Biochar: carbón vegetal para aumentar la fertilidad del suelo y convertirlo en “terra preta”

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El biochar consiste en carbón vegetal enriquecido con nutrientes. Foto: ClimateTechWiki

Probablemente ya hayas oido hablar de él. Y es que, en los últimos años, la enmienda del suelo con biochar está en boca de todos, por las increibles propiedades que se le atribuyen, así como por la oposición y escepticismo que ha sustitado entre ciertas organizaciones ambientalistas la idea de su utilización masiva para “compensar” las emisiones de gases de efecto invernadero.

Como de costumbre, hay por una parte una burbuja de expectativas excesivas, y por el otro una sobrerreacción en contra de una técnica que, utilizada con mesura y conocimiento de la ciencia que hay detrás, podría ser enormemente positiva.

Pero no adelantemos acontecimientos. Al fin y al cabo, puede que sea la primera vez que hayas oido este término.

¿Qué es el biochar y por qué beneficia al suelo?

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A la izquierda, un oxisol pobre en nutrientes, típico de la cuenca amazónica; a la derecha, oxisol transformado en terra preta fértil.
Foto: Wikipedia

Como ya se ha indicado en la cabecera de este artículo, el biochar no es más que el carbón vegetal “de toda la vida”, normalmente enriquecido con algún tipo de abono orgánico, y aplicado directamente en los campos a modo de enmienda. No debe confundirse con la tradicional aplicación de cenizas, más habitual pero con fines radicalmente distintos -como fuente de calcio y potasio, aumento del pH, para control de determinadas plagas…-.

Aunque siempre se ha sabido que el carbón vegetal se descompone mucho menos que la madera, no fue hasta finales de los años 90 del siglo XX -con el descubrimiento y divulgación de la Terra Preta o “tierra de indio”– cuando se tomó consciencia de su capacidad para mejorar significativamente la productividad de la tierra por siglos o incluso milenios.

Al haber sido sometida a un proceso de pirólisis o carbonización, buena parte de la materia orgánica se convierte en sustancias recalcitrantes, que no son degradables por las bacterias y hongos del suelo. En cambio, al haberse liberado las sustancias más volátiles, queda una estructura muy ligera y porosa -todos los que han tocado un trozo de carbón vegetal lo recuerdan-, que presenta grandes ventajas agronómicas si se aplican de forma adecuada:

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El carbón vegetal está lleno de microporos, que favorecen la retención de nutrientes y de agua.
Foto: Biochar Ireland

  • Estructura: En suelos arenosos o limosos (es decir, con partículas gruesas), la elevada superficie específica con carga eléctrica negativa que le proporcionan estos microporos incrementa la capacidad de intercambio de cationes (es decir, la retención de nutrientes) y la capacidad de campo (de retención de agua), e incluso la actividad microbiana. En suelos pesados (con partículas finas) los macroporos del biochar ayudan a mejorar la infiltración de aguas y el crecimiento radicular de la planta, aunque puede ser preferible la materia orgánica fresca que forme agregados.
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  • pH: El biochar, al igual que las cenizas, tienen un carácter alcalino (pH alto). Es por lo tanto muy indicado para suelos ácidos -como los de la selva amazónica, o como los de la mitad occidental de la Península Ibérica– ya que evitan la pérdida de nutrientes. En suelos básicos, por el contrario, incrementar aún más el pH puede conducir el bloqueo de nutrientes y la consiguiente reducción de la fertilidad. Esto puede corregirse añadiendo azufre, o utilizando carbón mineral -normalmente rico en azufre-. También con gran cantidad de estiercol o materia orgánica fresca, que de todas formas nos será conveniente para “nutrir” el biochar, puesto que el efecto inmediato de un biochar no enriquecido será absorber los nutrientes presentes en el suelo, pudiendo ocasionalmente dar problemas de fertilidad el primer y segundo año.
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    El carbón activo se utiliza ampliamente como filtro contra sustancias contaminantes.
    Foto: Amazon

    Adsorción de contaminantes: Otro de los efectos de la elevada superficie específica es la capacidad para adsorber contaminantes. De hecho, el carbón activo se utiliza incluso en la fabricación de máscaras antigás. De esta manera reduciremos notoriamente los efectos de contaminantes residuales, al transformar nuestros cultivos de convencional a ecológico. Eso sí: el contaminante no desaparece, sino que está inmovilizado y se irá liberando lentamente. Y en agricultura convencional esta adsorción puede hacer ineficaces ciertos tratamientos con herbicidas o plaguicidas.
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  • Control de plagas: Desde antiguo también se ha venido utilizando el carbón vegetal como desinfectante, dado su carácter reductor, alcalino, adsorbente y desecante. Esto es especialmente interesante para su aplicacón junto a heces y estiércoles animales (por ejemplo, de palomares). También resulta una forma interesante de aprovechar restos de poda afectados por enfermedades, que normalmente deben ser quemados para evitar su propagación. Aunque en este caso debemos asegurarnos totalmente de su completa carbonización.
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    Se ha demostrado en diversos estudios que el biochar en el suelo contribuye a reducir la presencia de ciertas enfermedades de origen fúngico, como la botritis o el mildiu, y algunos ácaros.
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  • Aumentar la temperatura del suelo: En latitudes altas, el color biochar puede ser especialmente interesante porque, al ser negro, contribuye a su calentamiento. Se amplía así la temporada de cultivo, y aumenta la actividad biológica (y consiguiente disponibilidad de nutrientes, al favorecerse los procesos de nitrificación). En zonas más cálidas tal vez convenga cubrir el suelo con algún tipo de acolchado, para evitar su sobrecalentamiento.
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  • Lucha contra el cambio climático: Aunque el efecto sea muy indirecto, una considerable expansión del uso de biochar contribuiría notablemente a retirar el exceso de carbono que tiene actualmente la atmósfera, y a volverlo a incorporar a la litosfera. Estaríamos contribuyendo así a la estabilidad climática que tan necesaria es para la vida en el campo. Esta fijación de carbono puede además servirnos de buen argumento de venta a la hora de comercializar nuestros productos 😉

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¿Cómo hacer biochar a pequeña escala?

Existen numerosos videos demostrativos en la red, pero básicamente pueden distinguirse tres métodos:

En trinchera

Esta es la forma originaria, por la cual en la selva amazónica se produjo la Terra Preta. Es especialmente indicada para producir una cantidad mayor de biochar, sin tener luego que preocuparse en repartirlo por la finca. La trinchera normalmente tendrá unos 40-50 cm de profundidad, y se iniciará en la misma un pequeño fuego, añadiendo progresivamente ramas y troncos de mayor grosor. Una vez obtenida una buena brasa, golpeándola si es necesario para reducir el tamaño de las piezas, se tapa con la tierra extraída y se deja que se ahogue el fuego. Con el tiempo es de esperar que la lluvia, las lombrices y el laboreo extiendan e incorporen este biochar al suelo.

Durante la combustión pueden añadírsele huesos de tamaño considerable para enriquecer el biochar con fósforo, y resulta conveniente fertilizar el emplazamiento con posterioridad recurriendo a abonos ricos en nitrógeno (purines, gallinaza, compost fresco o incluso fertilizantes sintéticos; eventualmente plantando especies fijadoras de nitrógeno) para saturar el biochar con nutrientes y que no tome estos del suelo.

Recordemos: el incremento de la capacidad de intercambio de cationes (CIC) en realidad es como construir una gran estantería. Te permite ganar mucho espacio de almacenaje, pero si no tienes con qué rellenar ese espacio estás haciendo un pan con unas tortas. Por su parte, al ser el nitrógeno un compuesto más volátil, se perdería completamente si lo echáramos al fuego -o si se echa sobre un suelo con poca CIC, como arenas y limos-.

En reactor anaerobio

Utilizando las técnicas tradicionales de producción de carbón vegetal (ver video de más abajo), o mediante barriles metálicos (ver vídeo de arriba), se pueden hacer cantidades variables de biochar que no se incorporan al suelo inmediatamente, sino que podemos utilizar previamente como parte de nuestro compost o como absorbente en las camas de nuestro ganado. De esta forma tomará los nutrientes antes de que lo incoporemos al suelo, cosa que además haremos junto al resto de compost.

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Como subproducto en la producción de gas de síntesis

Muy emparentado con el ejemplo del reactor anaerobio, tenemos el ejemplo de la producción de gas de síntesis (también conocido como gas pobre o gasógeno -este último suele referirse más al aparato en sí-). Aunque normalmente la combustión que se acaba produciendo es completa, en realidad esto se puede controlar regulando la entrada de aire. Y la parte que más interesa para producir gas de síntesis son los compuestos volátiles que se producen al principio, más ricos en hidrógeno. De forma que se puede obtener abundante carbón vegetal, además de alquitranes y resinas para otros usos.

Tanto en el caso del reactor anaerobio como en el del gasógeno, puede ser bastante interesante triturar los trozos de carbón vegetal a fin de facilitar su mezcla con el compost e incorporación posterior al suelo. Para hacer esto, será conveniente mojar el carbón vegetal para ablandarlo y evitar la formación de un polvo peligroso para nuestras vías respiratorias.

