La organización territorial de la Villa de Ves en las Relaciones Topográficas, su Fuero y sus Ordenanzas

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Aislada entre los cañones del Júcar y del Cabriel, la comarca de La Manchuela lucha por su supervivencia sobre un terreno agreste, con suelos pobres y clima árido.
Mapa: Distrito de Casas-Ibañez hacia 1835 (AHP de Albacete).

En anteriores entradas ya comentamos que, según los indicios de los que disponemos, la aldea de La Golfilla nació durante la Desamortización de Madoz, al subastarse en diversos lotes una de las principales dehesas de propios de la Villa de Ves.

Seguramente muchos se preguntarán qué significa eso de “dehesa de propios”, pues esta figura desapareció hace más de 150 años y hoy en día la mayoría de la población vive en las ciudades -borrándose así la memoria colectiva sobre estos espacios-. Así que, para explicarlo, viajaremos atrás en el tiempo, hasta el periodo bajomedieval y la conquista castellana del “Rincón de Ves”.

La actual comarca de La Manchuela, situada entre los cañones del Júcar y del Cabriel, pasó de manos musulmanas a cristianas en otoño de 1211, poco antes de la gran batalla de las Navas de Tolosa, que abriría de par en par los territorios al sur del Tajo y daría el pistoletazo de salida a un nuevo modelo de dominio señorial, caracterizado por el fuerte empuje de las órdenes militares. Puede decirse, por tanto, que se trata de uno de los últimos coletazos del modelo precedente -el de las comunidades de villa y tierra de realengo- preponderante entre el Duero y el Tajo -la Extremadura Castellana– y bajo el férreo control de los caballeros villanos.

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Las campañas de Almanzor (939-1002) fueron el detonante para un cambio en la organización social de Castilla, dando pie a las comunidades de villa y tierra y a la caballería villana.

Las comunidades de villa y tierra surgen -a partir de finales del siglo X y principios del siglo XI- como consecuencia del conflicto entre la nobleza, la Corona y una clase de campesinos enriquecidos, de la que los últimos salen como vencedores aprovechando la necesidad de movilizar efectivos ante la amenaza de Almanzor.

En clara defensa de sus intereses, fuerzan a la Corona y a la nobleza a reconocer -en fueros escritos- el derecho a ser caballeros por el mero hecho de poder permitirse caballo y armas -lo suficientemente caras para que no estuvieran al alcance de cualquiera-, y el derecho de organizar el territorio circundante a la villa desde los Concejos -asambleas de vecinos que podían ser más o menos abiertas, pero que generalmente estaban totalmente dominadas por los caballeros villanos-.

Los grandes despoblados de la zona de frontera, particularmente importantes en La Mancha, también favorecieron este proceso y una profunda reorganización del espacio. De acuerdo con las diversas tradiciones derivadas del derecho romano, el Rey pasaba a automáticamente a ser propietario de las tierras abandonadas. Pero, dada la debilidad de la Corona a lo largo del medievo, generalmente tuvo que conceder inmediatamente estas mismas tierras a aquellos señores que le ayudaran en las campañas militares y que fueran capaces de repoblar la zona -cosa que estos, también, podían hacer solo repartiendo la propiedad sucesivamente, reservándose los derechos territoriales o jurisdiccionales que consideraran oportunos-.

Cuando pasaron a dominar la escena los caballeros villanos, la Corona se vio forzada a conceder amplias extensiones de tierra a los mismos. Pero el reparto no se produciría de forma individualizada, sino que se cede al común de los vecinos, excluyendo tajantemente a los forasteros, de forma que solo se puede disfrutar de los derechos derivados de esta propiedad comunitaria mientras se siga residiendo en -y defendiendo- la villa en cuestión. Villa fuertemente fortificada, y que centralizaba toda una serie de privilegios y derechos sobre el territorio y poblaciones circundantes, ejerciendo su poder al más puro estilo feudal.

La propiedad de la tierra de labor

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Privilegio rodado de Juan II confirmando el Fuero de Cuenca a la Villa de Ves, en 1420

De la misma manera que hoy en día muchas leyes se copian de unos lugares a otros -para ahorrarse sesudos análisis jurídicos-, en el medievo se procedía de forma similar.

En el caso concreto de la Villa de Ves, Alfonso X otorgó en 1272 el privilegio de villazgo y el Fuero de Cuenca. Un fuero que se vería complementado poco a poco por la promulgación a nivel local de una serie de ordenanzas municipales, que en el caso de Ves serían recopiladas en 1598.

El Fuero de Cuenca empieza concediendo la totalidad del término “a todos sus habitantes, así como a sus sucesores”. Una fórmula parecida a la que se utiliza en el privilegio rodado por el que se concede dicho fuero a la Villa de Ves:

“a todos los vezinos que y son moradores e seran de aqui adelante […] otorgamosles que ayan todos sus terminos conplidamente asy commo los auie Vees en tienpo de Amyr Amomenin.”

Partiendo de la base de esta propiedad común, se concede a los vecinos el derecho al uso y disfrute (pero no el de libre disposición) de un terreno que -según el desarrollo normativo del siglo XVI- no excediese las 2 ha. y por un periodo de 6 años, tal y como consta en las Ordenanzas de 1598:

52. Que se pueda labrar seis almudes en tierras llecas y no sean vedadas

Ytem ordenaron, en razón de los arrompimientos, e tomar posesión en tierras llecas, qualquier vezino de esta Villa pueda señalar y señale para labrar en los dichos términos sus tierras llecas y no vedadas hasta seis almudadas de tierras, y éstas las am de tener muy bien labradas y no a trascerro, como muchas personas yntentaron a lo hazer; y esto se a de tener bien labradas hasta postrero del mes de febrero, y no las teniendo bien labradas, qualquier otro vezino se pueda entrar en hello y azer lo propio al tenor de lo que adelante yrá declarado, labrándolo bien y no de otra manera; y si más señalare de los seis almudes para arar, no le vale.

y las Relaciones Topográficas de 1575:

XLV.- Al capitulo quarenta e cinco dizeron que pasa en verdad que los terminos que la Villa de Ves tiene, todos ellos an sido y son comunes a los vezinos desta villa, para los poder rozar y labrar […] lo que se puede labrar, lo labran e ronpen libremente los dichos vezinos, y en la tierra que el tal vezino ronpe y labra tiene senorio ella tienpo de seis anos, y, en pasado aquellos, qualquier otro vezino se puede entrar y labrarlo libremente, como el otro que lo dexo, y lo posee por la mesma horden que el primero. Y desta manera unos tienpos tienen y poseen las dichas tierras vn tienpo, y otros vezinos otro tienpo […].

Aunque desde una óptica actual -mitificadora de lo común– podría parecer una norma muy igualitaria, la realidad resultaba ser harto distinta. Entre otras cosas, no debe olvidarse que solamente los cabezas de familia (invariablemente hombres, libres y cristianos) eran considerados vecinos, quedando excluidos entorno al 80% de la población de todos los derechos que esta propiedad comunal de la tierra representaba.

Para seguir contextualizando, debe recordarse que en esa época de despoblación -y agricultura poco tecnificada- el valor de la tierra era en sí mismo muy escaso, considerándose por lo general una mera prolongación de los medios para cultivarla -bienes muebles que sí eran plenamente privados-, de manera que serían estos los que en última instancia determinarían la inequidad.

slash and burn

La agricultura de roza y quema se sigue practicando en amplias zonas del mundo, contribuyendo en buena medida a la deforestación de la selva.

Abundando sobre este hecho, la gran trampa radica en la obligatoriedad de labrar la tierra con arado y bueyes -solo al alcance de los más pudientes- impidiendo (o dificultando seriamente) la práctica de la agricultura itinerante de roza y quema -al alcance de capas de población más humildes, y predominante en la región hasta la conquista-, pues se prohibió el uso del fuego salvo en casos excepcionales y bajo licencia del Concejo. Podemos una vez más verlo en la Ordenanza nº 14, que regula el uso del fuego.

14. Pena de los que hechan fuego

Otrosí ordenaron, que ningún vezino ni forastero sea osado de hechar fuego ni quemar en ninguna parte de los términos de esta Villa, so pena de mil maravedíes de cada un quemado que hiziera y demás de esta pena, yncurra en la pena de los pinos y carrascas que con el tal fuego quemare; ésto se entienda y a de entender no dando lizenzia e horden el Conzejo para que se pueda quemar en partidas que conbenga, para renouar la tierra y euitar no se críen animales dañosos.

Tampoco debe olvidarse que la caballería villana podía -controlando el Concejo, con sus competencias de ordenación y organización- asegurarse las tierras de más calidad y empujar al resto de la población a las tierras marginales. Y, claro está, siempre quedaba la opción de trabajar para la clase propietaria.

De esta manera, si la propiedad estaba reservada a quienes dispusieran de yunta y bueyes, el trabajo mismo de la tierra solía encargarse a un yuguero -una especie de aparcero que solía ser un vecino libre con cierta cantidad de capital, pero no suficiente para disponer de animales y tierras-. Este podía usar los bueyes y arado del propietario, y recibir a cambio una pequeña retribución fija de subsistencia, así como una participación variable del fruto de la cosecha en función de su participación económica a la hora de realizar inversiones. El contrato agrícola garantizaba su ocupación el año entero, pero precisamente por ello le impedía dedicar tiempo a otros menesteres más provechosos que habrían permitido su enriquecimiento y cambio de estatus social.

Por debajo del yuguero, se encontraría una masa de gente desposeída, que normalmente no alcanzaba el estatus de vecino, compuesta por jornaleros, siervos, esclavos, mujeres, niños, moros, etc. Esta suponía , y solamente podía aspirar a ser contratada eventualmente en las puntas de trabajo estacionales.
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La ordenación de pastos

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Solemos asociar la palabra dehesa a grandes campos abiertos. Pero en realidad el término surgió del establecimiento de cercados y el cierre del paraje a ganados ajenos.

Otra forma de reservarse las tierras de mejor calidad, en este caso para pastos, fue el establecimiento de dehesas concejiles. Aunque hoy en día asociemos la palabra dehesa a amplios campos abiertos, con arbolado disperso y ganadería extensiva (como la famosa dehesa extremeña), en realidad el término procede de la voz defensa.

Se trata pues de espacios cercados, que tratan de restringir severamente el acceso a ganados ajenos y a vecinos con intención de roturar la tierra.

Las dehesas concejiles (o de propios) quedaban excluidas del común. Mientras la villa todavía era de frontera, con una economía orientada a la guerra, estas dehesas se destinaban primordialmente a apacentar a caballos, mulos y asnos -las bestias por excelencia en el campo de batalla, todas ellas propiedad de los caballeros villanos y su particular forma de ganarse la vida mediante el pillaje-.

Alejado el riesgo de la guerra contra el Islam, su función pasa a ser financiar los gastos del Concejo y se amplía sustancialmente su número y extensión. Las dehesas se arriendan al mejor postor -generalmente los oligarcas de la propia villa o villas vecinas, pues la lana era un magnífico bien de exportación con el que acumular dinero (y no trigo y otras especies)- y los ingresos así obtenidos se dedican principalmente a los sueldos de regidores y demás empleados municipales -cargos a los que, una vez más, solo podían optar personas bien conectadas y fieles al poder local-, quedando una parte menor para obra pública, pago de la deuda, etc.

El sistema de licencias para aprovechamiento del monte, pastos y demás espacios comunales -así como las restricciones a nuevas roturaciones y la propiedad concejil del único molino harinero- garantizaban el control casi absoluto de la actividad económica por parte del Concejo, y con él su capacidad de extraer de los demás habitantes el excedente productivo -en todo caso, bastante bajo en la tierra de Ves- u obtener una forzada fidelidad política a la oligarquía. A su vez se establecía un sistema de beneficencia, y ciertas normas para aprovechamientos menores -tales como el derecho al espigueo, o libertades para pequeñas aves de corral-, que en última instancia ayudarían a contener el estallido social.

Para una mejor descripción del funcionamiento, recomiendo encarecidamente la lectura del artículo de Carlos López Rodríguez La organización del espacio rural en los fueros de la Extremadura castellana.
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El reparto de la Villa y Tierra de Ves

La anterior explicación teórica y más bien generalista nos permite especular sobre la evolución de los acontecimientos en la Tierra de Ves, a la vista de la parte de su historia que nos es conocida, y de alguna infomación complementaria a la que hemos tenido acceso.

Debemos empezar por destacar que su conquista cristiana en 1211, y posterior declaración como Villa -con su breve paso como aldea de Jorquera-, se centra en lo que actualmente es el castillo y el Santuario de Ves. El siguiente vídeo nos da una magnífica idea de lo agreste del terreno y las dificultades que supondría organizar la vida económica del espacio circundante.

