Incendios forestales ¿realmente son un negocio?

Menos del 0,5% de los incendios tienen un móvil económico, mientras más de la mitad son de origen agrícola y ganadero

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Todos los años, al llegas estas fechas, el debate es el mismo. Una cadena de grandes incendios forestales causa la alarma entre la población, y los medios de comunicación se llenan de declaraciones sobre presuntos artefactos incendiarios y pirómanos -calificativo que además se extiende mucho más allá de la patología mental-, mientras las redes sociales arden con discursos políticos entorno a un pretendido negocio del fuego: desde la recalificación urbanística hasta la venta de madera quemada, pasando por acusar hasta a los propios bomberos de provocar incendios “para ser contratados en la siguiente campaña”.

Desde luego que hay de todo en la viña del Señor, y estas causas han llegado al imaginario popular porque en algunos casos -generalmente aislados- se han producido. Pero la generalización que se hace a partir de ellos no es más que una búsqueda de chivos expiatorios, puesto que la realidad es bien diferente de la caricatura.

El Ministerio de Medio Ambiente -y anteriormente el ICONA– llevan décadas recopilando estadísticas sobre las causas de los incendios, que nos muestran una imagen muy diferente a la del típico tópico del pirómano y el empresario de la construcción.

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Causas de los incendios forestales provocados entre 2001 y 2010, según datos del Ministerio de Medio Ambiente

Como puede verse en el gráfico de la izquierda, el cambio de usos del suelo -que abarcaría la recalificación urbanística- apenas supone el 0,60% de los incendios provocados (0,37% del total de incendios), alterar el precio de la madera el 0,09% (0,05% del total), y los famosos pirómanos -enfermos mentales, stricto senso, sin móviles económicos detrás- sólo representan el 9,79% de los incendios intencionados (5,98% del total). En conjunto, los móviles estrictamente económicos constituyen menos del 0,5%.

En contraste con estas cifras, podemos ver que las verdaderas causas de los incendios provocados son, en la inmensa mayoría de los casos, prácticas tradicionales inadecuadas en el mundo rural. Se trata normalmente del clásico agricultor o pastor de avanzada edad con exceso de confianza en su capacidad para controlar el fuego.

Así, podemos ver que la quema de rastrojos agrícolas abandonada supone el 42,71% de los incendios provocados (26,09% del total), y que la regeneración de pastos abandonada supone el 25,69% (15,69% del total). Las quemas relacionadas con la caza son el 3,48% (2,13% del total).

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Las quemas agrícolas y ganaderas representan más de la mitad de los incendios en España

A estos incendios que se califican de intencionados -a pesar del carácter accidental de la extensión del fuego- hay que añadir los incendios agrícolas y ganaderos calificados de no intencionados por el mero hecho de ser quemas legales en las que el causante aún permanecía junto al fuego cuando este se propagó. Estas suman otro 8,21% más a este origen, que si añadimos quema de matorrales sube a 9,89%. Total: 53,8%.

No cabe duda de que esta extraña forma de clasificar los incendios no ayuda nada a que la gente de a pie entienda el problema, y le pone en bandeja a los medios sensacionalistas hablar simplemente de un “61,09% de incendios intencionados”, dejando caer que todos son por intereses económicos. Pero la prensa seria debería tener la obligación moral de derribar estos tópicos e informar correctamente a la población.

Porque resulta que la falta de información correcta entre la población desvía la atención de los verdaderos problemas, y hace girar todo el debate público entorno a ese ridículo <0,5% por intereses económicos, en vez de hacerlo entorno al >50% por prácticas agrícolas. Lo mismo sucede con los medios técnicos y humanos destinados a la prevención.

En definitiva, con prejuicios en la cabeza nunca combatiremos los incendios de manera eficaz. Y por el camino perdemos nuestros tan preciados montes.

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[Reseña] “You can Farm” (“Tú puedes ser granjero”), por Joel Salatin

Guía para crear y tener éxito en una empresa agrícola

youcanfarm ¿Quién no se ha planteado alguna vez hacerse agricultor e ir a vivir al medio rural? ¿Y cuántas veces hemos oído que la agricultura “no da dinero” o que ser ganadero “es muy esclavo”? Ya hablamos antes sobre este asunto, pero merece la pena volver sobre ello.

En esta ocasión lo hacemos de la mano de Joel Salatin, un famoso y polémico (por sus posicionamientos políticos) granjero norteamericano conocido en el mundo de la Permacultura por su diseño de ganadería integrada que combina el vacuno, el pastoreo de gallinas, etc. en un sistema de rotación intensiva. Volveremos sobre ello más adelante.

Una de sus obras más conocidas, You can farm (“Tú puedes ser granjero”) se aleja de la cuestión meramente técnica para adentrarse precisamente en el tema que trataremos hoy: los secretos para crear y tener éxito en una empresa agrícola. Y es que de bien poco sirve saber cómo se cultiva algo, si luego no somos capaces de venderlo ni de controlar nuestros costes y obligaciones financieras.

