona razonablemente bien), sino que pretenden llegar a los estratos de la sociedad donde este no llega o no es útil.

Desgraciadamente, al abogar por las monedas complementarias, muchos activistas también utilizan con frecuencia argumentos cargados de desconocimiento sobre el funcionamiento del dinero. Es el caso de quienes, por ejemplo, afirman que la mera existencia de tipos de interés positivos en los préstamos (por pequeños que sean) hace que la deuda sea “imposible de devolver” y que por tanto conduzca “inevitablemente” a una quiebra que esclavizaría a toda la sociedad. Para muestra, un botón:

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De forma resumida, el error fundamental de estos razonamientos suele ser el no tener en cuenta que el dinero básicamente representa el flujo de mercancías y servicios. Si el dinero fluye en una dirección, las mercancías fluirán en el contrario. Por tanto bastaría con crear nuevas mercancías –la existencia de una plusvalía por importe suficiente- para que la deuda sea pagable.

Poseer dinero no vale en sí mismo nada, por lo que tarde o temprano el dinero correspondiente a los intereses que cobra un acreedor vuelve a ponerse en circulación (para convertirlo en una mercancía útil), permitiendo saldar definitivamente la deuda. Al final del proceso -y esto es de importancia capital- el saldo siempre debe quedar exactamente a cero. Repito: siempre, a cero exactamente. Debido al principio de identidad contable.

Lo explica a la perfección el economista Juan Ramón Rallo.

Metalismo: el relato erróneo sobre la historia del dinero.

Llegados a este punto, toca hablar de cómo surgió el dinero y cuál es su naturaleza concreta. Un tema que ha intrigado por siglos a la humanidad, pero cuya respuesta en el fondo es insultantemente sencilla. No obstante, sigue predominando un relato sobre el mismo que no por altamente popular es menos falso: el del dinero como evolución de una mercancía.

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Los metalistas creen que el dinero es una mera evolución del trueque.

El relato del dinero-mercancía (comúnmente aceptado incluso entre los economistas, si bien se basa en una mera invención de Adam Smith en una fecha tan tardía como 1776, a su vez inspirándose en una conjetura de Aristóteles) viene a dibujarnos un mundo primitivo en el que nuestros antecesores cazadores-recolectores se dedicaban presuntamente a intercambiar sus herramientas y piezas de caza mediante el sistema de trueque.

Al asentarse la humanidad en ciudades y aparecer los primeros mercados permanentes, se habría visto que este sistema era poco práctico. Como muchos ya habréis experimentado, existe una gran dificultad de intercambiar piezas de valor diferente, por lo que en la jerga económica se denomina una doble coincidencia de necesidades y existencia altos costes de transacción. Así que empezarían a utilizarse algunas mercancías más fácilmente divisibles –como los cereales, el oro o la plata- como intermediarios, reduciendo drásticamente los costes de transacción. Por su elevado éxito como medios de cambio, estas mercancías dejarían de dedicarse a sus usos tradicionales –joyería, uso dental, y hoy en día electrónica- para pasar a utilizarse casi exclusivamente en el comercio, convirtiéndose así en dinero.

Mucho más recientemente (entorno al siglo XIV), para poner el oro y la plata a buen recaudo, se habrían creado negocios especializados en guardar de forma segura (los primitivos bancos), expidiéndose certificados de depósito al portador. Rápidamente la gente se habría dado cuenta de que era más práctico utilizar estos certificados sin sacar el oro de los bancos –nacería así el papel moneda, nuestros billetes-, y los banqueros a su vez verían la oportunidad de prestar ese oro que nadie reclamaba –hasta que se reclamaba masivamente, generando pánicos bancarios-. Debido a esto los gobiernos entrarían a regular a la banca, creando a su vez un banco central como prestamista de última instancia para evitar la quiebra en caso de pánico bancario.

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Centralizado el sistema, y teniendo el Estado el monopolio de la emisión del papel moneda, tras la I Guerra Mundial (y sobre todo en 1971 por decisión del presidente norteamericano Richard Nixon) este papel moneda dejó de ser convertible en oro. Y según los metalistas solamente lo seguimos usando porque confiamos ciegamente en su valor, y porque el Estado le ha otorgado el poder de redimir cualquier deuda (es decir, es de curso legal y forzoso). De allí que lo denominen moneda fiat: literalmente “¡hágase!”,  trazando un paralelismo con el bíblico fiat lux (“¡hágase la luz!”). La intención de asemejar el dinero a un credo religioso parece obvia.

Con el poder de emitir la moneda en exclusiva, el Estado adquiriría una inusitada capacidad de apropiarse de la riqueza ajena, mediante un mecanismo llamado señoreaje: como le basta imprimir papeles, puede conseguir lo que quiera gratis. Sin embargo esta capacidad se usaría con moderación, pues podría producirse una hiperinflación y la sociedad perdería la confianza en la moneda. Desaparecería por tanto la magia.

Un ejemplo claro de este relato puede verse en el pseudo-documental Dinero es Deuda. Nótense algunas muestras sutiles de antisemitismo en el vídeo.

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El metalismo como defecto fundamental del ‘bitcoin’

La idea central que se deriva del relato metalista del dinero es que, aun siendo según ellos más fiable un dinero basado en los metales nobles, las únicas condiciones verdaderamente necesarias para que una moneda adquiera valor son su escasez (natural o artificial) primero, y una confianza etérea por parte de la sociedad en que mantendrá el valor después. En todo caso se considera el dinero un activo neto (es decir, que es riqueza por sí mismo) y no una mera representación de riqueza que en sí no aporta más que facilidad para el intercambio. No hay en la concepción metalista del dinero el saldo estrictamente nulo del que hablábamos más arriba.

Basados en las ideas y prejuicios metalistas, los artífices del ‘bitcoin’ (y de no pocas monedas complementarias de comunidades neorurales) idearon un sistema en el que la cantidad total de moneda está limitada informáticamente a un máximo –pretendiendo imitar los límites naturales del oro- y para poder obtener las primeras unidades es preciso realizar un trabajo para la comunidad o directamente improductivo que llamaron “minería” (nótese la analogía con el metal). Una vez minada, la moneda queda indefinidamente en circulación, y sin posibilidad de reducir su volumen.

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Los metalistas creen que una oferta fija de moneda hace que, por efecto del desarrollo económico, esta incremente su valor indefinidamente. Este credo genera una expectativa de revalorización que atrae la atención de numerosos especuladores sobre el ‘bitcoin’. Sin embargo, el sistema no es capaz de mantenerse.

En todo momento se deja el mantenimiento del valor de este pretendido dinero a la fe ciega de los usuarios. Una fe que sustentan con un discurso peligrosamente parecido al de cualquier estafa piramidal: al estar limitada la oferta (y no poder crecer en proporción al número de transacciones, que creen que aumentará indefinidamente), los partidarios de las ‘criptomonedas’ afirman que la teoría cuantitativa del dinero predice que el valor de la moneda tendería a subir –como de hecho ocurrió con el valor del oro en el siglo XIX-. Campo abonado para atraer la atención de especuladores y crear burbujas financieras.

Pero todo el tinglado falla en un punto muy básico: no hablamos ya del escaso fundamento que tiene la teoría cuantitativa del dinero, sino que si no creamos mecanismos que garanticen la demanda de ‘bitcoins’ (como veremos más adelante) no se cumple la premisa básica del creciente número de transacciones. Y tampoco hay manera de reducir el número de ‘bitcoins’ si baja el número de usuarios, por lo que según esta lógica entraríamos en una espiral de pérdida de valor de la moneda que a su vez ahuyentaría a quienes depositaron en ella su confianza.

Por lo tanto, el valor puede esfumarse en cualquier momento simplemente porque los usuarios dejen de creer en el relato metalista o se cambien de ‘criptodivisa’. Cosa que es demasiado fácil que suceda, de forma masiva y totalmente descontrolada. Como en cualquier pinchazo de burbuja financiera, o mucho más exactamente como el desmoronamiento de cualquier esquema Ponzi (estafa piramidal). Se puede decir por tanto que el valor fundamental del ‘bitcoin’ es cero, o incluso negativo –por la energía que debe gastarse para obtenerlo-.

Debido al credo en el relato metalista, los partidarios del ‘bitcoin’ afirman que exactamente lo mismo le sucede a cualquier otra moneda de las que llaman fiat (como nuestros euros). Pero esta afirmación solo demuestra el desconocimiento sobre el funcionamiento del dinero moderno, y de hecho entra en flagrante contradicción con las acusaciones de que la deuda es impagable por escasez de moneda (como ya vimos unos apartados más arriba). Veamos por qué.

Evidencia histórica: el crédito surgió antes que el trueque

Decíamos antes que el relato metalista sobre el origen del dinero es erróneo. Contiene dos argumentos circulares –el problema de la identificación y el de la elección espontánea-, pero principalmente  falla porque se basa en una mera suposición que no ha sido comprobada científicamente. De hecho, este relato no se corresponde para nada con la muy abrumadora evidencia que tenemos en sentido contrario.

Hace ya tiempo que los antropólogos vienen advirtiendo que en las sociedades cazadoras-recolectoras (u otras que operan sin dinero) no se está produciendo ese sistema de trueque primigenio que presuponen buena parte de los economistas. En su lugar han encontrado un sistema basado en la ayuda mutua, el regalo y en el sentimiento de estar en deuda con alguien –deudas no cuantificadas monetariamente, sin términos exactos de intercambio-. Sólo muy puntualmente se recurre a intercambios tipo trueque, habitualmente entre sociedades diferentes, enfrentadas y sin confianza suficiente como para entregar bienes a crédito. Casi nunca dentro de una misma sociedad.

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Las ‘bullas de arcilla’ son una de las primeras formas de contabilidad, junto a los palos tallados.

Una vez que las sociedades crecen y ganan en complejidad, o cuando surgen algunas tensiones, es cuando se empiezan a anotar las deudas con exactitud. Los primeros vestigios de escritura que tenemos son precisamente esto: apuntes contables. Y datan en sus formas más primitivas de hace 15.000 años, muchísimo tiempo antes de aparecer nada parecido a una moneda.

De hecho, las deudas apuntadas con exactitud casi nunca representaban un intercambio de mercancías, sino que suelen ser la evolución de una antigua forma de reconocer una especie de ‘deuda de sangre’ tras haber hecho un daño irreparable a alguien (matar a un pariente…), y tratar de pacificar la tensión entregando algún bien con enorme valor simbólico (que embellecía a la persona, de allí el oro) para situarse por debajo suya, a modo casi de sirviente o esclavo. Técnicamente no se intercambia nada, sino que una persona hace una ofrenda a otra con fines simbólicos.

Más adelante, a partir del sistema de castigos a delincuentes, deudas de sangre, tributos y crédito organizado desde los centros de poder –hace falta un mecanismo coactivo para garantizar el cumplimiento estricto de las deudas-, surge la posibilidad de transmitir estos derechos de cobro a terceros, y con ella el dinero como medio de pago universal. El dinero es pues una criatura del primitivo Estado, y no fruto espontáneo del mercado –como les gusta creer a algunos economistas liberales-.

Este dinero habitualmente no tenía una representación física (era un mero apunte contable, inmaterial como los actuales bits), pero en ocasiones –sobre todo al formarse los primeros imperios- terminaba tomando forma de fichas, tablillas de arcilla o más tardíamente monedas. Monedas cuyo valor facial siempre era claramente superior al del metal que contenían, demostrando por tanto que su contenido de metal era bastante irrelevante para generar una demanda estable y fiable. Pero con un contenido metálico que actuaba de valor de última instancia (siempre inferior) en caso de desmoronarse el imperio: bastaba fundir la moneda y se tenía algo valioso.

El mecanismo en estos casos solía ser el establecimiento de impuestos y tributos sobre territorios sometidos, de forma que existiera demanda forzosa de estas fichas y monedas. Así, los ejércitos podían llevar consigo estas fichas y monedas para hacerse con los alimentos y otros bienes que necesitaban (pues la población local necesitaba fichas para el pago de impuestos), en vez de tener que arrebatarlos por la fuerza (agravando el conflicto) o transportar todo su avituallamiento desde la metrópolis (logísticamente complicado, y muy caro).

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Jesús expulsando a los mercaderes del templo. Irónicamente, los primeros mercados surgieron entorno a centros religiosos y de poder.

Y es precisamente la aparición del dinero (y la consiguiente reducción de los costes de transacción) la que permite que aparezcan los mercados estables, casi siempre entorno a los centros de poder que originaron su aparición. El trueque como medio de intercambio generalizado en realidad no es más que un recurso de emergencia que surgiría hacia el final, cuando en los mercados firmemente establecidos falta tanto el dinero como sobre todo el crédito –la confianza en que un extraño cumpla con sus promesas-, de forma que no queda otra que truequear para obtener las mercancías que se espera obtener.

Fijémonos cómo ha cambiado el relato (simplificándolo a un modelo de evolución lineal).

Mito:
Trueque ocasional->Mercados->Dinero mercancía->Crédito y deuda->Dinero fiduciario

Realidad:
Crédito y deuda->Dinero fiduciario->Mercados->Dinero mercancía->Trueque ocasional

Para profundizar en este tema, y descubrir de paso sus profundas implicaciones morales, recomiendo totalmente la lectura del libro Deuda: sus primeros 5.000 años, del antropólogo David Graeber.

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El dinero es un contrato, y cualquiera puede crearlo

De la explicación anterior puede fácilmente deducirse que si hasta los más primitivos pudieron crear un sistema de deudas que derivó en la aparición del dinero, con más razón puede hacerlo cualquiera de nosotros. De hecho, lo hacemos diariamente cuando le prestamos algo a un vecino y esperamos recuperarlo.

Dado que cuando por el tamaño de la comunidad, el relativo anonimato, los abusos o los malos entendidos (y más comúnmente la violencia) esta confianza se debilita, es cuando empieza a llevarse a cabo un registro sistemático de quién debe qué a quién. Adquiere la deuda así un carácter contractual, que además permite su transferibilidad a terceros (usar el contrato como medio de pago).

Tal vez la representación más simple de esto sea un tipo de documento llamado pagaré, que obviamente puede denominarse en la unidad de cuenta que se desee. Los pagarés convierten una moneda (unidad de cuenta) en dinero (medio de cambio con valor).

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Los pagarés (que permiten su endoso a terceros) actúan con frecuencia como dinero.

En general, cuanto más conocido y fiable sea un deudor, tanto más fácil es que su compromiso de devolver algo sea aceptado por un tercero. Si además se dispone de los medios (poder económico, social o militar) para garantizar que se cumplirá lo prometido, tanto más fiable será el compromiso. De allí que este sistema contractual se organice dominantemente entorno a centros religiosos y de poder, que con el tiempo darían paso al Estado y se harían con el control monopólico para imponer un cierto estándar –función de la moneda como unidad de cuenta-, que no tiene ni por qué estar vinculado a una mercancía en concreto sino simplemente ser un valor flotante.

Habitualmente es la capacidad de los poderosos para imponer penas, tributos e impuestos de una determinada especie (hacer que algunos individuos de la sociedad estén en deuda con la institución a la que representan) la que crea en primer lugar este tipo de anotaciones en forma de tablillas de arcilla, monedas de metal, o simples billetes. El poderoso las entrega entonces a cualquiera de sus proveedores (en vez de tener que “truequear” con ellos) para obtener aquello que quiere, de forma que el individuo deudor podrá redimir su obligación entregándole la especie (o cualquier otra cosa que se juzgue equivalente) al que porte la tablilla o el billete, y finalmente entregándola al poderoso como prueba de que ha cumplido su obligación.

Veamos un caso práctico, aplicado a una comunidad rural, que de paso nos permitirá diseñar nuestras propias monedas complementarias y desvincularlas de los tradicionales poderes del Estado –para depositarlas en el poder de la comunidad-.

Cómo crear una moneda complementaria fiable

1. ¿Realmente necesitamos el dinero?

Un primer debate colectivo imprescindible es el plantearnos si nuestra comunidad va a necesitar realmente una moneda complementaria, y qué queremos dejar en su radio de acción –pues habrá ciertos ámbitos en los que prefiramos preservar un tipo de relación diferente, por ejemplo en el sustento más básico-. Saltarse este punto podría dar pie a muchas discusiones futuras, pues no se habrá establecido la base cultural del sistema económico.