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Como ya explicamos en la entrada arriba referida, el castillo se ubicaba en un enclave estratégico, sobre un peñasco fácil de defender y controlando el único vado sobre el río entre Alcalá del Júcar y Cofrentes. Según consta en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575):

“(es) cosa publica y notoria que la fundaron los moros y ansi lo creen por rrazon destar fundado junto a huerta y caboclagna que son lugares que ellos mas particularmente mjran para edificar”

Sabemos por la Carta de Yátova que una aljama de mudéjares persistiría al menos hasta 1266, y que tras la conquista cristiana presumiblemente continuaría trabajando la mencionada huerta -así como otros bancales construidos entorno a la villa (ver ortofoto)- pagando fuertes tributos a los caballeros villanos. El resto de la meseta, totalmente expuesta a los ataques enemigos, seguramente estaría despoblada, con eventualmente alguna siembra precaria siguiendo el tradicional método de roza y quema, pero sin realizar grandes inversiones por lo vulnerable de su posición.

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La Villa de Ves nace entorno a un recóndito castillo de origen musulmán, controlando un vado sobre el Júcar, cuyas aguas regaban una estrecha franja de huerta. Los bancales de secano, la caza y los pastos complementaban el espacio agrícola para sustentar una población mínima.

Para poder apacentar a sus caballos, los villanos debían recurrir en verano a la ribera del río, mientras en invierno podrían ser de utilidad las resguardadas terrazas que se forman en la solana del cañón -todas ellas accesibles por caminos y fácilmente defendibles-. En las Relaciones Topográficas de Felipe II podemos leer:

33. Al capitulo treinta y tres dixeron que en esta villa ay vn castillo el qual es vna pena muy grande […] y en el rrellano della puede en la yerba della ahijarse vn pegujico de oveja […]

En caso de necesidad podían incluso aventurarse a las suaves vaguadas del altiplano más inmediato, donde conocemos por textos posteriores la existencia de la dehesa de Cabañiles -paraje que conserva el topónimo- y la Redondilla -que en las Ordenanzas de Ves de 1589 se reservaba a los vecinos menos pudientes, y cuya ubicación es dudosa pero creemos estaría al norte del actual Cerro del Redondillo, aunque también podría tratarse del paraje de La Redonda próximo a Canto Blanco-:

29. Que se guarde la redondilla de la Villa

Otrosí, atento que la dicha Villa a tenido y tiene una redondilla para los vezinos que tienen algunas resezillas de ganado que auitan con ella en el arrabal o arrabales de esta Villa, que tienen sus mojones antiguos y es en prouecho y utilidad de los vezinos que tienen algunos atajuelos de ganado, ningún forastero con su ganado lo pueda comer so pena de dos reses de día y quatro de noche, del género del ganado que fuere, y cada un vezino pueda denunziar y lleuar la dicha pena, la terzia parte de hella, y Justizia y Conzejo las dos partes.

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Aunque sea altamente especulativo, los primeros caballeros de Ves probablemente apacentaran su ganaso y caballerizas en las terrazas de la solana del cañón del Júcar, y bajo estricta vigilancia a la zona del altiplano -donde se ubicarían las dehesas de Cabañiles y La Redondilla-.

En comparación con otros territorios, como la Encomienda santiaguista de Segura, la Villa de Ves permaneció muy poco tiempo como zona de frontera entre cristianos y musulmanes -perdurando no obstante su carácter fronterizo con la Corona de Aragón-. En efecto, la taifa de Balansiya capituló ante Jaume I en 1238, la Murcia de los Banu Hud se convirtió en protectorado en 1243, y en 1246 cayó la ciudad de Jaén y se fijó la frontera con el reino nazarí de Granada.

Tras poco más de 30 años el peligro parecía alejado definitivamente, pero dadas las dificultades para la repoblación -entre otros por la presencia de golfines y almogávares– se iniciaron los intentos de señorialización. En 1282, finalizada la guerra entre el Infante don Sancho contra su padre Alfonso X, la Villa de Ves se entregaría sería entregada al Señorío de Don Manuel -más adelante el famoso Marquesado de Villena-.

Bajo el impulso de sus nuevos señores -y de la relativa paz- el paso del s. XIII al XIV supone un salto demográfico importante, y el inicio del desarrollo de unas aldeas que sintomáticamente se ubicaron en el borde norte del altiplano -hacia el que fluían las aguas, pero notablemente alejadas de la Villa-.

La primera de la que tenemos noticia, en las Relaciones Topográficas, es la de Casas de Ves, situada estratégicamente en junto al cruce del Camino Real de Valencia -que venía siguiendo aproximadamente el trazado actual de la CM-3207-, el Camino de Chinchilla a Requena por Tetuán -hoy perdido- y el Arroyo de la Cañada -conocido también como Rambla de Campiñana-.

Aunque en el enclave seguramente se hayan producido asentamientos anteriores, podemos decir que el actual poblado de las Casas de Ves nace a principios del s. XIV, al establecerse un “puerto seco” (aduanas) para controlar el comercio con el Reino de  Valencia.

casasdeves

El nacimiento de Casas de Ves podría datar de finales del s. XIII o principios del XIV, al establecerse una aduana para el comercio entre el Reino de Valencia y la Corona de Castilla. Precisamente 3 de las 7 dehesas que tiene el Rincón de Ves en 1575 se ubican en el Arroyo de la Cañada, que también serviría para regar algunas huertas.

La presencia de la Rambla, que en ese tramo suele llevar agua todo el año, resultaría primordial por la posibilidad de establecer huertas de regadío junto a ella. Pero destaca mucho más todavía el establecimiento precisamente de al menos tres dehesas concejiles a sus orillas, y de una cañada para el ganado, limitando así su posible aprovechamiento comunal u hortícola (autoabastecimiento de alimentos) para poder generar un beneficio monetario a las oligarquías residentes en la Villa. Un ordenamiento que a la postre provocaría un grave conflicto con los vecinos de las Casas de Ves-.

Las numerosas lagunas que existen en el eje de la Rambla parecen haber sido construidas en esta época para servir de abrevaderos al ganado de quienes arrendaban estas dehesas. La cercanía de varios manantiales salados también convertían estas zonas de pasto en altamente interesantes para los arrendatarios.

charcas-casas-ves

En azul, una serie de charcas excavadas a lo largo del eje de la Rambla de Campiñana, en lo que serían las dehesas de La Alberca y Campiñana. Actualmente son terrenos de regadío.

La municipalización y adehesamiento del término de la Villa de Ves de hecho prosigue al menos hasta mediados del siglo XVIII, cuando se producen graves incidentes -que exigen la intervención real- debido a una de estas municipalizaciones. El resultado práctico más importante de estos incidentes es la compra a la Corona del derecho a nombrar alcalde mayor -hasta entonces venía el corregidor de Chinchilla- y el traslado de la capitalidad de la villa desde el Castillo de Ves a las Casas de Ves-.

Hemos tratado de recopilar estas dehesas y ubicarlas en un mapa, a fin de facilitar la interpretación del proceso de ocupación y organización del territorio:

Tipo de dehesa Relaciones Topográficas (1575) Ordenanzas municipales (1598) Catastro de Ensenada (1755) Actualidad
¿Comunes? (No figura) “Redondilla” (No figura) Cerro del Redondillo
¿Comunes? “del carnjçero” (No figura) (No figura) DESCONOCIDA
Propios Cabanjles (No figura) Cavañiles Los Cabañiles
Propios Pradancho (No figura) Prado Ancho Lo Ancho
Propios Alberca (No figura) Alberca Fuente  La Alberca
Propios Canpinaria (No figura) Campiñana Campiñana
Propios Egorgilla (No figura) Algorfilla La Golfilla
Propios Abenbajar (No figura) Abenvaxar (Linde con Alcalá)
Propios (No figura) (No figura) Rincón El Rincón
Propios (No figura) (No figura) El Saladar Casa del Saladar
Desconocido DESCONOCIDA (No figura) DESCONOCIDA Dehesa Cendreros
Desconocido DESCONOCIDA (No figura) DESCONOCIDA Dehesa Vaqueros

Como puede observarse, las 6 dehesas del siglo XVI se convierten en 8 en el XVIII. Una de ellas tal vez por apropiación de la “del carnjçero” (¿el Rincón?). Figuran dos dehesas más, obtenidas de mapas recientes, que podrían haber sido de comunales (no siendo reportadas), haberse creado después del siglo XVIII (improbable, dado el conflicto ya existente), o de hecho coincidir al menos en parte con las anteriores dehesas (por cercanía, nos inclinamos a pensar que Cendreros era parte de Prado Ancho y Vaqueros parte del Saladar).

El mapa resultante sería el siguiente:

tierra-de-ves-dehesas

Los círculos verdes representan la ubicación aproximada de las dehesas de la Villa de Ves. Las más antiguas probablemente se situaran cerca de la Villa (Cabañiles y Redondilla), pero con el alejamiento de la frontera sur y el establecimiento de un “puerto seco” (aduanas) en la aldea de las Casas de Ves en el s. XIV se adehesa buena parte del espacio entorno a la Rambla, que desemboca cerca de La Golfilla. .

Si las Casas de Ves nacen a principios del s. XIV, el resto de aldeas del altiplano deben haber surgido en los siglos XVII o primera mitad del XVIII (la Iglesia de la Balsa, por ejemplo, fue erigida a finales del XVIII), en un intento de acabar de aprovechar plenamente las últimas tierras de labor que quedaran por colonizar en un contexto de fuerte incremento de la demanda de cereal.

Ante esta presión demográfica, la privatización de las dehesas de propios durante la Desamortización de Madoz debió resultar un alivio para buena parte de la población, surgiendo algunas nuevas aldeas, como la de Perichán o particularmente la de La Golfilla. Pero esa ya es otra parte de la historia 😉

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¿Más emisiones de CO2 = alimentos menos nutritivos?

La acumulación en la atmósfera de este gas de efecto invernadero podría llevarnos a un mundo hiperazucarado

veggies

Los alimentos pobres en nutrientes esenciales tienden a pudrirse antes

Una de las acusaciones más habituales contra la agricultura ecológica es que esta es “menos productiva”, cosa que según los propagandistas conduciría al hambre mundial y a un incremento forzado de la superficie dedicada a la agricultura y ganadería a costa de los ecosistemas naturales.

Esta visión, aunque no exenta de algunas verdades, está cargada de prejuicios y auténticas falacias -como por ejemplo ignorar la fertilidad a largo plazo del suelo y la desertificación causada por la intensificación agrícola, ningunear el carácter de ecosistema valioso de las zonas agrícolas, o vincular la problemática del hambre a la producción de alimentos-.

Sin embargo, una de las respuestas que con frecuencia se esgrimen ante la acusación de menor productividad es que parte de un enfoque simplista, midiendo exclusivamente la producción en kilogramos por hectárea, o en el mejor de los casos calorías por hectárea. Pero, especialmente en el caso de frutas y verduras, tal vez sea más sensato medir también la producción de vitaminas, minerales, o diferentes tipos de proteínas.

CaCorn

En los últimos 50 años, cultivos como el maíz han perdido casi el 80% del calcio que contenían.
Fuente: USANA

En efecto, las observaciones con las que contamos evidencian que, desde el inicio de la moderna agricultura industrial, el contenido de vitaminas y minerales en nuestros alimentos se ha reducido entre un 20% y un 40%. Un fenómeno que habitualmente se asocia al desarrollo de variedades más productivas (en kg/ha), la fertilización nitrogenada y el riego excesivo: el peso y aporte calórico de las cosechas se incrementa a base de agua e hidratos de carbono, pero faltan los minerales y otros nutrientes esenciales que no estarían suficientemente disponibles en el suelo -o que la planta no sería capaz de asimilar a un ritmo adecuado, por haber no haber sido seleccionada según su capacidad para ello-.

En tal caso, sería de esperar que la agricultura ecológica fuera capaz de producir alimentos con la misma capacidad nutricional de antaño. El problema viene cuando empiezan a aparecer numerosos meta-análisis que no encuentran diferencias significativas entre convencional y ecológico, o al menos no en la misma proporción que la pérdida observada en la agricultura industrial -si bien tampoco faltan quienes sostienen lo contrario-.

Hay quien achaca este fenómeno a que la propia agricultura ecológica ha sido víctima de la obsesión “cuantitativa”, descuidando la calidad del alimento. Denuncian el abuso del estiércol -copiando la lógica de la agricultura industrial- y remarcan la importancia de las enmiendas minerales que aportan los nutrientes que faltan en el suelo y con mucha frecuencia también en el estiércol.

Carbon-Dioxide-Cycle

La quema masiva de combustibles fósiles ha desequilibrado el ciclo de carbono, haciendo que este se acumule en la atmósfera, haciéndolo más accesible a las plantas.