La agricultura: una ventana de oportunidades

Frente a la visión fatalista que caracteriza actualmente al mundo agrícola, Joel Salatin nos cuenta su experiencia al frente de la granja Polyface: un terreno adquirido por su padre -que soñaba vivir en el campo, pero que era contable de profesión- y que hasta entonces no habían conseguido poner en marcha. Primera lección: para ser agricultor necesitas el valor de dedicarte plenamente a ello, en vez de perder el tiempo y las ganas conduciendo a un trabajo en la ciudad -cuyos ingresos luego se traga la granja-.

Entre una población rural envejecida, desmotivada y vendida a un modelo totalmente controlado por las grandes corporaciones agroalimentarias, Salatin consiguió ver una ventana de oportunidades que se abría ante él:

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    La gente mayor nos puede aportar su experiencia, pero carece de las fuerzas y el espíritu necesario para seguir cultivando. El inevitable relevo generacional es una oportunidad para los nuevos agricultores.

    Con tanta gente al borde de la jubilación, aparecería forzosamente un espacio para que la siguiente generación los sustituya. Y aquí es donde encajan los jóvenes urbanitas que desean volver al campo.

  • Esta sangre fresca, aunque debe beber de la experiencia de los mayores, posee el empuje suficiente para dejar de hacer las cosas como siempre se han hecho (aunque en realidad el modelo agrícola industrial data de los 50 y 60) y buscar soluciones originales e innovadoras, con las que diferenciarse.
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  • El creciente movimiento que busca cambiar el modelo agroalimentario abre las puertas a una comercialización directa: un nicho de mercado creciente que permite zafarse del dominio oligopólico de las grandes corporaciones y así obtener un mayor margen de beneficio.

En esta línea aporta un decálogo de posibles ideas de negocio, que no reproduciremos por tratarse de una propuesta centrada en la realidad estadounidense de finales de los 90, que ha sido criticada por estar obsoleta, aunque no deja de ser una indudable fuente de inspiración.

También señala abiertamente, y para disgusto de bastantes aspirantes de agricultor, que el camino no es ni mucho menos un paseo triunfal. Que hay muchas posibilidades de fracaso, principalmente debido a las deudas y otras obligaciones innecesarias que uno asume, y a la encadenación de errores causados por la falta de experiencia.

Qué hacer y qué no hacer

Aparte de las cuestiones más filosóficas e inspiracionales -que entre otras cosas pueden llevar a plantearte si realmente quieres ser agricultor-, y de una larga serie de anécdotas y polémicos comentarios políticos -que permiten acabar de redondear las ideas que hay detrás de todo el análisis-, lo más valioso del libro probablemente sean sus disertaciones sobre qué hacer y qué no hacer.

Repasaremos los que me han parecido más relevantes:

  • Comprar tierras y maquinaria especializada. El que Salatin considera el mayor error de todos, pues implica para nosotros una inversión desproporcionada que luego impide dedicar el dinero a lo que realmente necesitamos. Se puede acceder a un trozo de tierra de muchas maneras diferentes (arrendamiento, aparcería, usufructo…) que no nos atan tanto, especialmente si para comprarla encima nos tenemos que endeudar.
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    ¿La receta alternativa? Elementos móviles (incluida tu casa), modulares (que se pueda escalar o desescalar con facilidad) e intensivos en trabajo (en oposición a los intensivos en capital). Y herramientas lo más multifuncionales posibles. Al menos en una primera fase es preciso ser muy cuidadoso con el uso del dinero y dedicarlo únicamente a lo imprescindible, y que siempre sea posible desandar cualquier error que hayas cometido -incluido el del terreno elegido-.
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    Si puedes construir algo por tí mismo, ¡no lo compres! Y si deseas adquirir tierras, es preferible hacerte con las baratas y degradadas (ya las mejorarás…), pero que estén en lo posible cerca de las ciudades en las que encontrarás a tus clientes más fieles.
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    • Confiar en cultivos y productos milagro. En el agro muchos creen que su situación es una fatalidad del destino, no el producto de un enfoque inadecuado. Eso lleva inevitablemente a la creencia de que el destino también les puede sonreir y ofrecer un producto que les saque de su situación. Campo abonado para vendedores de crecepelo. Y entre novatos especialmente.
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      En los años 90 se puso de moda la cría de avestruces. Al final ni la carne ni los huevos tuvieron salida comercial. Muchos ganaderos se arruinaron, mientras los comerciales hicieron una fortuna.