Como ya hemos visto, las comunidades de menor tamaño suelen basarse en economías mutualistas y en economías del regalo (en muchas familias o grupos de amigos persiste) o en la entrega a crédito de ciertos bienes y servicios sin una contabilidad exacta de quién debe qué a quién. También podría darse el caso de ser suficiente con utilizar las monedas oficiales en transacciones interiores puntuales, de mayor importe (compraventa de tierras o maquinaria), o simplemente llevar la contabilidad de lo que se entrega y fijar ciertas proporciones entre categorías de productos (en el mesolítico superior solía hacerse con un palo tallado).

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Pero a partir de cierto tamaño (entorno a las 100 personas) sí puede resultar conveniente la creación de una moneda complementaria local o virtual. Recordemos que el trueque –por el que abogan muchos colectivos críticos con el sistema monetario estatal- es muy poco efectivo, e históricamente solo se ha dado entre comunidades enfrentadas en las que reina la desconfianza. De hecho el término trueque suele ser sinónimo de engaño en muchísimos idiomas, pues cada una de las partes suele pretender beneficiarse a costa de la otra.

Para que este debate pueda realizarse en términos razonables, recomiendo la lectura previa del Capítulo 5 (Breve tratado sobre las bases morales de las relaciones económicas) de la ya citada obra de David Graeber, donde el autor distingue entre tres tipos fundamentales de normas sociales (mutualismo, reciprocidad y jerarquía) que aparecen en todas las comunidades humanas en mayor o menor grado. Estas normas son en gran medida contradictorias entre sí, y en todas las sociedades se establecen de forma más o menos explícita los límites entre una categoría de normas y otras. Discutir esto nos dejará muy claro el enorme abanico de opciones que se abre ante nosotros, para crear una comunidad acorde a nuestras más íntimas creencias y valores éticos, en la que los malentendidos por diferencias en los trasfondos culturales se minimicen.

2. Forma social y órganos de gobierno de la comunidad

Tras un tecnicismo tan farragoso se esconde la forma en que se organiza la comunidad para tomar decisiones y qué fórmula elige para recibir cierto reconocimiento por parte de las autoridades. Este último punto puede tener su importancia en cualquier caso, pero muy especialmente cuando se introducen acuerdos de tipo económico, cara a minimizar problemas en caso de conflicto con alguna parte que no cumpla con lo acordado (que podrían acabar en los juzgados).

Cuanto más claro esté de entrada el funcionamiento de la comunidad (admisión, expulsión, reparto de responsabilidades, etc.), menos problemas se tendrán en el futuro. Sobre todo una vez entra el dinero en funcionamiento.

15M-votacion

Incluso las agrupaciones más abiertas y espontáneas (como el caso del movimiento 15-M) deben organizar en cierta manera la toma de decisiones.

La fórmula jurídica más sencilla es la de asociación, que además suele corresponderse mejor con un funcionamiento asambleario. Además, por lo general, no está obligada a presentar su contabilidad en euros, por lo que podremos hacerla preferentemente en nuestra propia moneda, y sólo traducirla a euros cuando sea estrictamente necesario (liquidación, etc.).

Sin embargo podrían interesarnos también las figuras de cooperativa integral (muy de moda recientemente), fundación (interesante desde el punto de vista fiscal, pero extremadamente burocrática), sociedad laboral, etc. en función de las exenciones e incentivos que el Estado ha dispuesto para ellas. Es más: incluso es posible que lleguemos a gobernar algún Ayuntamiento (hay miles de ellos con una población casi testimonial), aunque en este caso los controles del Estado son prácticamente totales.

Formalmente estas instituciones supondrán la necesidad de nombrar ciertos cargos (siendo, para nuestro propósito, especialmente importantes el Secretario y el Tesorero), aunque generalmente hay gran libertad sobre la fórmula concreta de funcionamiento y por lo general domina la democracia interna.

3. Definición de la unidad de cuenta

Una de las principales funciones de la moneda, si no la principal, es la de servir de patrón de referencia, de unidad de cuenta con la que se compara el valor de las cosas. Para eso es preciso que la propia moneda tenga muy bien definido su valor de antemano.

La manera en que el Estado hace esto, de forma muy opaca por cierto, es definiendo qué productos componen la llamada ‘cesta de la compra’ con la que se mide el IPC (la inflación). Posteriormente le da al Banco Central un objetivo de depreciación o inflación (un 2% para el Euro), a sabiendas de que el control total del nivel de precios es imposible. El que las penas en caso de incumplir la obligación tributaria (ver punto 7) u otras deudas sean proporcionales a esta cesta también es uno de los vínculos que permiten el mantenimiento de este valor como referencia.

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Cada 5 años el INE actualiza la composición de la ‘cesta de la compra’. En la imagen, cesta de 2017. Las decisiones sobre su composición no es una cuestión meramente estadística, sino que tiene profundas consecuencias en la política monetaria del país.

Para nosotros el problema será bastante más sencillo. La ‘cesta de la compra’ con la que medir el valor inicial de nuestra moneda será de apenas un puñado de productos: preferentemente de los que podemos producir localmente, pero también que (en lo posible) coticen en alguna lonja agropecuaria cercana. Por ejemplo, 10 golfillanos = 1 kg de centeno y 5 melocotones. La cesta puede incluir servicios (p.ej. 1 hora de trabajo indefinido, unidad muy habitual en los llamados bancos de tiempo), pero hacerlo podría suponer problemas prácticos en la liquidación del sistema que veremos más adelante.

Aunque en una primera fase será conveniente apostar por una cierta estabilidad, esta proporción no tiene por qué ser fija: la moneda se podrá devaluar o revaluar, o cambiar su composición para ajustarse a la realidad de nuestra comunidad. La ‘cesta’ tampoco significa que el emisor (la asociación) deba verse obligado a garantizar la convertibilidad, es decir, a que cualquiera con 10 golfillanos pueda exigir ese kg de centeno y 5 melocotones cuando quiera a la asociación misma.

Si se decide garantizar la convertibilidad a esa ‘cesta’, hay que asegurarse de que la asociación esté bien abastecida de los bienes que la componen, o pueda comprarlos muy fácilmente en cualquier momento en mercados exteriores. Desaconsejo la convertibilidad de la ‘cesta’, siendo suficiente que la moneda valga para saldar los compromisos (impuestos, contribuciones, o como se le prefiera llamar) de los miembros de la comunidad con la asociación.

Muchas comunidades suelen vincular el valor de sus monedas complementarias al de la moneda nacional, y tratan de garantizar su perfecta convertibilidad. Esto se suele hacerse para mantener una fuerte apertura exterior: cualquiera puede entrar y salir fácilmente del sistema, y no hay que complicarse haciendo cálculos sobre el precio en una u otra moneda.

Sin embargo, esta opción aporta más bien poco a la comunidad, pues nos afectarían igualmente los procesos inflacionarios o deflacionarios de la moneda nacional y tampoco nos permite incrementar la cantidad de dinero en circulación localmente.

4. Quién, cuándo y cuánto debe contribuir a la comunidad

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En el sistema monetario moderno, el Estado puede regular el flujo de dinero con diversos mecanismos. Sin embargo, sigue siendo la capacidad de imponer tributos el más importante de todos.

La forma en que el Estado garantiza principalmente el poder adquisitivo del dinero “oficial” es mediante impuestos (que generan una demanda estable de moneda), y en casos puntuales mediante grandes privatizaciones (retirada importante de cantidad de moneda en circulación), que obviamente también pueden responder a motivos ideológicos.

Además, a través de su banco central, mediante operaciones de mercado abierto, cambio de tipos de interés y demás mecanismos de actuación sobre el sistema bancario (provisiones, coeficientes de caja y capital, etc.) que por su complejidad no nos interesarán. Todos estos mecanismos se caracterizan por dejar un balance final a cero: no generan poder adquisitivo neto.

Si queremos crear una moneda complementaria, en nuestra comunidad deberemos hacer algo parecido. Todos sabemos que siempre habrá necesidades colectivas que cubrir, y la forma de cubrirlas puede ser mediante prestaciones directas (horas de trabajo repartidas entre los miembros de la comunidad, entrega de bienes concretos), o indirectamente mediante una contribución de dinero. En este caso, sabiendo el valor inicial de nuestra moneda, podemos decidir quién paga cuánto y en qué momento, según el principio que por nuestra orientación ideológica y social prefiramos.

Este debate probablemente sea el más delicado, pues siempre habrá partes que sientan un cierto agravio. Pero no es nada que no suceda ya cuando lo que aportamos no es dinero, sino trabajo o bienes propios. Siendo transparentes y sabiendo muy bien a qué se dedicará lo recaudado –que en todo caso revertirá en la comunidad- minimizaremos los problemas.

Cuando la propiedad de las tierras y/o edificios es de la asociación, existe la opción de que estas aportaciones sean sustituidas total o parcialmente por el alquiler de las instalaciones. Esta posibilidad otorga más libertad a sus miembros y genera menos tensiones, aunque puede no ser suficiente si las necesidades colectivas son grandes.

Respecto al cuándo, dependerá en gran medida de qué tipo de actividades se lleven a cabo en la comunidad. Una economía agrícola tiende a ser más estacional, y por tanto el cobro de la contribución resultará más sencillo justo después de la cosecha principal. Si entre las instalaciones de la asociación hay un almacén de alimentos o pósito, este ingreso repentino puede dedicarse a la adquisición de parte del producto (en un momento en el que además tiende a estar barato), para después revenderlo o prestarlo poco a poco (cuando el alimento escasea). Esto permite la estabilización del precio, da un servicio de almacenamiento importante a la comunidad, y genera ingresos recurrentes a lo largo del año. Abundaremos en esto más adelante.

5. Elaborar un presupuesto comunitario

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La práctica de elaborar presupuestos participativos se ha extendido a buena parte de nuestros Ayuntamientos.

Una vez sabemos qué cantidad de moneda van a necesitar los miembros de la comunidad (para hacer frente a sus obligaciones con la asociación) y en qué momento lo harán, tendremos una idea también de qué cantidad de esta moneda podremos poner en circulación para que el saldo sea siempre cero. O dicho de otra manera: cuando sepamos cuánto va a ingresar la asociación, podremos decidir cuánto va a gastar.

Para que pueda llegar a haber moneda en circulación, resulta obvio que el gasto ha de anteceder al ingreso. Es decir, que si sabemos que el 30 de junio (tras la cosecha de cereal) los miembros de la comunidad nos pagarán 2.000 golfillanos, deberemos haber gastado estos 2.000 golfillanos entre el 1 de julio del año anterior y el mismo 30 de junio de este año. En el sistema monetario estatal el banco central presta dinero al Estado, para luego pedírselo devuelto (lo que genera siempre, forzosamente, el saldo cero), pero nosotros podemos hacerlo directamente si somos conscientes de esta restricción necesaria.

Como norma general, salvo que nuestra comunidad crezca en número de miembros o en una actividad económica más intensa (desarrollo económico), si queremos preservar el valor de la moneda a largo plazo será preciso respetar el principio de un presupuesto equilibrado –es decir, en el que coincidan los ingresos y los gastos-. Aunque, por supuesto, no es obligatorio mantener el valor de la moneda: de hecho, los Estados asumen un 2% de inflación anual como objetivo aceptable, que se traduce a su vez en objetivos de déficit presupuestario (-3% del PIB).

La excepción a esta recomendación de presupuestos equilibrados puede hacerse en el primer ejercicio, en el que conviene incurrir en un ligero déficit (más gastos que ingresos) para que siempre exista una cierta cantidad de moneda en circulación. También puede ser recomendable tener déficit en situaciones de emergencia, en que sea preciso movilizar todos los recursos posibles (véanse para ello obras relativas a la economía de guerra).

Alternativamente, y para mayor seguridad en el mantenimiento del valor de la moneda y del principio del saldo neto cero, puede alargarse el ejercicio haciendo que el gasto del siguiente ejercicio anteceda al ingreso del anterior (ver gráfico). O mejor aún, realizar un ajuste fino de la cantidad de dinero en circulación con otras herramientas de que disponemos, y que explicamos a continuación.

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6. Ajuste fino de la cantidad de dinero en circulación.

Hilando con el párrafo anterior, cabe señalar que uno de los secretos para realizar bien el presupuesto es ajustar en el tiempo los ingresos y los gastos para evitar grandes fluctuaciones en el precio de los productos a lo largo del año, y entre años buenos y años malos. Para esto la cantidad de moneda en circulación debe ajustarse más o menos a la cantidad de productos que se ofrecen en cada momento, incluyendo la propia mano de obra.

A la vez, y aquí radica la mayor dificultad, debemos tratar de realizar los gastos en el momento en el que le saldrá más económico a la asociación. P.ej. comprar alimentos para almacenar justo tras la cosecha, o contratar peonadas de mantenimiento de infraestructuras en las épocas del año en que el trabajo agrícola escasea.

Este arte solamente lo podemos aprender con la experiencia, conociendo lo mejor posible el comportamiento de los miembros de la comunidad y los ciclos naturales. Además, será muy conveniente a este respecto llevar una contabilidad bien clara de la cantidad de dinero en circulación en cada momento y las obligaciones de los miembros, para que en todo momento se anulen.

Cabe recordar también que es precisamente aquí donde entran en juego otras herramientas distintas a las contribuciones obligatorias (tipo impuestos). Decíamos más arriba que los bancos centrales realizan operaciones de mercado abierto y variaciones en el tipo de interés para garantizar la estabilidad de precios. Nosotros podemos llevar a cabo el equivalente para nuestras monedas locales.

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El pósito ha sido una de las principales instituciones financieras rurales, especialmente durante la Edad Moderna. Hoy en día las cooperativas agrarias han asumido muchas de sus antiguas funciones. Foto: Historia Local de Campo de Criptana.

En las operaciones de mercado abierto el banco central compra y vende títulos de deuda pública (y otros valores financieros) para incrementar o reducir –respectivamente- la cantidad de dinero en circulación. En nuestro caso la asociación misma podrá comprar y vender productos de diversa índole, siendo especialmente interesante a este respecto el cereal almacenado en el pósito: estabiliza tanto el precio de este bien de primera necesidad como el valor mismo de la moneda, y además puede llegar a generar un beneficio –se compra barato cuando abunda y se vende caro cuando escasea-.  Además, garantiza la existencia de semillas suficientes para la siguiente siembra, de forma que la escasez de un año no se lleve al siguiente.

Los tipos de interés por su parte sirven para retribuir a quien deposita parte de su dinero en el banco central y penalizar a quien lo quiere tomar prestado. Con tipos de interés altos mucha gente deposita el dinero en el banco (retirándolo de circulación para su uso futuro), y con tipos de interés bajos la gente tiende a pedir el dinero prestado (aumentando la cantidad que hay en circulación, debiendo devolverla en el futuro). Nosotros podremos utilizar los intereses de forma similar, como por ejemplo:

  1. Ofreciendo depósitos remunerados en invierno. En esta época no hay apenas trabajos agrícolas y muchos miembros se ofrecerán para trabajar para la asociación (para las necesidades colectivas). Esto se traducirá fácilmente en un mayor gasto, aumentando la moneda en circulación. Sin embargo, en esta misma época del año hay pocos alimentos en el mercado –casi nada en que gastarse el dinero-. Así que nos convendrá apelar al ahorro, incentivándolo si es necesario con el pago de intereses.
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  2. Ofrecer créditos justo antes de la cosecha principal. Quien cultiva un trozo de campo puede necesitar contratar mano de obra extra, a la que tal vez quiera pagar antes de haber vendido su cosecha. También puede que haya quien necesite comprar mucha de esa cosecha (sobre todo si no se dedica a la agricultura, o es ganadero/cultiva otra cosa), para disponer de ella el resto del año. E inmediatamente después de la cosecha viene el pago de las contribuciones, por lo que ese colchón extra de dinero puede venir bien en ese momento, esperando poder devolverlo luego con los trabajos invernales. Dar créditos en ese momento prácticamente garantiza que haya una demanda suficiente para repartir toda la cosecha a un precio estable, que se paguen las contribuciones a la asociación, y que más tarde –cuando escasea el cereal- no tengan tanta propensión a comprarlo (menos demanda = se contiene el precio).
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  3. En una situación de emergencia (p.ej. rotura importante del sistema de riego a causa de fuertes lluvias) habitualmente la asociación se verá forzada a gastar sustancialmente más de lo que ingresa (fuerte déficit presupuestario) para movilizar a los miembros en las reparaciones. Para esterilizar este exceso de dinero en circulación podremos recurrir a una fuerte subida de tipos de interés (de forma que los miembros tiendan a ahorrar en vez de gastar), incentivar con llamamientos colectivos o incluso obligar a realizar estos depósitos de dinero. También se podrán vender ciertos bienes de la asociación (entre ellos el propio grano del pósito, que de forma natural probablemente también sea más demandado), que en época de bonanza es conveniente haber acumulado para aumentar la resiliencia.