Pero otra explicación está empezando a cobrar cierta fuerza en el mundo científico: nuestras emisiones de CO2 a la atmósfera, además de acidificar los océanos y provocar el calentamiento global, estarían facilitando a las plantas la fotosíntesis -efecto conocido como fertilización carbónica-, y por lo tanto la producción de azúcares por parte de las mismas. Claro que, al no poder obtener más nutrientes del suelo por las ya mencionadas limitaciones, esto se traduciría en más alimentos… pero de menor valor nutritivo, cargados de carbohidratos y azúcares. Con el pequeño detalle de que afectaría a todos por igual: ricos, pobres, animales y ecosistemas enteros que podrían colapsar.

El biólogo matemático Irakli Loladze es el responsable de poner esta problemática en el foco de atención global.

Según relata en un artículo de Politico.com, su pasión por el asunto surgió durante sus estudios de doctorado en la Universidad Estatal de Arizona. Otro grupo de estudiantes había estado experimentando con la población de zooplancton -que normalmente se alimenta de fitoplancton-. Este grupo esperaba que, incrementando el aporte de luz sobre el cultivo, el fitoplancton crecería mejor y permitiría sostener una población mayor de zooplancton. Pero el resultado no fue el esperado: el fitoplancton aumentó sensiblemente, pero llegado a un punto el zooplancton no siguió ese ritmo y comenzó a mostrar serios problemas para simplemente sobrevivir en ese ambiente.

cadenatrofica

El equilibrio entre fito- y zooplancton es la base de la cadena alimentaria marina. El colapso de sus poblaciones podría amenazar seriamente los recursos pesqueros.

Irakli Loladze rápidamente relacionó lo observado en el experimento con el agotamiento de los nutrientes en el cultivo, y la competencia establecida entre fito- y zooplancton por los mismos. Al ser el fitoplancton cada vez menos nutritivo, el zooplancton empezó a mostrar igualmente síntomas de malnutrición -a la que era sensiblemente más vulnerable que el fitoplancton-, pudiendo provocar finalmente el completo colapso y extinción de toda su población.

Lo más inquietante del asunto es que exactamente el mismo proceso -cambiando incremento de luz por incremento de CO2- podría estarse dando a escala planetaria, tando en los mares como en tierra firme. Y nadie parecía haber recabado en este “pequeño” detalle que nos amenaza.

Al comenzar a recabar información sobre el asunto le sorprendió la inexistencia de estudios específicamente dedicados a la cuestión. Estudios que precisaba para poder respaldar empíricamente sus análisis matemáticos, que finalmente verían la luz el año 2000 –analizando el ejemplo de productor primario vs. herbívoro– y en 2002 -en una alarmante aplicación a la alimentación humana, que preveía un marcado aumento de la malnutrición y de las dietas con exceso de carbohidratos (derivando en una epidemia de obesidad y diabetes)-. Problema que por supuesto se superpone al del cambio climático y acidificación de los océanos.

Tras la publicación de los artículos -más bien teóricos- de Irakli Loladze, siguieron otros que por ejemplo estimaron una reducción del contenido de proteninas del 8% para cereales del tipo C3 (que suponen el 95% de las especies), y de entorno al 20% en frutas y verduras. La deficiencia afectaría principalmente a los países del Magreb, Oriente Medio, China, India e Indochina. Países que albergan a más de la mitad de la población mundial.

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También se ha estudiado el caso concreto de las deficiencias de zinc, que podría afectar a 140 millones de habitantes, principalmente en países africanos y la India. Y a partir de todos estos estudios, el propio Loladze -en 2014- realiza un meta-análisis incluyendo 7.761 observaciones sobre este efecto. Posiblemente el mejor hasta la fecha. Los resultados muestran la consistencia a escala global del problema, que sería equivalente a echarle “una cucharada de azúcar” a nuestros platos.

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Efecto del incremento del CO2 en la reducción de nutrientes en alimentos.
Fuente: Loladze, Irakli (2014).

¿Es este el futuro que nos espera, o seremos capaces de contener las emisiones de dióxido de carbono a tiempo y desarrollar variedades y técnicas de cultivo capaces de mantener el poder nutritivo cosechado? Veremos. Aunque las perspectivas no es que sean muy halagüeñas.

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Irakli Loladze esparciendo azúcar sobre una montaña de verduras. Es el efecto que tendría la fertilización por CO2 sobre la alimentación global. Foto: Politico.com

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Biochar: carbón vegetal para aumentar la fertilidad del suelo y convertirlo en “terra preta”

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El biochar consiste en carbón vegetal enriquecido con nutrientes. Foto: ClimateTechWiki

Probablemente ya hayas oido hablar de él. Y es que, en los últimos años, la enmienda del suelo con biochar está en boca de todos, por las increibles propiedades que se le atribuyen, así como por la oposición y escepticismo que ha sustitado entre ciertas organizaciones ambientalistas la idea de su utilización masiva para “compensar” las emisiones de gases de efecto invernadero.

Como de costumbre, hay por una parte una burbuja de expectativas excesivas, y por el otro una sobrerreacción en contra de una técnica que, utilizada con mesura y conocimiento de la ciencia que hay detrás, podría ser enormemente positiva.

Pero no adelantemos acontecimientos. Al fin y al cabo, puede que sea la primera vez que hayas oido este término.

¿Qué es el biochar y por qué beneficia al suelo?

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A la izquierda, un oxisol pobre en nutrientes, típico de la cuenca amazónica; a la derecha, oxisol transformado en terra preta fértil.
Foto: Wikipedia

Como ya se ha indicado en la cabecera de este artículo, el biochar no es más que el carbón vegetal “de toda la vida”, normalmente enriquecido con algún tipo de abono orgánico, y aplicado directamente en los campos a modo de enmienda. No debe confundirse con la tradicional aplicación de cenizas, más habitual pero con fines radicalmente distintos -como fuente de calcio y potasio, aumento del pH, para control de determinadas plagas…-.

Aunque siempre se ha sabido que el carbón vegetal se descompone mucho menos que la madera, no fue hasta finales de los años 90 del siglo XX -con el descubrimiento y divulgación de la Terra Preta o “tierra de indio”– cuando se tomó consciencia de su capacidad para mejorar significativamente la productividad de la tierra por siglos o incluso milenios.

Al haber sido sometida a un proceso de pirólisis o carbonización, buena parte de la materia orgánica se convierte en sustancias recalcitrantes, que no son degradables por las bacterias y hongos del suelo. En cambio, al haberse liberado las sustancias más volátiles, queda una estructura muy ligera y porosa -todos los que han tocado un trozo de carbón vegetal lo recuerdan-, que presenta grandes ventajas agronómicas si se aplican de forma adecuada:

biocharireland

El carbón vegetal está lleno de microporos, que favorecen la retención de nutrientes y de agua.
Foto: Biochar Ireland

  • Estructura: En suelos arenosos o limosos (es decir, con partículas gruesas), la elevada superficie específica con carga eléctrica negativa que le proporcionan estos microporos incrementa la capacidad de intercambio de cationes (es decir, la retención de nutrientes) y la capacidad de campo (de retención de agua), e incluso la actividad microbiana. En suelos pesados (con partículas finas) los macroporos del biochar ayudan a mejorar la infiltración de aguas y el crecimiento radicular de la planta, aunque puede ser preferible la materia orgánica fresca que forme agregados.
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  • pH: El biochar, al igual que las cenizas, tienen un carácter alcalino (pH alto). Es por lo tanto muy indicado para suelos ácidos -como los de la selva amazónica, o como los de la mitad occidental de la Península Ibérica– ya que evitan la pérdida de nutrientes. En suelos básicos, por el contrario, incrementar aún más el pH puede conducir el bloqueo de nutrientes y la consiguiente reducción de la fertilidad. Esto puede corregirse añadiendo azufre, o utilizando carbón mineral -normalmente rico en azufre-. También con gran cantidad de estiercol o materia orgánica fresca, que de todas formas nos será conveniente para “nutrir” el biochar, puesto que el efecto inmediato de un biochar no enriquecido será absorber los nutrientes presentes en el suelo, pudiendo ocasionalmente dar problemas de fertilidad el primer y segundo año.
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  • lifesaver

    El carbón activo se utiliza ampliamente como filtro contra sustancias contaminantes.
    Foto: Amazon

    Adsorción de contaminantes: Otro de los efectos de la elevada superficie específica es la capacidad para adsorber contaminantes. De hecho, el carbón activo se utiliza incluso en la fabricación de máscaras antigás. De esta manera reduciremos notoriamente los efectos de contaminantes residuales, al transformar nuestros cultivos de convencional a ecológico. Eso sí: el contaminante no desaparece, sino que está inmovilizado y se irá liberando lentamente. Y en agricultura convencional esta adsorción puede hacer ineficaces ciertos tratamientos con herbicidas o plaguicidas.
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  • Control de plagas: Desde antiguo también se ha venido utilizando el carbón vegetal como desinfectante, dado su carácter reductor, alcalino, adsorbente y desecante. Esto es especialmente interesante para su aplicacón junto a heces y estiércoles animales (por ejemplo, de palomares). También resulta una forma interesante de aprovechar restos de poda afectados por enfermedades, que normalmente deben ser quemados para evitar su propagación. Aunque en este caso debemos asegurarnos totalmente de su completa carbonización.
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    Se ha demostrado en diversos estudios que el biochar en el suelo contribuye a reducir la presencia de ciertas enfermedades de origen fúngico, como la botritis o el mildiu, y algunos ácaros.
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  • Aumentar la temperatura del suelo: En latitudes altas, el color biochar puede ser especialmente interesante porque, al ser negro, contribuye a su calentamiento. Se amplía así la temporada de cultivo, y aumenta la actividad biológica (y consiguiente disponibilidad de nutrientes, al favorecerse los procesos de nitrificación). En zonas más cálidas tal vez convenga cubrir el suelo con algún tipo de acolchado, para evitar su sobrecalentamiento.
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  • Lucha contra el cambio climático: Aunque el efecto sea muy indirecto, una considerable expansión del uso de biochar contribuiría notablemente a retirar el exceso de carbono que tiene actualmente la atmósfera, y a volverlo a incorporar a la litosfera. Estaríamos contribuyendo así a la estabilidad climática que tan necesaria es para la vida en el campo. Esta fijación de carbono puede además servirnos de buen argumento de venta a la hora de comercializar nuestros productos 😉

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¿Cómo hacer biochar a pequeña escala?

Existen numerosos videos demostrativos en la red, pero básicamente pueden distinguirse tres métodos:

En trinchera

Esta es la forma originaria, por la cual en la selva amazónica se produjo la Terra Preta. Es especialmente indicada para producir una cantidad mayor de biochar, sin tener luego que preocuparse en repartirlo por la finca. La trinchera normalmente tendrá unos 40-50 cm de profundidad, y se iniciará en la misma un pequeño fuego, añadiendo progresivamente ramas y troncos de mayor grosor. Una vez obtenida una buena brasa, golpeándola si es necesario para reducir el tamaño de las piezas, se tapa con la tierra extraída y se deja que se ahogue el fuego. Con el tiempo es de esperar que la lluvia, las lombrices y el laboreo extiendan e incorporen este biochar al suelo.

Durante la combustión pueden añadírsele huesos de tamaño considerable para enriquecer el biochar con fósforo, y resulta conveniente fertilizar el emplazamiento con posterioridad recurriendo a abonos ricos en nitrógeno (purines, gallinaza, compost fresco o incluso fertilizantes sintéticos; eventualmente plantando especies fijadoras de nitrógeno) para saturar el biochar con nutrientes y que no tome estos del suelo.

Recordemos: el incremento de la capacidad de intercambio de cationes (CIC) en realidad es como construir una gran estantería. Te permite ganar mucho espacio de almacenaje, pero si no tienes con qué rellenar ese espacio estás haciendo un pan con unas tortas. Por su parte, al ser el nitrógeno un compuesto más volátil, se perdería completamente si lo echáramos al fuego -o si se echa sobre un suelo con poca CIC, como arenas y limos-.

En reactor anaerobio

Utilizando las técnicas tradicionales de producción de carbón vegetal (ver video de más abajo), o mediante barriles metálicos (ver vídeo de arriba), se pueden hacer cantidades variables de biochar que no se incorporan al suelo inmediatamente, sino que podemos utilizar previamente como parte de nuestro compost o como absorbente en las camas de nuestro ganado. De esta forma tomará los nutrientes antes de que lo incoporemos al suelo, cosa que además haremos junto al resto de compost.

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Como subproducto en la producción de gas de síntesis

Muy emparentado con el ejemplo del reactor anaerobio, tenemos el ejemplo de la producción de gas de síntesis (también conocido como gas pobre o gasógeno -este último suele referirse más al aparato en sí-). Aunque normalmente la combustión que se acaba produciendo es completa, en realidad esto se puede controlar regulando la entrada de aire. Y la parte que más interesa para producir gas de síntesis son los compuestos volátiles que se producen al principio, más ricos en hidrógeno. De forma que se puede obtener abundante carbón vegetal, además de alquitranes y resinas para otros usos.