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Consejos finales para el buen uso del biochar

Aunque muchos ya se han indicado someramente a lo largo del artículo, recapitulemos y añadamos algunos consejos generales:

  • La materia prima a pirolizar y la calidad del proceso es importante. Cuanta más lignina contenga (leña de maderas duras, etc.), de mayor calidad saldrá nuestro biochar. Según un meta-análisis de la Comisión Europea el biochar, aunque casi siempre incrementa la productividad agrícola, se convierte sin embargo en contraproducente si se utilizan para su fabricación biosólidos (restos de depuradora). Otro meta-analisis sugiere que la parte lábil del biochar tiene una residencia media de sólo 108 días, mientras que la parte recalcitrante tendría una residencia media de 556 años. En un buen biochar la parte recalcitrante representa el 97% del producto, pero este procentaje varía mucho según la materia prima y la temperatura y duración del proceso. En cualquier caso asegúrate del origen sostenible de esta materia prima, para no causar más daño al ecosistema de los que pretendes arreglar.
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  • El biochar beneficia principalmente a suelos arenosos o limosos, siendo menor su incidencia en suelos arcillosos -donde si acaso puede ayudar a mejorar la infiltración y hacer menos pesado el laboreo-. También, dado su carácter alcalino, es recomendable su aplicación en suelos ácidos, pudiendo ser contraproducente su aplicación a suelos básicos -salvo que se acompañe de enmiendas acidificantes- ya que bloquearía la movilización de nutrientes.
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  • Dado su carácter fuertemente adsorbente y su capacidad para fijar nutrientes (alta capacidad de intercambio de cationes), es muy recomendable el enriquecimiento del biochar con abonos orgánicos para evitar efectos negativos a corto plazo. En todo caso un biochar fresco adsorbería los contaminantes residuales que persistan en nuestro terreno.
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  • Si el contenido de carbono del suelo ya es elevado, es preferible una aplicación en superficie y evitar el excesivo laboreo para su incorporación. El método de producción en trinchera será deseable solo en suelos pobres, en los que una alteración tan agresiva de su perfil y el sometimiento a altas temperaturas no suponga un empeoramiento de su estructura.

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¿Tenéis alguna experiencia con el uso de biochar? ¡Comentad en nuestro blog!

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La tecnología agraria que mata al mundo rural, y tecnología que lo puede salvar

Éxodo rural en la India – Foto: Selvaprakash Lakshmanan

Éxodo rural en la India – Foto: Selvaprakash Lakshmanan

De un tiempo a esta parte ha cobrado mucha actualidad un debate clásico en el mundo de la economía: ¿va a dejarnos el avance técnico sin empleo? La cuestión se remonta en el tiempo a la mítica revuelta ludita, a principios del s.XIX, y tradicionalmente se ha despachado con la observación empírica de que la tecnología crea más empleo del que destruye. Con una pequeña salvedad: no necesariamente se producen ni en el mismo sector, ni en el mismo lugar. Y el mundo rural es el ejemplo más claro de las amenazas que puede suponer el desarrollo de una tecnología inapropiada, habiendo quedado relegado en la actualidad a un estatus casi colonial.
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La ausencia de efecto rebote y el deterioro de los términos de intercambio

La explicación de por qué la tecnología que sustituye mano de obra acaba generando más empleo podemos encontrarla en el “efecto rebote” -o Paradoja de Jevons– ya observado en la máquina de vapor y el consumo de carbón. Al abaratar el precio final del producto, se incrementó de tal manera la demanda que se instalaron muchísimas más máquinas de vapor aumentando espectacularmente de uso del carbón.

Pero para que se produzca este “efecto rebote” deben cumplirse una serie de condiciones, que no siempre se cumplen:

  • Como ya se ha señalado, es preciso que la demanda sea elástica. Es decir, la variación de precio del producto ha de ocasionar una variación de la demanda superior. O dicho de otro modo: cuando bajando el precio vendes tanto más que aumenta la facturación (aunque no necesariamente el beneficio).
  • También debe ser elástica la oferta de tus factores productivos. Es decir, que si con lo ahorrado por la eficiencia te puedes permitir pagar un poco más, conseguirás que te ofrezcan un volumen muy superior de la materia prima (o, en nuestro caso, mano de obra y tierras agrícolas).
  • Además, la nueva tecnología debe traducirse efectivamente en una reducción del precio final. Muchas veces, lo que te cuesta de más la máquina se come lo ahorrado en materiales o mano de obra. Haces el cambio por error de cálculo, por fiabilidad, por motivos estratégicos, etc.

En el mundo rural, aunque podrían haber jugado un papel sustancial tanto el segundo como el tercer factor (escasez de tierras y evitar revueltas campesinas), lo cierto es que este “efecto rebote” no se produce debido a que la demanda de alimentos no se incrementa apenas al bajar el precio. Sencillamente porque los consumidores muy pronto quedan saciados. ¿Acaso comemos más del doble porque el precio sea la mitad?

Debido a la inelasticidad de la demanda, aunque a una empresa agrícola individual pueda resultarle beneficioso por un tiempo ahorrar en mano de obra implantando una nueva tecnología y vendiendo a precio de la tecnología antigua, cuando todas las empresas han adoptado esa tecnología el resultado final es que baja el precio del producto sin que aumente el volumen de ventas, lo que a la postre supone menores ingresos totales para el medio rural y mayores gastos en combustible y maquinaria producida en las ciudades.

En términos más técnicos, se diría que se deterioran los términos de intercambio con el mundo urbano, lo que nos permite trazar analogías con la tesis de Prebisch y Singer, según la cual este deterioro sería una de las principales causas del subdesarrollo crónico de los países empobrecidos.


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El “Modelo de Junta Tórica”: beneficio para los grandes supermercados

La explicación del “efecto rebote” de Jevons data mediados del siglo XIX, y tiene sus serias limitaciones. Al igual que en la agrigultura la demanda pronto se topa con que los consumidores están saciados, algo similar acaba ocurriendo a la larga con otros sectores. De allí que fuera necesario desarrollar otras teorías complementarias para explicar el aumento del empleo observado en la práctica, generalmente en nuevos sectores que aparecen de la nada, o actividades -como la peluquería- que sin incrementar su productividad crecen fuertemente “a rebufo” del desarrollo urbano.

Recientemente ha cogido cierta fuerza la teoría del Modelo de Junta Tórica, o la O-Ring Theory (en inglés), según la cual el desarrollo técnico en un sector -o en un eslabón concreto de la cadena de suministro- incrementa fuertemente el valor de los demás sectores. De esta manera, por ejemplo, la aparición de cajeros automáticos no supuso el despido masivo de los empleados de banca, sino que los hizo más valiosos al cambiar su rol de meros repartidores de dinero a verdaderos relaciones públicas que solucionan problemas y se especializan en vender productos de inversión.

Pero incluso entre quienes con más insistencia defienden esta vía para sostener que “las máquinas nunca provocarán desempleo masivo”, como el economista del MIT David Autor, no queda más remedio que reconocer inevitablemente que la explicación no es universalmente válida. Y el mundo rural se utiliza, una vez más, como ejemplo paradigmático de las carencias de esta teoría. Lo que al parecer funciona en la urbe, no funciona en el campo.


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Si dentro de una cadena de valor el desarrollo de un eslabón fortalece al resto de eslabones, ¿quiénes se benefician de la creciente mecanización agrícola? La respuesta en este caso es sencilla: la industria agroquímica (fertilizantes, pesticidas, semillas, piensos…), la industria de transformación alimentaria y sobre todo los distribuidores. Harto conocidas son las denuncias del brutal incremento de precio que se produce entre el campo y el consumidor final. Y generalmente todos estos eslabones también se ubican en las grandes urbes, o al menos en las cabeceras de comarca.
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Sociología del territorio: fuerzas centrífugas vs. fuerzas centrípetas

Pero si los paises emergentes tenían la salida de una política de industrialización, y el aumento de la productividad agraria refuerza el valor de los demás eslabones de la cadena agroalimentaria… ¿por qué el mundo rural no es capaz de beneficiarse también de la tecnología, apostando por industrializar y retener estos elementos de la cadena de valor que se ven impulsados indirectamente por la mecanización?

La respuesta es compleja, y desde luego que hay mucha responsabilidad por parte del propio mundo rural al no ver venir estos cambios y prepararse para ellos. Recientemente incluso hemos podido ver algunos ejemplos esperanzadores, con el desarrollo del turismo rural, la venta directa del agricultor al consumidor, y una producción que empieza a primar la calidad (frente a la tradicional obsesión por la cantidad y el precio, perfectamente retratada en la canción popular “A la Mancha manchega”).

Desgraciadamente se trata de flores en el desierto. Nos pueden llenar el corazón de alegría, pero el panorama general es el que es, y tiene muy difícil remedio. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que -independientemente del sistema económico- la mayor parte de las técnicas y tecnologías se benefician de las economías de escala y de aglomeración, y requieren de un umbral mínimo de población y de densidad demográfica para ser viables. Son muy escasas aquellas tecnologías para las que resulta más conveniente la dispersión geográfica.

En términos de sociología del territorio -que no solo abarcaría la tecnología, sino también aspectos como el orden institucional- se habla en este sentido de fuerzas centrípetas (que concentran la población y el poder en lugares determinados) y fuerzas centrífugas (que la reparten). Y, aunque existan notables excepciones -que podemos y debemos explorar-, generalmente se consideran centrípetos los sectores  industrial y de servicios, y centrífugo el sector agrícola. E incluso este, al destinarse crecientemente a consumidores urbanos residentes a cierta distancia de donde se produce, acaba cayendo víctima de la centralización por pura economía logística y por las economías de escala de la gran maquinaria agrícola (concentración parcelaria, muy relacionada también con la expulsión de pequeños agricultores a la ciudad al perder sus tierras) y otras formas de industrialización del agro.

Consumo de combustible vs. densiad de población

Una alta densidad de población permite reducir drásticamente el consumo de petróleo, por lo que su encarecimiento favorece a las ciudades.

Para acabar de desdibujar las cosas, aunque mucha gente repita el tópico de que el fin del petróleo barato supondrá el colapso de las ciudades y la vuelta masiva al campo, resulta bastante más plausible que la mayor eficiencia energética de los corredores densos de hecho favorezca a las ciudades. Dicho de otra manera: el encarecimiento del combustible nos obligará a recurrir al transporte público, y el transporte público no es viable con la población dispersa. Solamente habría vuelta al campo si el petróleo hace inviable toda la maquinaria agrícola.
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Grandes políticas, pobres resultados

La búsqueda de remedios para el drama que se cierne sobre el mundo rural a raíz de la industrialización urbana y mecanización del campo tiene numerosos precedentes, que algunos remontan incluso hasta el siglo XVIII, pero no es hasta el advenimiento de la mal llamada Revolución Verde -entre los años 60 y 80 del s.XX- en que las grandes potencias de la época empiezan a experimentar con medidas políticas para afrontar la cuestión.