      Como todo en la vida, es importante no poner todos los huevos en la misma cesta. Debemos evitar a toda costa especializarnos en un solo producto. Debemos evitar productos que solo nos pueda suministrar una única persona. Debemos evitar aquellos que solamente nos comprará una única persona. Y si esa única persona que te suministra la semilla es la misma que luego de comprará el producto, por más que te garantice un precio y una cosecha determinada, desconfía totalmente: es él quien tiene el control absoluto de tí, y pudiendo enriquecerse él ¿para qué te dejará a tí el beneficio? Siempre recurrirá a alguna cláusula o algún defecto para lucrarse a tu costa. O sus promesas serán, sencillamente, falsas. El negocio está en venderte la semilla, la maquinaria o los fitosanitarios, básicamente.
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      Este mercado de productos milagro se lleva por delante a muchísimos jóvenes agricultores cada año, bajo diferentes formas. Especialmente cuando se trata de cultivos “exóticos” o “nuevos” en general. Y no hay que confundirlos con mercados emergentes o una muy necesaria innovación en el agro. Si algo es demasiado bonito para ser cierto, lo más probable es que sea falso.
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    • Ir al campo para aislarse de la gente. Otro error mayúsculo, puesto que es garantía para el fracaso. Si deseas montar una empresa agrícola, el don de gentes es el requisito número uno. Lo necesitas para poder vender tu cosecha a un precio razonable, pero también (y sobre todo) porque no puedes vivir de espaldas a tus vecinos. Necesitarás su ayuda tarde o temprano, y si tienes malos modos o resultas demasiado extravagante o sospechoso probablemente no la obtendrás.
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      Salatin, en su contexto del medio oeste americano, indica que lo primero que debes hacer es presentarte tú y tu familia a los vecinos. Debes vestir bien e ir a misa -en la cultura protestante la Iglesia cumple una función de centro de negocios de primer orden-. En España esto probablemente no sea necesario, pero sí hay otros rituales por los que tal vez debas pasar, como las festividades locales.
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      El conflicto entre agricultura y ganadería es tan antiguo que ya lo vemos representado en el mito de Abel y Caín. Evita a toda costa que tu ganado dañe propiedades ajenas si no quieres verte enzarzado en una pelea.

      Asimismo, debes cuidar mucho tu reputación. Muéstrate siempre dispuesto a ayudar, y si alguna vez pides algún apero o máquina prestados (lo necesitarás, si no quieres gastarte un dineral en herramientas), procura devolverlo siempre en mejor estado del que lo recibiste -de lo contrario nadie te volverá a prestar nada-. Y ten muchísimo cuidado con tu ganado: por mucho que los daños que ocasionan en campos vecinos no sean intencionados, por muy buenas palabras y excusas que tengas, es tu responsabilidad que eso no pase. Tampoco creas que con una simple reparación se soluciona la afrenta moral ocasionada por haber dañado su propiedad. Mejor evítalo de raíz.
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      Esto por supuesto que no significa que no debas ser tú mismo, pero sí tener claro que tú eres el invitado, el forastero, que todavía debe ganarse la confianza. A cambio no tienes el lastre de enemistades familiares que vienen de generaciones atrás.
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      En una ciudad es muy fácil romper con ciertas personas por motivos  a veces triviales: al haber tantos miles de personas, siempre encontrarás una alternativa. A medida que te alejas de las ciudades, tus opciones se ven más y más limitadas y tendrás que cuidar cada relación contra viento y marea. En particular en el ámbito de los negocios, ya que habrá un único o como mucho dos proveedores, clientes o colaboradores estratégicos viables. El tipo de relación amor-odio que frecuentemente surge de la pura necesidad es bastante particular. Es estar casado con una persona al azar y sin posibilidad de divorcio: hay que saber vivir con ello.
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      Salatin insiste en varias ocasiones en que, aunque los jóvenes tengan el empuje, la gente mayor puede aportar una interesantísima red de contactos. Saben perfectamente dónde conseguir qué al mejor precio, quién es más de fiar, y a quién se puede vender. Pero por supuesto estos secretos no los soltarán al primero que llegue.
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      Pasear en caballo puede ser bonito, pero el dinero y el esfuerzo que requiere pueden llevarte a la ruina. Ten claro qué es una necesidad y qué es un capricho.

      Animales de compañía y caballos. Cuesta mucho alimentarlos y no van a producirte ningún ingreso. Lo mismo puede decirse de la mayor parte de la tecnología moderna, en todos sus aspectos. Debes tener clarísimo qué es imprescindible  y qué es un capricho. Qué te va a ayudar a ganarte la vida y qué te va a resultar a la postre una carga económica que no se financia a sí misma.
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      Debes orientar todas tus decisiones a buscar el mayor margen bruto (y buenas tasas de rotación). A incrementar el valor añadido. ¿Para qué vender fruta a pocos céntimos el kilo pudiendo vender mermeladas a varios euros el kilo? Debes internalizar al máximo la cadena de valor (especialmente la parte de procesado y distribución), y desechar aquello que no vaya a reportarte ese valor añadido.
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      En este sentido, y abundando sobre los animales de compañía (esta vez en el sentido de la cría para su venta), cabe recordar que conseguir un cliente es la tarea más cara y difícil con la que te encontrarás. Cuestiones éticas a un lado, quien compra una mascota lo hace una vez cada muchos años. Toda tu inversión será para una única venta. Si le vendes algo que consume de forma recurrente, como una cesta de verduras, tienes muchas posibilidades de fidelizarlo y obtener muchas ventas con el mismo esfuerzo de captación.
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Producir antes de tener comprador es poner el carro delante del burro. Tus compradores son los que deben determinar qué produces, ¡nunca al revés!