7. Quiebra: cuando un miembro no puede hacer frente a sus compromisos

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Garantizar el valor del dinero bancario es una de las razones de ser de los desahucios. Nosotros podemos diseñar otros mecanismos de quiebra.

Sucederá de vez en cuando que uno o varios miembros de la comunidad no puedan hacer frente a los compromisos que han adquirido con los demás. Qué hacer en estas situaciones es una decisión ética de primer nivel, que desgraciadamente en el actual sistema económico tiende a ejecutarse de forma bastante despiadada (desahucios, etc.), con un discurso que trata de desligar las decisiones económicas de sus consecuencias sociales.

Nosotros en este caso tendremos una gran ventaja: al ser una comunidad más pequeña podemos saber con certeza quién falla y por qué motivo lo hace, ofreciéndole una alternativa más suave y personalizada si fuera preciso. De esta manera, por ejemplo, un miembro que no puede pagar su contribución por una mala cosecha puede estar exento de pago o recibir temporalmente un crédito y ser contratado en la siguiente campaña de invierno –quedando parte de su retribución retenida para pagar el crédito-.

Así resulta bastante más sencillo establecer mecanismos de ayuda mutua que van en el interés de todos y convierten el pago de las deudas (y consiguiente sostenimiento del valor de la moneda) en algo más soportable para la sociedad, de forma que no se generen grandes desigualdades y no surjan conflictos entre acreedores y deudores.

La principal amenaza a la estabilidad de este sistema es la quiebra por parte de una persona que decide abandonar la comunidad. Para prevenir esta situación es conveniente que, al entrar en la comunidad y contraer un compromiso de contribución a la misma, se deposite a modo de fianza algún bien o moneda “oficial” por valor equivalente (generando intereses si se considerara procedente). Y para no impedir la entrada de gente sin patrimonio se podría pedir que adelanten trabajo por valor equivalente a su contribución del año siguiente (su retribución conformaría el depósito obligatorio del que hablábamos más arriba).

Si no se establecen las medidas de flexibilidad y garantía de las que hablábamos antes, la pérdida deberá ser asumida por la asociación ajustando su presupuesto el año siguiente de tal manera que se recuperen esas monedas de más en circulación (principio de saldo neto cero), o alternativamente por los demás miembros de la comunidad al depreciarse el valor de la moneda (reducir la proporción con la ‘cesta de la compra’).

8. El sistema en funcionamiento: vigilar, analizar, corregir y mejorar

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El ‘Kaizen’, o mejora contínua, es una de las filosofías que permiten a las organizaciones alcanzar la excelencia. Es una de las herramientas a incorporar en nuestro proceso de aprendizaje.

Ahora resumiremos un poco el funcionamiento del sistema. Tras haber fijado el valor de nuestra moneda –como unidad de cuenta-, establecemos cuánto de este dinero deben pagar los miembros de la comunidad a la asociación (o el órgano de gobierno que hayan determinado).

Esto hace que los propios miembros necesiten ese dinero (genera una demanda de moneda), y que por lo tanto la asociación pueda gastar una cantidad más o menos equivalente para cubrir las necesidades colectivas (emisión del dinero). Para estabilizar los precios a lo largo del año se realizan operaciones para aumentar o reducir la cantidad de dinero en circulación en todo momento, y garantizar que el saldo neto sea cero.

Aunque el mecanismo en sí es muy sencillo, para hacer que funcione bien es necesario llevar a cabo una importante vigilancia pública, analizar los fenómenos monetarios y comerciales que estemos observando y en base a ello tratar de corregir nuestros errores constantemente. Por este motivo es imprescindible llevar a cabo una buena contabilidad –sin perder de vista que el dinero emitido por la asociación es siempre una deuda con sus usuarios, debiendo anularse ambos saldos-, mantener cierta disciplina tanto a la hora de reclamar las contribuciones como a la hora de gastar, y ofrecer una absoluta transparencia que impida que quienes más tiempo dedican a mantener el sistema monetario de la comunidad (es inevitable que recaiga entre quienes más sepan de números) cedan a la tentación de beneficiarse ellos a costa de los demás.

Todos los puntos descritos en este post, y las cifras que salgan de nuestra contabilidad, deberán someterse periódicamente a debate entre los miembros de la comunidad, a fin de ajustar cuando sea preciso el valor de la moneda (al principio puede que pase más a menudo de lo que pensamos), modificar los presupuestos y contribuciones periódicamente, así como la juzgar la gestión del pósito y de las cuentas de ahorro mencionados en el punto nº 6.

Eventualmente podrán introducirse modificaciones de calado para mejorar su funcionamiento, como podría ser la separación del presupuesto comunitario, las tareas de emisión de dinero y banca, y la gestión del pósito. Particularmente interesante será el montar un mecanismo de cambio exterior, para convertir nuestras monedas complementarias en moneda “oficial” y viceversa: en principio ocurrirá de forma informal y espontánea (por la interacción de los miembros de la comunidad con gente foránea), pero con una institución específica de cambio esta práctica adquirirá mayor formalidad y podrá permitirnos estabilizar más si cabe el valor de la moneda, amén de incentivar la exportación o la importación según convenga.

9. Liquidando el sistema

LIQUIDACIÓN POR CIERRE CARTELES LIQUIDACIÓN CIERRE /

Los procesos de liquidación buscan saldar todas las cuentas pendientes y quedar en paz con la sociedad.

Como todo en esta vida tiene un comienzo y un final, también debemos prever la desaparición de nuestra moneda complementaria. Esta será una decisión bastante drástica, habitualmente ligada con la desaparición de la comunidad, pues como indica D.Graeber en su ya citada obra, los humanos tendemos a liquidar todas nuestras deudas con otra persona cuando ya no deseamos tener ninguna relación con esa persona.

Por ello, la desaparición de la moneda complementaria también deberá hacerse de tal manera que no empobrezca a ninguno de sus miembros –por volatilizarse el valor de la moneda-, pues dejaría heridas abiertas y dificultaría zanjar definitivamente una relación problemática. Así que recordemos el carácter de nuestra moneda como el de una deuda de la asociación (como un todo) con los miembros de la comunidad. Y que el saldo final siempre ha de ser cero.

Si por la vía de las contribuciones acordadas no desaparece toda la moneda en circulación (cosa que debería ser así, si se han seguido atentamente los pasos enumerados), habrá que ofrecer a quienes aún tienen monedas en su poder la posibilidad de comprar con ellas una parte del patrimonio de la asociación –de lo que quede de ella-, por un valor similar al que tenía la moneda. Se trataría por tanto de un proceso de liquidación ordenada de la entidad.

Dado que podría darse el caso de una disolución no amistosa, en esta situación probablemente rijan más las normas del Estado que los acuerdos internos de la comunidad. A este particular es interesante el conocimiento del Libro Cuarto del Código Civil, y más concretamente los siguientes artículos:

Artículo 1157.- No se entenderá pagada una deuda sino cuando completamente se hubiese entregado la cosa o hecho la prestación en que la obligación consistía.

Artículo 1167.- Cuando la obligación consista en entregar una cosa indeterminada o genérica cuya calidad y circunstancias no se hubiesen expresado, el acreedor no podrá exigirla de la calidad superior, ni el deudor entregarla de la inferior.

Artículo 1170.- El pago de las deudas de dinero deberá hacerse en la especie pactada y, no siendo posible entregar la especie, en la moneda de plata u oro que tenga curso legal en España. […]

Artículo 1175.- El deudor puede ceder sus bienes a los acreedores en pago de sus deudas. Esta cesión, salvo pacto en contrario, sólo libera a aquél de responsabilidad por el importe líquido de los bienes cedidos. Los convenios que sobre el efecto de la cesión se celebren entre el deudor y sus acreedores se ajustarán a las disposiciones del título XVII de este libro y a lo que establece la Ley de Enjuiciamiento Civil.

Artículo 1754.-  La obligación del que toma dinero a préstamo se regirá por lo dispuesto en el artículo 1170 de este Código. Si lo prestado es otra cosa fungible, o una cantidad de metal no amonedado, el deudor debe una cantidad igual a la recibida y de la misma especie y calidad, aunque sufra alteración en su precio.

Y en este punto es donde cobra especial relevancia el haber definido previamente la ‘cesta de la compra’ de la que hablábamos en el punto nº 3. Lo que vienen a decirnos estos artículos es que la asociación deberá entregar a los poseedores de nuestra moneda local los bienes y servicios de esta cesta, o una cantidad por valor equivalente de dinero “oficial”. También puede entregarle parte de su patrimonio por el mismo valor, siempre y cuando el acreedor lo acepte o no quede más remedio –en cuyo caso se procedería al típico concurso de acreedores, bajo tutela judicial-.

Cuanto más fáciles de valorar sean los artículos de la cesta de la compra que determinamos al principio –por ejemplo, si se compran y venden en la lonja agropecuaria más cercana-, tanto menos conflictivo resultará este proceso de liquidación. Habrá una cotización clara de nuestra moneda complementaria, podrán traducirse todos los compromisos a euros, y eventualmente vender o entregar los bienes de la asociación valorados en euros.

De la misma manera, cuanto más líquidos (fáciles de comprar y vender, aceptables por todo el mundo) sean los bienes de la asociación, y cuanto más saneado haya sido el balance de la misma, tanto menos necesario será que se entrometan jueces y abogados u otras instancias del Estado, y en mejores términos quedaremos unos miembros con los otros.

Todo este proceso de liquidación nos permitirá cerrar el ciclo, habiendo dejado a nuestra moneda complementaria en buen lugar, y no como una vulgar estafa como el ‘bitcoin’. Al fin y al cabo, si queremos un mundo más justo, debemos empezar por cumplir con nuestras promesas e ideales ¿verdad? Como dice el refrán: “lo prometido es deuda”.

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Bonus:
Guía para la creación de monedas comunitarias, en inglés.

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Central eléctrica del Molinar: patrimonio hidráulico en peligro

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Vista general de la central hidroeléctrica del Salto del Molinar, en 1926. Foto: Iberdrola S.A.

En una de nuestras primeras entradas en este blog os explicamos la que tal vez sea la más bella escapada que puede realizarse desde la Finca la Golfilla: la visita al Santuario del Cristo de la Vida y el Embalse del Molinar, a los pies de la histórica Villa de Ves.

Hoy toca hablar del mismo paraje, pero desde una perspectiva bien diferente. Y es que uno de los elementos que conforman este singular emplazamiento –el poblado y la central hidroeléctrica del Molinar- muestra claros síntomas de degradación, y amenaza con desaparecer bajo la maleza y el vandalismo.

Dio la voz de alarma hace algo más de un año precisamente la principal autoridad en la materia: la arquitecta Rocío Piqueras Gómez. Y decimos “principal autoridad”, porque precisamente realizó su tesis doctoral para desvelar el enorme valor histórico y arquitectónico de la mencionada central. Una central pionera en cuanto al uso de la técnica del hormigón armado en España, pero sobre todo la primera piedra de lo que sería la futura red eléctrica nacional –siendo clave para el suministro de este tipo de energía a las ciudades de Madrid y de Valencia-.

Pero lo más valiente de la Dra. Rocío Piqueras es que no se ha limitado solamente a la investigación, sino que en su tesis (y posteriores ruedas de prensa) defiende abiertamente la necesidad de preservar este patrimonio hidráulico declarándolo Bien de Interés Cultural, bajo la categoría de Conjunto Histórico, y ponerlo en valor como un magnífico recurso turístico para una comarca muy apartada de los circuitos tradicionales.

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La central del Molinar y la electrificación de España

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El embalse del Molinar, visto desde la explanada del santuario. Foto: Stefan Nolte

Cualquiera que visite por primera vez la Villa de Ves, su Santuario y las espectaculares vistas sobre el Embalse del Molinar, creerá haber hallado uno de los rincones más recónditos de la geografía española. Muy pocos saben que, sin embargo, es el lugar de nacimiento de la red eléctrica española de alta tensión, del modelo de vertebración territorial resultante, estableciendo en su momento un récord europeo de distancia y voltaje.

Rebobinemos pues, para plantarnos en el Madrid inicios del siglo XX. Nos acompañarán en el camino un artículo del geógrafo Fernando Arroyo y la ya citada tesis de Rocío Piqueras. En aquél entonces la ciudad acababa de instalar alumbrado público –con gas de síntesis, procedente de la pirolisis del carbón- y los primeros tranvías de tracción mecánica circulaban por sus calles gracias a la llegada de la electricidad, que por aquél entonces era generada por pequeñas centrales térmicas de carbón -meras máquinas de vapor conectadas a generadores- en corriente continua y en el corazón mismo de la ciudad (la contaminación del aire por entonces no era un tema que preocupara a la opinión pública). Una demanda potencial que justo empezaba a despegar.

El país ya estaba mostrando un retraso importante con respecto a otras potencias industriales, pero tras la pérdida de Cuba y las Filipinas se repatriaron muchos capitales invertidos en las colonias, y cobró fuerza un movimiento reformista -el Regeneracionismo-, que felizmente coincidió con la revolución tecnológica que supuso la introducción de la corriente alterna y el transformador –que permitía el transporte a larga de fluido eléctrico-. Esto permitió que, al menos en este sector, España se situara en la cresta de la ola a nivel europeo.

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Central térmica del Paseo de los Melancólicos (Madrid). Foto: Archivo Histórico de Iberdrola S.A.

Dado que la ubicación de las centrales eléctricas podía -a partir de esta nueva tecnología- alejarse considerablemente de los centros de consumo, y habida cuenta de la escasez de carbón en la Península Ibérica, la apuesta lógica fueron los aprovechamientos hidroeléctricos: primero en antiguos molinos y batanes, pero muy pronto embalses de gran potencia que era preciso construir en tiempo récord.

El primer gran hito en este sentido fue ni más ni menos que nuestra conocida central del Molinar. La compañía Hidroeléctrica Española, predecesora de la actual Iberdrola, fue fundada con el expreso objetivo de abastecer de electricidad la ciudad de Madrid y el Levante español. A pesar de contar con importantes concesiones de saltos de agua muchísimo más cerca -en la cuenca del Tajo-, la compañía se decantó finalmente por los cañones del Júcar y del Cabriel por ser más competitivos: permitían abastecer a ambas zonas con una menor inversión, aprovechando plenamente las economías de escala al juntar la demanda de varias urbes.

La conexión directa entre el Molinar y Valencia fue la primera en entrar en funcionamiento, en 1909. Le siguieron la conexión con Alcoy en 1910, y  la de Cartagena en 1911. Madrid entró en funcionamiento a finales de este último año, siendo la joya de la corona de la extensísima red creada por Hidroeléctrica Española: con 255 km de longitud y a 66 kV de tensión, sería la primera en cubrir semejante distancia y a dicho voltaje en toda Europa.

Inmediatamente después se procedió a conectar también las ciudades de Murcia y Alicante, alcanzando un total de 585 km de líneas de alta tensión hacia 1914 –año en el que se construyó también una nueva central, la del salto de Villora, ya sobre el eje del Cabriel-. En las dos décadas posteriores se completaría esta red con nuevas centrales y conexiones, integrando otras ciudades como Sagunto, Castellón y Peñíscola hacia el norte, y Alzira y Gandia por el sur.