En los EE.UU. se siguió una orientación de tipo más liberal. A pesar de los grandes subsidios agrícolas -que buscaban ante todo garantizar la soberanía alimentaria a la vez que favorecían la mecanización del agro-, y siguiendo el lema “hazte grande o lárgate”, simplemente permitieron la muerte del mundo rural integrando los despoblados en su red de parques nacionales y otras áreas protegidas, para su “asalvajamiento”.

Yellowstone

Parque Nacional de Yellowstone – Foto: Feelgrafix
EE.UU. ha aprovechado el despoblamiento rural para favorecer la red a áreas protegidas.

Al otro lado del telón de acero -en la Unión Soviética-, aunque no operaban las fuerzas de un sistema de mercado, el problema tenía la misma naturaleza -física- subyacente. En este caso, se manifestaba en la dificultad de elevar los estándares de vida entre una población rural dispersa, y al tiempo mantener ocupados y productivos a sus habitantes. De acuerdo con su concepción más totalitaria de la política, durante el mandato de Nikita Jrushchov se procedió reasentar forzosamente a la población rural en las denominadas agrogorody -una especie de mini-ciudades agrícolas con tamaño suficiente para cambiar la vida y cultura-, y así aprovechar ciertas economías de escala -lo que permite un cierto grado de industrialización y hace más viable la supervivencia de estos núcleos-.

El enfoque europeo, por su parte, es tal vez el más amigable hacia el mundo rural, en toda su esencia. Pero también el más caro: tratar de fijar a la población a golpe de talonario, mediante subsidios al desarrollo regional y más recientemente introduciendo cambios en la estructura de subsidios de la Política Agraria Común -siempre en la incertidumbre de verse renovada cada 7 años-.

A pesar del enorme coste para el contribuyente de esta orientación de la política europea, los resultados -sobre todo en España- son más bien modestos. La población sigue envejeciendo a marchas forzadas y al final no queda más remedio que aceptar parte de las políticas norteamericana y soviética: abandonar a su suerte regiones enteras y tratar de salvar lo que queda concentrando servicios en cabeceras de comarca.
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Ideas, instituciones y tecnología apropiada para el mundo rural

Pero, a pesar del panorama tan sombrío que se ha descrito hasta el momento, vale la pena seguir luchando por el mundo rural. La experiencia acumulada por las grandes políticas descritas en el apartado anterior nos dice que debemos alejarnos de pretendidas soluciones globales, dictaminadas de arriba hacia abajo, y empezar a abrazar la idea de que la búsqueda de una salida ha de estar en manos de la propia población rural y gestionada a escala local. En parte es lo que se persigue con la Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, y el programa LEADER de la Unión Europea.

Aún a la vista de todos los problemas que ha ocasionado la mecanización del campo, uno no puede simplemente renunciar a la tecnología y los avances científicos. En primer lugar porque, aunque individualmente o localmente se decida no invertir más en maquinaria, los precios (y los menguantes términos de intercambio) te los marcarán el resto de empresas y países que sí han invertido. Además, si no queremos que la población huya a la ciudad en busca de mejores sueldos, debemos ser suficientemente productivos para poder pagar una cantidad similar a la de los empleos urbanos, pero sin reducir su número. Finalmente, para que el trabajo resulte atractivo, también debe reducirse las tareas excesivamente duras, penosas, repetitivas y aburridas. Muchos empleos agrícolas actuales son rechazados por la población autóctona, y solamente los asumen inmigrantes -en una situación más desesperada-, precisamente por este motivo.

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Ejemplo de tecnología apropiada
Foto: Critical Design
Con una inversión mínima, muy inferior a la de un sistema de agua canalizada, estas mujeres pueden transportar el agua hasta sus hogares con menos esfuerzo y sin dañarse la espalda

Una vez más, debemos volver nuestra mirada hacia los paises que ya han experimentado el dominio colonial, donde se ha desarrollado el concepto de tecnología apropaida. Es decir, aquellas diseñadas específicamente para beneficiar a la comunidad que los utiliza, y no para reportar un beneficio individual a corto plazo que perjudique al resto.

Y aunque las condiciones locales varíen enormemente de una comarca a otra, siguiendo la explicacióna de este artículo -con todos los matices que se le hagan-, sí podemos establecer unas líneas genéricas para desarrollar modelos de negocio y tecnologías para el entorno rural:

  • Evitar aquella mecanización que ahorre principalmente tiempo de trabajo, y abrazar aquella que haga el trabajo más sencillo, ligero y agradable. Cada vez más gente busca trabajos que generen satisfacción -cosa que un ejercicio ligero al aire libre proporciona perfectamente-, aunque eso pueda implicar en ocasiones salarios ligeramente inferiores. También cabe remarcar cómo se valora la seguridad y la sensación de empoderamiento que genera el autoempleo, por lo que resulta fundamental facilitar el acceso a la tierra en lotes de tamaño adecuado a una unidad familiar y sin tener que desembolsar de entrada -en la compra de tierra- un capital que sería mucho más interesante invertir en circulante (semillas, fertilizantes, etc.). Lo mismo sucede con otras barreras de entrada que frustran al recien llegado, como las normas sanitarias pensadas para grandes industrias que imponen inversiones excesivas para el productor a pequeña escala sin proteger realmente la salud de las personas.
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  • Abandonar la idea de que es necesario producir más alimentos para aumentar nuestros ingresos y combatir el hambre en el mundo. Ya hay sobreproducción de alimentos, y producir más solamente acaba hundiendo los precios mundiales y empeorando los términos de intercambio explicados más arriba. Todo el mundo rural sale perjudicado por ello. Es mucho mejor centrar nuestro ingenio en tratar de ahorrar en gastos, sustituyendo insumos industriales, y por la parte de ingresos tratar de vender productos de más valor añadido. En vez de intentar incrementar nuestros ingresos produciendo más cantidad, es mejor crear productos más apreciados por nuestros clientes: de más calidad, más elaborados o con un diseño más atractivo, que les lleguen directamente (gracias a Internet y a algunas plataformas tecnológicas se facilita la comercialización directa, y eso que te ahorras en intermediarios), que tengan una historia interesante detrás (Storytelling) que el cliente valore y aprecie -estando dispuesto a pagar más por ello-, etc.
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  • Recomponer el tejido social local y el mercado interior. En nuestra obsesión por vender a las ciudades, “que pagan más”, hemos dejado con frecuencia desatendida la demanda local. ¿Cuánta fruta, verdura y alimentos procesados importados de lugares distantes -y con intermediación urbanita- podemos ver en las típicas tiendas y supermercados de nuestros pueblos, a un precio muy superior al que nos pagan los mayoristas de la ciudad? Que esto haya sucedido no es fruto de una malvada confabulación ni “del capitalismo”: es el resultado de que los vecinos ya no hablen entre sí, que ya no se produzcan esas conexiones sociales que son la base para hacer negocios y de tener una vida cultural interesante. Recomponiendo las relaciones con nuestros vecinos se dinamiza toda la economía.
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  • Pensar en la sostenibilidad a largo plazo, tanto ambiental como económica y de crecimiento personal, de manera que estas iniciativas puedan ser asumidas por la siguiente generación con ilusión y ganas de labrarse un futuro. En vez de esquilmar la fertilidad de la tierra, con la creencia de que nadie tomará relevo en la granja familiar, hay que volver a alimentar nuestros suelos con buenos aportes orgánicos y recuperar la capacidad de los ecosistemas locales para producir alimentos que cazar o recolectar. Y en vez de formar a nuestros hijos como meros empleados de la industria y los servicios tecnológicos, sería preciso adaptar el currículo escolar a la realidad del mundo rural y los trabajos agrícolas.
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  • Buscar modelos de negocio innovadores que faciliten el acceso al uso de la tierra y otros recursos ambientales, y desarrollar productos a ser posible fuera del ámbito alimentario, en sectores donde la demanda pueda mostrar elasticidad suficiente (recordemos: que si baja el precio crece el mercado) y se encuentre lejos de estar saturado. ¿Plantas aromáticas y cosméticos naturales? ¿Cuidado de mascotas en tiempo de vacaciones? ¿Santuario para animales rescatados por animalistas? ¿Experiencias de convivencia? ¿Microproyectos financiados mediante crowdfunding? ¿Apostar por la economía social? Cada cual que encuentre su nicho.
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Algunas pinceladas para montar agronegocios siguiendo esta filosofía ya han sido mencionados en nuestra entrada sobre Joel Salatin, con su enfoque permacultural. Pero hay muchas otras vías, que se ajustan mejor a los principios y preferencias de cada cual. Podéis encontrar ejemplos concretos en esta publicación del INTA (Gob. de Argentina) ¿Se os ocurren más?
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Palomares, golondrinas y cajas nido como alternativa a la fertilización sintética

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Palomar del Cortijo de Tobas (Tabernas). Foto: Arquitectura Tradicional de Almería

Al atravesar las grandes llanuras cerealísticas de las dos mesetas, o en general cualquier zona árida de este país, es muy probable que a uno le llame la atención la gran cantidad de estructuras y edificios -casi todos abandonados- que cuentan con un buen número de pequeños orificios triangulares sin aparente utilidad, al ser demasiado pequeñas y ubicadas en lo alto como para tratarse de una ventana.

Si ya estamos algo más familiarizados con el entorno rural, seguramente sepamos que en realidad se trata de una puerta.

-¿Cómo? ¿Tan pequeñas?