  • Empezar a producir antes de tener un cliente. Y producir cosas que no te gustan, ya que -además de ponerle pasión- en última instancia tú podrías ser el “cliente” de lo que no consigas vender. No hay nada más frustrante ni más estúpido que dedicar todo tu esfuerzo y dinero a algo que luego hay que tirar por no tener salida, o tener que malvenderlo en el último momento a alguien que sí tiene un buen canal de distribución.
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    Hacer eso es receta para el fracaso, pero también un error extremadamente común. Piénsese en tantos aspirantes a emprendedor que luchan por la idea perfecta, en vez de trabajar duro en conseguir una cartera de clientes que pueda hacer viable incluso una idea mediocre.o una burda copia de otro producto.
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    El esquema seguido por Salatin se basa en el compromiso de compra por adelantado por parte de los clientes. Tantos pollos en tales fechas. Tales piezas de ternera en tales otras fechas. Y con un sistema de comercialización ágil que no implica sobrecostes innecesarios: se concreta un lugar y hora para distribuir a todos, en lugar de tener una tienda abierta permanentemente.
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    Sin perder de vista el objetivo de crear un agrosistema diverso y equilibrado, y que la actividad te motive, debes tener claro que debes orientarte a la demanda -no al producto-. Normalmente uno o unos pocos productos estrella conformarán tu base de clientes regulares, y sobre esta base debes diversificar tus ingresos (y tu agrosistema) con productos complementarios que estos clientes estén dispuestos a comprar.
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    Salatin ha combina con gran maestría esta diversificación: aprovecha los meses de invierno para escribir sus libros y artículos, imparte cursos de formación, participa en tertulias televisivas, alquila trozos de terreno de su granja que ya no va a explotar él mismo a jóvenes agricultores -que se benefician de la marca, el conocimiento y la infraestructura existente-, produce una variedad asombrosa de carnes y verduras, pan y repostería, alimentos procesados de forma artesanal, etc. Es una diversificación llena de sinergias que solamente la economía agraria permite, frente a la obligatoria especialización de la economía urbana.
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    Y es esta posibilidad infinita de desplegar la propia creatividad e intelecto, ni más ni menos, lo que hace tan atractiva la vida en el campo. Aunque algunos fracasen por el camino, vale la pena luchar por ello con todas nuestras fuerzas. ¡Sin miedo!

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Joel Salatin sobre las ventajas de la agricultura urbana:

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Producir más alimentos no erradicará el hambre

La carta de 109 Premios Nobel contra Greenpeace se basa en una gran mentira

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Activistas de Greenpeace, manifestándose contra el Maíz Bt.

Aunque a primera vista pudiera parecerlo, este no es un artículo contra los transgénicos. De hecho, hablaremos de ellos lo mínimo posible para no desviarnos del asunto principal, porque el tema podría dar para muchas páginas y no tengo ni tiempo, ni ganas, ni creo que la preparación para entrar en ello de forma seria.

El objetivo de este artículo es acabar con una extendidísima -pero falsa- creencia sobre la alimentación global: la de solucionar el hambre en el mundo a base de producir más y tecnificar el agro al máximo.

El detonante de este escrito es -como podría haberlo sido cualquier otro- una durísima carta abierta de 109 Premios Nobel acusando a Greenpeace de poco menos que un “crímen contra la humanidad” por oponerse a los transgénicos en general, y al arroz dorado -transgénico rico en vitamina A- en particular.

Llama la atención cómo la pretendida flor y nata del mundo de la ciencia -lo que se presupone a los Premios Nobel- pueda llegar a lanzar una acusación tan grave sin ser expertos en la materia -como se puede deducir perfectamente de su perfil académico- y además cometiendo un error tan garrafal que lo puede detectar incluso gente sin formación. Cayendo en una falacia de autoridad en toda regla.

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La superficie global de cultivos manipulados genéticamente supera los 150 millones de ha.

Y es que no se puede sostener -como hacen los Nóbeles- que en un mundo en el que los cultivos transgénicos son de lo más corriente, sea precisamente “culpa de Greenpeace” el sonado fracaso del arroz dorado a nivel global, que más de 15 años después de su invención sigue en el campo de la experimentación.

Se trata sin duda de un posicionamiento más basado en la militancia que en el frío análisis de los hechos -lo cual es muy grave para quien pretende erigirse como paladín de la ciencia-. La forma que toma el argumento -recurriendo a la lástima y la compasión, para convertir al público en rehén de sus sentimientos- tampoco es que sea la más ética, que digamos.

Puede que la posición de Greenpeace sea acientífica o alarmista. O puede que no (y otro más). Pero lo que está claro es que la de estos 109 Nóbeles no lo es menos. Así que repasemos someramente la realidad, alejándonos del estéril debate Transgénicos Si vs. No.

El hambre aguda y la inanición

Para hablar con un mínimo de autoridad sobre un asunto tan serio, en vez de vociferar desde lo visceral deberíamos empezar por distinguir entre hambre aguda (inanición), hambre específica (malnutrición) y la pobreza, ya que poco tienen que ver una cosa con la otra.