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La central hidroeléctrica del Molinar está en el origen de la primera red eléctrica española, al unir las ciudades de Madrid con todo el Levante español, en lo que ahora es uno de los principales nudos energéticos de todo el país. Fuente: F.Arroyo

Se articula así el territorio con unos núcleos urbanos –centros de demanda beneficiarios de la electricidad, desde donde se tomaban decisiones de alto alcance- y unas zonas de cabecera fluvial a explotar –periferia de la que se extrae la riqueza en recursos naturales, y que sufren especialmente los efectos negativos de la inundación de sus tierras de regadío y alteración de vías de comunicación tradicionales, sin poder participar en la toma de decisiones-.

También resulta especialmente relevante la influencia de la integración vertical resultante (concentrando en una misma empresa generación, transporte, distribución y comercialización), con un monopolio natural sobre un extensísimo territorio, que serviría en adelante de modelo para el desarrollo del sistema eléctrico nacional durante todo el franquismo y transición, hasta llegar a la polémica liberalización del mercado eléctrico en los 90. De esa época datan todavía los monopolios en la actual red de distribución, que condicionan seriamente la libertad de elección del consumidor final.

Tras 43 años de funcionamiento, la central del Molinar se desmantelaría en 1952, momento en que se construye el actual Embalse del Molinar, que dejaría anegada la presa original –reconstrucción de una aún más antigua, presumiblemente de origen árabe-. Los caudales se derivan desde entonces hasta Cofrentes, donde la energía producida pasa a integrarse en el que ahora es uno de los mayores nudos eléctricos de nuestro país: una central nuclear, varios parques eólicos, el Embalse de Embarcaderos y Cortes II, y sobre todo la imponente central de bombeo de La Muela de Cortes –la misma que sirvió de refugio a los moriscos siglos antes-..

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Valor arquitectónico del Embalse y Poblado: pioneros en el uso del hormigón armado

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J.E. Ribera, “apóstol” del hormigón armado español

Aunque el uso del hormigón está documentado ya desde las primeras civilizaciones mesopotámicas, no es sino hasta 1867 en que el jardinero francés Joseph Monier patenta por primera vez el hormigón armado (con mallas de alambre), principalmente para fabricar macetas y depósitos de agua. El sistema es ampliamente mejorado en 1886 por un compatriota suyo, el constructor autodidacta François Hennebique, desarrollando un sistema para vigas y pilares adecuado a la construcción civil. Esto se tradujo en una expansión espectacular de este nuevo material en la última década del s. XIX, convirtiendo la empresa de Hennebique en una gran multinacional.

La técnica de Hennebique se introduce en España relativamente pronto, ya en 1897, de la mano del ingeniero de caminos D. José Eugenio Ribera –primer concesionario de la patente en el país-. Tras abandonar el cuerpo de ingenieros, montó su propia empresa constructora, especializada en obras públicas. Esta iniciativa supone también una innovación de primer orden, al aparecer con él el sistema de contrata pública de servicios de ingeniería –hasta entonces completamente en manos de la Administración-.

El mismo José Eugenio Ribera abandonaría en 1902 la técnica de Hennebique para crear su propio sistema de cálculo –asumiendo por tanto personalmente la responsabilidad de los mismos-. Sustituiría con el llamado Sistema Ribera a las patentes extranjeras y colocaría a España también a la vanguardia en la aplicación y tecnología del hormigón armado. Por todo ello pasaría a ser considerado el “apóstol del hormigón armado en España”.

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Precisamente una de las obras en las que José Eugenio Ribera aplicaría su sistema es en la construcción del edificio principal de la central del Molinar, encargándose de los forjados y la terraza, así como presumiblemente la cubierta del depósito de extremidad -final del canal de derivación, que también cuenta con numerosos túneles-.

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Alzado de la fachada Este de la central eléctrica del Molinar. Fuente: R.Piqueras

La construcción de este edificio -de estilo historicista- supuso una gran complejidad técnica, pues debía albergar la que hasta el momento era la maquinaria eléctrica más puntera de Europa, suministrada por la casa Siemens –que impuso una modificación del proyecto inicial, obligando a ganarle terreno al río-. Este gran tamaño y cuidado de detalles otorgan claramente un carácter monumental al edificio.

Las obras también reforzarían la antigua presa del Molino del Cura –posiblemente de origen árabe, y reconstruida múltiples veces- que daba nombre al paraje: gracias a ella  se accionaban los molinos harineros que hasta entonces constituían la única actividad industrial de la Villa de Ves. Al construirse el actual Embalse del Molinar, esta parte quedaría anegada, junto a todas las huertas que la primera central había respetado.

Cerca de esa antigua presa, se levantaría el poblado obrero, que incluía una escuela de primeras letras, economato y capilla. Este poblado sería el epicentro del cambio de relaciones sociales en la Tierra de Ves, introduciendo unas relaciones de producción capitalistas y el trabajo obrero asalariado: la central contaba con entre 60 y 70 trabajadores fijos, varios de ellos de elevada solvencia técnica, ideales liberales o socialistas, así como un alto nivel cultural.

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Protección y puesta en valor del conjunto

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Estado actual de la sala de máquinas de la central del Molinar. Foto: R.Piqueras

Tras 60 años de abandono, el estado de conservación general del conjunto es más bien malo. Se han perdido la mayor parte de las cubiertas, parte de las instalaciones han desaparecido bajo las aguas del Embalse del Molinar, y numerosos elementos han sido sustraidos o vandalizados.

Una vez desmantelada la central y emigrados los trabajadores de la misma, el poblado obrero fue cedido por Iberdrola al Ayuntamiento de la Villa de Ves. Durante algunas décadas funcionó como albergue, atrayendo a un muy necesario turismo a la zona. Sin embargo, los crecientes costes de conservación de un conjunto envejecido, desconocido y apartado de las principales vías de comunicación, acabaron por llevar a su abandono y degradación.

Esto nos lleva a la importancia de declarar este conjunto como Bien de Interés Cultural (BIC), pues dicha figura de protección garantizaría los fondos necesarios (como el 1,5% cultural del Ministerio de Fomento) para la conservación del conjunto -como ya se ha visto, de gran interés histórico-, y permitiría al Ayuntamiento y a particulares reanudar las actividades de puesta en valor de la Central del Molinar.

La figura de BIC también serviría para dar a conocer mejor todos los valores históricas y artísticos de la Central, favoreciendo las visitas al paraje y haciendo por tanto más viables las mencionadas actividades.

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Museo histórico de Bolarque, en la antigua Fábrica de Luz.

Entrando en propuestas concretas, que obviamente deberían incluirse en un Plan Director para el conjunto histórico, Rocío Piqueras repasa experiencias de otros bienes industriales, como el de la Fábrica de Armas de Toledo (ahora convertido en campus universitario), el Matadero de Madrid (que contiene diversos equipamientos culturales) o la Fábrica Textil de Bernabeu en Alcoy (actualmente un centro de salud).

Pero la particular ubicación de la central resulta en este caso un importante handicap: no se trata de una gran ciudad -donde existiría una fuerte demanda de diversos usos-, ni está particularmente bien comunicada. Por ello la Dra. Piqueras ha puesto su vista en la experiencia de dos centrales hidroeléctrica en una situación muy parecida: la de Lindoso (Portugal), y la de Capdella (Lleida). Haciendo especial énfasis en el impacto de la central en el paisaje -lo que se conoce como paisaje cultural-, propone distintos itinerarios para visitar todos los elementos en un paraje ciertamente espectacular, que hace las delicias de quien visita este desconocido rincón de La Manchuela, y conectarlas además con otros embalses y centrales de interés cercanos -principalmente del antiguo Sistema Júcar-, como el Tranco del Lobo, la ya mencionada central del Salto de Villora, Millares, etc.

En la provincia de Albacete ya encontramos un ejemplo parecido, en pleno desarrollo, en las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz (Riópar), que comparten itinerario cultural con la Sierra Minera de Cartagena y las Minas de Azufre de Hellín.

¿Más concreción sobre la propuesta de puesta en valor? Pues deberá realizarse de forma participativa con los vecinos de la Villa de Ves. Pero seguro que ideas y ganas no faltan.

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Información adicional:

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Video de Castilla-La Mancha Media:

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Los Planes Especiales de Sequía, o cómo no gestionar la escasez de agua

De incentivos perversos y falta de voluntad para prepararse a la escasez


Video-denuncia del estado de los embalses de Entrepeñas y Buendía, a causa del trasvase Tajo-Segura.

Llevamos un otoño extremadamente seco, después del ya sequísimo año pasado, y -de forma similar a como ocurre con los incendios forestales– la gestión del agua salta a la rabiosa actualidad periodística. E irremediablemente también a la actualidad política, apareciendo infinidad de propuestas –a cuál más descabellada– para gestionar este preciado bien, que llena de vida la geografía española.

El debate es cíclico, como en tantos otros temas medioambientales. Siempre en momentos de emergencia, y luego se olvidan, para volver pasados unos años a los mismos tópicos. Pareciera como si fuéramos incapaces de anticiparnos a los problemas y debatir serenamente las medidas en tiempos de abundancia –que es precisamente cuando se solucionan los problemas-. Pero por debajo del ruido mediático existen infinidad de colectivos -con los que en ocasiones me he involucrado personalmente- que trabajan en el tema a largo plazo, precisamente para tratar de evitar que se tomen decisiones precipitadas. Es el caso de la famosa Fundación Nueva Cultura del Agua, pero no es ni mucho menos la única.

Cuando uno se sumerge en este mundo, de lo primero que escuchará en boca de muchos expertos en la materia es que “España es un modelo en la gestión del agua”. Una frase que no por repetida es menos falaz. Se suele confundir, por ejemplo, tecnología utilizada -riego por goteo- con gestión -cuánto se desembalsa, cómo se reparte, a qué precio…-.  O se afirma que la Directiva Marco del Agua (DMA) está inspirada en la Ley de Aguas española de 1988, aunque luego recibamos sonores tirones de orejas de la Unión Europea. Y es precisamente en momentos de sequía cuando más sale a relucir la mala gestión.

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El embalse de Entrepeñas, en el Tajo, este verano: seco a causa de los trasvases.
Foto: Sergio Román para Río Tajo:Vivo

Qué son los Planes Especiales de Sequía

Más allá de unos superficiales debates con motivo del Trasvase del Ebro en el Plan Hidrológico Nacional, mi primer contacto a fondo en materia de gestión hídrica fue el año 2008, con motivo de la construcción y puesta en funcionamiento de unos pozos de sequía en la cuenca alta del río Segura. Varias asociaciones de los municipios de la Sierra de Segura afectados nos organizamos en la Plataforma en Defensa de las Fuentes de los ríos Segura y Mundo, y muy pronto nos dimos cuenta de la futilidad de luchar contra dichos pozos solamente, ya que emanaban de un plan de rango superior -cuyo desarrollo en ese sentido nadie había comunicado fehacientemente a los posibles interesados-.

Estamos hablando del Plan Especial de Sequías de la Cuenca del Segura (PES CHS) que, junto al PES del Júcar, es uno de los primeros de una serie de planes que se han implantado en todas las cuencas españolas a consecuencia del artículo 27 del ya mencionado Plan Hidrológico Nacional (PHN), y a su vez del artículo 4.6 de la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea (DMA). Nótese la práctica habitual de encadenar directivas, leyes, planes y proyectos, de manera que uno suele enterarse de decisiones muy relevantes demasiado tarde (ya en la fase de proyecto) y se hace extremadamente complejo rastrear las fuentes legislativas e interpretarlas. Típico enfoque top-down.

El caso es que la idea de crear Planes Especiales de Sequía no es en sí misma una mala idea. Se trataría de identificar lo antes posible el riesgo de que se produzca una sequía meteorológica (falta de lluvia), para prevenir que se convierta en sequía hidrológica (falta de agua en ríos y acuíferos para atender las demandas, incluidas las ambientales) y finalmente para llevar a cabo medidas paliativas que garanticen que el daño de una sequía hidrológica sea el menor posible.

A tal efecto el entonces Ministerio de Medio Ambiente aprobó unas guías e instrucciones de planificación para que las Confederaciones Hidrográficas redactaran los mencionados planes. En ellas se recomendaba la creación de un índice adimensional que variara entre el “1” y el “0”, y que según el valor de dicho índice se declarara una situación de normalidad (verde), de prealerta (amarillo), alerta (naranja) y emergencia (rojo). Y para cada una de estas situaciones, determinar qué medidas se debían llevar a cabo.

Todo lo que vino posteriormente fue, salvo honrosas excepciones, un gran despropósito.

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Umbrales y tipos de medidas de actuación, según el Ministerio de Medio Ambiente.

Cálculo del índice de sequía

El primero de los pasos antes enumerados es el de establecer un índice de sequía, un número que nos sirva para indicar lo “secos” que estamos en términos relativos, y que naturalmente está muy emparentado con los umbrales a partir de los cuales se declara una situación u otra. Si más arriba vimos el encadenamiento de normas, planes y proyectos para dificultar la participación ciudadana, en este caso el Estado (encarnado en los técnicos de Planificación de las Confederaciones Hidrográficas) se escudan detrás de una fórmula matemática que comunmente nadie se atreve a analizar, por nuestro crónico miedo a las matemáticas.

Aunque hay variaciones entre cada demarcación sobre los indicadores utilizados para construir el índice (ver diferencia entre indicador e índice), en todas ellas el índice se construye siguiendo una simple ecuación, según la cual el valor “1” se atribuye al valor máximo histórico del indicador considerado, el valor “0,5” a la media histórica, y el valor “0” al valor mínimo histórico. Los valores intermedios son proporcionales a estos tres valores. Mucho más fácil de entender en la gráfica que sigue:

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Explicación gráfica de la ecuación de cálculo del Índice de Estado, según la C.H. Júcar

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Expresión matemática para el cálculo del Índice de Estado.

Aunque a simple vista esta gráfica pueda no decirnos nada, la cosa cobra su relevancia cuando tenemos en cuenta los umbrales arriba ya mencionados y que el índice de estado se suele construir en base a alguno o varios de los siguientes indicadores:

  • Pluviometría
  • Aportación del río
  • Volumen guardado en embalses
  • Nivel Piezometrico en acuíferos

Tres de estos cuatro indicadores son claramente alterables por la acción humana: solo la pluviometría queda en gran medida fuera de nuestra capacidad de control. Y habida cuenta de que por encima del valor “0,5” siempre se considera que hay una situación de “normalidad” -verde, sin restricciones especiales-, lo que nos está diciendo la ecuación es que si un acuífero históricamente se ha sobreexplotado, o si un embalse históricamente se ha mantenido vacío (también por sobreexplotación), esta situación pasa a considerarse automáticamente como “normal” y aceptable para las autoridades.

El mejor ejemplo en este sentido es sin duda el de la cuenca del Segura, y muy especialmente del Sistema Trasvase (Tajo-Segura). Dos tercios del Índice de Estado vienen de la existencias en los embalses de Entrepeñas y Buendía. Dado que desde el inicio del trasvase estos embalses han estado crónicamente vacíos, no se activan restricciones al riego hasta que ya es muy tarde. Luego vienen las protestas del SCRATS (a un problema que en el fondo están originando ellos) y los graves problemas para los municipios ribereños (de abastecimiento, turísticos, paisajísticos, ambientales…).

Ver estado de Entrepeñas y Buendía en Embalses.net:

Y aunque en el caso del Sistema Trasvase Tajo-Segura el mínimo viene marcado por un umbral a partir del cual en teoría el agua es intrasvasable, lo cierto es que en otras cuencas y otros subsistemas la mano del hombre también puede manipular el mínimo (donde el Índice de Estado es igual a “0”), de tal manera que se acaben rebajando los umbrales de alerta y emergencia.

Por supuesto, además de esta manipulabilidad del índice, el enfoque basado en series históricas es absolutamente inservible para el mayor problema que se nos viene encima: el cambio climático.

Indicadores utilizados

Otro de los grandes fallos, cara a la conservación del recurso (que quede agua para superar todo el periodo de sequía con el menor daño posible), es la construcción del índice de sequía en base a indicadores que muestran un gran desfase temporal respecto al momento en que deja de llover.

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Fuente: PES CHJ

Esto es particularmente sangrante cuando hablamos de índices de estado como el recientemente aprobado por la Agencia Balear del Agua, basado total y absolutamente en los niveles de los acuíferos.