Claro: no están pensadas para las personas, sino para las palomas. Un animal que en las ciudades se considera una plaga, y fuente de numerosas enfermedades, pero que en el campo ha sido de vital importancia para la supervivencia de los más desfavorecidos.

El urbanita tipo tal vez pueda sentir inicialmente cierta repugnancia al pensar en ello, pero en nuestra gastronomía abundan los platos en los que el pichón es el protagonista, como es el caso de los famosos gazpachos manchegos. También sus huevos contribuían notablemente al aporte proteínico en dietas generalmente pobres.

Sin embargo, y por sorprendente que nos pueda parecer, han sido sus deyecciones -llamadas popularmente palomina- las que más han contribuido a superar la hambruna. De forma indirecta ¡por supuesto!

La palomina, un potente fertilizante de origen renovable

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El Nitrato de Chile fue la principal fuente de abono nitrogenado inorgánico hasta la invención del proceso Haber-Bosch

Hasta que en los albores de la Primera Guerra Mundial se inventó el proceso Haber-Bosch, para la fijación del nitrógeno atmosférico, y a excepción del archiconocido Nitrato de Chile -proveniente de depósitos formados por evaporación cerca de los grandes salares-, la fertilización de nuestros campos dependía fundamentalmente de la rotación de cultivos con leguminosas y de la aportación de estiércoles de los animales -también los de dos patas-.

Dentro de estos estiércoles, resultaban particularmente potentes las excretas de ave, debido a que estos seres alados no tienen vejiga y sus riñones mezclan la orina -muy rica en nitrógeno- con el resto de heces en la cloaca. Dicho de paso, eso también hace muy líquidas y corrosivas sus deyecciones.

Para ilustrar el poder fertilizante de estas deyecciones, la agricultura occidental del siglo XIX recurrió de forma masiva a la minería del guano -deyecciones de aves marinas en las islas del Pacífico donde anidaban-, generando una rocambolesca historia de colonialismo, guerras y trabajo esclavo que supuso la práctica extinción de la población de la Isla de Pascua y permitió el despegue económico del viejo mundo.

Pero la importancia del descubrimiento de estos depósitos fue sobre todo cuantitativa -capas de varios metros de grosor-. Cualitativamente, la humanidad ya llevaba al menos tres milenios explotando este recurso de forma muy singular: construyendo nidos en lugares estratégicos para facilitar la recogida de sus excrementos. Proliferaron así toda una serie de especies de aves que, desde entonces, se encuentran estrechamente vinculadas a la presencia del ser humano.

Los palomares en la historia

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Mosaico romano de Palestrina, datado del s. I a.C., mostrando un palomar

La domesticación de la paloma se inició muy probablemente durante los primeros estadios de la revolución del neolítico, en las llanuras entre los ríos Tigris y Eufrates. Las primeras imagenes de palomas datan del 3.000 a.C. aproximadamente, y ya en ellas se puede observar su uso ritual-religioso, que denota la importancia económica que tenía para estas comunidades y que de hecho persiste hasta nuestros días -el Espíritu Santo, por ejemplo-.

Entorno al 2.500 a.C. también se descubre el hábito de la paloma de volver a su hogar, utilizándose para la transmisión de mensajes en tiempos de griegos y romanos, y desarrollándose sofisticados sistemas sistemas de comunicación en la época de las cruzadas, entorno al s.XII, en Siria y Palestina.

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Palomar subterráneo de  ‘Ain al-Baida

El que probablemente sea el palomar más antiguo conocido data de los siglos VIII a VI a.C. y se encuentra en Jordania (véase fotografía). Su ubicación subterránea nos puede resultar un tanto sorprendente, si bien tiene lógica si pensamos que en esos tiempos se intentaban aprovechar al máximo los relieves naturales para economizar en materiales de construcción, como de hecho se ha continuado haciendo hasta muy recientemente.

La mayor proliferación de torres-palomar en Europa se produce en los siglos XVI y XVII, coincidiendo en gran parte con la aparición de los molinos de viento y en los prolegómenos de una de las mayores crisis de subsistencia de nuestro continente. Algunos ejemplos de torre-palomar particularmente bellos pueden encontrarse en el actual Irán, y también en buena parte de la zona del Sahel.

En España podemos visitar, entre otros, el que es considerado el palomar más grande del mundo: el Palomar de La Breña. Asimismo, se ha trabajado mucho en su conservación y puesta en valor en la Tierra de Campos, en Castilla y León.

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Palomares, golondrinas y cajas nido en la agricultura actual

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Golondrina dáurica en La Golfilla. Foto: Eulogio García

El ejemplo histórico de los palomares de Irán resulta particularmente trascendente, en tanto en cuanto en dicho país la introducción de los fertilizantes sintéticos supuso la inmediata degradación de sus frágiles suelos y una reducción de la productividad -justo lo contrario de lo que se esperaba-. Se produjo, en cámara rápida, lo que le sucederá al resto de suelos si no cambiamos inmediatamente nuestro modelo agrícola basado en el abuso de los fertilizantes de síntesis.

Pero ¿hasta qué punto pueden realmente los palomares y otras estructuras sustituir la fertilización inorgánica actual? El cálculo no se puede hacer directamente, puesto que la palomina no es un producto homogéneo -depende de la dieta de la paloma, el tiempo de maduración, etc.- y cada suelo se comporta de una manera diferente al aporte de fertilizantes. Además, el importante aporte de materia orgánica lo hace cualitativamente diferente, pues reduce las pérdidas por lixiviación y hace más eficaz la aplicación del abono.

Aun así, a modo de ejercicio teórico, se suele decir que cada paloma produce unos 12 kg de excrementos al año. No obstante, lo normal será que en nuestro palomar únicamente podamos recoger 3 kg de deyecciones secas por individuo, con la siguiente composición:

Ácido fosfórico……………..2,30%
Nitrógeno……………………3,04%
Amoníaco……………………3,70%
Potasio soluble…………..…1,53%

Un palomar de tamaño medio, con 100 individuos, produce pues unos 300 kg de palomina seca, que contiene aproximadamente 9kg de nitrógeno. En agricultura ecológica no se permite la aplicación de más de 170 kg de N precedente de estiércoles o compost por hectárea. Con una simple regla de tres, obtenemos el resultado de una superficie mínima de 500 m² -un huerto más que interesante-, y probablemente mucho más si contamos con otros aportes orgánicos o si no apuramos el límite. No debemos olvidar tampoco que el resto de excrementos también tienen muchas probabilidades de caer sobre nuestra parcela, sobre todo si esta es grande.

Cabe indicar que la potencia de la palomina fresca -superior incluso a la de la gallinaza o los purines de cerdo- hacen recomendable una aplicación muy moderada y repartida en el tiempo -preferiblemente en los momentos de mayor demanda de la planta-, y si es posible rebajándola con otros estiércoles con una relación C:N más alta o con restos de paja. De lo contrario, corremos el riesgo de “quemar” nuestros cultivos.

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Que cada elemento cumpla varias funciones, uno de los pilares de la Permacultura

Uno de los aspectos más interesante de las palomas, pero muy especialmente de las aves insectívoras como las golondrinas (o también, pasándonos a los mamíferos, los murciélagos) es que obtienen su alimento de fuera de nuestras parcelas, lo que supone una importante importación de nutrientes. Y resulta que hacen esto a la vez que contribuyen a controlar plagas, y proveyéndonos de carne, huevos y plumas. A estas ventajas podemos sumarles los valores estéticos y educativos de un palomar bien hecho y mantenido. Resumiendo: una delicia para los aficionados a la Permacultura, que tanto ansian que cada componente cumpla varias funciones.

Son muchas las especies silvestres y semi-silvestres (además de la paloma, las golondrinas o los murciélagos) que nos pueden aportar este valiosísimo recurso. Podemos favor su presencia tanto integrándolas en edificios históricos existentes (como muestra este interesantísimo manual de Gaden-Fauna de Álava), como construyendo torres y cajas-nido ex-profeso.

¿Alguien tiene experiencia con el uso de la palomina y la integración de palomares en diseños de Permacultura? ¡Gracias por comentar!

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Incendios forestales ¿realmente son un negocio?

Menos del 0,5% de los incendios tienen un móvil económico, mientras más de la mitad son de origen agrícola y ganadero

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Todos los años, al llegas estas fechas, el debate es el mismo. Una cadena de grandes incendios forestales causa la alarma entre la población, y los medios de comunicación se llenan de declaraciones sobre presuntos artefactos incendiarios y pirómanos -calificativo que además se extiende mucho más allá de la patología mental-, mientras las redes sociales arden con discursos políticos entorno a un pretendido negocio del fuego: desde la recalificación urbanística hasta la venta de madera quemada, pasando por acusar hasta a los propios bomberos de provocar incendios “para ser contratados en la siguiente campaña”.

Desde luego que hay de todo en la viña del Señor, y estas causas han llegado al imaginario popular porque en algunos casos -generalmente aislados- se han producido. Pero la generalización que se hace a partir de ellos no es más que una búsqueda de chivos expiatorios, puesto que la realidad es bien diferente de la caricatura.

El Ministerio de Medio Ambiente -y anteriormente el ICONA– llevan décadas recopilando estadísticas sobre las causas de los incendios, que nos muestran una imagen muy diferente a la del típico tópico del pirómano y el empresario de la construcción.

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Causas de los incendios forestales provocados entre 2001 y 2010, según datos del Ministerio de Medio Ambiente

Como puede verse en el gráfico de la izquierda, el cambio de usos del suelo -que abarcaría la recalificación urbanística- apenas supone el 0,60% de los incendios provocados (0,37% del total de incendios), alterar el precio de la madera el 0,09% (0,05% del total), y los famosos pirómanos -enfermos mentales, stricto senso, sin móviles económicos detrás- sólo representan el 9,79% de los incendios intencionados (5,98% del total). En conjunto, los móviles estrictamente económicos constituyen menos del 0,5%.