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El estereotipo racista del niño africano es ampliamente usado por la propaganda, pero muy poco realista y sin relación con las prácticas agrícolas.

Cuando la gente piensa en el hambre le viene a la cabeza el típico  estereotipo racista del niño africano con brazos delgadísimos, cuencas de los ojos hundidas, costillas marcadas y barriga hinchada. Esta escena, que se produce cuando la ingesta de calorías cae por debajo del mínimo vital, en realidad supone una mínima parte de los afectados por el hambre. Invariablemente se produce en situaciones de guerra total, cuando las luchas fratricidas impiden el ejercicio de la agricultura, el comercio, e incluso la ayuda humanitaria.

De forma más aislada también se pueden producir episodios de hambre aguda a causa de catástrofes naturales, particularmente sequías prolongadas, en regiones que no cuentan ni con la infraestructura adeucuada (para aprovechar el agua, para conservar el alimento, para distribuirlo…), ni los medios financieros y organizativos para obtener comida de los mercados mundiales. Suelen tener además una importante base ganadera -a causa de su aridez es difícil cultivar-, con pastos sobreexplotados por falta de ordenación racional… y generalmente se trata de regímenes corruptos, con graves conflictos intestinos, y una notable falta de seguridad jurídica -que permitiría a los agricultores invertir en mejoras permanentes en sus campos, como p.ej. el regadío-.

Como puede observarse, esta problemática no tiene relación alguna con las variedades de semilla (transgénica o no) que uno pueda sembrar, ni con una agricultura de precisión -como la que defienden los impulsores de la carta-. Son ante todo cuestiones de orden social, que se solucionan desde lo social y lo político. Es en lo que llevan trabajando desde hace décadas tanto la FAO como las organizaciones humanitarias con notable éxito y sin recurrir a recetas mágicas, tratando por encima de todo empoderar a las comunidades.

Hambres específicas y malnutrición

Ya hemos visto que la dramática imagen del hambre aguda es en realidad relativamente escasa en actualmente. El gran reto al que aún se enfrenta la humanidad no es tanto la falta de calorías -sólo en EE.UU. se dedica al ganado tanto grano como para alimentar a 800 millones de personas, con su enorme impacto ambiental-, como la de erradicar los estragos del hambre específica en cada rincón del planeta.

Hoy en día, y aunque sorprenda, incluso en paises avanzados y entre población con sobrepeso podemos encontrarnos con importantes hambres específicas (malnutrición). Es decir, la carencia de determinados nutrientes (vitaminas, minerales, proteínas…) en la dieta. Y este es un problema harto más complejo de analizar y de solucionar.

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Déficit de vitamina A en el mundo. Fuente: Wikipedia

Al contrario de lo que transmite la viñeta que colgamos más arriba, el arroz dorado no sirve para episodios de hambre aguda -de hecho, su principal debilidad reside en los bajos rendimientos-, sino que se centra exclusivamente en el hambre específica de vitamina A -que se calcula afecta a unos 250 millones de personas-.

El hambre específica suele deberse a una dieta basada exclusivamente en hidratos de carbono, destacando a este respecto quienes solo comen arroz blanco y no se pueden permitir (o desconocen la importancia de) añadir verduras a su dieta.

Como puede verse, la “solución” del arroz dorado únicamente serviría para atender la falta de vitamina A, y perpetuando una nutrición basada exclusivamente en arroz. Trata un síntoma -no la causa-, ya que no garantiza que la gente tenga acceso a una dieta rica en verduras, variada y equilibrada: más bien desvía recursos y atención pública. Y en el corto plazo y tratamiento de urgencia, es muchísimo más rápida, barata, completa y efectiva la suplementación y fortificación de alimentos -que no se limita solo a carencias de vitamina A-.

La casuística de las hambres específicas es muy variada: desde empleados urbanos con salarios demasiado bajos para permitirse verduras (de allí la importancia de la agricultura urbana) hasta agricultores que solo cultivan un producto por puro desconocimiento, pasando por suelos pobres en los que faltan oligoelementos.


Los keyhole gardens son una solución original para obtener verduras a pequeña escala

Pero como ya denunciaba en una fecha tan temprana como 1951 el presidente de la FAO y premio Nobel de la paz Josué de Castro -en su obra magna Geopolítica del Hambre-, generalmente el hambre es simple y llanamente fruto de políticas económicas inadecuadas: la orientación a la exportación de los cultivos comerciales para obtener divisas, la desprotección de la población chabolista periurbana, etc. Nada inevitable, y nada que exija por sí mismo multiplicar la producción alimentaria mediante tecnología, sino ante todo garantizar una distribución adecuada (no necesariamente igualitaria) de la comida.

Un ejemplo paradigmático lo podemos encontrar en la transformación que vivió Cuba durante el Periodo Especial, y que le permitió ser el primer país latinoamericano en erradicar la malnutrición infantil severa: abandonando la planificación, reduciendo la superficie dedicada a la caña de azúcar y entregándosela a agricultores que producen con técnicas de agroecología para el mercado local.