¿El problema? Pues que desde que deja de llover hasta que se nota la falta de agua en los acuíferos, pueden haber pasado uno o dos preciosos años de no tomar medida de mitigación alguna.

El uso de este tipo de indicadores únicamente sirven para aparentar estar haciendo algo, puesto que son garantía de empezar a actuar tarde y mal. Para poder adelantarse a los acontecimientos sería preciso tener en cuenta tanto pluviometría como evapotranspiración (tipo índice SPEI), puesto que la mayor temperatura media incrementa esta última, agravando la sequía incluso aunque llueva lo mismo. Para acabar de redondear la capacidad de adelantarnos al problema, sería deseable también tomar en consideración la predicción a medio plazo que ofrece la AEMET.

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La inmensa mayoría de salidas de agua de la cuenca se produce por evapotranspiración. Pequeños cambios en la temperatura pueden alterar sensiblemente el balance hídrico, incluso aunque llueva lo mismo. Fuente: PES CHJ

Lo anterior vale para anticiparse a la sequía. Pero igual de importante es saber cuándo desactivar los niveles de emergencia o de alerta, es decir, saliendo de la situación de sequía. Para no arriesgarse y aumentar el gasto de agua antes de hora, deberían utilizarse -aquí sí- los indicadores que lleven más retraso, y que son más representativos de las reservas con que contamos para afrontar un nuevo periodo de sequía. Hasta no alcanzar niveles “normales” en acuíferos y embalses, no deberíamos relajar las medidas de ahorro.

Asimismo, hay que indicar que la sequía no se manifiesta únicamente por una reducción de la cantidad de agua, sino también en buena medida por un deterioro de su calidad -sobre todo en acuíferos costeros, que se salinizan-. Este aspecto ha sido generalmente ignorado en los Planes Especiales de Sequía españoles.

Lamentablemente, la administración reniega de este enfoque más precavido porque (y cito textualmente del PES del Segura) no quiere “alarmar en exceso sobre situaciones que en la cuenca del Segura tienen carácter estructural”. Toda una declaración de intenciones: si hay que elegir entre no alarmar a la gente y conservar correctamente el agua, la C.H. Segura se queda con lo primero. Luego todo son lamentos y culpar a otras regiones, tildándolas de “insolidarias”. Aunque desde luego que esas otras regiones tampoco pueden sacar pecho de buena gestión, y pecan de los mismos errores.

Umbrales arbitrarios

Ya vimos más arriba que cuando el Índice de Estado de una cuenca se situa por encima del valor “0,5”, correspondiente a la media histórica de los indicadores usados, se considera automáticamente que estaríamos en una situación de “normalidad”. Aunque dicha media histórica fuera fruto de una sobreexplotación crónica.

Pero ¿qué sucede con los umbrales de “alerta” y “emergencia”? Generalmente se espera que estos se activen una vez que, debido al volumen de agua embalsado, la garantía de suministro para el consumo urbano caiga por debajo de los dos y un año respectivamente. Es lo que se pretendía en su momento en el pionero Protocolo de SequíasProtocolo de Sequías (no confundir con el PES) del Júcar de 2005.

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El criterio, dicho así, puede sonar muy razonable ¿verdad? El problema vendría cuando estos umbrales se tratan de extrapolan a otros indicadores que construyen el índice de estado, como la ya mencionada pluviometría, aportaciones del río en régimen natural, o el nivel piezométrico. No hablemos ya de cuando -como ha ocurrido con frecuencia- se extrapola acríticamente a otras cuencas o subcuencas, con una estructura de la demanda completamente diferente.

Bien, lo cierto es que esos volúmenes de reserva en realidad no garantizan por sí mismos el abastecimiento urbano señalado: la demanda urbana anual supera ampliamente los 700hm³ en la demarcación del Júcar. Los redactores del PES del Júcar esperan -no sin cierta razón- que además se producirán otras aportaciones por el propio río, según el escenario de sequía en que se encuentren.

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Restricciones a la demanda simulados según distintos niveles del Índice de Estado. Puede observarsela orientación del cálculo, siendo el citado Índice la variable independiente (y no al revés).

Esto nos permite ir un punto más allá, y ver que en realidad los umbrales se establecieron de forma totalmente arbitraria: primero se dictaminó que el umbral para entrar por ejemplo en “alerta” era “0,30”, luego se calculó la disponibilidad de agua que esto supondría (en este caso, justo antes de pasar de “alerta a emergencia”, un 32% inferior a la de “normalidad”), quedando un caudal más que suficiente para cubrir tanto la garantía mínima de suminstro exigida como un buen pico para otras demandas (principalmente agrícola).

La expeciencia piloto del Júcar sirvió de modelo para la práctica totalidad de Planes Especiales de Sequía del Estado Español, repitiendo -sin cuestionarlo- este marcado error de enfoque, y haciendo de los PES un mero trabajo de recopilación de datos sin conexión lógica real con el cálculo de índices, umbrales y medidas. La decisión sobre cómo montar el cálculo está tomada de antemano, por la ley del mínimo esfuerzo -imitación-, y solo posteriormente recopilo datos para dar apariencia de seriedad al documento.

¿Medidas de ahorro, o medidas de sobreexplotación?

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Pozos de sequía en Calasparra. Fuente: La Verdad

Cuando se pasa de un escenario de sequía a otro, se activan o desactivan con él toda una serie de medidas para anticiparse y paliar los efectos de dicha sequía. Estas medidas pueden agruparse básicamente en:

  • Incremento de la oferta
  • Gestión de la demanda
  • Medio ambiente hídrico
  • Administrativas y de control

En línea con lo acabado de comentar en el apartado anterior, el PES del Júcar -tomado como referencia aquí-, calcula la existencia de un cierto excedente sobre la satisfacción pura y dura de demandas urbanas, como ya se había explicado. Este excedente permitiría atender otras demandas, principalmente el regadío, pero sin alcanzar a la totalidad de derechos de riego. Por eso se imponen las restricciones a la demanda (“Gestión de la demanda”), que obligan a los agricultores a reducir sus riegos para ahorrar agua y asegurar así que no haya cortes de suministro a las ciudades y quede algo para el próximo año hidrológico.

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Déficit de agua por cuenca en la demarcación del Júcar, en función del nivel de sequía.

Hasta aquí todo bien: si hay menos agua lo lógico es gastar menos y guardar una poca por si acaso. El problema es que prohibir a los agricultores regar es extremadamente impopular (sacan los tractores, y tal…), sobre todo cuando el mantra durante lustros ha sido el de “agua para todos”.

¿Qué hacer? Pues aquí vienen los restantes tres tipos de medidas. Por un lado, obviamente, se relajan temporalmente las demandas medioambientales -menores caudales ecológicos, etc.-. Por el otro, se les rebajan los cánones, tasas e impuestos varios para “indemnizar” a los agricultores -generando así un incentivo perverso, que aumenta la demanda de agua en vez de reducirla al abaratarla-. Finalmente se decide incrementar la oferta de agua mediante la movilización de recursos extraordinarios. Desalación adicional (subvencionada directa o indirectamente para la agricultura), reutilización de aguas residuales, y sobre todo bombeando más agua del subsuelo: los famosos pozos de sequía que me iniciaron en materia hidráulica.

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El PES del Júcar prevé el bombeo de hasta 135 hm³/año de pozos de sequía.

Al contrario de las medidas de ahorro de agua, que tratan de conservar el agua de hoy para que quede algo mañana, los pozos de sequía aprovechan el ya citado desfase temporal para traer al presente un agua que de otra manera habría sido utilizable en el futuro. Por decirlo de alguna manera, traen agua del futuro, dejándonos en una posición más vulnerable si la duración de la sequía se prolonga más de lo que esperábamos -un escenario cada vez más plausible, a causa del cambio climático-. Se cronofica la sobreexplotación del agua, en vez de su conservación. Y eso sin entrar en los posibles impactos ambientales, desecando fuentes y arroyos, entre otros.

Los Planes de Sequía, patas arriba

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Cartel de la Marcha por el Clima 2014 en Nueva York. Foto: Jamie Gauthier

Como se ha indicado al principio del artículo, la elaboración tanto de los Planes Hidrológicos de Cuenca como de los Planes Especiales de Sequía tienen graves defectos de base y de legitimidad democrática por el excesivo hincapié en el enfoque “de arriba a abajo” (top-down). Podría decirse que se han redactado justo al revés de como deberían.

Aunque tiene su lógica calcular primero “de cuánta agua dispongo” para luego decidir “qué usos sacrifico”, lo cierto es por el camino se han tomado toda una serie de decisiones de forma opaca que hipotecan absolutamente la libertad de elección al final de la cadena. “¿Que no te gustan los pozos de sequía? Haber alegado hace 15 años a una ley que describe medidas muy genéricas”.

Tal vez, solo tal vez, sea necesario replantearse ese proceso. Tal vez sea preciso decidir primero “qué quiero salvar a toda costa”, y luego en base a ello ver cómo amoldamos los cálculos de “cuánta agua necesito ahorrar en tiempos de bonanza”. Tal vez incluso pueda adoptarse una posición intermedia, en la que esas decisiones de hace 15 años sean más fáciles de revisar ahora en vista de la experiencia práctica. No pueden ser una losa inamovible que nos lastre generación tras generación.

Decía al principio que los pozos de sequía me implicaron en el trabajo a largo plazo por la preservación de los paisajes del agua. Pudimos aprovechar que se sometía a revisión, de acuerdo con la Directiva Marco del Agua, el Plan Hidrológico de la Cuenca del Segura. Gracias a numerosas horas de trabajo, conseguimos forzar que la revisión del Plan Especial de Sequías de la Cuenca del Segura de 2006 se considerara uno de los temas importantes para el periodo 2009-2015.

Luego vino la desmovilización del colectivo en el que militaba, por la vuelta de las lluvias. Circunstancias personales también me llevaron a otros lugares, lejos de la Sierra del Segura que tanto amaba. La promesa de revisión del PES quedó en papel mojado. Y en el Plan Hidrológico 2015-2021 ya no contempla dicha revisión.

Esta historia en parte relata el amargor de los ciclos de activismo medioambiental. Como diría un difunto compañero de luchas, “arrancadas de caballo y frenadas de burro”. Si no se persiste en la lucha a largo plazo, nada cambiará. Pero la victoria está mucho más al alcance de la mano de lo que comunmente creemos.

¿Seremos capaces de poner patas para arriba los Planes de Sequía?

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BONUS:
Documental “El robo del agua”, hablando de la problemática de los pozos de sequía en la Sierra del Segura.

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Quesería Hoya de la Iglesia (Los Pedrones, Requena)

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Que el mundo rural “no da para vivir” es uno de los clichés más frecuentemente repetidos entre el mundo urbanita. Y sin embargo el país está repleto de ejemplos empeñados en demostrar lo contrario: que apostando por una determinada forma de hacer las cosas, es perfectamente posible ganarse una vida digna incluso en el más recóndito de los lugares.

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Eulogio García (Finca La Golfilla) junto a Ignacio Roldán (Hoya de la Iglesia), en las naves ganaderas de la quesería, durante una visita reciente.

Uno de estos ejemplos se encuentra a escasos 20 minutos en coche de “La Golfilla”, en la pedanía de Los Pedrones (Requena), de apenas 170 habitantes. Estamos hablando de la quesería Hoya de la Iglesia (ver página de Facebook), empresa fundada en 1998 por Luís Roldán con un rebaño de apenas 200 cabras (ahora son 800), y que sin experiencia previa ha logrado –ya bajo la regencia por sus hijos- uno de los mejores quesos de España: en repetidas ocasiones ha sido premiada por los World Cheese Awards, recibiendo la medalla de oro al mejor queso tierno de cabra en 2016.

Siendo el queso su producto estrella, cabe destacar igualmente que ha diversificado sus líneas de negocio hacia otros lácteos, como los yogures y kéfires, siempre apostando por la máxima calidad como seña de identidad –habiendo renunciado voluntariamente a un crecimiento de la empresa a tamaño industrial (llegaron a ser proveedores del Mercadona)-.

Todos estos productos pueden encontrarse con facilidad en numerosas charcuterías, mercados y tiendas especializadas de la Comunidad Valenciana, y también ser adquiridos por encargo en su página web.

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Tres ejemplos de arte rural: Casoli, Bogarra y Elche de la Sierra

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Antiguo lavadero de Casoli, decorado con ninfas y otros seres mitológicos.
Foto: Stefan Nolte

Husmeando por la biblioteca cayó en mis manos un libro de notable interés para la temática que solemos tratar en este blog -particularmente aquella relativa al desarrollo rural-, aun a pesar de que su autor en ningún momento pensara en ella.

Estoy hablando de la obra ¿Por qué no vienen a los museos? Historia de un fracaso, de Juan Carlos Rico, arquitecto y doctor en arte contemporáneo. La tesis central de la obra es que, aun a pesar del notable incremento del número de visitantes a los museos en los últimos años, este fenómeno es de una extraordinaria fragilidad: cada vez más estudios señalan que la gente va al museo por una sensación de obligación social, sin disfrutar de la obra ni sentir que la misma les ha aportado nada.

Se trata de un texto muy duro y autocrítico con el mundo del arte contemporáneo, pero con datos y reflexiones de enorme interés para cualquier otra exposición de tipo cultural. Y en consecuencia con un potencial impacto sobre el sector turístico, por el cual viene apostando fuertemente el mundo rural en los últimos lustros.

A lo largo de su lectura, han venido una y otra vez a mi cabeza algunos ejemplos de arte rural, y de cómo se relacionan con los pasajes de la obra. Aprovecharé, por tanto, esta breve reseña para dejar algunas reflexiones personales –de alguien poco experto en temas artísticos- y pasar a hablar de tres iniciativas que me han cautivado particularmente: Casoli (Toscana, Italia), Bogarra y Elche de la Sierra (ambos en la provincia de Albacete).

Arte rural ¿una oportunidad?

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“Cuando el trabajo era un arte”, uno de los lemas que inspiraron a Casoli.
Foto: Stefan Nolte

Juan Carlos Rico inicia su obra constatando que la práctica totalidad de los visitantes de un museo salen del mismo con una sensación de cansando, de jet lag en palabras del autor. Algo que podría considerarse normal en exposiciones grandes –aunque no debería-, pero que sucede incluso en las más pequeñas. Y que está provocando una huida cada vez más generalizada de esta visita obligada a los museos. ¿Por qué?, se pregunta en la obra.

Aunque resumir la totalidad del libro en estas líneas sería pretencioso, sí quiero destacar algunas cuestiones y ejemplos. Juan Carlos Rico destaca que antiguamente los museos se concibieron para realizar visitas rápidas, a unas pocas obras –jamás a la totalidad de la exposición, repitiendo visitas si fuera preciso- elegidas previamente y habiéndose documentado sobre las mismas antes de verlas, buscando con la visita ante todo una experiencia sensible que no se puede obtener a través de frías descripciones estilísticas en un libro.

Todo esto ha cambiado recientemente, con la masificación de los museos, cambios en los mercados y las exigencias sociales, y las nuevas tecnologías.

El tipo de visitante es distinto. Normalmente no se ha tomado un tiempo para seleccionar previamente las obras en concreto que desea ver, ni en documentarse sobre ellas (lee la tesis que acompaña a las mismas en el propio museo), a pesar de que las visitas virtuales que ofrece la revolución digital lo facilita más que nunca. No tiene una formación adecuada para disfrutar de la obra -a causa de la orientación academicista de nuestro sistema educativo-, y aun a pesar de ello quiere parecer una persona culta participando en estas visitas. Desea estar a la última, lo que devalúa las exposiciones permanentes y fomenta las temporales.

Por las largas colas que se forman -o los elevados precios que se cobran para entrar-, el visitante no tiene realmente esa libertad de realizar múltiples visitas de corta duración, y se vuelca en tratar de verlo todo, deambulando por horas en las exposiciones –hasta acabar agotado- y sacrificando el tiempo para contemplar las propias obras. Algo a lo que también contribuye el exceso de aforo –la muchedumbre te empuja a seguir caminando-, que a su vez viene favorecido por la voluntad de rentabilizar las exposiciones. Y las condiciones de iluminación y climatización para conservar las obras tampoco son óptimas para el confort del visitante.