En contraste con estas cifras, podemos ver que las verdaderas causas de los incendios provocados son, en la inmensa mayoría de los casos, prácticas tradicionales inadecuadas en el mundo rural. Se trata normalmente del clásico agricultor o pastor de avanzada edad con exceso de confianza en su capacidad para controlar el fuego.

Así, podemos ver que la quema de rastrojos agrícolas abandonada supone el 42,71% de los incendios provocados (26,09% del total), y que la regeneración de pastos abandonada supone el 25,69% (15,69% del total). Las quemas relacionadas con la caza son el 3,48% (2,13% del total).

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Las quemas agrícolas y ganaderas representan más de la mitad de los incendios en España

A estos incendios que se califican de intencionados -a pesar del carácter accidental de la extensión del fuego- hay que añadir los incendios agrícolas y ganaderos calificados de no intencionados por el mero hecho de ser quemas legales en las que el causante aún permanecía junto al fuego cuando este se propagó. Estas suman otro 8,21% más a este origen, que si añadimos quema de matorrales sube a 9,89%. Total: 53,8%.

No cabe duda de que esta extraña forma de clasificar los incendios no ayuda nada a que la gente de a pie entienda el problema, y le pone en bandeja a los medios sensacionalistas hablar simplemente de un “61,09% de incendios intencionados”, dejando caer que todos son por intereses económicos. Pero la prensa seria debería tener la obligación moral de derribar estos tópicos e informar correctamente a la población.

Porque resulta que la falta de información correcta entre la población desvía la atención de los verdaderos problemas, y hace girar todo el debate público entorno a ese ridículo <0,5% por intereses económicos, en vez de hacerlo entorno al >50% por prácticas agrícolas. Lo mismo sucede con los medios técnicos y humanos destinados a la prevención: demasiada poca vigilancia en zonas rurales, poca atención a fuegos agrícolas -y poco énfasis en cambiar de prácticas-, etc.

En definitiva, con prejuicios en la cabeza nunca combatiremos los incendios de manera eficaz. Y por el camino perdemos nuestros tan preciados montes.

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[Reseña] “You can Farm” (“Tú puedes ser granjero”), por Joel Salatin

Guía para crear y tener éxito en una empresa agrícola

youcanfarm ¿Quién no se ha planteado alguna vez hacerse agricultor e ir a vivir al medio rural? ¿Y cuántas veces hemos oído que la agricultura “no da dinero” o que ser ganadero “es muy esclavo”? Ya hablamos antes sobre este asunto, pero merece la pena volver sobre ello.

En esta ocasión lo hacemos de la mano de Joel Salatin, un famoso y polémico (por sus posicionamientos políticos) granjero norteamericano conocido en el mundo de la Permacultura por su diseño de ganadería integrada que combina el vacuno, el pastoreo de gallinas, etc. en un sistema de rotación intensiva. Volveremos sobre ello más adelante.

Una de sus obras más conocidas, You can farm (“Tú puedes ser granjero”) se aleja de la cuestión meramente técnica para adentrarse precisamente en el tema que trataremos hoy: los secretos para crear y tener éxito en una empresa agrícola. Y es que de bien poco sirve saber cómo se cultiva algo, si luego no somos capaces de venderlo ni de controlar nuestros costes y obligaciones financieras.

La agricultura: una ventana de oportunidades

Frente a la visión fatalista que caracteriza actualmente al mundo agrícola, Joel Salatin nos cuenta su experiencia al frente de la granja Polyface: un terreno adquirido por su padre -que soñaba vivir en el campo, pero que era contable de profesión- y que hasta entonces no habían conseguido poner en marcha. Primera lección: para ser agricultor necesitas el valor de dedicarte plenamente a ello, en vez de perder el tiempo y las ganas conduciendo a un trabajo en la ciudad -cuyos ingresos luego se traga la granja-.

Entre una población rural envejecida, desmotivada y vendida a un modelo totalmente controlado por las grandes corporaciones agroalimentarias, Salatin consiguió ver una ventana de oportunidades que se abría ante él:

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    La gente mayor nos puede aportar su experiencia, pero carece de las fuerzas y el espíritu necesario para seguir cultivando. El inevitable relevo generacional es una oportunidad para los nuevos agricultores.

    Con tanta gente al borde de la jubilación, aparecería forzosamente un espacio para que la siguiente generación los sustituya. Y aquí es donde encajan los jóvenes urbanitas que desean volver al campo.

  • Esta sangre fresca, aunque debe beber de la experiencia de los mayores, posee el empuje suficiente para dejar de hacer las cosas como siempre se han hecho (aunque en realidad el modelo agrícola industrial data de los 50 y 60) y buscar soluciones originales e innovadoras, con las que diferenciarse.
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  • El creciente movimiento que busca cambiar el modelo agroalimentario abre las puertas a una comercialización directa: un nicho de mercado creciente que permite zafarse del dominio oligopólico de las grandes corporaciones y así obtener un mayor margen de beneficio.

En esta línea aporta un decálogo de posibles ideas de negocio, que no reproduciremos por tratarse de una propuesta centrada en la realidad estadounidense de finales de los 90, que ha sido criticada por estar obsoleta, aunque no deja de ser una indudable fuente de inspiración.

También señala abiertamente, y para disgusto de bastantes aspirantes de agricultor, que el camino no es ni mucho menos un paseo triunfal. Que hay muchas posibilidades de fracaso, principalmente debido a las deudas y otras obligaciones innecesarias que uno asume, y a la encadenación de errores causados por la falta de experiencia.

Qué hacer y qué no hacer

Aparte de las cuestiones más filosóficas e inspiracionales -que entre otras cosas pueden llevar a plantearte si realmente quieres ser agricultor-, y de una larga serie de anécdotas y polémicos comentarios políticos -que permiten acabar de redondear las ideas que hay detrás de todo el análisis-, lo más valioso del libro probablemente sean sus disertaciones sobre qué hacer y qué no hacer.

Repasaremos los que me han parecido más relevantes:

  • Comprar tierras y maquinaria especializada. El que Salatin considera el mayor error de todos, pues implica para nosotros una inversión desproporcionada que luego impide dedicar el dinero a lo que realmente necesitamos. Se puede acceder a un trozo de tierra de muchas maneras diferentes (arrendamiento, aparcería, usufructo…) que no nos atan tanto, especialmente si para comprarla encima nos tenemos que endeudar.
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    ¿La receta alternativa? Elementos móviles (incluida tu casa), modulares (que se pueda escalar o desescalar con facilidad) e intensivos en trabajo (en oposición a los intensivos en capital). Y herramientas lo más multifuncionales posibles. Al menos en una primera fase es preciso ser muy cuidadoso con el uso del dinero y dedicarlo únicamente a lo imprescindible, y que siempre sea posible desandar cualquier error que hayas cometido -incluido el del terreno elegido-.
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    Si puedes construir algo por tí mismo, ¡no lo compres! Y si deseas adquirir tierras, es preferible hacerte con las baratas y degradadas (ya las mejorarás…), pero que estén en lo posible cerca de las ciudades en las que encontrarás a tus clientes más fieles.
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    • Confiar en cultivos y productos milagro. En el agro muchos creen que su situación es una fatalidad del destino, no el producto de un enfoque inadecuado. Eso lleva inevitablemente a la creencia de que el destino también les puede sonreir y ofrecer un producto que les saque de su situación. Campo abonado para vendedores de crecepelo. Y entre novatos especialmente.
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      avestruz

      En los años 90 se puso de moda la cría de avestruces. Al final ni la carne ni los huevos tuvieron salida comercial. Muchos ganaderos se arruinaron, mientras los comerciales hicieron una fortuna.

      Como todo en la vida, es importante no poner todos los huevos en la misma cesta. Debemos evitar a toda costa especializarnos en un solo producto. Debemos evitar productos que solo nos pueda suministrar una única persona. Debemos evitar aquellos que solamente nos comprará una única persona. Y si esa única persona que te suministra la semilla es la misma que luego de comprará el producto, por más que te garantice un precio y una cosecha determinada, desconfía totalmente: es él quien tiene el control absoluto de tí, y pudiendo enriquecerse él ¿para qué te dejará a tí el beneficio? Siempre recurrirá a alguna cláusula o algún defecto para lucrarse a tu costa. O sus promesas serán, sencillamente, falsas. El negocio está en venderte la semilla, la maquinaria o los fitosanitarios, básicamente.
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      Este mercado de productos milagro se lleva por delante a muchísimos jóvenes agricultores cada año, bajo diferentes formas. Especialmente cuando se trata de cultivos “exóticos” o “nuevos” en general. Y no hay que confundirlos con mercados emergentes o una muy necesaria innovación en el agro. Si algo es demasiado bonito para ser cierto, lo más probable es que sea falso.
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    • Ir al campo para aislarse de la gente. Otro error mayúsculo, puesto que es garantía para el fracaso. Si deseas montar una empresa agrícola, el don de gentes es el requisito número uno. Lo necesitas para poder vender tu cosecha a un precio razonable, pero también (y sobre todo) porque no puedes vivir de espaldas a tus vecinos. Necesitarás su ayuda tarde o temprano, y si tienes malos modos o resultas demasiado extravagante o sospechoso probablemente no la obtendrás.
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      Salatin, en su contexto del medio oeste americano, indica que lo primero que debes hacer es presentarte tú y tu familia a los vecinos. Debes vestir bien e ir a misa -en la cultura protestante la Iglesia cumple una función de centro de negocios de primer orden-. En España esto probablemente no sea necesario, pero sí hay otros rituales por los que tal vez debas pasar, como las festividades locales.
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      abelycain

      El conflicto entre agricultura y ganadería es tan antiguo que ya lo vemos representado en el mito de Abel y Caín. Evita a toda costa que tu ganado dañe propiedades ajenas si no quieres verte enzarzado en una pelea.