Tanto en el caso del reactor anaerobio como en el del gasógeno, puede ser bastante interesante triturar los trozos de carbón vegetal a fin de facilitar su mezcla con el compost e incorporación posterior al suelo. Para hacer esto, será conveniente mojar el carbón vegetal para ablandarlo y evitar la formación de un polvo peligroso para nuestras vías respiratorias.

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Consejos finales para el buen uso del biochar

Aunque muchos ya se han indicado someramente a lo largo del artículo, recapitulemos y añadamos algunos consejos generales:

  • La materia prima a pirolizar y la calidad del proceso es importante. Cuanta más lignina contenga (leña de maderas duras, etc.), de mayor calidad saldrá nuestro biochar. Según un meta-análisis de la Comisión Europea el biochar, aunque casi siempre incrementa la productividad agrícola, se convierte sin embargo en contraproducente si se utilizan para su fabricación biosólidos (restos de depuradora). Otro meta-analisis sugiere que la parte lábil del biochar tiene una residencia media de sólo 108 días, mientras que la parte recalcitrante tendría una residencia media de 556 años. En un buen biochar la parte recalcitrante representa el 97% del producto, pero este procentaje varía mucho según la materia prima y la temperatura y duración del proceso. En cualquier caso asegúrate del origen sostenible de esta materia prima, para no causar más daño al ecosistema de los que pretendes arreglar.
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  • El biochar beneficia principalmente a suelos arenosos o limosos, siendo menor su incidencia en suelos arcillosos -donde si acaso puede ayudar a mejorar la infiltración y hacer menos pesado el laboreo-. También, dado su carácter alcalino, es recomendable su aplicación en suelos ácidos, pudiendo ser contraproducente su aplicación a suelos básicos -salvo que se acompañe de enmiendas acidificantes- ya que bloquearía la movilización de nutrientes.
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  • Dado su carácter fuertemente adsorbente y su capacidad para fijar nutrientes (alta capacidad de intercambio de cationes), es muy recomendable el enriquecimiento del biochar con abonos orgánicos para evitar efectos negativos a corto plazo. En todo caso un biochar fresco adsorbería los contaminantes residuales que persistan en nuestro terreno.
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  • Si el contenido de carbono del suelo ya es elevado, es preferible una aplicación en superficie y evitar el excesivo laboreo para su incorporación. El método de producción en trinchera será deseable solo en suelos pobres, en los que una alteración tan agresiva de su perfil y el sometimiento a altas temperaturas no suponga un empeoramiento de su estructura.

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¿Tenéis alguna experiencia con el uso de biochar? ¡Comentad en nuestro blog!

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La tecnología agraria que mata al mundo rural, y tecnología que lo puede salvar

Éxodo rural en la India – Foto: Selvaprakash Lakshmanan

Éxodo rural en la India – Foto: Selvaprakash Lakshmanan

De un tiempo a esta parte ha cobrado mucha actualidad un debate clásico en el mundo de la economía: ¿va a dejarnos el avance técnico sin empleo? La cuestión se remonta en el tiempo a la mítica revuelta ludita, a principios del s.XIX, y tradicionalmente se ha despachado con la observación empírica de que la tecnología crea más empleo del que destruye. Con una pequeña salvedad: no necesariamente se producen ni en el mismo sector, ni en el mismo lugar. Y el mundo rural es el ejemplo más claro de las amenazas que puede suponer el desarrollo de una tecnología inapropiada, habiendo quedado relegado en la actualidad a un estatus casi colonial.
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La ausencia de efecto rebote y el deterioro de los términos de intercambio

La explicación de por qué la tecnología que sustituye mano de obra acaba generando más empleo podemos encontrarla en el “efecto rebote” -o Paradoja de Jevons– ya observado en la máquina de vapor y el consumo de carbón. Al abaratar el precio final del producto, se incrementó de tal manera la demanda que se instalaron muchísimas más máquinas de vapor aumentando espectacularmente de uso del carbón.

Pero para que se produzca este “efecto rebote” deben cumplirse una serie de condiciones, que no siempre se cumplen:

  • Como ya se ha señalado, es preciso que la demanda sea elástica. Es decir, la variación de precio del producto ha de ocasionar una variación de la demanda superior. O dicho de otro modo: cuando bajando el precio vendes tanto más que aumenta la facturación (aunque no necesariamente el beneficio).
  • También debe ser elástica la oferta de tus factores productivos. Es decir, que si con lo ahorrado por la eficiencia te puedes permitir pagar un poco más, conseguirás que te ofrezcan un volumen muy superior de la materia prima (o, en nuestro caso, mano de obra y tierras agrícolas).
  • Además, la nueva tecnología debe traducirse efectivamente en una reducción del precio final. Muchas veces, lo que te cuesta de más la máquina se come lo ahorrado en materiales o mano de obra. Haces el cambio por error de cálculo, por fiabilidad, por motivos estratégicos, etc.

En el mundo rural, aunque podrían haber jugado un papel sustancial tanto el segundo como el tercer factor (escasez de tierras y evitar revueltas campesinas), lo cierto es que este “efecto rebote” no se produce debido a que la demanda de alimentos no se incrementa apenas al bajar el precio. Sencillamente porque los consumidores muy pronto quedan saciados. ¿Acaso comemos más del doble porque el precio sea la mitad?

Debido a la inelasticidad de la demanda, aunque a una empresa agrícola individual pueda resultarle beneficioso por un tiempo ahorrar en mano de obra implantando una nueva tecnología y vendiendo a precio de la tecnología antigua, cuando todas las empresas han adoptado esa tecnología el resultado final es que baja el precio del producto sin que aumente el volumen de ventas, lo que a la postre supone menores ingresos totales para el medio rural y mayores gastos en combustible y maquinaria producida en las ciudades.

En términos más técnicos, se diría que se deterioran los términos de intercambio con el mundo urbano, lo que nos permite trazar analogías con la tesis de Prebisch y Singer, según la cual este deterioro sería una de las principales causas del subdesarrollo crónico de los países empobrecidos.


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El “Modelo de Junta Tórica”: beneficio para los grandes supermercados

La explicación del “efecto rebote” de Jevons data mediados del siglo XIX, y tiene sus serias limitaciones. Al igual que en la agrigultura la demanda pronto se topa con que los consumidores están saciados, algo similar acaba ocurriendo a la larga con otros sectores. De allí que fuera necesario desarrollar otras teorías complementarias para explicar el aumento del empleo observado en la práctica, generalmente en nuevos sectores que aparecen de la nada, o actividades -como la peluquería- que sin incrementar su productividad crecen fuertemente “a rebufo” del desarrollo urbano.

Recientemente ha cogido cierta fuerza la teoría del Modelo de Junta Tórica, o la O-Ring Theory (en inglés), según la cual el desarrollo técnico en un sector -o en un eslabón concreto de la cadena de suministro- incrementa fuertemente el valor de los demás sectores. De esta manera, por ejemplo, la aparición de cajeros automáticos no supuso el despido masivo de los empleados de banca, sino que los hizo más valiosos al cambiar su rol de meros repartidores de dinero a verdaderos relaciones públicas que solucionan problemas y se especializan en vender productos de inversión.

Pero incluso entre quienes con más insistencia defienden esta vía para sostener que “las máquinas nunca provocarán desempleo masivo”, como el economista del MIT David Autor, no queda más remedio que reconocer inevitablemente que la explicación no es universalmente válida. Y el mundo rural se utiliza, una vez más, como ejemplo paradigmático de las carencias de esta teoría. Lo que al parecer funciona en la urbe, no funciona en el campo.


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Si dentro de una cadena de valor el desarrollo de un eslabón fortalece al resto de eslabones, ¿quiénes se benefician de la creciente mecanización agrícola? La respuesta en este caso es sencilla: la industria agroquímica (fertilizantes, pesticidas, semillas, piensos…), la industria de transformación alimentaria y sobre todo los distribuidores. Harto conocidas son las denuncias del brutal incremento de precio que se produce entre el campo y el consumidor final. Y generalmente todos estos eslabones también se ubican en las grandes urbes, o al menos en las cabeceras de comarca.
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Sociología del territorio: fuerzas centrífugas vs. fuerzas centrípetas

Pero si los paises emergentes tenían la salida de una política de industrialización, y el aumento de la productividad agraria refuerza el valor de los demás eslabones de la cadena agroalimentaria… ¿por qué el mundo rural no es capaz de beneficiarse también de la tecnología, apostando por industrializar y retener estos elementos de la cadena de valor que se ven impulsados indirectamente por la mecanización?

La respuesta es compleja, y desde luego que hay mucha responsabilidad por parte del propio mundo rural al no ver venir estos cambios y prepararse para ellos. Recientemente incluso hemos podido ver algunos ejemplos esperanzadores, con el desarrollo del turismo rural, la venta directa del agricultor al consumidor, y una producción que empieza a primar la calidad (frente a la tradicional obsesión por la cantidad y el precio, perfectamente retratada en la canción popular “A la Mancha manchega”).

Desgraciadamente se trata de flores en el desierto. Nos pueden llenar el corazón de alegría, pero el panorama general es el que es, y tiene muy difícil remedio. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que -independientemente del sistema económico- la mayor parte de las técnicas y tecnologías se benefician de las economías de escala y de aglomeración, y requieren de un umbral mínimo de población y de densidad demográfica para ser viables. Son muy escasas aquellas tecnologías para las que resulta más conveniente la dispersión geográfica.

En términos de sociología del territorio -que no solo abarcaría la tecnología, sino también aspectos como el orden institucional- se habla en este sentido de fuerzas centrípetas (que concentran la población y el poder en lugares determinados) y fuerzas centrífugas (que la reparten). Y, aunque existan notables excepciones -que podemos y debemos explorar-, generalmente se consideran centrípetos los sectores  industrial y de servicios, y centrífugo el sector agrícola. E incluso este, al destinarse crecientemente a consumidores urbanos residentes a cierta distancia de donde se produce, acaba cayendo víctima de la centralización por pura economía logística y por las economías de escala de la gran maquinaria agrícola (concentración parcelaria, muy relacionada también con la expulsión de pequeños agricultores a la ciudad al perder sus tierras) y otras formas de industrialización del agro.

Consumo de combustible vs. densiad de población

Una alta densidad de población permite reducir drásticamente el consumo de petróleo, por lo que su encarecimiento favorece a las ciudades.

Para acabar de desdibujar las cosas, aunque mucha gente repita el tópico de que el fin del petróleo barato supondrá el colapso de las ciudades y la vuelta masiva al campo, resulta bastante más plausible que la mayor eficiencia energética de los corredores densos de hecho favorezca a las ciudades. Dicho de otra manera: el encarecimiento del combustible nos obligará a recurrir al transporte público, y el transporte público no es viable con la población dispersa. Solamente habría vuelta al campo si el petróleo hace inviable toda la maquinaria agrícola.
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Grandes políticas, pobres resultados

La búsqueda de remedios para el drama que se cierne sobre el mundo rural a raíz de la industrialización urbana y mecanización del campo tiene numerosos precedentes, que algunos remontan incluso hasta el siglo XVIII, pero no es hasta el advenimiento de la mal llamada Revolución Verde -entre los años 60 y 80 del s.XX- en que las grandes potencias de la época empiezan a experimentar con medidas políticas para afrontar la cuestión.

En los EE.UU. se siguió una orientación de tipo más liberal. A pesar de los grandes subsidios agrícolas -que buscaban ante todo garantizar la soberanía alimentaria a la vez que favorecían la mecanización del agro-, y siguiendo el lema “hazte grande o lárgate”, simplemente permitieron la muerte del mundo rural integrando los despoblados en su red de parques nacionales y otras áreas protegidas, para su “asalvajamiento”.

Yellowstone

Parque Nacional de Yellowstone – Foto: Feelgrafix
EE.UU. ha aprovechado el despoblamiento rural para favorecer la red a áreas protegidas.

Al otro lado del telón de acero -en la Unión Soviética-, aunque no operaban las fuerzas de un sistema de mercado, el problema tenía la misma naturaleza -física- subyacente. En este caso, se manifestaba en la dificultad de elevar los estándares de vida entre una población rural dispersa, y al tiempo mantener ocupados y productivos a sus habitantes. De acuerdo con su concepción más totalitaria de la política, durante el mandato de Nikita Jrushchov se procedió reasentar forzosamente a la población rural en las denominadas agrogorody -una especie de mini-ciudades agrícolas con tamaño suficiente para cambiar la vida y cultura-, y así aprovechar ciertas economías de escala -lo que permite un cierto grado de industrialización y hace más viable la supervivencia de estos núcleos-.