El lector avispado ya sabrá por dónde van los tiros, en lo relativo al arte rural. Y es que si algo hay en el polo opuesto a la masificación urbana, eso es precisamente la tranquilidad del pueblo y su entorno natural. Un pueblo que tampoco podrá permitirse el lujo de grandes exposiciones, sino de unas pocas y selectas obras, rápidamente visibles –unos 20 minutos es la duración adecuada, según Juan Carlos Rico-.

Cabe añadir, por supuesto, que un pueblo necesita esos visitantes mucho más que cualquier urbe. Necesita también algo único que ofrecer al turista, puesto que un paisaje bonito ya se puede encontrar en muchísimos lugares.

Pero, por encima de todo, el habitante del rural tiene la necesidad -como todos los seres humanos, cada cual a su manera- de expresarse, de ser escuchado, y de recibir su merecido reconocimiento. Este debe ser, al fin y al cabo, el objetivo primordial de cualquier actuación artística.

Los tres ejemplos que siguen pueden aportar algo más de luz sobre el asunto.

El pueblo del grafiti

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Año 2009. De vacaciones por la Toscana (Italia), me recomiendan visitar el apartado poblado de Casoli, pedanía del término de Camaiore. Para mí, la experiencia más gratificante hasta la fecha en temas de arte rural. Y una visita que considero obligada para cualquier persona que viaje a esas tierras.

Todo empieza a mediados del siglo XX, cuando el artista italiano Rosario Murabito –durante un viaje de trabajo para realizar estatuas de bronce- se enamora de Casoli, y para rendirle homenaje realiza un primer ‘grafiti’ en la plaza principal. Pronto establecería allí su residencia. Desde entonces los vecinos ceden sus paredes, y diversos artistas, universidades y estudios de arte se encargan de ejecutar sus proyectos sobre ellas. De manera muchos de ellos no solo se dan a conocer, sino que benefician directamente al desarrollo rural de una comarca en riesgo de despoblación.

En su libro, Juan Carlos Rico comenta la evolución histórica que ha sufrido el arte desde el Barroco. En aquella época, las obras estaban concebidas como una parte del espacio –iglesia, palacio…- en el que se exponían. Con el paso del tiempo, las obras de arte adquirieron su propio protagonismo –particularmente al trasladarse a museos-, siendo hoy en día el elemento central de cualquier exposición y obligando a adaptar el espacio acorde a ella. Pero cada vez más artistas contemporáneos buscan una vuelta a los orígenes, a espacios urbanos o naturales como espacios en los que el contexto da pleno significado a la obra. Y así se recupera la experiencia sensible, sin la necesidad de venir acompañada con un texto de tesis explicándola.

¿Ha logrado Casoli estos objetivos? Pues que juzgue el lector, ya que las imágenes hablan por sí solas. Un minúsculo poblado de montaña de repente está en el mapa de las rutas culturales por Italia. Y las propiedades inmobiliarias se han revalorizado enormemente, con numerosas personas deseando afincarse en el lugar. ¿Quién da más?

Fotos: Stefan Nolte

La Ruta de las Esculturas.

A día de hoy la última de mis visitas culturales. Bogarra (Albacete) inició el año 2012 un proyecto para convertir la Senda de los Batanes –hasta entonces bastante insulsa- en un paseo artístico excepcional. Talladas en roca viva y en madera, nos encontramos con decenas de esculturas de todos los tamaños, en lugares particularmente aptos para el descanso y la contemplación.

Cada año se organizan unas Jornadas de Escultura en el Paisaje, durante las cuales escultores cualificados pueden realizar sus proyectos sobre las rocas, a cambio de alojamiento gratuito en los hospedajes que pone a su disposición el Ayuntamiento.
Volvamos al libro reseñado para reflexionar sobre esto. Una de las causas del agotamiento que producen los modernos museos es, según Juan Carlos Rico, la imposibilidad de descansar tanto física como psicológicamente. Pero cita algunas excepciones que confirman la regla:

  • Museo Okanoyama (Nishiwaki, Japón): muestra un número muy reducido de obras. Dispone de solamente tres salas, pero destaca porque entre cada una de ellas el visitante se encontrará con unos espacios de color, agua y vegetación que le permiten un descanso psicológico para poder enfrentarse con coherencia a la obra del artista.
  • Museo de la Fundación Getty (Los Ángeles, EE.UU.): con una colección enorme, entre las salas se intercalan galerías cubiertas con asientos, pero con acceso a terrazas que permiten un verdadero diálogo interior-exterior para aligerar una visita que podría alargarse varias horas.
  • Museo Tate (Londres, Reino Unido): se permite a los visitantes adquirir unas ligeras sillas plegables, para poder sentarse cómodamente en cualquier lugar de la exposición y por el tiempo que se desee. Sin competencia por unos siempre escasos asientos fijos.

La Ruta de las Esculturas no solo integra la obra en un contexto de espacio natural, sino que combina magistralmente el descanso físico que la actividad del senderismo precisa de tanto en cuanto, con el descanso psicológico que implica el caminar junto a un arroyo entre escultura y escultura.

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Alfombras de serrín

Sin salir de la comarca de la Sierra del Segura (Albacete), nos plantamos ahora en Elche de la Sierra. En ella, se celebra durante la víspera del Corpus Christi un evento muy singular, declarado de Interés Turístico Nacional: las Alfombras de Serrín, verdaderas obras de arte sobre las que a la mañana siguiente caminarán los niños que han tomado su primera comunión –siguiendo la tradición de las alfombras de flores catalanas-.

Más allá de los tintes religiosos -que atraen más o menos según el propio sentimiento-, o de la pena que pueda sentir alguien por ver pisoteado tanto esfuerzo humano, buena parte del atractivo que tiene este evento proviene precisamente lo efímero del mismo.

Comentábamos antes el éxito que estaban cosechando las exposiciones temporales frente a las permanentes. En muchísimos casos sin que realmente tengan nada de excepcional: Juan Carlos Rico cita a este respecto el tremendo éxito de una muestra de Velázquez organizada en el Museo del Prado, utilizando básicamente los fondos propios que ya se exponen habitualmente. Pero muchos percibieron el acontecimiento como algo único e irrepetible, y el público acudió en masa.

Algo similar ocurre con las Alfombras de Serrín de Elche de la Sierra: aunque ciertos motivos se repitan inevitablemente año a año, cada vez es diferente y nos trae gratas sorpresas -con frecuencia originales motivos sin carga religiosa alguna-. Como visitantes, podemos disfrutar no solo de la obra, sino de ver trabajar a los artistas (¡y aficionados!) durante toda la noche e integrarnos en un ambiente claramente festivo y lleno de bullicio pre-veraniego. ¡Como para no animarse!

Fotos: Alfombras de Serrín en Facebook

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La organización territorial de la Villa de Ves en las Relaciones Topográficas, su Fuero y sus Ordenanzas

mapamanchuela

Aislada entre los cañones del Júcar y del Cabriel, la comarca de La Manchuela lucha por su supervivencia sobre un terreno agreste, con suelos pobres y clima árido.
Mapa: Distrito de Casas-Ibañez hacia 1835 (AHP de Albacete).

En anteriores entradas ya comentamos que, según los indicios de los que disponemos, la aldea de La Golfilla nació durante la Desamortización de Madoz, al subastarse en diversos lotes una de las principales dehesas de propios de la Villa de Ves.

Seguramente muchos se preguntarán qué significa eso de “dehesa de propios”, pues esta figura desapareció hace más de 150 años y hoy en día la mayoría de la población vive en las ciudades -borrándose así la memoria colectiva sobre estos espacios-. Así que, para explicarlo, viajaremos atrás en el tiempo, hasta el periodo bajomedieval y la conquista castellana del “Rincón de Ves”.

La actual comarca de La Manchuela, situada entre los cañones del Júcar y del Cabriel, pasó de manos musulmanas a cristianas en otoño de 1211, poco antes de la gran batalla de las Navas de Tolosa, que abriría de par en par los territorios al sur del Tajo y daría el pistoletazo de salida a un nuevo modelo de dominio señorial, caracterizado por el fuerte empuje de las órdenes militares. Puede decirse, por tanto, que se trata de uno de los últimos coletazos del modelo precedente -el de las comunidades de villa y tierra de realengo- preponderante entre el Duero y el Tajo -la Extremadura Castellana– y bajo el férreo control de los caballeros villanos.

almanzor-el-victorioso

Las campañas de Almanzor (939-1002) fueron el detonante para un cambio en la organización social de Castilla, dando pie a las comunidades de villa y tierra y a la caballería villana.

Las comunidades de villa y tierra surgen -a partir de finales del siglo X y principios del siglo XI- como consecuencia del conflicto entre la nobleza, la Corona y una clase de campesinos enriquecidos, de la que los últimos salen como vencedores aprovechando la necesidad de movilizar efectivos ante la amenaza de Almanzor.

En clara defensa de sus intereses, fuerzan a la Corona y a la nobleza a reconocer -en fueros escritos- el derecho a ser caballeros por el mero hecho de poder permitirse caballo y armas -lo suficientemente caras para que no estuvieran al alcance de cualquiera-, y el derecho de organizar el territorio circundante a la villa desde los Concejos -asambleas de vecinos que podían ser más o menos abiertas, pero que generalmente estaban totalmente dominadas por los caballeros villanos-.

Los grandes despoblados de la zona de frontera, particularmente importantes en La Mancha, también favorecieron este proceso y una profunda reorganización del espacio. De acuerdo con las diversas tradiciones derivadas del derecho romano, el Rey pasaba a automáticamente a ser propietario de las tierras abandonadas. Pero, dada la debilidad de la Corona a lo largo del medievo, generalmente tuvo que conceder inmediatamente estas mismas tierras a aquellos señores que le ayudaran en las campañas militares y que fueran capaces de repoblar la zona -cosa que estos, también, podían hacer solo repartiendo la propiedad sucesivamente, reservándose los derechos territoriales o jurisdiccionales que consideraran oportunos-.

Cuando pasaron a dominar la escena los caballeros villanos, la Corona se vio forzada a conceder amplias extensiones de tierra a los mismos. Pero el reparto no se produciría de forma individualizada, sino que se cede al común de los vecinos, excluyendo tajantemente a los forasteros, de forma que solo se puede disfrutar de los derechos derivados de esta propiedad comunitaria mientras se siga residiendo en -y defendiendo- la villa en cuestión. Villa fuertemente fortificada, y que centralizaba toda una serie de privilegios y derechos sobre el territorio y poblaciones circundantes, ejerciendo su poder al más puro estilo feudal.

La propiedad de la tierra de labor

privilegiorodado1420

Privilegio rodado de Juan II confirmando el Fuero de Cuenca a la Villa de Ves, en 1420

De la misma manera que hoy en día muchas leyes se copian de unos lugares a otros -para ahorrarse sesudos análisis jurídicos-, en el medievo se procedía de forma similar.

En el caso concreto de la Villa de Ves, Alfonso X otorgó en 1272 el privilegio de villazgo y el Fuero de Cuenca. Un fuero que se vería complementado poco a poco por la promulgación a nivel local de una serie de ordenanzas municipales, que en el caso de Ves serían recopiladas en 1598.

El Fuero de Cuenca empieza concediendo la totalidad del término “a todos sus habitantes, así como a sus sucesores”. Una fórmula parecida a la que se utiliza en el privilegio rodado por el que se concede dicho fuero a la Villa de Ves:

“a todos los vezinos que y son moradores e seran de aqui adelante […] otorgamosles que ayan todos sus terminos conplidamente asy commo los auie Vees en tienpo de Amyr Amomenin.”

Partiendo de la base de esta propiedad común, se concede a los vecinos el derecho al uso y disfrute (pero no el de libre disposición) de un terreno que -según el desarrollo normativo del siglo XVI- no excediese las 2 ha. y por un periodo de 6 años, tal y como consta en las Ordenanzas de 1598:

52. Que se pueda labrar seis almudes en tierras llecas y no sean vedadas

Ytem ordenaron, en razón de los arrompimientos, e tomar posesión en tierras llecas, qualquier vezino de esta Villa pueda señalar y señale para labrar en los dichos términos sus tierras llecas y no vedadas hasta seis almudadas de tierras, y éstas las am de tener muy bien labradas y no a trascerro, como muchas personas yntentaron a lo hazer; y esto se a de tener bien labradas hasta postrero del mes de febrero, y no las teniendo bien labradas, qualquier otro vezino se pueda entrar en hello y azer lo propio al tenor de lo que adelante yrá declarado, labrándolo bien y no de otra manera; y si más señalare de los seis almudes para arar, no le vale.

y las Relaciones Topográficas de 1575:

XLV.- Al capitulo quarenta e cinco dizeron que pasa en verdad que los terminos que la Villa de Ves tiene, todos ellos an sido y son comunes a los vezinos desta villa, para los poder rozar y labrar […] lo que se puede labrar, lo labran e ronpen libremente los dichos vezinos, y en la tierra que el tal vezino ronpe y labra tiene senorio ella tienpo de seis anos, y, en pasado aquellos, qualquier otro vezino se puede entrar y labrarlo libremente, como el otro que lo dexo, y lo posee por la mesma horden que el primero. Y desta manera unos tienpos tienen y poseen las dichas tierras vn tienpo, y otros vezinos otro tienpo […].

Aunque desde una óptica actual -mitificadora de lo común– podría parecer una norma muy igualitaria, la realidad resultaba ser harto distinta. Entre otras cosas, no debe olvidarse que solamente los cabezas de familia (invariablemente hombres, libres y cristianos) eran considerados vecinos, quedando excluidos entorno al 80% de la población de todos los derechos que esta propiedad comunal de la tierra representaba.

Para seguir contextualizando, debe recordarse que en esa época de despoblación -y agricultura poco tecnificada- el valor de la tierra era en sí mismo muy escaso, considerándose por lo general una mera prolongación de los medios para cultivarla -bienes muebles que sí eran plenamente privados-, de manera que serían estos los que en última instancia determinarían la inequidad.

slash and burn

La agricultura de roza y quema se sigue practicando en amplias zonas del mundo, contribuyendo en buena medida a la deforestación de la selva.

Abundando sobre este hecho, la gran trampa radica en la obligatoriedad de labrar la tierra con arado y bueyes -solo al alcance de los más pudientes- impidiendo (o dificultando seriamente) la práctica de la agricultura itinerante de roza y quema -al alcance de capas de población más humildes, y predominante en la región hasta la conquista-, pues se prohibió el uso del fuego salvo en casos excepcionales y bajo licencia del Concejo. Podemos una vez más verlo en la Ordenanza nº 14, que regula el uso del fuego.

14. Pena de los que hechan fuego

Otrosí ordenaron, que ningún vezino ni forastero sea osado de hechar fuego ni quemar en ninguna parte de los términos de esta Villa, so pena de mil maravedíes de cada un quemado que hiziera y demás de esta pena, yncurra en la pena de los pinos y carrascas que con el tal fuego quemare; ésto se entienda y a de entender no dando lizenzia e horden el Conzejo para que se pueda quemar en partidas que conbenga, para renouar la tierra y euitar no se críen animales dañosos.

Tampoco debe olvidarse que la caballería villana podía -controlando el Concejo, con sus competencias de ordenación y organización- asegurarse las tierras de más calidad y empujar al resto de la población a las tierras marginales. Y, claro está, siempre quedaba la opción de trabajar para la clase propietaria.

De esta manera, si la propiedad estaba reservada a quienes dispusieran de yunta y bueyes, el trabajo mismo de la tierra solía encargarse a un yuguero -una especie de aparcero que solía ser un vecino libre con cierta cantidad de capital, pero no suficiente para disponer de animales y tierras-. Este podía usar los bueyes y arado del propietario, y recibir a cambio una pequeña retribución fija de subsistencia, así como una participación variable del fruto de la cosecha en función de su participación económica a la hora de realizar inversiones. El contrato agrícola garantizaba su ocupación el año entero, pero precisamente por ello le impedía dedicar tiempo a otros menesteres más provechosos que habrían permitido su enriquecimiento y cambio de estatus social.