      Asimismo, debes cuidar mucho tu reputación. Muéstrate siempre dispuesto a ayudar, y si alguna vez pides algún apero o máquina prestados (lo necesitarás, si no quieres gastarte un dineral en herramientas), procura devolverlo siempre en mejor estado del que lo recibiste -de lo contrario nadie te volverá a prestar nada-. Y ten muchísimo cuidado con tu ganado: por mucho que los daños que ocasionan en campos vecinos no sean intencionados, por muy buenas palabras y excusas que tengas, es tu responsabilidad que eso no pase. Tampoco creas que con una simple reparación se soluciona la afrenta moral ocasionada por haber dañado su propiedad. Mejor evítalo de raíz.
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      Esto por supuesto que no significa que no debas ser tú mismo, pero sí tener claro que tú eres el invitado, el forastero, que todavía debe ganarse la confianza. A cambio no tienes el lastre de enemistades familiares que vienen de generaciones atrás.
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      En una ciudad es muy fácil romper con ciertas personas por motivos  a veces triviales: al haber tantos miles de personas, siempre encontrarás una alternativa. A medida que te alejas de las ciudades, tus opciones se ven más y más limitadas y tendrás que cuidar cada relación contra viento y marea. En particular en el ámbito de los negocios, ya que habrá un único o como mucho dos proveedores, clientes o colaboradores estratégicos viables. El tipo de relación amor-odio que frecuentemente surge de la pura necesidad es bastante particular. Es estar casado con una persona al azar y sin posibilidad de divorcio: hay que saber vivir con ello.
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      Salatin insiste en varias ocasiones en que, aunque los jóvenes tengan el empuje, la gente mayor puede aportar una interesantísima red de contactos. Saben perfectamente dónde conseguir qué al mejor precio, quién es más de fiar, y a quién se puede vender. Pero por supuesto estos secretos no los soltarán al primero que llegue.
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    • cowgirl

      Pasear en caballo puede ser bonito, pero el dinero y el esfuerzo que requiere pueden llevarte a la ruina. Ten claro qué es una necesidad y qué es un capricho.

      Animales de compañía y caballos. Cuesta mucho alimentarlos y no van a producirte ningún ingreso. Lo mismo puede decirse de la mayor parte de la tecnología moderna, en todos sus aspectos. Debes tener clarísimo qué es imprescindible  y qué es un capricho. Qué te va a ayudar a ganarte la vida y qué te va a resultar a la postre una carga económica que no se financia a sí misma.
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      Debes orientar todas tus decisiones a buscar el mayor margen bruto (y buenas tasas de rotación). A incrementar el valor añadido. ¿Para qué vender fruta a pocos céntimos el kilo pudiendo vender mermeladas a varios euros el kilo? Debes internalizar al máximo la cadena de valor (especialmente la parte de procesado y distribución), y desechar aquello que no vaya a reportarte ese valor añadido.
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      En este sentido, y abundando sobre los animales de compañía (esta vez en el sentido de la cría para su venta), cabe recordar que conseguir un cliente es la tarea más cara y difícil con la que te encontrarás. Cuestiones éticas a un lado, quien compra una mascota lo hace una vez cada muchos años. Toda tu inversión será para una única venta. Si le vendes algo que consume de forma recurrente, como una cesta de verduras, tienes muchas posibilidades de fidelizarlo y obtener muchas ventas con el mismo esfuerzo de captación.
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Producir antes de tener comprador es poner el carro delante del burro. Tus compradores son los que deben determinar qué produces, ¡nunca al revés!

  • Empezar a producir antes de tener un cliente. Y producir cosas que no te gustan, ya que -además de ponerle pasión- en última instancia tú podrías ser el “cliente” de lo que no consigas vender. No hay nada más frustrante ni más estúpido que dedicar todo tu esfuerzo y dinero a algo que luego hay que tirar por no tener salida, o tener que malvenderlo en el último momento a alguien que sí tiene un buen canal de distribución.
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    Hacer eso es receta para el fracaso, pero también un error extremadamente común. Piénsese en tantos aspirantes a emprendedor que luchan por la idea perfecta, en vez de trabajar duro en conseguir una cartera de clientes que pueda hacer viable incluso una idea mediocre.o una burda copia de otro producto.
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    El esquema seguido por Salatin se basa en el compromiso de compra por adelantado por parte de los clientes. Tantos pollos en tales fechas. Tales piezas de ternera en tales otras fechas. Y con un sistema de comercialización ágil que no implica sobrecostes innecesarios: se concreta un lugar y hora para distribuir a todos, en lugar de tener una tienda abierta permanentemente.
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    Sin perder de vista el objetivo de crear un agrosistema diverso y equilibrado, y que la actividad te motive, debes tener claro que debes orientarte a la demanda -no al producto-. Normalmente uno o unos pocos productos estrella conformarán tu base de clientes regulares, y sobre esta base debes diversificar tus ingresos (y tu agrosistema) con productos complementarios que estos clientes estén dispuestos a comprar.
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    Salatin ha combina con gran maestría esta diversificación: aprovecha los meses de invierno para escribir sus libros y artículos, imparte cursos de formación, participa en tertulias televisivas, alquila trozos de terreno de su granja que ya no va a explotar él mismo a jóvenes agricultores -que se benefician de la marca, el conocimiento y la infraestructura existente-, produce una variedad asombrosa de carnes y verduras, pan y repostería, alimentos procesados de forma artesanal, etc. Es una diversificación llena de sinergias que solamente la economía agraria permite, frente a la obligatoria especialización de la economía urbana.
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    Y es esta posibilidad infinita de desplegar la propia creatividad e intelecto, ni más ni menos, lo que hace tan atractiva la vida en el campo. Aunque algunos fracasen por el camino, vale la pena luchar por ello con todas nuestras fuerzas. ¡Sin miedo!

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Joel Salatin sobre las ventajas de la agricultura urbana:

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Producir más alimentos no erradicará el hambre

La carta de 109 Premios Nobel contra Greenpeace se basa en una gran mentira

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Activistas de Greenpeace, manifestándose contra el Maíz Bt.

Aunque a primera vista pudiera parecerlo, este no es un artículo contra los transgénicos. De hecho, hablaremos de ellos lo mínimo posible para no desviarnos del asunto principal, porque el tema podría dar para muchas páginas y no tengo ni tiempo, ni ganas, ni creo que la preparación para entrar en ello de forma seria.

El objetivo de este artículo es acabar con una extendidísima -pero falsa- creencia sobre la alimentación global: la de solucionar el hambre en el mundo a base de producir más y tecnificar el agro al máximo.

El detonante de este escrito es -como podría haberlo sido cualquier otro- una durísima carta abierta de 109 Premios Nobel acusando a Greenpeace de poco menos que un “crímen contra la humanidad” por oponerse a los transgénicos en general, y al arroz dorado -transgénico rico en vitamina A- en particular.

Llama la atención cómo la pretendida flor y nata del mundo de la ciencia -lo que se presupone a los Premios Nobel- pueda llegar a lanzar una acusación tan grave sin ser expertos en la materia -como se puede deducir perfectamente de su perfil académico- y además cometiendo un error tan garrafal que lo puede detectar incluso gente sin formación. Cayendo en una falacia de autoridad en toda regla.

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La superficie global de cultivos manipulados genéticamente supera los 150 millones de ha.

Y es que no se puede sostener -como hacen los Nóbeles- que en un mundo en el que los cultivos transgénicos son de lo más corriente, sea precisamente “culpa de Greenpeace” el sonado fracaso del arroz dorado a nivel global, que más de 15 años después de su invención sigue en el campo de la experimentación.

Se trata sin duda de un posicionamiento más basado en la militancia que en el frío análisis de los hechos -lo cual es muy grave para quien pretende erigirse como paladín de la ciencia-. La forma que toma el argumento -recurriendo a la lástima y la compasión, para convertir al público en rehén de sus sentimientos- tampoco es que sea la más ética, que digamos.

Puede que la posición de Greenpeace sea acientífica o alarmista. O puede que no (y otro más). Pero lo que está claro es que la de estos 109 Nóbeles no lo es menos. Así que repasemos someramente la realidad, alejándonos del estéril debate Transgénicos Si vs. No.

El hambre aguda y la inanición

Para hablar con un mínimo de autoridad sobre un asunto tan serio, en vez de vociferar desde lo visceral deberíamos empezar por distinguir entre hambre aguda (inanición), hambre específica (malnutrición) y la pobreza, ya que poco tienen que ver una cosa con la otra.

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El estereotipo racista del niño africano es ampliamente usado por la propaganda, pero muy poco realista y sin relación con las prácticas agrícolas.

Cuando la gente piensa en el hambre le viene a la cabeza el típico  estereotipo racista del niño africano con brazos delgadísimos, cuencas de los ojos hundidas, costillas marcadas y barriga hinchada. Esta escena, que se produce cuando la ingesta de calorías cae por debajo del mínimo vital, en realidad supone una mínima parte de los afectados por el hambre. Invariablemente se produce en situaciones de guerra total, cuando las luchas fratricidas impiden el ejercicio de la agricultura, el comercio, e incluso la ayuda humanitaria.

De forma más aislada también se pueden producir episodios de hambre aguda a causa de catástrofes naturales, particularmente sequías prolongadas, en regiones que no cuentan ni con la infraestructura adeucuada (para aprovechar el agua, para conservar el alimento, para distribuirlo…), ni los medios financieros y organizativos para obtener comida de los mercados mundiales. Suelen tener además una importante base ganadera -a causa de su aridez es difícil cultivar-, con pastos sobreexplotados por falta de ordenación racional… y generalmente se trata de regímenes corruptos, con graves conflictos intestinos, y una notable falta de seguridad jurídica -que permitiría a los agricultores invertir en mejoras permanentes en sus campos, como p.ej. el regadío-.