El enfoque europeo, por su parte, es tal vez el más amigable hacia el mundo rural, en toda su esencia. Pero también el más caro: tratar de fijar a la población a golpe de talonario, mediante subsidios al desarrollo regional y más recientemente introduciendo cambios en la estructura de subsidios de la Política Agraria Común -siempre en la incertidumbre de verse renovada cada 7 años-.

A pesar del enorme coste para el contribuyente de esta orientación de la política europea, los resultados -sobre todo en España- son más bien modestos. La población sigue envejeciendo a marchas forzadas y al final no queda más remedio que aceptar parte de las políticas norteamericana y soviética: abandonar a su suerte regiones enteras y tratar de salvar lo que queda concentrando servicios en cabeceras de comarca.
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Ideas, instituciones y tecnología apropiada para el mundo rural

Pero, a pesar del panorama tan sombrío que se ha descrito hasta el momento, vale la pena seguir luchando por el mundo rural. La experiencia acumulada por las grandes políticas descritas en el apartado anterior nos dice que debemos alejarnos de pretendidas soluciones globales, dictaminadas de arriba hacia abajo, y empezar a abrazar la idea de que la búsqueda de una salida ha de estar en manos de la propia población rural y gestionada a escala local. En parte es lo que se persigue con la Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, y el programa LEADER de la Unión Europea.

Aún a la vista de todos los problemas que ha ocasionado la mecanización del campo, uno no puede simplemente renunciar a la tecnología y los avances científicos. En primer lugar porque, aunque individualmente o localmente se decida no invertir más en maquinaria, los precios (y los menguantes términos de intercambio) te los marcarán el resto de empresas y países que sí han invertido. Además, si no queremos que la población huya a la ciudad en busca de mejores sueldos, debemos ser suficientemente productivos para poder pagar una cantidad similar a la de los empleos urbanos, pero sin reducir su número. Finalmente, para que el trabajo resulte atractivo, también debe reducirse las tareas excesivamente duras, penosas, repetitivas y aburridas. Muchos empleos agrícolas actuales son rechazados por la población autóctona, y solamente los asumen inmigrantes -en una situación más desesperada-, precisamente por este motivo.

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Ejemplo de tecnología apropiada
Foto: Critical Design
Con una inversión mínima, muy inferior a la de un sistema de agua canalizada, estas mujeres pueden transportar el agua hasta sus hogares con menos esfuerzo y sin dañarse la espalda

Una vez más, debemos volver nuestra mirada hacia los paises que ya han experimentado el dominio colonial, donde se ha desarrollado el concepto de tecnología apropaida. Es decir, aquellas diseñadas específicamente para beneficiar a la comunidad que los utiliza, y no para reportar un beneficio individual a corto plazo que perjudique al resto.

Y aunque las condiciones locales varíen enormemente de una comarca a otra, siguiendo la explicacióna de este artículo -con todos los matices que se le hagan-, sí podemos establecer unas líneas genéricas para desarrollar modelos de negocio y tecnologías para el entorno rural:

  • Evitar aquella mecanización que ahorre principalmente tiempo de trabajo, y abrazar aquella que haga el trabajo más sencillo, ligero y agradable. Cada vez más gente busca trabajos que generen satisfacción -cosa que un ejercicio ligero al aire libre proporciona perfectamente-, aunque eso pueda implicar en ocasiones salarios ligeramente inferiores. También cabe remarcar cómo se valora la seguridad y la sensación de empoderamiento que genera el autoempleo, por lo que resulta fundamental facilitar el acceso a la tierra en lotes de tamaño adecuado a una unidad familiar y sin tener que desembolsar de entrada -en la compra de tierra- un capital que sería mucho más interesante invertir en circulante (semillas, fertilizantes, etc.). Lo mismo sucede con otras barreras de entrada que frustran al recien llegado, como las normas sanitarias pensadas para grandes industrias que imponen inversiones excesivas para el productor a pequeña escala sin proteger realmente la salud de las personas.
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  • Abandonar la idea de que es necesario producir más alimentos para aumentar nuestros ingresos y combatir el hambre en el mundo. Ya hay sobreproducción de alimentos, y producir más solamente acaba hundiendo los precios mundiales y empeorando los términos de intercambio explicados más arriba. Todo el mundo rural sale perjudicado por ello. Es mucho mejor centrar nuestro ingenio en tratar de ahorrar en gastos, sustituyendo insumos industriales, y por la parte de ingresos tratar de vender productos de más valor añadido. En vez de intentar incrementar nuestros ingresos produciendo más cantidad, es mejor crear productos más apreciados por nuestros clientes: de más calidad, más elaborados o con un diseño más atractivo, que les lleguen directamente (gracias a Internet y a algunas plataformas tecnológicas se facilita la comercialización directa, y eso que te ahorras en intermediarios), que tengan una historia interesante detrás (Storytelling) que el cliente valore y aprecie -estando dispuesto a pagar más por ello-, etc.
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  • Recomponer el tejido social local y el mercado interior. En nuestra obsesión por vender a las ciudades, “que pagan más”, hemos dejado con frecuencia desatendida la demanda local. ¿Cuánta fruta, verdura y alimentos procesados importados de lugares distantes -y con intermediación urbanita- podemos ver en las típicas tiendas y supermercados de nuestros pueblos, a un precio muy superior al que nos pagan los mayoristas de la ciudad? Que esto haya sucedido no es fruto de una malvada confabulación ni “del capitalismo”: es el resultado de que los vecinos ya no hablen entre sí, que ya no se produzcan esas conexiones sociales que son la base para hacer negocios y de tener una vida cultural interesante. Recomponiendo las relaciones con nuestros vecinos se dinamiza toda la economía.
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  • Pensar en la sostenibilidad a largo plazo, tanto ambiental como económica y de crecimiento personal, de manera que estas iniciativas puedan ser asumidas por la siguiente generación con ilusión y ganas de labrarse un futuro. En vez de esquilmar la fertilidad de la tierra, con la creencia de que nadie tomará relevo en la granja familiar, hay que volver a alimentar nuestros suelos con buenos aportes orgánicos y recuperar la capacidad de los ecosistemas locales para producir alimentos que cazar o recolectar. Y en vez de formar a nuestros hijos como meros empleados de la industria y los servicios tecnológicos, sería preciso adaptar el currículo escolar a la realidad del mundo rural y los trabajos agrícolas.
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  • Buscar modelos de negocio innovadores que faciliten el acceso al uso de la tierra y otros recursos ambientales, y desarrollar productos a ser posible fuera del ámbito alimentario, en sectores donde la demanda pueda mostrar elasticidad suficiente (recordemos: que si baja el precio crece el mercado) y se encuentre lejos de estar saturado. ¿Plantas aromáticas y cosméticos naturales? ¿Cuidado de mascotas en tiempo de vacaciones? ¿Santuario para animales rescatados por animalistas? ¿Experiencias de convivencia? ¿Microproyectos financiados mediante crowdfunding? ¿Apostar por la economía social? Cada cual que encuentre su nicho.
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Algunas pinceladas para montar agronegocios siguiendo esta filosofía ya han sido mencionados en nuestra entrada sobre Joel Salatin, con su enfoque permacultural. Pero hay muchas otras vías, que se ajustan mejor a los principios y preferencias de cada cual. Podéis encontrar ejemplos concretos en esta publicación del INTA (Gob. de Argentina) ¿Se os ocurren más?
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Palomares, golondrinas y cajas nido como alternativa a la fertilización sintética

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Palomar del Cortijo de Tobas (Tabernas). Foto: Arquitectura Tradicional de Almería

Al atravesar las grandes llanuras cerealísticas de las dos mesetas, o en general cualquier zona árida de este país, es muy probable que a uno le llame la atención la gran cantidad de estructuras y edificios -casi todos abandonados- que cuentan con un buen número de pequeños orificios triangulares sin aparente utilidad, al ser demasiado pequeñas y ubicadas en lo alto como para tratarse de una ventana.

Si ya estamos algo más familiarizados con el entorno rural, seguramente sepamos que en realidad se trata de una puerta.

-¿Cómo? ¿Tan pequeñas?

Claro: no están pensadas para las personas, sino para las palomas. Un animal que en las ciudades se considera una plaga, y fuente de numerosas enfermedades, pero que en el campo ha sido de vital importancia para la supervivencia de los más desfavorecidos.

El urbanita tipo tal vez pueda sentir inicialmente cierta repugnancia al pensar en ello, pero en nuestra gastronomía abundan los platos en los que el pichón es el protagonista, como es el caso de los famosos gazpachos manchegos. También sus huevos contribuían notablemente al aporte proteínico en dietas generalmente pobres.

Sin embargo, y por sorprendente que nos pueda parecer, han sido sus deyecciones -llamadas popularmente palomina- las que más han contribuido a superar la hambruna. De forma indirecta ¡por supuesto!

La palomina, un potente fertilizante de origen renovable

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El Nitrato de Chile fue la principal fuente de abono nitrogenado inorgánico hasta la invención del proceso Haber-Bosch

Hasta que en los albores de la Primera Guerra Mundial se inventó el proceso Haber-Bosch, para la fijación del nitrógeno atmosférico, y a excepción del archiconocido Nitrato de Chile -proveniente de depósitos formados por evaporación cerca de los grandes salares-, la fertilización de nuestros campos dependía fundamentalmente de la rotación de cultivos con leguminosas y de la aportación de estiércoles de los animales -también los de dos patas-.

Dentro de estos estiércoles, resultaban particularmente potentes las excretas de ave, debido a que estos seres alados no tienen vejiga y sus riñones mezclan la orina -muy rica en nitrógeno- con el resto de heces en la cloaca. Dicho de paso, eso también hace muy líquidas y corrosivas sus deyecciones.

Para ilustrar el poder fertilizante de estas deyecciones, la agricultura occidental del siglo XIX recurrió de forma masiva a la minería del guano -deyecciones de aves marinas en las islas del Pacífico donde anidaban-, generando una rocambolesca historia de colonialismo, guerras y trabajo esclavo que supuso la práctica extinción de la población de la Isla de Pascua y permitió el despegue económico del viejo mundo.

Pero la importancia del descubrimiento de estos depósitos fue sobre todo cuantitativa -capas de varios metros de grosor-. Cualitativamente, la humanidad ya llevaba al menos tres milenios explotando este recurso de forma muy singular: construyendo nidos en lugares estratégicos para facilitar la recogida de sus excrementos. Proliferaron así toda una serie de especies de aves que, desde entonces, se encuentran estrechamente vinculadas a la presencia del ser humano.

Los palomares en la historia

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Mosaico romano de Palestrina, datado del s. I a.C., mostrando un palomar

La domesticación de la paloma se inició muy probablemente durante los primeros estadios de la revolución del neolítico, en las llanuras entre los ríos Tigris y Eufrates. Las primeras imagenes de palomas datan del 3.000 a.C. aproximadamente, y ya en ellas se puede observar su uso ritual-religioso, que denota la importancia económica que tenía para estas comunidades y que de hecho persiste hasta nuestros días -el Espíritu Santo, por ejemplo-.

Entorno al 2.500 a.C. también se descubre el hábito de la paloma de volver a su hogar, utilizándose para la transmisión de mensajes en tiempos de griegos y romanos, y desarrollándose sofisticados sistemas sistemas de comunicación en la época de las cruzadas, entorno al s.XII, en Siria y Palestina.

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Palomar subterráneo de  ‘Ain al-Baida

El que probablemente sea el palomar más antiguo conocido data de los siglos VIII a VI a.C. y se encuentra en Jordania (véase fotografía). Su ubicación subterránea nos puede resultar un tanto sorprendente, si bien tiene lógica si pensamos que en esos tiempos se intentaban aprovechar al máximo los relieves naturales para economizar en materiales de construcción, como de hecho se ha continuado haciendo hasta muy recientemente.

La mayor proliferación de torres-palomar en Europa se produce en los siglos XVI y XVII, coincidiendo en gran parte con la aparición de los molinos de viento y en los prolegómenos de una de las mayores crisis de subsistencia de nuestro continente. Algunos ejemplos de torre-palomar particularmente bellos pueden encontrarse en el actual Irán, y también en buena parte de la zona del Sahel.

En España podemos visitar, entre otros, el que es considerado el palomar más grande del mundo: el Palomar de La Breña. Asimismo, se ha trabajado mucho en su conservación y puesta en valor en la Tierra de Campos, en Castilla y León.