Por debajo del yuguero, se encontraría una masa de gente desposeída, que normalmente no alcanzaba el estatus de vecino, compuesta por jornaleros, siervos, esclavos, mujeres, niños, moros, etc. Esta suponía , y solamente podía aspirar a ser contratada eventualmente en las puntas de trabajo estacionales.
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La ordenación de pastos

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Solemos asociar la palabra dehesa a grandes campos abiertos. Pero en realidad el término surgió del establecimiento de cercados y el cierre del paraje a ganados ajenos.

Otra forma de reservarse las tierras de mejor calidad, en este caso para pastos, fue el establecimiento de dehesas concejiles. Aunque hoy en día asociemos la palabra dehesa a amplios campos abiertos, con arbolado disperso y ganadería extensiva (como la famosa dehesa extremeña), en realidad el término procede de la voz defensa.

Se trata pues de espacios cercados, que tratan de restringir severamente el acceso a ganados ajenos y a vecinos con intención de roturar la tierra.

Las dehesas concejiles (o de propios) quedaban excluidas del común. Mientras la villa todavía era de frontera, con una economía orientada a la guerra, estas dehesas se destinaban primordialmente a apacentar a caballos, mulos y asnos -las bestias por excelencia en el campo de batalla, todas ellas propiedad de los caballeros villanos y su particular forma de ganarse la vida mediante el pillaje-.

Alejado el riesgo de la guerra contra el Islam, su función pasa a ser financiar los gastos del Concejo y se amplía sustancialmente su número y extensión. Las dehesas se arriendan al mejor postor -generalmente los oligarcas de la propia villa o villas vecinas, pues la lana era un magnífico bien de exportación con el que acumular dinero (y no trigo y otras especies)- y los ingresos así obtenidos se dedican principalmente a los sueldos de regidores y demás empleados municipales -cargos a los que, una vez más, solo podían optar personas bien conectadas y fieles al poder local-, quedando una parte menor para obra pública, pago de la deuda, etc.

El sistema de licencias para aprovechamiento del monte, pastos y demás espacios comunales -así como las restricciones a nuevas roturaciones y la propiedad concejil del único molino harinero- garantizaban el control casi absoluto de la actividad económica por parte del Concejo, y con él su capacidad de extraer de los demás habitantes el excedente productivo -en todo caso, bastante bajo en la tierra de Ves- u obtener una forzada fidelidad política a la oligarquía. A su vez se establecía un sistema de beneficencia, y ciertas normas para aprovechamientos menores -tales como el derecho al espigueo, o libertades para pequeñas aves de corral-, que en última instancia ayudarían a contener el estallido social.

Para una mejor descripción del funcionamiento, recomiendo encarecidamente la lectura del artículo de Carlos López Rodríguez La organización del espacio rural en los fueros de la Extremadura castellana.
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El reparto de la Villa y Tierra de Ves

La anterior explicación teórica y más bien generalista nos permite especular sobre la evolución de los acontecimientos en la Tierra de Ves, a la vista de la parte de su historia que nos es conocida, y de alguna infomación complementaria a la que hemos tenido acceso.

Debemos empezar por destacar que su conquista cristiana en 1211, y posterior declaración como Villa -con su breve paso como aldea de Jorquera-, se centra en lo que actualmente es el castillo y el Santuario de Ves. El siguiente vídeo nos da una magnífica idea de lo agreste del terreno y las dificultades que supondría organizar la vida económica del espacio circundante.

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Como ya explicamos en la entrada arriba referida, el castillo se ubicaba en un enclave estratégico, sobre un peñasco fácil de defender y controlando el único vado sobre el río entre Alcalá del Júcar y Cofrentes. Según consta en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575):

“(es) cosa publica y notoria que la fundaron los moros y ansi lo creen por rrazon destar fundado junto a huerta y caboclagna que son lugares que ellos mas particularmente mjran para edificar”

Sabemos por la Carta de Yátova que una aljama de mudéjares persistiría al menos hasta 1266, y que tras la conquista cristiana presumiblemente continuaría trabajando la mencionada huerta -así como otros bancales construidos entorno a la villa (ver ortofoto)- pagando fuertes tributos a los caballeros villanos. El resto de la meseta, totalmente expuesta a los ataques enemigos, seguramente estaría despoblada, con eventualmente alguna siembra precaria siguiendo el tradicional método de roza y quema, pero sin realizar grandes inversiones por lo vulnerable de su posición.

villadeves_santuario2

La Villa de Ves nace entorno a un recóndito castillo de origen musulmán, controlando un vado sobre el Júcar, cuyas aguas regaban una estrecha franja de huerta. Los bancales de secano, la caza y los pastos complementaban el espacio agrícola para sustentar una población mínima.

Para poder apacentar a sus caballos, los villanos debían recurrir en verano a la ribera del río, mientras en invierno podrían ser de utilidad las resguardadas terrazas que se forman en la solana del cañón -todas ellas accesibles por caminos y fácilmente defendibles-. En las Relaciones Topográficas de Felipe II podemos leer:

33. Al capitulo treinta y tres dixeron que en esta villa ay vn castillo el qual es vna pena muy grande […] y en el rrellano della puede en la yerba della ahijarse vn pegujico de oveja […]

En caso de necesidad podían incluso aventurarse a las suaves vaguadas del altiplano más inmediato, donde conocemos por textos posteriores la existencia de la dehesa de Cabañiles -paraje que conserva el topónimo- y la Redondilla -que en las Ordenanzas de Ves de 1589 se reservaba a los vecinos menos pudientes, y cuya ubicación es dudosa pero creemos estaría al norte del actual Cerro del Redondillo, aunque también podría tratarse del paraje de La Redonda próximo a Canto Blanco-:

29. Que se guarde la redondilla de la Villa

Otrosí, atento que la dicha Villa a tenido y tiene una redondilla para los vezinos que tienen algunas resezillas de ganado que auitan con ella en el arrabal o arrabales de esta Villa, que tienen sus mojones antiguos y es en prouecho y utilidad de los vezinos que tienen algunos atajuelos de ganado, ningún forastero con su ganado lo pueda comer so pena de dos reses de día y quatro de noche, del género del ganado que fuere, y cada un vezino pueda denunziar y lleuar la dicha pena, la terzia parte de hella, y Justizia y Conzejo las dos partes.

villadeves_primerospastos

Aunque sea altamente especulativo, los primeros caballeros de Ves probablemente apacentaran su ganaso y caballerizas en las terrazas de la solana del cañón del Júcar, y bajo estricta vigilancia a la zona del altiplano -donde se ubicarían las dehesas de Cabañiles y La Redondilla-.

En comparación con otros territorios, como la Encomienda santiaguista de Segura, la Villa de Ves permaneció muy poco tiempo como zona de frontera entre cristianos y musulmanes -perdurando no obstante su carácter fronterizo con la Corona de Aragón-. En efecto, la taifa de Balansiya capituló ante Jaume I en 1238, la Murcia de los Banu Hud se convirtió en protectorado en 1243, y en 1246 cayó la ciudad de Jaén y se fijó la frontera con el reino nazarí de Granada.

Tras poco más de 30 años el peligro parecía alejado definitivamente, pero dadas las dificultades para la repoblación -entre otros por la presencia de golfines y almogávares– se iniciaron los intentos de señorialización. En 1282, finalizada la guerra entre el Infante don Sancho contra su padre Alfonso X, la Villa de Ves se entregaría sería entregada al Señorío de Don Manuel -más adelante el famoso Marquesado de Villena-.

Bajo el impulso de sus nuevos señores -y de la relativa paz- el paso del s. XIII al XIV supone un salto demográfico importante, y el inicio del desarrollo de unas aldeas que sintomáticamente se ubicaron en el borde norte del altiplano -hacia el que fluían las aguas, pero notablemente alejadas de la Villa-.

La primera de la que tenemos noticia, en las Relaciones Topográficas, es la de Casas de Ves, situada estratégicamente en junto al cruce del Camino Real de Valencia -que venía siguiendo aproximadamente el trazado actual de la CM-3207-, el Camino de Chinchilla a Requena por Tetuán -hoy perdido- y el Arroyo de la Cañada -conocido también como Rambla de Campiñana-.

Aunque en el enclave seguramente se hayan producido asentamientos anteriores, podemos decir que el actual poblado de las Casas de Ves nace a principios del s. XIV, al establecerse un “puerto seco” (aduanas) para controlar el comercio con el Reino de  Valencia.

casasdeves

El nacimiento de Casas de Ves podría datar de finales del s. XIII o principios del XIV, al establecerse una aduana para el comercio entre el Reino de Valencia y la Corona de Castilla. Precisamente 3 de las 7 dehesas que tiene el Rincón de Ves en 1575 se ubican en el Arroyo de la Cañada, que también serviría para regar algunas huertas.

La presencia de la Rambla, que en ese tramo suele llevar agua todo el año, resultaría primordial por la posibilidad de establecer huertas de regadío junto a ella. Pero destaca mucho más todavía el establecimiento precisamente de al menos tres dehesas concejiles a sus orillas, y de una cañada para el ganado, limitando así su posible aprovechamiento comunal u hortícola (autoabastecimiento de alimentos) para poder generar un beneficio monetario a las oligarquías residentes en la Villa. Un ordenamiento que a la postre provocaría un grave conflicto con los vecinos de las Casas de Ves-.

Las numerosas lagunas que existen en el eje de la Rambla parecen haber sido construidas en esta época para servir de abrevaderos al ganado de quienes arrendaban estas dehesas. La cercanía de varios manantiales salados también convertían estas zonas de pasto en altamente interesantes para los arrendatarios.

charcas-casas-ves

En azul, una serie de charcas excavadas a lo largo del eje de la Rambla de Campiñana, en lo que serían las dehesas de La Alberca y Campiñana. Actualmente son terrenos de regadío.

La municipalización y adehesamiento del término de la Villa de Ves de hecho prosigue al menos hasta mediados del siglo XVIII, cuando se producen graves incidentes -que exigen la intervención real- debido a una de estas municipalizaciones. El resultado práctico más importante de estos incidentes es la compra a la Corona del derecho a nombrar alcalde mayor -hasta entonces venía el corregidor de Chinchilla- y el traslado de la capitalidad de la villa desde el Castillo de Ves a las Casas de Ves-.

Hemos tratado de recopilar estas dehesas y ubicarlas en un mapa, a fin de facilitar la interpretación del proceso de ocupación y organización del territorio:

Tipo de dehesa Relaciones Topográficas (1575) Ordenanzas municipales (1598) Catastro de Ensenada (1755) Actualidad
¿Comunes? (No figura) “Redondilla” (No figura) Cerro del Redondillo
¿Comunes? “del carnjçero” (No figura) (No figura) DESCONOCIDA
Propios Cabanjles (No figura) Cavañiles Los Cabañiles
Propios Pradancho (No figura) Prado Ancho Lo Ancho
Propios Alberca (No figura) Alberca Fuente  La Alberca
Propios Canpinaria (No figura) Campiñana Campiñana
Propios Egorgilla (No figura) Algorfilla La Golfilla
Propios Abenbajar (No figura) Abenvaxar (Linde con Alcalá)
Propios (No figura) (No figura) Rincón El Rincón
Propios (No figura) (No figura) El Saladar Casa del Saladar
Desconocido DESCONOCIDA (No figura) DESCONOCIDA Dehesa Cendreros
Desconocido DESCONOCIDA (No figura) DESCONOCIDA Dehesa Vaqueros

Como puede observarse, las 6 dehesas del siglo XVI se convierten en 8 en el XVIII. Una de ellas tal vez por apropiación de la “del carnjçero” (¿el Rincón?). Figuran dos dehesas más, obtenidas de mapas recientes, que podrían haber sido de comunales (no siendo reportadas), haberse creado después del siglo XVIII (improbable, dado el conflicto ya existente), o de hecho coincidir al menos en parte con las anteriores dehesas (por cercanía, nos inclinamos a pensar que Cendreros era parte de Prado Ancho y Vaqueros parte del Saladar).

El mapa resultante sería el siguiente:

tierra-de-ves-dehesas

Los círculos verdes representan la ubicación aproximada de las dehesas de la Villa de Ves. Las más antiguas probablemente se situaran cerca de la Villa (Cabañiles y Redondilla), pero con el alejamiento de la frontera sur y el establecimiento de un “puerto seco” (aduanas) en la aldea de las Casas de Ves en el s. XIV se adehesa buena parte del espacio entorno a la Rambla, que desemboca cerca de La Golfilla. .

Si las Casas de Ves nacen a principios del s. XIV, el resto de aldeas del altiplano deben haber surgido en los siglos XVII o primera mitad del XVIII (la Iglesia de la Balsa, por ejemplo, fue erigida a finales del XVIII), en un intento de acabar de aprovechar plenamente las últimas tierras de labor que quedaran por colonizar en un contexto de fuerte incremento de la demanda de cereal.

Ante esta presión demográfica, la privatización de las dehesas de propios durante la Desamortización de Madoz debió resultar un alivio para buena parte de la población, surgiendo algunas nuevas aldeas, como la de Perichán o particularmente la de La Golfilla. Pero esa ya es otra parte de la historia 😉

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¿Más emisiones de CO2 = alimentos menos nutritivos?

La acumulación en la atmósfera de este gas de efecto invernadero podría llevarnos a un mundo hiperazucarado

veggies

Los alimentos pobres en nutrientes esenciales tienden a pudrirse antes

Una de las acusaciones más habituales contra la agricultura ecológica es que esta es “menos productiva”, cosa que según los propagandistas conduciría al hambre mundial y a un incremento forzado de la superficie dedicada a la agricultura y ganadería a costa de los ecosistemas naturales.

Esta visión, aunque no exenta de algunas verdades, está cargada de prejuicios y auténticas falacias -como por ejemplo ignorar la fertilidad a largo plazo del suelo y la desertificación causada por la intensificación agrícola, ningunear el carácter de ecosistema valioso de las zonas agrícolas, o vincular la problemática del hambre a la producción de alimentos-.

Sin embargo, una de las respuestas que con frecuencia se esgrimen ante la acusación de menor productividad es que parte de un enfoque simplista, midiendo exclusivamente la producción en kilogramos por hectárea, o en el mejor de los casos calorías por hectárea. Pero, especialmente en el caso de frutas y verduras, tal vez sea más sensato medir también la producción de vitaminas, minerales, o diferentes tipos de proteínas.

CaCorn

En los últimos 50 años, cultivos como el maíz han perdido casi el 80% del calcio que contenían.
Fuente: USANA

En efecto, las observaciones con las que contamos evidencian que, desde el inicio de la moderna agricultura industrial, el contenido de vitaminas y minerales en nuestros alimentos se ha reducido entre un 20% y un 40%. Un fenómeno que habitualmente se asocia al desarrollo de variedades más productivas (en kg/ha), la fertilización nitrogenada y el riego excesivo: el peso y aporte calórico de las cosechas se incrementa a base de agua e hidratos de carbono, pero faltan los minerales y otros nutrientes esenciales que no estarían suficientemente disponibles en el suelo -o que la planta no sería capaz de asimilar a un ritmo adecuado, por haber no haber sido seleccionada según su capacidad para ello-.

En tal caso, sería de esperar que la agricultura ecológica fuera capaz de producir alimentos con la misma capacidad nutricional de antaño. El problema viene cuando empiezan a aparecer numerosos meta-análisis que no encuentran diferencias significativas entre convencional y ecológico, o al menos no en la misma proporción que la pérdida observada en la agricultura industrial -si bien tampoco faltan quienes sostienen lo contrario-.

Hay quien achaca este fenómeno a que la propia agricultura ecológica ha sido víctima de la obsesión “cuantitativa”, descuidando la calidad del alimento. Denuncian el abuso del estiércol -copiando la lógica de la agricultura industrial- y remarcan la importancia de las enmiendas minerales que aportan los nutrientes que faltan en el suelo y con mucha frecuencia también en el estiércol.

Carbon-Dioxide-Cycle

La quema masiva de combustibles fósiles ha desequilibrado el ciclo de carbono, haciendo que este se acumule en la atmósfera, haciéndolo más accesible a las plantas.