Como puede observarse, esta problemática no tiene relación alguna con las variedades de semilla (transgénica o no) que uno pueda sembrar, ni con una agricultura de precisión -como la que defienden los impulsores de la carta-. Son ante todo cuestiones de orden social, que se solucionan desde lo social y lo político. Es en lo que llevan trabajando desde hace décadas tanto la FAO como las organizaciones humanitarias con notable éxito y sin recurrir a recetas mágicas, tratando por encima de todo empoderar a las comunidades.

Hambres específicas y malnutrición

Ya hemos visto que la dramática imagen del hambre aguda es en realidad relativamente escasa en actualmente. El gran reto al que aún se enfrenta la humanidad no es tanto la falta de calorías -sólo en EE.UU. se dedica al ganado tanto grano como para alimentar a 800 millones de personas, con su enorme impacto ambiental-, como la de erradicar los estragos del hambre específica en cada rincón del planeta.

Hoy en día, y aunque sorprenda, incluso en paises avanzados y entre población con sobrepeso podemos encontrarnos con importantes hambres específicas (malnutrición). Es decir, la carencia de determinados nutrientes (vitaminas, minerales, proteínas…) en la dieta. Y este es un problema harto más complejo de analizar y de solucionar.

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Déficit de vitamina A en el mundo. Fuente: Wikipedia

Al contrario de lo que transmite la viñeta que colgamos más arriba, el arroz dorado no sirve para episodios de hambre aguda -de hecho, su principal debilidad reside en los bajos rendimientos-, sino que se centra exclusivamente en el hambre específica de vitamina A -que se calcula afecta a unos 250 millones de personas-.

El hambre específica suele deberse a una dieta basada exclusivamente en hidratos de carbono, destacando a este respecto quienes solo comen arroz blanco y no se pueden permitir (o desconocen la importancia de) añadir verduras a su dieta.

Como puede verse, la “solución” del arroz dorado únicamente serviría para atender la falta de vitamina A, y perpetuando una nutrición basada exclusivamente en arroz. Trata un síntoma -no la causa-, ya que no garantiza que la gente tenga acceso a una dieta rica en verduras, variada y equilibrada: más bien desvía recursos y atención pública. Y en el corto plazo y tratamiento de urgencia, es muchísimo más rápida, barata, completa y efectiva la suplementación y fortificación de alimentos -que no se limita solo a carencias de vitamina A-.

La casuística de las hambres específicas es muy variada: desde empleados urbanos con salarios demasiado bajos para permitirse verduras (de allí la importancia de la agricultura urbana) hasta agricultores que solo cultivan un producto por puro desconocimiento, pasando por suelos pobres en los que faltan oligoelementos.


Los keyhole gardens son una solución original para obtener verduras a pequeña escala

Pero como ya denunciaba en una fecha tan temprana como 1951 el presidente de la FAO y premio Nobel de la paz Josué de Castro -en su obra magna Geopolítica del Hambre-, generalmente el hambre es simple y llanamente fruto de políticas económicas inadecuadas: la orientación a la exportación de los cultivos comerciales para obtener divisas, la desprotección de la población chabolista periurbana, etc. Nada inevitable, y nada que exija por sí mismo multiplicar la producción alimentaria mediante tecnología, sino ante todo garantizar una distribución adecuada (no necesariamente igualitaria) de la comida.

Un ejemplo paradigmático lo podemos encontrar en la transformación que vivió Cuba durante el Periodo Especial, y que le permitió ser el primer país latinoamericano en erradicar la malnutrición infantil severa: abandonando la planificación, reduciendo la superficie dedicada a la caña de azúcar y entregándosela a agricultores que producen con técnicas de agroecología para el mercado local.

Polémicas sobre su seguridad aparte, los cultivos transgénicos (como los híbridos mejorados y la alta tecnología agraria en general) pueden tener un indudable interés para el agricultor comercial que desea alejarse de la pobreza moderada y llegar a un estatus acomodado o incluso adinerado. Pero no guardan relación alguna con la pobreza extrema y el hambre -ni el hambre específica ni muchísimo menos el hambre aguda-. Por eso la FAO no los menciona en su decálogo de recomendaciones para mejorar la nutrición a través de la agricultura. Tampoco se menciona en el Informe Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación. Incluso en el Informe internacional de Evaluación del Conocimiento, Ciencia y Tecnología Agrícolas para el Desarrollo indica abiertamente que la moderna biotecnología tiende a cargar más coste que beneficio sobre los menos pudientes -mientras que se enriquecen las clases acomodadas-.

En estas circunstancias, y por lo severo y gratuito que ha sido el ataque de los famosos 109 Nóbeles contra Greenpeace, cabría preguntarse si con su escrito desinformador no serán más bien ellos los que están cometiendo un “crimen contra la humanidad”. Lo que está claro es que han quedado totalmente desacreditados como autoridades científicas, al extralimitarse de su competencia académica y anteponer sin matices su credo particular a los hechos contrastados.

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[Escapada] Cofrentes, su castillo, y el Embalse de Embarcaderos

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El castillo de Cofrentes, dominando las vistas sobre el Embalse de Embarcaderos.
Foto: D. Castaneda.

La mayoría de las escapadas que os promonemos desde  la Finca La Golfilla suelen tener el handicap -especialmente si queremos hacerlas en bicicleta- de tener que salvar un desnivel de casi 400m para salir del Valle del Cabriel.

Pero en esta ocasión os proponemos algo diferente: llaneando 20km a lo largo de la orilla del río, sea a pedal o al volante, se alcanza la magnífica villa de Cofrentes, con su monumental castillo y con el embalse navegable de Embarcaderos. Ver mapa al final.

La visita de Cofrentes es recomendable en cualquier época del año, pero es en sus tradicionales fiestas de mayo -entre cuyas actividades destaca la recreación histórica de las ‘maderadas’– cuando más bello encontraremos el entorno. Los meses veranigos por su parte permiten la práctica de gran cantidad de actividades al aire libre, en particular aprovechando sus abundantes aguas.

El castillo

Según parece, el nombre de la villa deriva de ‘confluentes’, por ser el lugar en que se unen los ríos Júcar y Cabriel. Esto le ha valido desde siempre la condición de enclave estratégico -tanto para el comercio fluvial como para el terrestre-. La casualidad quiso que en este mismo sitio se ubicara un volcán extinto -conocido como “Cerro de Agras”- idóndeo para su fortificación, dando lugar a un majestuoso y razonablemente bien conservado castillo.

Castillo de Cofrentes

El castillo de Cofrentes  ha sido recientemente restaurado y cuenta con un museo en su interior
Foto: Anibal_One

Esta fortaleza, que al igual que otras plazas fuertes de la zona tiene su principal origen en la fase final de la dominación musulmana (siglo XI),  superpone diversos elementos defensivos que se añadieron hasta las últimas guerras carlistas. Completa la estructura la reciente restauración, que se ha hecho siguiendo en lo posible el original -a partir de fotografías-.

Desde la oficina de turismo se organizan visitas guiadas, para no perderos ni un detalle. También cuenta con un pequeño museo en su interior.

Embalse de Embarcaderos

Bajando por la margen izquierda del embalse, llegaremos pronto a la presa de Embarcaderos. Desde aquí se puede tomar tomar un ‘crucero fluvial’ por los cañones del Júcar, totalmente recomendable.

El embalse de Embarcaderos es en realidad la cola del embalse de Cortes II. Aprovechando la cerrada en la que podemos ‘embarcarnos’, se construyó una pequeña presa destinada a salvaguardar el nivel de las aguas -con las que se refrigera la central nuclear de Cofrentes-.

Salinas de San Javier

Las salinas de San Javier son uno de los ejemplos mejor conservados de salinas de interior en el levante peninsular. Esto se debe a que se mantuvieron en funcionamiento hasta una fecha tan reciente como los años 90, gracias a la elevada concentración salina de sus aguas y al importante tamaño de las mismas -lo que permitía cierta economía de escala-.

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El aprovechamiento salinero de San Javier se mantuvo hasta los años 90, por lo que las balsas de cristalización están perfectamente conservadas.

Aunque actualmente no se han acondicionado para su visita, sí podemos acceder a un mirador cercano -y eventualmente bajar hasta las mismas dando algún rodeo, con algo de maña, y máximo respeto por este paisaje cultural-.

El complejo presenta un interés histórico y cultural indudable, siendo de vital importancia para la antigua economía cofrentina. Nos extenderemos más en el asunto de las salinas de interior en otra entrada.

El valle de Ayora

Más allá de lo que es una distancia ciclable, para aquél que se mueva en automóvil -particularmente si viene o se marcha de la finca por el acceso sureste-, es altamente recomendable dedicar un tiempo a conocer a fondo el Valle de Ayora (o de Cofrentes, como también se conoce).

La extensa e interesantísima historia -como la relativa a la revuelta de los moriscos– y lugares dignos de ser visitados bien merecen que le dediquemos una entrada propia. ¡No os la perdáis!

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[Reseña] The Power of Community (El Poder de la Comunidad)

Cómo sobrevivió Cuba al pico del petróleo
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Diciembre de 1991. Desaparece la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y con ella el grueso del mundo comunista. Para la isla de Cuba, cuyo comercio exterior se había concentrado en más de un 70% con la antigua COMECON -a pesar de la enorme distancia geográfica-, este drástico desenlace supuso un golpe casi fatal: durante el conocido como Periodo Especial el Producto Social Global cayó entre un 35 y un 50%, y las exportaciones cerca de un 80%.

La carestía de divisas forzó al gobierno cubano a una reducción urgente de todas las importaciones, destacando entre ellas las de alimentos y las de petróleo -que obtenía a precios preferentes de la URSS-. Así se pasaron de consumir unos 14 millones de toneladas de crudo al año, a apenas cuatro. Y con esta mínima cantidad debía funcionar toda la economía.