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Palomares, golondrinas y cajas nido en la agricultura actual

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Golondrina dáurica en La Golfilla. Foto: Eulogio García

El ejemplo histórico de los palomares de Irán resulta particularmente trascendente, en tanto en cuanto en dicho país la introducción de los fertilizantes sintéticos supuso la inmediata degradación de sus frágiles suelos y una reducción de la productividad -justo lo contrario de lo que se esperaba-. Se produjo, en cámara rápida, lo que le sucederá al resto de suelos si no cambiamos inmediatamente nuestro modelo agrícola basado en el abuso de los fertilizantes de síntesis.

Pero ¿hasta qué punto pueden realmente los palomares y otras estructuras sustituir la fertilización inorgánica actual? El cálculo no se puede hacer directamente, puesto que la palomina no es un producto homogéneo -depende de la dieta de la paloma, el tiempo de maduración, etc.- y cada suelo se comporta de una manera diferente al aporte de fertilizantes. Además, el importante aporte de materia orgánica lo hace cualitativamente diferente, pues reduce las pérdidas por lixiviación y hace más eficaz la aplicación del abono.

Aun así, a modo de ejercicio teórico, se suele decir que cada paloma produce unos 12 kg de excrementos al año. No obstante, lo normal será que en nuestro palomar únicamente podamos recoger 3 kg de deyecciones secas por individuo, con la siguiente composición:

Ácido fosfórico……………..2,30%
Nitrógeno……………………3,04%
Amoníaco……………………3,70%
Potasio soluble…………..…1,53%

Un palomar de tamaño medio, con 100 individuos, produce pues unos 300 kg de palomina seca, que contiene aproximadamente 9kg de nitrógeno. En agricultura ecológica no se permite la aplicación de más de 170 kg de N precedente de estiércoles o compost por hectárea. Con una simple regla de tres, obtenemos el resultado de una superficie mínima de 500 m² -un huerto más que interesante-, y probablemente mucho más si contamos con otros aportes orgánicos o si no apuramos el límite. No debemos olvidar tampoco que el resto de excrementos también tienen muchas probabilidades de caer sobre nuestra parcela, sobre todo si esta es grande.

Cabe indicar que la potencia de la palomina fresca -superior incluso a la de la gallinaza o los purines de cerdo- hacen recomendable una aplicación muy moderada y repartida en el tiempo -preferiblemente en los momentos de mayor demanda de la planta-, y si es posible rebajándola con otros estiércoles con una relación C:N más alta o con restos de paja. De lo contrario, corremos el riesgo de “quemar” nuestros cultivos.

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Que cada elemento cumpla varias funciones, uno de los pilares de la Permacultura

Uno de los aspectos más interesante de las palomas, pero muy especialmente de las aves insectívoras como las golondrinas (o también, pasándonos a los mamíferos, los murciélagos) es que obtienen su alimento de fuera de nuestras parcelas, lo que supone una importante importación de nutrientes. Y resulta que hacen esto a la vez que contribuyen a controlar plagas, y proveyéndonos de carne, huevos y plumas. A estas ventajas podemos sumarles los valores estéticos y educativos de un palomar bien hecho y mantenido. Resumiendo: una delicia para los aficionados a la Permacultura, que tanto ansian que cada componente cumpla varias funciones.

Son muchas las especies silvestres y semi-silvestres (además de la paloma, las golondrinas o los murciélagos) que nos pueden aportar este valiosísimo recurso. Podemos favor su presencia tanto integrándolas en edificios históricos existentes (como muestra este interesantísimo manual de Gaden-Fauna de Álava), como construyendo torres y cajas-nido ex-profeso.

¿Alguien tiene experiencia con el uso de la palomina y la integración de palomares en diseños de Permacultura? ¡Gracias por comentar!

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Incendios forestales ¿realmente son un negocio?

Menos del 0,5% de los incendios tienen un móvil económico, mientras más de la mitad son de origen agrícola y ganadero

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Todos los años, al llegas estas fechas, el debate es el mismo. Una cadena de grandes incendios forestales causa la alarma entre la población, y los medios de comunicación se llenan de declaraciones sobre presuntos artefactos incendiarios y pirómanos -calificativo que además se extiende mucho más allá de la patología mental-, mientras las redes sociales arden con discursos políticos entorno a un pretendido negocio del fuego: desde la recalificación urbanística hasta la venta de madera quemada, pasando por acusar hasta a los propios bomberos de provocar incendios “para ser contratados en la siguiente campaña”.

Desde luego que hay de todo en la viña del Señor, y estas causas han llegado al imaginario popular porque en algunos casos -generalmente aislados- se han producido. Pero la generalización que se hace a partir de ellos no es más que una búsqueda de chivos expiatorios, puesto que la realidad es bien diferente de la caricatura.

El Ministerio de Medio Ambiente -y anteriormente el ICONA– llevan décadas recopilando estadísticas sobre las causas de los incendios, que nos muestran una imagen muy diferente a la del típico tópico del pirómano y el empresario de la construcción.

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Causas de los incendios forestales provocados entre 2001 y 2010, según datos del Ministerio de Medio Ambiente

Como puede verse en el gráfico de la izquierda, el cambio de usos del suelo -que abarcaría la recalificación urbanística- apenas supone el 0,60% de los incendios provocados (0,37% del total de incendios), alterar el precio de la madera el 0,09% (0,05% del total), y los famosos pirómanos -enfermos mentales, stricto senso, sin móviles económicos detrás- sólo representan el 9,79% de los incendios intencionados (5,98% del total). En conjunto, los móviles estrictamente económicos constituyen menos del 0,5%.

En contraste con estas cifras, podemos ver que las verdaderas causas de los incendios provocados son, en la inmensa mayoría de los casos, prácticas tradicionales inadecuadas en el mundo rural. Se trata normalmente del clásico agricultor o pastor de avanzada edad con exceso de confianza en su capacidad para controlar el fuego.

Así, podemos ver que la quema de rastrojos agrícolas abandonada supone el 42,71% de los incendios provocados (26,09% del total), y que la regeneración de pastos abandonada supone el 25,69% (15,69% del total). Las quemas relacionadas con la caza son el 3,48% (2,13% del total).

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Las quemas agrícolas y ganaderas representan más de la mitad de los incendios en España

A estos incendios que se califican de intencionados -a pesar del carácter accidental de la extensión del fuego- hay que añadir los incendios agrícolas y ganaderos calificados de no intencionados por el mero hecho de ser quemas legales en las que el causante aún permanecía junto al fuego cuando este se propagó. Estas suman otro 8,21% más a este origen, que si añadimos quema de matorrales sube a 9,89%. Total: 53,8%.

No cabe duda de que esta extraña forma de clasificar los incendios no ayuda nada a que la gente de a pie entienda el problema, y le pone en bandeja a los medios sensacionalistas hablar simplemente de un “61,09% de incendios intencionados”, dejando caer que todos son por intereses económicos. Pero la prensa seria debería tener la obligación moral de derribar estos tópicos e informar correctamente a la población.

Porque resulta que la falta de información correcta entre la población desvía la atención de los verdaderos problemas, y hace girar todo el debate público entorno a ese ridículo <0,5% por intereses económicos, en vez de hacerlo entorno al >50% por prácticas agrícolas. Lo mismo sucede con los medios técnicos y humanos destinados a la prevención: demasiada poca vigilancia en zonas rurales, poca atención a fuegos agrícolas -y poco énfasis en cambiar de prácticas-, etc.

En definitiva, con prejuicios en la cabeza nunca combatiremos los incendios de manera eficaz. Y por el camino perdemos nuestros tan preciados montes.

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[Reseña] “You can Farm” (“Tú puedes ser granjero”), por Joel Salatin

Guía para crear y tener éxito en una empresa agrícola

youcanfarm ¿Quién no se ha planteado alguna vez hacerse agricultor e ir a vivir al medio rural? ¿Y cuántas veces hemos oído que la agricultura “no da dinero” o que ser ganadero “es muy esclavo”? Ya hablamos antes sobre este asunto, pero merece la pena volver sobre ello.

En esta ocasión lo hacemos de la mano de Joel Salatin, un famoso y polémico (por sus posicionamientos políticos) granjero norteamericano conocido en el mundo de la Permacultura por su diseño de ganadería integrada que combina el vacuno, el pastoreo de gallinas, etc. en un sistema de rotación intensiva. Volveremos sobre ello más adelante.

Una de sus obras más conocidas, You can farm (“Tú puedes ser granjero”) se aleja de la cuestión meramente técnica para adentrarse precisamente en el tema que trataremos hoy: los secretos para crear y tener éxito en una empresa agrícola. Y es que de bien poco sirve saber cómo se cultiva algo, si luego no somos capaces de venderlo ni de controlar nuestros costes y obligaciones financieras.

La agricultura: una ventana de oportunidades

Frente a la visión fatalista que caracteriza actualmente al mundo agrícola, Joel Salatin nos cuenta su experiencia al frente de la granja Polyface: un terreno adquirido por su padre -que soñaba vivir en el campo, pero que era contable de profesión- y que hasta entonces no habían conseguido poner en marcha. Primera lección: para ser agricultor necesitas el valor de dedicarte plenamente a ello, en vez de perder el tiempo y las ganas conduciendo a un trabajo en la ciudad -cuyos ingresos luego se traga la granja-.

Entre una población rural envejecida, desmotivada y vendida a un modelo totalmente controlado por las grandes corporaciones agroalimentarias, Salatin consiguió ver una ventana de oportunidades que se abría ante él:

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    La gente mayor nos puede aportar su experiencia, pero carece de las fuerzas y el espíritu necesario para seguir cultivando. El inevitable relevo generacional es una oportunidad para los nuevos agricultores.

    Con tanta gente al borde de la jubilación, aparecería forzosamente un espacio para que la siguiente generación los sustituya. Y aquí es donde encajan los jóvenes urbanitas que desean volver al campo.

  • Esta sangre fresca, aunque debe beber de la experiencia de los mayores, posee el empuje suficiente para dejar de hacer las cosas como siempre se han hecho (aunque en realidad el modelo agrícola industrial data de los 50 y 60) y buscar soluciones originales e innovadoras, con las que diferenciarse.
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  • El creciente movimiento que busca cambiar el modelo agroalimentario abre las puertas a una comercialización directa: un nicho de mercado creciente que permite zafarse del dominio oligopólico de las grandes corporaciones y así obtener un mayor margen de beneficio.

En esta línea aporta un decálogo de posibles ideas de negocio, que no reproduciremos por tratarse de una propuesta centrada en la realidad estadounidense de finales de los 90, que ha sido criticada por estar obsoleta, aunque no deja de ser una indudable fuente de inspiración.

También señala abiertamente, y para disgusto de bastantes aspirantes de agricultor, que el camino no es ni mucho menos un paseo triunfal. Que hay muchas posibilidades de fracaso, principalmente debido a las deudas y otras obligaciones innecesarias que uno asume, y a la encadenación de errores causados por la falta de experiencia.

Qué hacer y qué no hacer

Aparte de las cuestiones más filosóficas e inspiracionales -que entre otras cosas pueden llevar a plantearte si realmente quieres ser agricultor-, y de una larga serie de anécdotas y polémicos comentarios políticos -que permiten acabar de redondear las ideas que hay detrás de todo el análisis-, lo más valioso del libro probablemente sean sus disertaciones sobre qué hacer y qué no hacer.

Repasaremos los que me han parecido más relevantes:

  • Comprar tierras y maquinaria especializada. El que Salatin considera el mayor error de todos, pues implica para nosotros una inversión desproporcionada que luego impide dedicar el dinero a lo que realmente necesitamos. Se puede acceder a un trozo de tierra de muchas maneras diferentes (arrendamiento, aparcería, usufructo…) que no nos atan tanto, especialmente si para comprarla encima nos tenemos que endeudar.
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    ¿La receta alternativa? Elementos móviles (incluida tu casa), modulares (que se pueda escalar o desescalar con facilidad) e intensivos en trabajo (en oposición a los intensivos en capital). Y herramientas lo más multifuncionales posibles. Al menos en una primera fase es preciso ser muy cuidadoso con el uso del dinero y dedicarlo únicamente a lo imprescindible, y que siempre sea posible desandar cualquier error que hayas cometido -incluido el del terreno elegido-.
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    Si puedes construir algo por tí mismo, ¡no lo compres! Y si deseas adquirir tierras, es preferible hacerte con las baratas y degradadas (ya las mejorarás…), pero que estén en lo posible cerca de las ciudades en las que encontrarás a tus clientes más fieles.
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    • Confiar en cultivos y productos milagro. En el agro muchos creen que su situación es una fatalidad del destino, no el producto de un enfoque inadecuado. Eso lleva inevitablemente a la creencia de que el destino también les puede sonreir y ofrecer un producto que les saque de su situación. Campo abonado para vendedores de crecepelo. Y entre novatos especialmente.
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      avestruz

      En los años 90 se puso de moda la cría de avestruces. Al final ni la carne ni los huevos tuvieron salida comercial. Muchos ganaderos se arruinaron, mientras los comerciales hicieron una fortuna.