Polémicas sobre su seguridad aparte, los cultivos transgénicos (como los híbridos mejorados y la alta tecnología agraria en general) pueden tener un indudable interés para el agricultor comercial que desea alejarse de la pobreza moderada y llegar a un estatus acomodado o incluso adinerado. Pero no guardan relación alguna con la pobreza extrema y el hambre -ni el hambre específica ni muchísimo menos el hambre aguda-. Por eso la FAO no los menciona en su decálogo de recomendaciones para mejorar la nutrición a través de la agricultura. Tampoco se menciona en el Informe Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación. Incluso en el Informe internacional de Evaluación del Conocimiento, Ciencia y Tecnología Agrícolas para el Desarrollo indica abiertamente que la moderna biotecnología tiende a cargar más coste que beneficio sobre los menos pudientes -mientras que se enriquecen las clases acomodadas-.

En estas circunstancias, y por lo severo y gratuito que ha sido el ataque de los famosos 109 Nóbeles contra Greenpeace, cabría preguntarse si con su escrito desinformador no serán más bien ellos los que están cometiendo un “crimen contra la humanidad”. Lo que está claro es que han quedado totalmente desacreditados como autoridades científicas, al extralimitarse de su competencia académica y anteponer sin matices su credo particular a los hechos contrastados.

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[Escapada] Cofrentes, su castillo, y el Embalse de Embarcaderos

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El castillo de Cofrentes, dominando las vistas sobre el Embalse de Embarcaderos.
Foto: D. Castaneda.

La mayoría de las escapadas que os promonemos desde  la Finca La Golfilla suelen tener el handicap -especialmente si queremos hacerlas en bicicleta- de tener que salvar un desnivel de casi 400m para salir del Valle del Cabriel.

Pero en esta ocasión os proponemos algo diferente: llaneando 20km a lo largo de la orilla del río, sea a pedal o al volante, se alcanza la magnífica villa de Cofrentes, con su monumental castillo y con el embalse navegable de Embarcaderos. Ver mapa al final.

La visita de Cofrentes es recomendable en cualquier época del año, pero es en sus tradicionales fiestas de mayo -entre cuyas actividades destaca la recreación histórica de las ‘maderadas’– cuando más bello encontraremos el entorno. Los meses veranigos por su parte permiten la práctica de gran cantidad de actividades al aire libre, en particular aprovechando sus abundantes aguas.

El castillo

Según parece, el nombre de la villa deriva de ‘confluentes’, por ser el lugar en que se unen los ríos Júcar y Cabriel. Esto le ha valido desde siempre la condición de enclave estratégico -tanto para el comercio fluvial como para el terrestre-. La casualidad quiso que en este mismo sitio se ubicara un volcán extinto -conocido como “Cerro de Agras”- idóndeo para su fortificación, dando lugar a un majestuoso y razonablemente bien conservado castillo.

Castillo de Cofrentes

El castillo de Cofrentes  ha sido recientemente restaurado y cuenta con un museo en su interior
Foto: Anibal_One

Esta fortaleza, que al igual que otras plazas fuertes de la zona tiene su principal origen en la fase final de la dominación musulmana (siglo XI),  superpone diversos elementos defensivos que se añadieron hasta las últimas guerras carlistas. Completa la estructura la reciente restauración, que se ha hecho siguiendo en lo posible el original -a partir de fotografías-.

Desde la oficina de turismo se organizan visitas guiadas, para no perderos ni un detalle. También cuenta con un pequeño museo en su interior.

Embalse de Embarcaderos

Bajando por la margen izquierda del embalse, llegaremos pronto a la presa de Embarcaderos. Desde aquí se puede tomar tomar un ‘crucero fluvial’ por los cañones del Júcar, totalmente recomendable.

El embalse de Embarcaderos es en realidad la cola del embalse de Cortes II. Aprovechando la cerrada en la que podemos ‘embarcarnos’, se construyó una pequeña presa destinada a salvaguardar el nivel de las aguas -con las que se refrigera la central nuclear de Cofrentes-.

Salinas de San Javier

Las salinas de San Javier son uno de los ejemplos mejor conservados de salinas de interior en el levante peninsular. Esto se debe a que se mantuvieron en funcionamiento hasta una fecha tan reciente como los años 90, gracias a la elevada concentración salina de sus aguas y al importante tamaño de las mismas -lo que permitía cierta economía de escala-.

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El aprovechamiento salinero de San Javier se mantuvo hasta los años 90, por lo que las balsas de cristalización están perfectamente conservadas.

Aunque actualmente no se han acondicionado para su visita, sí podemos acceder a un mirador cercano -y eventualmente bajar hasta las mismas dando algún rodeo, con algo de maña, y máximo respeto por este paisaje cultural-.

El complejo presenta un interés histórico y cultural indudable, siendo de vital importancia para la antigua economía cofrentina. Nos extenderemos más en el asunto de las salinas de interior en otra entrada.