Pero ¿qué hay de interesante para nosotros en esa experiencia? ¿No vivimos en un próspero país capitalista? La explicación es sencilla: aunque en el caso cubano los factores decisivos en ese colapso fueron puramente políticos, la realidad es que tuvieron que hacer frente a un reto que más temprano que tarde deberemos asumir todos los demás paises. Es decir, el Pico del Petróleo.

Este carácter de pionero que, de alguna manera, se le podría atribuir a Cuba -en particular por la orginialidad de las medidas que tomaron para adaptarse al cambio- ha llamado poderosamente la atención de muchos partidarios de la transición a una economía sostenible. Entre ellos, del Instituto Arthur Morgan para las Soluciones Comunitarias, autores del magnífico documental El Poder de la Comunidad: cómo sobrevivió Cuba  al Pico del Petróleo.

Pasando sucintamente por una explicación sobre el Pico del Petróleo y sus consecuencias previstas sobre la economía global -y experimentadas en propias carnes por los cubanos-, a partir del minuto 15 se centra en la revolucionaria transformación de su sector agrícola (orientada hacia la Permacultura) y otras medidas que contribuyeron a que Cuba fuera el único país del mundo en alcanzar un desarrollo genuinamente sostenible.

desarrollo-sostenible-en-Cuba

Cuba es actualmente uno de los pocos países del mundo que compatibilizan un alto nivel de desarrollo humano con una baja huella ecológica.

La información que aparece en el vídeo puede dar pie a una buena cantidad de análisis altamente interesantes. El principal de ellos es, con toda seguridad, el mensaje de esperanza que nos deja: el fin de la era del petróleo no conlleva necesariamente el inicio de una era de hambrunas, sino que -muy al contrario de lo que algunos piensan- es perfectamente posible alimentar a toda la población mundial con una agricultura de bajos insumos -como veremos más extensamente en otro artículo-.

Caen también muchos otros tópicos, como la idea de solucionar el hambre en el mundo a base de producir mayor cantidad de alimentos: la experiencia -y no sólo la cubana- demuestra que el problema es eminentemente de reparto y de acceso a la (pequeña) propiedad de la tierra. Aquí la enorme fortaleza del sentimiento de comunidad cubano ha jugado muy a favor del éxito del sistema implantado.

La cuestión del “para quién” se produce también determina fuertemente el “qué” y el “cómo” se produce. De producir azúcar de monocultivos de caña para que los rusos pudieran beber vodka -y que “por solidaridad” les pagaban a un precio por muy encima de mercado-, Cuba pasó a producir las hortalizas básicas para el sustento de su propia población -permitiendo a su vez introducir el policultivo, las rotaciones, especies y  variedades más nutritivas, y muchísima menos mecanización-. Esto mismo podría ocurrir a escala global, pero sustituyendo los actuales monocultivos para pienso de ganado (de enorme impacto ambiental).

Finalmente, es especialmente relevante la mención a la reforma de la tenencia de la tierra y la distribución de los alimentos: de las ineficientes granjas estatales y el reparto centralmente planificado –típico de una economía comunista– a un régimen muy similar a la pequeña propiedad privada y sistema de mercado -pero libre de los grandes oligopolios agroalimentarios que ahogan al agricultor en el mundo capitalista-.

Y es que no son pocos los informes de la FAO que inciden en que la pequeña propiedad privada (o alternativamente arrendamientos o usufructo a largo plazo), con un reparto equitativo de la tierra, son la principal medida que el mundo necesita para alimentar a los 10.000 millones de personas que seremos de aquí a final de siglo.

Ni granjas o cooperativas estatales, ni latifundios de capitalistas absentistas: es el pequeño y mediano agricultor quien tiene en sus manos cambiar el mundo y prevenir el colapso ambiental post-petróleo. Es lo que tanto Cuba como tantos otros lugares del mundo nos han enseñado. ¿Tomaremos nota de ello?

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[Tradiciones] San Antonio de Padua, patrón de La Golfilla

San Antonio de Padua, patrón de La Golfilla

Figura tallada en madera, representando a San Antonio de Padua -con el niño Jesús en sus brazos-, rescatada de las ruinas de la antigua ermita de La Golfilla

Hoy es 13 de junio, San Antón –de Padua, no Abad-. El día entorno al que comienza la siega del cereal, finaliza la cosecha de piñas para salazón… o que marca el punto álgido de múltiples fiestas patronales, entre ellas las de La Golfilla -desaparecidas hace lustros, y que algún día esperamos recuperar-.

Perteneciente a la orden franciscana, San Antonio de Padua (lugar donde permanecen sus restos, o “de Lisboa”, por la ciudad donde nació a finales del s. XII) se suele representar con un lirio blanco -símbolo de su pureza-, un libro -símbolo de su conocimiento, siendo declarado en 1946 Doctor Evangélico de la Iglesia- y con el niño Jesús en sus brazos -pues se afirma que aparecía en sus visiones milagrosas-.

En la tradición popular, sin embargo, los atributos son muy distintos. En una marcada oposición a la pureza virginal del santo que defiende la Iglesia, se han extendido en torno a su figura infinidad de rituales relacionados con la búsqueda del amor -y con frecuencia no precisamente un amor muy “cristiano”-.

Así, tenemos el ejemplo del San Antonio de La Florida (Madrid), en el que las mujeres casaderas arrojan 13 alfileres en la pila bautismal -simulando las arras matrimoniales-, para posteriormente introducir la mano en ella. El número de alfileres que se clavan o pegan a ella represente el número de novios para los próximos 365 días.

Como ya explicamos en su momento, el nombre de la aldea de La Golfilla poco tiene que ver con una actitud sexual desinhibida -como la que podrían representar los hasta 13 novios del ritual indicado-. Y sin embargo no deja de llamar poderosamente la atención esta coincidencia, bastante más reciente que el origen del poblamiento golfillano.

Aunque podría interpretarse una escondida actitud anticlerical de sus moradores, tal vez la propia Iglesia decidiera imponer un símbolo de pureza sobre una aldea con semejante nombre. Aunque lo cierto es que la veneración de San Antonio de Padua está ampliamente extendida en la zona, estando consagrada a su nombre la iglesia de la cercana aldea de Casas del Río.

Esperamos ampliar la información en breve.

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[Escapada] Alcalá del Júcar, joya turística de La Manchuela

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Uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Albacete, y probablemente de toda Castilla-La Mancha, se encuentra a muy poca distancia de La Golfilla (~1h). Hablamos por supuesto de Alcalá del Júcar: una villa ‘colgada’ de una ladera, en plenas hoces del Júcar, y bajo un imponente castillo medieval.

Por méritos propios se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de la región, y desde luego que es visita obligada para quien desee conocer la comerca de La Manchuela.

Visitar portal turístico del municipio

¿Cómo llegar?

El itinerario es muy sencillo y se encuentra bien señalizado. Saliendo desde La Golfilla hacia la Balsa de Ves (acceso suroeste), tomaremos la CM3207 hasta las Casas de Ves, donde giraremos a la izquierda por la AB211. Atravesando la pedanía de Zulema, llegaremos a Las Eras (el barrio alto de Alcalá del Júcar), donde volveremos a girar a la izquierda.

El mejor sitio para aparcar en Alcalá es abajo, junto al río. Ver mapa al final de la entrada.

El castillo

 

Posiblemente el elemento más destacado del patrimonio alcalaeño. Mandado construir por don Juan Pacheco -Marqués de Villena- en el siglo XV, sobre otro castillo anterior de origen almohade, ha sido totalmente restaurado durante los años 70 del pasado siglo.

El castillo, de planta pentagonal y rodeado por una muralla, cuenta con un sótano, dos plantas elevadas y una terraza almenada a la que se accede por una escalera de caracol.

La entrada a esta plaza fuerte es muy económica y, aunque muy sobrio de contenidos, ofrece unas vistas únicas sobre la hoz del Júcar, que justifican por sí solas la subida hasta lo alto del cerro.

Las cuevas de Masagó, de Garadén y del Diablo

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El restaurante de las Cuevas de Masagó permite comer “colgados” de la Hoz del Júcar.

Las diferencias de dureza entre los estratos que forman la roca, causa del paisaje tan característico de las hoces del Júcar, ha permitido también la excavación de inumerables casas-cueva e incluso fortificaciones a mitad del acantilado -inaccesibles para el invasor-.

Este es el caso de las Cuevas de Garadén, de datación imprecisa (pero generalmente adscrita a los siglos XI o XII), que contaba con un importante aljibe y granero.

Tomando el nombre de dicha cueva -con la que frecuentemente se confunde- existe en el casco urbano de Alcalá una cueva denominada “del Rey Garadén” que al parecer cumplía una función defensiva y de aduanas. Data de hace unos 750 años, y está interconectada con la cueva “del Diablo” (de 1905, y ampliada más recientemente), coformando un conjunto cuya visita es totalmente recomensable (ver página web).

El otro conjunto de cuevas que el viajero no se debe perder es el de Masagó / del Duende, de origen almohade y que atraviesa completamente la hoz. Cuenta con un pequeño museo y un restaurante de vistas inigualables (ver página web).

Paseo fluvial entre el puente “romano” y la hidroeléctrica

Además del castillo y las cuevas, callejear por el pueblo tiene su encanto. Pero cuando el cansancio de sus empinadas cuestas aprieta, nada mejor que bajar hasta las orillas del río Júcar.

Aquí abajo encontraremos precisamente el rincón con más encanto del pueblo: el conjunto formado entorno al Puente de la Rambla (conocido popularmente como “romano”, a pesar de datar de 1771), donde el río salva un azud que alimenta el canal de la central hidroeléctrica.

Descansados por la bajada, podremos pasear tranquilamente junto al citado canal a la sombra del arbolado y el frescor de las aguas. Abundan también las terrazas y restaurantes, por lo que es el lugar ideal para terminar la jornada y coger fuerzas antes de volver a La Golfilla.

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Enlaces externos:

Posibles combinaciones:

 

ITINERARIO HASTA ALCALÁ DEL JÚCAR:

 

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