      Como todo en la vida, es importante no poner todos los huevos en la misma cesta. Debemos evitar a toda costa especializarnos en un solo producto. Debemos evitar productos que solo nos pueda suministrar una única persona. Debemos evitar aquellos que solamente nos comprará una única persona. Y si esa única persona que te suministra la semilla es la misma que luego de comprará el producto, por más que te garantice un precio y una cosecha determinada, desconfía totalmente: es él quien tiene el control absoluto de tí, y pudiendo enriquecerse él ¿para qué te dejará a tí el beneficio? Siempre recurrirá a alguna cláusula o algún defecto para lucrarse a tu costa. O sus promesas serán, sencillamente, falsas. El negocio está en venderte la semilla, la maquinaria o los fitosanitarios, básicamente.
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      Este mercado de productos milagro se lleva por delante a muchísimos jóvenes agricultores cada año, bajo diferentes formas. Especialmente cuando se trata de cultivos “exóticos” o “nuevos” en general. Y no hay que confundirlos con mercados emergentes o una muy necesaria innovación en el agro. Si algo es demasiado bonito para ser cierto, lo más probable es que sea falso.
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    • Ir al campo para aislarse de la gente. Otro error mayúsculo, puesto que es garantía para el fracaso. Si deseas montar una empresa agrícola, el don de gentes es el requisito número uno. Lo necesitas para poder vender tu cosecha a un precio razonable, pero también (y sobre todo) porque no puedes vivir de espaldas a tus vecinos. Necesitarás su ayuda tarde o temprano, y si tienes malos modos o resultas demasiado extravagante o sospechoso probablemente no la obtendrás.
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      Salatin, en su contexto del medio oeste americano, indica que lo primero que debes hacer es presentarte tú y tu familia a los vecinos. Debes vestir bien e ir a misa -en la cultura protestante la Iglesia cumple una función de centro de negocios de primer orden-. En España esto probablemente no sea necesario, pero sí hay otros rituales por los que tal vez debas pasar, como las festividades locales.
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      El conflicto entre agricultura y ganadería es tan antiguo que ya lo vemos representado en el mito de Abel y Caín. Evita a toda costa que tu ganado dañe propiedades ajenas si no quieres verte enzarzado en una pelea.

      Asimismo, debes cuidar mucho tu reputación. Muéstrate siempre dispuesto a ayudar, y si alguna vez pides algún apero o máquina prestados (lo necesitarás, si no quieres gastarte un dineral en herramientas), procura devolverlo siempre en mejor estado del que lo recibiste -de lo contrario nadie te volverá a prestar nada-. Y ten muchísimo cuidado con tu ganado: por mucho que los daños que ocasionan en campos vecinos no sean intencionados, por muy buenas palabras y excusas que tengas, es tu responsabilidad que eso no pase. Tampoco creas que con una simple reparación se soluciona la afrenta moral ocasionada por haber dañado su propiedad. Mejor evítalo de raíz.
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      Esto por supuesto que no significa que no debas ser tú mismo, pero sí tener claro que tú eres el invitado, el forastero, que todavía debe ganarse la confianza. A cambio no tienes el lastre de enemistades familiares que vienen de generaciones atrás.
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      En una ciudad es muy fácil romper con ciertas personas por motivos  a veces triviales: al haber tantos miles de personas, siempre encontrarás una alternativa. A medida que te alejas de las ciudades, tus opciones se ven más y más limitadas y tendrás que cuidar cada relación contra viento y marea. En particular en el ámbito de los negocios, ya que habrá un único o como mucho dos proveedores, clientes o colaboradores estratégicos viables. El tipo de relación amor-odio que frecuentemente surge de la pura necesidad es bastante particular. Es estar casado con una persona al azar y sin posibilidad de divorcio: hay que saber vivir con ello.
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      Salatin insiste en varias ocasiones en que, aunque los jóvenes tengan el empuje, la gente mayor puede aportar una interesantísima red de contactos. Saben perfectamente dónde conseguir qué al mejor precio, quién es más de fiar, y a quién se puede vender. Pero por supuesto estos secretos no los soltarán al primero que llegue.
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      Pasear en caballo puede ser bonito, pero el dinero y el esfuerzo que requiere pueden llevarte a la ruina. Ten claro qué es una necesidad y qué es un capricho.

      Animales de compañía y caballos. Cuesta mucho alimentarlos y no van a producirte ningún ingreso. Lo mismo puede decirse de la mayor parte de la tecnología moderna, en todos sus aspectos. Debes tener clarísimo qué es imprescindible  y qué es un capricho. Qué te va a ayudar a ganarte la vida y qué te va a resultar a la postre una carga económica que no se financia a sí misma.
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      Debes orientar todas tus decisiones a buscar el mayor margen bruto (y buenas tasas de rotación). A incrementar el valor añadido. ¿Para qué vender fruta a pocos céntimos el kilo pudiendo vender mermeladas a varios euros el kilo? Debes internalizar al máximo la cadena de valor (especialmente la parte de procesado y distribución), y desechar aquello que no vaya a reportarte ese valor añadido.
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      En este sentido, y abundando sobre los animales de compañía (esta vez en el sentido de la cría para su venta), cabe recordar que conseguir un cliente es la tarea más cara y difícil con la que te encontrarás. Cuestiones éticas a un lado, quien compra una mascota lo hace una vez cada muchos años. Toda tu inversión será para una única venta. Si le vendes algo que consume de forma recurrente, como una cesta de verduras, tienes muchas posibilidades de fidelizarlo y obtener muchas ventas con el mismo esfuerzo de captación.
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Producir antes de tener comprador es poner el carro delante del burro. Tus compradores son los que deben determinar qué produces, ¡nunca al revés!

  • Empezar a producir antes de tener un cliente. Y producir cosas que no te gustan, ya que -además de ponerle pasión- en última instancia tú podrías ser el “cliente” de lo que no consigas vender. No hay nada más frustrante ni más estúpido que dedicar todo tu esfuerzo y dinero a algo que luego hay que tirar por no tener salida, o tener que malvenderlo en el último momento a alguien que sí tiene un buen canal de distribución.
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    Hacer eso es receta para el fracaso, pero también un error extremadamente común. Piénsese en tantos aspirantes a emprendedor que luchan por la idea perfecta, en vez de trabajar duro en conseguir una cartera de clientes que pueda hacer viable incluso una idea mediocre.o una burda copia de otro producto.
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    El esquema seguido por Salatin se basa en el compromiso de compra por adelantado por parte de los clientes. Tantos pollos en tales fechas. Tales piezas de ternera en tales otras fechas. Y con un sistema de comercialización ágil que no implica sobrecostes innecesarios: se concreta un lugar y hora para distribuir a todos, en lugar de tener una tienda abierta permanentemente.
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    Sin perder de vista el objetivo de crear un agrosistema diverso y equilibrado, y que la actividad te motive, debes tener claro que debes orientarte a la demanda -no al producto-. Normalmente uno o unos pocos productos estrella conformarán tu base de clientes regulares, y sobre esta base debes diversificar tus ingresos (y tu agrosistema) con productos complementarios que estos clientes estén dispuestos a comprar.
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    Salatin ha combina con gran maestría esta diversificación: aprovecha los meses de invierno para escribir sus libros y artículos, imparte cursos de formación, participa en tertulias televisivas, alquila trozos de terreno de su granja que ya no va a explotar él mismo a jóvenes agricultores -que se benefician de la marca, el conocimiento y la infraestructura existente-, produce una variedad asombrosa de carnes y verduras, pan y repostería, alimentos procesados de forma artesanal, etc. Es una diversificación llena de sinergias que solamente la economía agraria permite, frente a la obligatoria especialización de la economía urbana.
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    Y es esta posibilidad infinita de desplegar la propia creatividad e intelecto, ni más ni menos, lo que hace tan atractiva la vida en el campo. Aunque algunos fracasen por el camino, vale la pena luchar por ello con todas nuestras fuerzas. ¡Sin miedo!

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Joel Salatin sobre las ventajas de la agricultura urbana:

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Producir más alimentos no erradicará el hambre

La carta de 109 Premios Nobel contra Greenpeace se basa en una gran mentira

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Activistas de Greenpeace, manifestándose contra el Maíz Bt.

Aunque a primera vista pudiera parecerlo, este no es un artículo contra los transgénicos. De hecho, hablaremos de ellos lo mínimo posible para no desviarnos del asunto principal, porque el tema podría dar para muchas páginas y no tengo ni tiempo, ni ganas, ni creo que la preparación para entrar en ello de forma seria.

El objetivo de este artículo es acabar con una extendidísima -pero falsa- creencia sobre la alimentación global: la de solucionar el hambre en el mundo a base de producir más y tecnificar el agro al máximo.

El detonante de este escrito es -como podría haberlo sido cualquier otro- una durísima carta abierta de 109 Premios Nobel acusando a Greenpeace de poco menos que un “crímen contra la humanidad” por oponerse a los transgénicos en general, y al arroz dorado -transgénico rico en vitamina A- en particular.

Llama la atención cómo la pretendida flor y nata del mundo de la ciencia -lo que se presupone a los Premios Nobel- pueda llegar a lanzar una acusación tan grave sin ser expertos en la materia -como se puede deducir perfectamente de su perfil académico- y además cometiendo un error tan garrafal que lo puede detectar incluso gente sin formación. Cayendo en una falacia de autoridad en toda regla.

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La superficie global de cultivos manipulados genéticamente supera los 150 millones de ha.

Y es que no se puede sostener -como hacen los Nóbeles- que en un mundo en el que los cultivos transgénicos son de lo más corriente, sea precisamente “culpa de Greenpeace” el sonado fracaso del arroz dorado a nivel global, que más de 15 años después de su invención sigue en el campo de la experimentación.

Se trata sin duda de un posicionamiento más basado en la militancia que en el frío análisis de los hechos -lo cual es muy grave para quien pretende erigirse como paladín de la ciencia-. La forma que toma el argumento -recurriendo a la lástima y la compasión, para convertir al público en rehén de sus sentimientos- tampoco es que sea la más ética, que digamos.

Puede que la posición de Greenpeace sea acientífica o alarmista. O puede que no (y otro más). Pero lo que está claro es que la de estos 109 Nóbeles no lo es menos. Así que repasemos someramente la realidad, alejándonos del estéril debate Transgénicos Si vs. No.

El hambre aguda y la inanición

Para hablar con un mínimo de autoridad sobre un asunto tan serio, en vez de vociferar desde lo visceral deberíamos empezar por distinguir entre hambre aguda (inanición), hambre específica (malnutrición) y la pobreza, ya que poco tienen que ver una cosa con la otra.

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El estereotipo racista del niño africano es ampliamente usado por la propaganda, pero muy poco realista y sin relación con las prácticas agrícolas.

Cuando la gente piensa en el hambre le viene a la cabeza el típico  estereotipo racista del niño africano con brazos delgadísimos, cuencas de los ojos hundidas, costillas marcadas y barriga hinchada. Esta escena, que se produce cuando la ingesta de calorías cae por debajo del mínimo vital, en realidad supone una mínima parte de los afectados por el hambre. Invariablemente se produce en situaciones de guerra total, cuando las luchas fratricidas impiden el ejercicio de la agricultura, el comercio, e incluso la ayuda humanitaria.

De forma más aislada también se pueden producir episodios de hambre aguda a causa de catástrofes naturales, particularmente sequías prolongadas, en regiones que no cuentan ni con la infraestructura adeucuada (para aprovechar el agua, para conservar el alimento, para distribuirlo…), ni los medios financieros y organizativos para obtener comida de los mercados mundiales. Suelen tener además una importante base ganadera -a causa de su aridez es difícil cultivar-, con pastos sobreexplotados por falta de ordenación racional… y generalmente se trata de regímenes corruptos, con graves conflictos intestinos, y una notable falta de seguridad jurídica -que permitiría a los agricultores invertir en mejoras permanentes en sus campos, como p.ej. el regadío-.

Como puede observarse, esta problemática no tiene relación alguna con las variedades de semilla (transgénica o no) que uno pueda sembrar, ni con una agricultura de precisión -como la que defienden los impulsores de la carta-. Son ante todo cuestiones de orden social, que se solucionan desde lo social y lo político. Es en lo que llevan trabajando desde hace décadas tanto la FAO como las organizaciones humanitarias con notable éxito y sin recurrir a recetas mágicas, tratando por encima de todo empoderar a las comunidades.

Hambres específicas y malnutrición

Ya hemos visto que la dramática imagen del hambre aguda es en realidad relativamente escasa en actualmente. El gran reto al que aún se enfrenta la humanidad no es tanto la falta de calorías -sólo en EE.UU. se dedica al ganado tanto grano como para alimentar a 800 millones de personas, con su enorme impacto ambiental-, como la de erradicar los estragos del hambre específica en cada rincón del planeta.