El valle de Ayora

Más allá de lo que es una distancia ciclable, para aquél que se mueva en automóvil -particularmente si viene o se marcha de la finca por el acceso sureste-, es altamente recomendable dedicar un tiempo a conocer a fondo el Valle de Ayora (o de Cofrentes, como también se conoce).

La extensa e interesantísima historia -como la relativa a la revuelta de los moriscos– y lugares dignos de ser visitados bien merecen que le dediquemos una entrada propia. ¡No os la perdáis!

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[Reseña] The Power of Community (El Poder de la Comunidad)

Cómo sobrevivió Cuba al pico del petróleo
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Diciembre de 1991. Desaparece la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y con ella el grueso del mundo comunista. Para la isla de Cuba, cuyo comercio exterior se había concentrado en más de un 70% con la antigua COMECON -a pesar de la enorme distancia geográfica-, este drástico desenlace supuso un golpe casi fatal: durante el conocido como Periodo Especial el Producto Social Global cayó entre un 35 y un 50%, y las exportaciones cerca de un 80%.

La carestía de divisas forzó al gobierno cubano a una reducción urgente de todas las importaciones, destacando entre ellas las de alimentos y las de petróleo -que obtenía a precios preferentes de la URSS-. Así se pasaron de consumir unos 14 millones de toneladas de crudo al año, a apenas cuatro. Y con esta mínima cantidad debía funcionar toda la economía.

Pero ¿qué hay de interesante para nosotros en esa experiencia? ¿No vivimos en un próspero país capitalista? La explicación es sencilla: aunque en el caso cubano los factores decisivos en ese colapso fueron puramente políticos, la realidad es que tuvieron que hacer frente a un reto que más temprano que tarde deberemos asumir todos los demás paises. Es decir, el Pico del Petróleo.

Este carácter de pionero que, de alguna manera, se le podría atribuir a Cuba -en particular por la orginialidad de las medidas que tomaron para adaptarse al cambio- ha llamado poderosamente la atención de muchos partidarios de la transición a una economía sostenible. Entre ellos, del Instituto Arthur Morgan para las Soluciones Comunitarias, autores del magnífico documental El Poder de la Comunidad: cómo sobrevivió Cuba  al Pico del Petróleo.

Pasando sucintamente por una explicación sobre el Pico del Petróleo y sus consecuencias previstas sobre la economía global -y experimentadas en propias carnes por los cubanos-, a partir del minuto 15 se centra en la revolucionaria transformación de su sector agrícola (orientada hacia la Permacultura) y otras medidas que contribuyeron a que Cuba fuera el único país del mundo en alcanzar un desarrollo genuinamente sostenible.

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Cuba es actualmente uno de los pocos países del mundo que compatibilizan un alto nivel de desarrollo humano con una baja huella ecológica.

La información que aparece en el vídeo puede dar pie a una buena cantidad de análisis altamente interesantes. El principal de ellos es, con toda seguridad, el mensaje de esperanza que nos deja: el fin de la era del petróleo no conlleva necesariamente el inicio de una era de hambrunas, sino que -muy al contrario de lo que algunos piensan- es perfectamente posible alimentar a toda la población mundial con una agricultura de bajos insumos -como veremos más extensamente en otro artículo-.

Caen también muchos otros tópicos, como la idea de solucionar el hambre en el mundo a base de producir mayor cantidad de alimentos: la experiencia -y no sólo la cubana- demuestra que el problema es eminentemente de reparto y de acceso a la (pequeña) propiedad de la tierra. Aquí la enorme fortaleza del sentimiento de comunidad cubano ha jugado muy a favor del éxito del sistema implantado.

La cuestión del “para quién” se produce también determina fuertemente el “qué” y el “cómo” se produce. De producir azúcar de monocultivos de caña para que los rusos pudieran beber vodka -y que “por solidaridad” les pagaban a un precio por muy encima de mercado-, Cuba pasó a producir las hortalizas básicas para el sustento de su propia población -permitiendo a su vez introducir el policultivo, las rotaciones, especies y  variedades más nutritivas, y muchísima menos mecanización-. Esto mismo podría ocurrir a escala global, pero sustituyendo los actuales monocultivos para pienso de ganado (de enorme impacto ambiental).

Finalmente, es especialmente relevante la mención a la reforma de la tenencia de la tierra y la distribución de los alimentos: de las ineficientes granjas estatales y el reparto centralmente planificado –típico de una economía comunista– a un régimen muy similar a la pequeña propiedad privada y sistema de mercado -pero libre de los grandes oligopolios agroalimentarios que ahogan al agricultor en el mundo capitalista-.

Y es que no son pocos los informes de la FAO que inciden en que la pequeña propiedad privada (o alternativamente arrendamientos o usufructo a largo plazo), con un reparto equitativo de la tierra, son la principal medida que el mundo necesita para alimentar a los 10.000 millones de personas que seremos de aquí a final de siglo.