Pero otra explicación está empezando a cobrar cierta fuerza en el mundo científico: nuestras emisiones de CO2 a la atmósfera, además de acidificar los océanos y provocar el calentamiento global, estarían facilitando a las plantas la fotosíntesis -efecto conocido como fertilización carbónica-, y por lo tanto la producción de azúcares por parte de las mismas. Claro que, al no poder obtener más nutrientes del suelo por las ya mencionadas limitaciones, esto se traduciría en más alimentos… pero de menor valor nutritivo, cargados de carbohidratos y azúcares. Con el pequeño detalle de que afectaría a todos por igual: ricos, pobres, animales y ecosistemas enteros que podrían colapsar.

El biólogo matemático Irakli Loladze es el responsable de poner esta problemática en el foco de atención global.

Según relata en un artículo de Politico.com, su pasión por el asunto surgió durante sus estudios de doctorado en la Universidad Estatal de Arizona. Otro grupo de estudiantes había estado experimentando con la población de zooplancton -que normalmente se alimenta de fitoplancton-. Este grupo esperaba que, incrementando el aporte de luz sobre el cultivo, el fitoplancton crecería mejor y permitiría sostener una población mayor de zooplancton. Pero el resultado no fue el esperado: el fitoplancton aumentó sensiblemente, pero llegado a un punto el zooplancton no siguió ese ritmo y comenzó a mostrar serios problemas para simplemente sobrevivir en ese ambiente.

cadenatrofica

El equilibrio entre fito- y zooplancton es la base de la cadena alimentaria marina. El colapso de sus poblaciones podría amenazar seriamente los recursos pesqueros.

Irakli Loladze rápidamente relacionó lo observado en el experimento con el agotamiento de los nutrientes en el cultivo, y la competencia establecida entre fito- y zooplancton por los mismos. Al ser el fitoplancton cada vez menos nutritivo, el zooplancton empezó a mostrar igualmente síntomas de malnutrición -a la que era sensiblemente más vulnerable que el fitoplancton-, pudiendo provocar finalmente el completo colapso y extinción de toda su población.

Lo más inquietante del asunto es que exactamente el mismo proceso -cambiando incremento de luz por incremento de CO2- podría estarse dando a escala planetaria, tando en los mares como en tierra firme. Y nadie parecía haber recabado en este “pequeño” detalle que nos amenaza.

Al comenzar a recabar información sobre el asunto le sorprendió la inexistencia de estudios específicamente dedicados a la cuestión. Estudios que precisaba para poder respaldar empíricamente sus análisis matemáticos, que finalmente verían la luz el año 2000 –analizando el ejemplo de productor primario vs. herbívoro– y en 2002 -en una alarmante aplicación a la alimentación humana, que preveía un marcado aumento de la malnutrición y de las dietas con exceso de carbohidratos (derivando en una epidemia de obesidad y diabetes)-. Problema que por supuesto se superpone al del cambio climático y acidificación de los océanos.

Tras la publicación de los artículos -más bien teóricos- de Irakli Loladze, siguieron otros que por ejemplo estimaron una reducción del contenido de proteninas del 8% para cereales del tipo C3 (que suponen el 95% de las especies), y de entorno al 20% en frutas y verduras. La deficiencia afectaría principalmente a los países del Magreb, Oriente Medio, China, India e Indochina. Países que albergan a más de la mitad de la población mundial.

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También se ha estudiado el caso concreto de las deficiencias de zinc, que podría afectar a 140 millones de habitantes, principalmente en países africanos y la India. Y a partir de todos estos estudios, el propio Loladze -en 2014- realiza un meta-análisis incluyendo 7.761 observaciones sobre este efecto. Posiblemente el mejor hasta la fecha. Los resultados muestran la consistencia a escala global del problema, que sería equivalente a echarle “una cucharada de azúcar” a nuestros platos.

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Efecto del incremento del CO2 en la reducción de nutrientes en alimentos.
Fuente: Loladze, Irakli (2014).

¿Es este el futuro que nos espera, o seremos capaces de contener las emisiones de dióxido de carbono a tiempo y desarrollar variedades y técnicas de cultivo capaces de mantener el poder nutritivo cosechado? Veremos. Aunque las perspectivas no es que sean muy halagüeñas.

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Irakli Loladze esparciendo azúcar sobre una montaña de verduras. Es el efecto que tendría la fertilización por CO2 sobre la alimentación global. Foto: Politico.com

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Biochar: carbón vegetal para aumentar la fertilidad del suelo y convertirlo en “terra preta”

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El biochar consiste en carbón vegetal enriquecido con nutrientes. Foto: ClimateTechWiki

Probablemente ya hayas oido hablar de él. Y es que, en los últimos años, la enmienda del suelo con biochar está en boca de todos, por las increibles propiedades que se le atribuyen, así como por la oposición y escepticismo que ha sustitado entre ciertas organizaciones ambientalistas la idea de su utilización masiva para “compensar” las emisiones de gases de efecto invernadero.

Como de costumbre, hay por una parte una burbuja de expectativas excesivas, y por el otro una sobrerreacción en contra de una técnica que, utilizada con mesura y conocimiento de la ciencia que hay detrás, podría ser enormemente positiva.

Pero no adelantemos acontecimientos. Al fin y al cabo, puede que sea la primera vez que hayas oido este término.

¿Qué es el biochar y por qué beneficia al suelo?

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A la izquierda, un oxisol pobre en nutrientes, típico de la cuenca amazónica; a la derecha, oxisol transformado en terra preta fértil.
Foto: Wikipedia

Como ya se ha indicado en la cabecera de este artículo, el biochar no es más que el carbón vegetal “de toda la vida”, normalmente enriquecido con algún tipo de abono orgánico, y aplicado directamente en los campos a modo de enmienda. No debe confundirse con la tradicional aplicación de cenizas, más habitual pero con fines radicalmente distintos -como fuente de calcio y potasio, aumento del pH, para control de determinadas plagas…-.

Aunque siempre se ha sabido que el carbón vegetal se descompone mucho menos que la madera, no fue hasta finales de los años 90 del siglo XX -con el descubrimiento y divulgación de la Terra Preta o “tierra de indio”– cuando se tomó consciencia de su capacidad para mejorar significativamente la productividad de la tierra por siglos o incluso milenios.

Al haber sido sometida a un proceso de pirólisis o carbonización, buena parte de la materia orgánica se convierte en sustancias recalcitrantes, que no son degradables por las bacterias y hongos del suelo. En cambio, al haberse liberado las sustancias más volátiles, queda una estructura muy ligera y porosa -todos los que han tocado un trozo de carbón vegetal lo recuerdan-, que presenta grandes ventajas agronómicas si se aplican de forma adecuada:

biocharireland

El carbón vegetal está lleno de microporos, que favorecen la retención de nutrientes y de agua.
Foto: Biochar Ireland

  • Estructura: En suelos arenosos o limosos (es decir, con partículas gruesas), la elevada superficie específica con carga eléctrica negativa que le proporcionan estos microporos incrementa la capacidad de intercambio de cationes (es decir, la retención de nutrientes) y la capacidad de campo (de retención de agua), e incluso la actividad microbiana. En suelos pesados (con partículas finas) los macroporos del biochar ayudan a mejorar la infiltración de aguas y el crecimiento radicular de la planta, aunque puede ser preferible la materia orgánica fresca que forme agregados.
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  • pH: El biochar, al igual que las cenizas, tienen un carácter alcalino (pH alto). Es por lo tanto muy indicado para suelos ácidos -como los de la selva amazónica, o como los de la mitad occidental de la Península Ibérica– ya que evitan la pérdida de nutrientes. En suelos básicos, por el contrario, incrementar aún más el pH puede conducir el bloqueo de nutrientes y la consiguiente reducción de la fertilidad. Esto puede corregirse añadiendo azufre, o utilizando carbón mineral -normalmente rico en azufre-. También con gran cantidad de estiercol o materia orgánica fresca, que de todas formas nos será conveniente para “nutrir” el biochar, puesto que el efecto inmediato de un biochar no enriquecido será absorber los nutrientes presentes en el suelo, pudiendo ocasionalmente dar problemas de fertilidad el primer y segundo año.
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  • lifesaver

    El carbón activo se utiliza ampliamente como filtro contra sustancias contaminantes.
    Foto: Amazon

    Adsorción de contaminantes: Otro de los efectos de la elevada superficie específica es la capacidad para adsorber contaminantes. De hecho, el carbón activo se utiliza incluso en la fabricación de máscaras antigás. De esta manera reduciremos notoriamente los efectos de contaminantes residuales, al transformar nuestros cultivos de convencional a ecológico. Eso sí: el contaminante no desaparece, sino que está inmovilizado y se irá liberando lentamente. Y en agricultura convencional esta adsorción puede hacer ineficaces ciertos tratamientos con herbicidas o plaguicidas.
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  • Control de plagas: Desde antiguo también se ha venido utilizando el carbón vegetal como desinfectante, dado su carácter reductor, alcalino, adsorbente y desecante. Esto es especialmente interesante para su aplicacón junto a heces y estiércoles animales (por ejemplo, de palomares). También resulta una forma interesante de aprovechar restos de poda afectados por enfermedades, que normalmente deben ser quemados para evitar su propagación. Aunque en este caso debemos asegurarnos totalmente de su completa carbonización.
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    Se ha demostrado en diversos estudios que el biochar en el suelo contribuye a reducir la presencia de ciertas enfermedades de origen fúngico, como la botritis o el mildiu, y algunos ácaros.
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  • Aumentar la temperatura del suelo: En latitudes altas, el color biochar puede ser especialmente interesante porque, al ser negro, contribuye a su calentamiento. Se amplía así la temporada de cultivo, y aumenta la actividad biológica (y consiguiente disponibilidad de nutrientes, al favorecerse los procesos de nitrificación). En zonas más cálidas tal vez convenga cubrir el suelo con algún tipo de acolchado, para evitar su sobrecalentamiento.
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  • Lucha contra el cambio climático: Aunque el efecto sea muy indirecto, una considerable expansión del uso de biochar contribuiría notablemente a retirar el exceso de carbono que tiene actualmente la atmósfera, y a volverlo a incorporar a la litosfera. Estaríamos contribuyendo así a la estabilidad climática que tan necesaria es para la vida en el campo. Esta fijación de carbono puede además servirnos de buen argumento de venta a la hora de comercializar nuestros productos 😉

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¿Cómo hacer biochar a pequeña escala?

Existen numerosos videos demostrativos en la red, pero básicamente pueden distinguirse tres métodos:

En trinchera

Esta es la forma originaria, por la cual en la selva amazónica se produjo la Terra Preta. Es especialmente indicada para producir una cantidad mayor de biochar, sin tener luego que preocuparse en repartirlo por la finca. La trinchera normalmente tendrá unos 40-50 cm de profundidad, y se iniciará en la misma un pequeño fuego, añadiendo progresivamente ramas y troncos de mayor grosor. Una vez obtenida una buena brasa, golpeándola si es necesario para reducir el tamaño de las piezas, se tapa con la tierra extraída y se deja que se ahogue el fuego. Con el tiempo es de esperar que la lluvia, las lombrices y el laboreo extiendan e incorporen este biochar al suelo.

Durante la combustión pueden añadírsele huesos de tamaño considerable para enriquecer el biochar con fósforo, y resulta conveniente fertilizar el emplazamiento con posterioridad recurriendo a abonos ricos en nitrógeno (purines, gallinaza, compost fresco o incluso fertilizantes sintéticos; eventualmente plantando especies fijadoras de nitrógeno) para saturar el biochar con nutrientes y que no tome estos del suelo.

Recordemos: el incremento de la capacidad de intercambio de cationes (CIC) en realidad es como construir una gran estantería. Te permite ganar mucho espacio de almacenaje, pero si no tienes con qué rellenar ese espacio estás haciendo un pan con unas tortas. Por su parte, al ser el nitrógeno un compuesto más volátil, se perdería completamente si lo echáramos al fuego -o si se echa sobre un suelo con poca CIC, como arenas y limos-.

En reactor anaerobio

Utilizando las técnicas tradicionales de producción de carbón vegetal (ver video de más abajo), o mediante barriles metálicos (ver vídeo de arriba), se pueden hacer cantidades variables de biochar que no se incorporan al suelo inmediatamente, sino que podemos utilizar previamente como parte de nuestro compost o como absorbente en las camas de nuestro ganado. De esta forma tomará los nutrientes antes de que lo incoporemos al suelo, cosa que además haremos junto al resto de compost.

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Como subproducto en la producción de gas de síntesis

Muy emparentado con el ejemplo del reactor anaerobio, tenemos el ejemplo de la producción de gas de síntesis (también conocido como gas pobre o gasógeno -este último suele referirse más al aparato en sí-). Aunque normalmente la combustión que se acaba produciendo es completa, en realidad esto se puede controlar regulando la entrada de aire. Y la parte que más interesa para producir gas de síntesis son los compuestos volátiles que se producen al principio, más ricos en hidrógeno. De forma que se puede obtener abundante carbón vegetal, además de alquitranes y resinas para otros usos.

Tanto en el caso del reactor anaerobio como en el del gasógeno, puede ser bastante interesante triturar los trozos de carbón vegetal a fin de facilitar su mezcla con el compost e incorporación posterior al suelo. Para hacer esto, será conveniente mojar el carbón vegetal para ablandarlo y evitar la formación de un polvo peligroso para nuestras vías respiratorias.

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Consejos finales para el buen uso del biochar

Aunque muchos ya se han indicado someramente a lo largo del artículo, recapitulemos y añadamos algunos consejos generales:

  • La materia prima a pirolizar y la calidad del proceso es importante. Cuanta más lignina contenga (leña de maderas duras, etc.), de mayor calidad saldrá nuestro biochar. Según un meta-análisis de la Comisión Europea el biochar, aunque casi siempre incrementa la productividad agrícola, se convierte sin embargo en contraproducente si se utilizan para su fabricación biosólidos (restos de depuradora). Otro meta-analisis sugiere que la parte lábil del biochar tiene una residencia media de sólo 108 días, mientras que la parte recalcitrante tendría una residencia media de 556 años. En un buen biochar la parte recalcitrante representa el 97% del producto, pero este procentaje varía mucho según la materia prima y la temperatura y duración del proceso: a más temperatura, más estable será el biochar… pero también será menos beneficioso a nivel de fertilidad.. En cualquier caso asegúrate del origen sostenible de esta materia prima, para no causar más daño al ecosistema de los que pretendes arreglar.
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  • El biochar beneficia principalmente a suelos arenosos o limosos, siendo menor su incidencia en suelos arcillosos -donde si acaso puede ayudar a mejorar la infiltración y hacer menos pesado el laboreo-. También, dado su carácter alcalino, es recomendable su aplicación en suelos ácidos, pudiendo ser contraproducente su aplicación a suelos básicos -salvo que se acompañe de enmiendas acidificantes- ya que bloquearía la movilización de nutrientes. En suelos con elevada carga orgánica existe la posibilidad de que aumente la mineralización y pérdida de estructura del suelo.
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  • Dado su carácter fuertemente adsorbente y su capacidad para fijar nutrientes (alta capacidad de intercambio de cationes), es muy recomendable el enriquecimiento del biochar con abonos orgánicos para evitar efectos negativos a corto plazo. Cuanto más fresco sea el biochar, más adsobente será. Así que si queremos cargarlo de nutrientes y microorganismos, será mejor hacerlo en un biochar recién fabricado. En todo caso un biochar fresco adsorbería los contaminantes residuales que persistan en nuestro terreno, por lo que también puede utilizarse para reducir su biotoxicidad.
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  • Si el contenido de carbono del suelo ya es elevado, es preferible una aplicación en superficie y evitar el excesivo laboreo para su incorporación. El método de producción en trinchera será deseable solo en suelos pobres, en los que una alteración tan agresiva de su perfil y el sometimiento a altas temperaturas no suponga un empeoramiento de su estructura.

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En todo caso, cuanto más se investiga sobre el biochar, más claro parece estar que no es una solución universal ni una bala de plata, y que dada la gran variabilidad que tienen sus propiedades físico-químicas se impone la creación de biochares personalizados, según el suelo que se tenga, según el objetivo que se persigue y según el tipo de cultivo.

Los vídeos que se muestran a continuación os permitirán profundizar en el tema:

Sistemas integrados de biochar para la gestión de la fertilidad del suelo (en inglés).

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Biochar, la ciencia detrás de la moda (en inglés).

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¿Tenéis alguna experiencia con el uso de biochar? ¡Comentad en nuestro blog!

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