Hoy en día, y aunque sorprenda, incluso en paises avanzados y entre población con sobrepeso podemos encontrarnos con importantes hambres específicas (malnutrición). Es decir, la carencia de determinados nutrientes (vitaminas, minerales, proteínas…) en la dieta. Y este es un problema harto más complejo de analizar y de solucionar.

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Déficit de vitamina A en el mundo. Fuente: Wikipedia

Al contrario de lo que transmite la viñeta que colgamos más arriba, el arroz dorado no sirve para episodios de hambre aguda -de hecho, su principal debilidad reside en los bajos rendimientos-, sino que se centra exclusivamente en el hambre específica de vitamina A -que se calcula afecta a unos 250 millones de personas-.

El hambre específica suele deberse a una dieta basada exclusivamente en hidratos de carbono, destacando a este respecto quienes solo comen arroz blanco y no se pueden permitir (o desconocen la importancia de) añadir verduras a su dieta.

Como puede verse, la “solución” del arroz dorado únicamente serviría para atender la falta de vitamina A, y perpetuando una nutrición basada exclusivamente en arroz. Trata un síntoma -no la causa-, ya que no garantiza que la gente tenga acceso a una dieta rica en verduras, variada y equilibrada: más bien desvía recursos y atención pública. Y en el corto plazo y tratamiento de urgencia, es muchísimo más rápida, barata, completa y efectiva la suplementación y fortificación de alimentos -que no se limita solo a carencias de vitamina A-.

La casuística de las hambres específicas es muy variada: desde empleados urbanos con salarios demasiado bajos para permitirse verduras (de allí la importancia de la agricultura urbana) hasta agricultores que solo cultivan un producto por puro desconocimiento, pasando por suelos pobres en los que faltan oligoelementos.


Los keyhole gardens son una solución original para obtener verduras a pequeña escala

Pero como ya denunciaba en una fecha tan temprana como 1951 el presidente de la FAO y premio Nobel de la paz Josué de Castro -en su obra magna Geopolítica del Hambre-, generalmente el hambre es simple y llanamente fruto de políticas económicas inadecuadas: la orientación a la exportación de los cultivos comerciales para obtener divisas, la desprotección de la población chabolista periurbana, etc. Nada inevitable, y nada que exija por sí mismo multiplicar la producción alimentaria mediante tecnología, sino ante todo garantizar una distribución adecuada (no necesariamente igualitaria) de la comida.

Un ejemplo paradigmático lo podemos encontrar en la transformación que vivió Cuba durante el Periodo Especial, y que le permitió ser el primer país latinoamericano en erradicar la malnutrición infantil severa: abandonando la planificación, reduciendo la superficie dedicada a la caña de azúcar y entregándosela a agricultores que producen con técnicas de agroecología para el mercado local.

Polémicas sobre su seguridad aparte, los cultivos transgénicos (como los híbridos mejorados y la alta tecnología agraria en general) pueden tener un indudable interés para el agricultor comercial que desea alejarse de la pobreza moderada y llegar a un estatus acomodado o incluso adinerado. Pero no guardan relación alguna con la pobreza extrema y el hambre -ni el hambre específica ni muchísimo menos el hambre aguda-. Por eso la FAO no los menciona en su decálogo de recomendaciones para mejorar la nutrición a través de la agricultura. Tampoco se menciona en el Informe Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación. Incluso en el Informe internacional de Evaluación del Conocimiento, Ciencia y Tecnología Agrícolas para el Desarrollo indica abiertamente que la moderna biotecnología tiende a cargar más coste que beneficio sobre los menos pudientes -mientras que se enriquecen las clases acomodadas-.

En estas circunstancias, y por lo severo y gratuito que ha sido el ataque de los famosos 109 Nóbeles contra Greenpeace, cabría preguntarse si con su escrito desinformador no serán más bien ellos los que están cometiendo un “crimen contra la humanidad”. Lo que está claro es que han quedado totalmente desacreditados como autoridades científicas, al extralimitarse de su competencia académica y anteponer sin matices su credo particular a los hechos contrastados.

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[Escapada] Cofrentes, su castillo, y el Embalse de Embarcaderos

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El castillo de Cofrentes, dominando las vistas sobre el Embalse de Embarcaderos.
Foto: D. Castaneda.

La mayoría de las escapadas que os promonemos desde  la Finca La Golfilla suelen tener el handicap -especialmente si queremos hacerlas en bicicleta- de tener que salvar un desnivel de casi 400m para salir del Valle del Cabriel.

Pero en esta ocasión os proponemos algo diferente: llaneando 20km a lo largo de la orilla del río, sea a pedal o al volante, se alcanza la magnífica villa de Cofrentes, con su monumental castillo y con el embalse navegable de Embarcaderos. Ver mapa al final.

La visita de Cofrentes es recomendable en cualquier época del año, pero es en sus tradicionales fiestas de mayo -entre cuyas actividades destaca la recreación histórica de las ‘maderadas’– cuando más bello encontraremos el entorno. Los meses veranigos por su parte permiten la práctica de gran cantidad de actividades al aire libre, en particular aprovechando sus abundantes aguas.

El castillo

Según parece, el nombre de la villa deriva de ‘confluentes’, por ser el lugar en que se unen los ríos Júcar y Cabriel. Esto le ha valido desde siempre la condición de enclave estratégico -tanto para el comercio fluvial como para el terrestre-. La casualidad quiso que en este mismo sitio se ubicara un volcán extinto -conocido como “Cerro de Agras”- idóndeo para su fortificación, dando lugar a un majestuoso y razonablemente bien conservado castillo.

Castillo de Cofrentes

El castillo de Cofrentes  ha sido recientemente restaurado y cuenta con un museo en su interior
Foto: Anibal_One

Esta fortaleza, que al igual que otras plazas fuertes de la zona tiene su principal origen en la fase final de la dominación musulmana (siglo XI),  superpone diversos elementos defensivos que se añadieron hasta las últimas guerras carlistas. Completa la estructura la reciente restauración, que se ha hecho siguiendo en lo posible el original -a partir de fotografías-.

Desde la oficina de turismo se organizan visitas guiadas, para no perderos ni un detalle. También cuenta con un pequeño museo en su interior.

Embalse de Embarcaderos

Bajando por la margen izquierda del embalse, llegaremos pronto a la presa de Embarcaderos. Desde aquí se puede tomar tomar un ‘crucero fluvial’ por los cañones del Júcar, totalmente recomendable.

El embalse de Embarcaderos es en realidad la cola del embalse de Cortes II. Aprovechando la cerrada en la que podemos ‘embarcarnos’, se construyó una pequeña presa destinada a salvaguardar el nivel de las aguas -con las que se refrigera la central nuclear de Cofrentes-.

Salinas de San Javier

Las salinas de San Javier son uno de los ejemplos mejor conservados de salinas de interior en el levante peninsular. Esto se debe a que se mantuvieron en funcionamiento hasta una fecha tan reciente como los años 90, gracias a la elevada concentración salina de sus aguas y al importante tamaño de las mismas -lo que permitía cierta economía de escala-.

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El aprovechamiento salinero de San Javier se mantuvo hasta los años 90, por lo que las balsas de cristalización están perfectamente conservadas.

Aunque actualmente no se han acondicionado para su visita, sí podemos acceder a un mirador cercano -y eventualmente bajar hasta las mismas dando algún rodeo, con algo de maña, y máximo respeto por este paisaje cultural-.

El complejo presenta un interés histórico y cultural indudable, siendo de vital importancia para la antigua economía cofrentina. Nos extenderemos más en el asunto de las salinas de interior en otra entrada.

El valle de Ayora

Más allá de lo que es una distancia ciclable, para aquél que se mueva en automóvil -particularmente si viene o se marcha de la finca por el acceso sureste-, es altamente recomendable dedicar un tiempo a conocer a fondo el Valle de Ayora (o de Cofrentes, como también se conoce).

La extensa e interesantísima historia -como la relativa a la revuelta de los moriscos– y lugares dignos de ser visitados bien merecen que le dediquemos una entrada propia. ¡No os la perdáis!

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[Reseña] The Power of Community (El Poder de la Comunidad)

Cómo sobrevivió Cuba al pico del petróleo
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Diciembre de 1991. Desaparece la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y con ella el grueso del mundo comunista. Para la isla de Cuba, cuyo comercio exterior se había concentrado en más de un 70% con la antigua COMECON -a pesar de la enorme distancia geográfica-, este drástico desenlace supuso un golpe casi fatal: durante el conocido como Periodo Especial el Producto Social Global cayó entre un 35 y un 50%, y las exportaciones cerca de un 80%.

La carestía de divisas forzó al gobierno cubano a una reducción urgente de todas las importaciones, destacando entre ellas las de alimentos y las de petróleo -que obtenía a precios preferentes de la URSS-. Así se pasaron de consumir unos 14 millones de toneladas de crudo al año, a apenas cuatro. Y con esta mínima cantidad debía funcionar toda la economía.

Pero ¿qué hay de interesante para nosotros en esa experiencia? ¿No vivimos en un próspero país capitalista? La explicación es sencilla: aunque en el caso cubano los factores decisivos en ese colapso fueron puramente políticos, la realidad es que tuvieron que hacer frente a un reto que más temprano que tarde deberemos asumir todos los demás paises. Es decir, el Pico del Petróleo.

Este carácter de pionero que, de alguna manera, se le podría atribuir a Cuba -en particular por la orginialidad de las medidas que tomaron para adaptarse al cambio- ha llamado poderosamente la atención de muchos partidarios de la transición a una economía sostenible. Entre ellos, del Instituto Arthur Morgan para las Soluciones Comunitarias, autores del magnífico documental El Poder de la Comunidad: cómo sobrevivió Cuba  al Pico del Petróleo.

Pasando sucintamente por una explicación sobre el Pico del Petróleo y sus consecuencias previstas sobre la economía global -y experimentadas en propias carnes por los cubanos-, a partir del minuto 15 se centra en la revolucionaria transformación de su sector agrícola (orientada hacia la Permacultura) y otras medidas que contribuyeron a que Cuba fuera el único país del mundo en alcanzar un desarrollo genuinamente sostenible.

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Cuba es actualmente uno de los pocos países del mundo que compatibilizan un alto nivel de desarrollo humano con una baja huella ecológica.

La información que aparece en el vídeo puede dar pie a una buena cantidad de análisis altamente interesantes. El principal de ellos es, con toda seguridad, el mensaje de esperanza que nos deja: el fin de la era del petróleo no conlleva necesariamente el inicio de una era de hambrunas, sino que -muy al contrario de lo que algunos piensan- es perfectamente posible alimentar a toda la población mundial con una agricultura de bajos insumos -como veremos más extensamente en otro artículo-.

Caen también muchos otros tópicos, como la idea de solucionar el hambre en el mundo a base de producir mayor cantidad de alimentos: la experiencia -y no sólo la cubana- demuestra que el problema es eminentemente de reparto y de acceso a la (pequeña) propiedad de la tierra. Aquí la enorme fortaleza del sentimiento de comunidad cubano ha jugado muy a favor del éxito del sistema implantado.

La cuestión del “para quién” se produce también determina fuertemente el “qué” y el “cómo” se produce. De producir azúcar de monocultivos de caña para que los rusos pudieran beber vodka -y que “por solidaridad” les pagaban a un precio por muy encima de mercado-, Cuba pasó a producir las hortalizas básicas para el sustento de su propia población -permitiendo a su vez introducir el policultivo, las rotaciones, especies y  variedades más nutritivas, y muchísima menos mecanización-. Esto mismo podría ocurrir a escala global, pero sustituyendo los actuales monocultivos para pienso de ganado (de enorme impacto ambiental).

Finalmente, es especialmente relevante la mención a la reforma de la tenencia de la tierra y la distribución de los alimentos: de las ineficientes granjas estatales y el reparto centralmente planificado –típico de una economía comunista– a un régimen muy similar a la pequeña propiedad privada y sistema de mercado -pero libre de los grandes oligopolios agroalimentarios que ahogan al agricultor en el mundo capitalista-.

Y es que no son pocos los informes de la FAO que inciden en que la pequeña propiedad privada (o alternativamente arrendamientos o usufructo a largo plazo), con un reparto equitativo de la tierra, son la principal medida que el mundo necesita para alimentar a los 10.000 millones de personas que seremos de aquí a final de siglo.

Ni granjas o cooperativas estatales, ni latifundios de capitalistas absentistas: es el pequeño y mediano agricultor quien tiene en sus manos cambiar el mundo y prevenir el colapso ambiental post-petróleo. Es lo que tanto Cuba como tantos otros lugares del mundo nos han enseñado. ¿Tomaremos nota de ello?

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