Ni granjas o cooperativas estatales, ni latifundios de capitalistas absentistas: es el pequeño y mediano agricultor quien tiene en sus manos cambiar el mundo y prevenir el colapso ambiental post-petróleo. Es lo que tanto Cuba como tantos otros lugares del mundo nos han enseñado. ¿Tomaremos nota de ello?

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[Tradiciones] San Antonio de Padua, patrón de La Golfilla

San Antonio de Padua, patrón de La Golfilla

Figura tallada en madera, representando a San Antonio de Padua -con el niño Jesús en sus brazos-, rescatada de las ruinas de la antigua ermita de La Golfilla

Hoy es 13 de junio, San Antón –de Padua, no Abad-. El día entorno al que comienza la siega del cereal, finaliza la cosecha de piñas para salazón… o que marca el punto álgido de múltiples fiestas patronales, entre ellas las de La Golfilla -desaparecidas hace lustros, y que algún día esperamos recuperar-.

Perteneciente a la orden franciscana, San Antonio de Padua (lugar donde permanecen sus restos, o “de Lisboa”, por la ciudad donde nació a finales del s. XII) se suele representar con un lirio blanco -símbolo de su pureza-, un libro -símbolo de su conocimiento, siendo declarado en 1946 Doctor Evangélico de la Iglesia- y con el niño Jesús en sus brazos -pues se afirma que aparecía en sus visiones milagrosas-.

En la tradición popular, sin embargo, los atributos son muy distintos. En una marcada oposición a la pureza virginal del santo que defiende la Iglesia, se han extendido en torno a su figura infinidad de rituales relacionados con la búsqueda del amor -y con frecuencia no precisamente un amor muy “cristiano”-.

Así, tenemos el ejemplo del San Antonio de La Florida (Madrid), en el que las mujeres casaderas arrojan 13 alfileres en la pila bautismal -simulando las arras matrimoniales-, para posteriormente introducir la mano en ella. El número de alfileres que se clavan o pegan a ella represente el número de novios para los próximos 365 días.

Como ya explicamos en su momento, el nombre de la aldea de La Golfilla poco tiene que ver con una actitud sexual desinhibida -como la que podrían representar los hasta 13 novios del ritual indicado-. Y sin embargo no deja de llamar poderosamente la atención esta coincidencia, bastante más reciente que el origen del poblamiento golfillano.

Aunque podría interpretarse una escondida actitud anticlerical de sus moradores, tal vez la propia Iglesia decidiera imponer un símbolo de pureza sobre una aldea con semejante nombre. Aunque lo cierto es que la veneración de San Antonio de Padua está ampliamente extendida en la zona, estando consagrada a su nombre la iglesia de la cercana aldea de Casas del Río.

Esperamos ampliar la información en breve.

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[Escapada] Alcalá del Júcar, joya turística de La Manchuela

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Uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Albacete, y probablemente de toda Castilla-La Mancha, se encuentra a muy poca distancia de La Golfilla (~1h). Hablamos por supuesto de Alcalá del Júcar: una villa ‘colgada’ de una ladera, en plenas hoces del Júcar, y bajo un imponente castillo medieval.

Por méritos propios se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de la región, y desde luego que es visita obligada para quien desee conocer la comerca de La Manchuela.

Visitar portal turístico del municipio

¿Cómo llegar?

El itinerario es muy sencillo y se encuentra bien señalizado. Saliendo desde La Golfilla hacia la Balsa de Ves (acceso suroeste), tomaremos la CM3207 hasta las Casas de Ves, donde giraremos a la izquierda por la AB211. Atravesando la pedanía de Zulema, llegaremos a Las Eras (el barrio alto de Alcalá del Júcar), donde volveremos a girar a la izquierda.

El mejor sitio para aparcar en Alcalá es abajo, junto al río. Ver mapa al final de la entrada.

El castillo

 

Posiblemente el elemento más destacado del patrimonio alcalaeño. Mandado construir por don Juan Pacheco -Marqués de Villena- en el siglo XV, sobre otro castillo anterior de origen almohade, ha sido totalmente restaurado durante los años 70 del pasado siglo.

El castillo, de planta pentagonal y rodeado por una muralla, cuenta con un sótano, dos plantas elevadas y una terraza almenada a la que se accede por una escalera de caracol.

La entrada a esta plaza fuerte es muy económica y, aunque muy sobrio de contenidos, ofrece unas vistas únicas sobre la hoz del Júcar, que justifican por sí solas la subida hasta lo alto del cerro.

Las cuevas de Masagó, de Garadén y del Diablo

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El restaurante de las Cuevas de Masagó permite comer “colgados” de la Hoz del Júcar.

Las diferencias de dureza entre los estratos que forman la roca, causa del paisaje tan característico de las hoces del Júcar, ha permitido también la excavación de inumerables casas-cueva e incluso fortificaciones a mitad del acantilado -inaccesibles para el invasor-.

Este es el caso de las Cuevas de Garadén, de datación imprecisa (pero generalmente adscrita a los siglos XI o XII), que contaba con un importante aljibe y granero.

Tomando el nombre de dicha cueva -con la que frecuentemente se confunde- existe en el casco urbano de Alcalá una cueva denominada “del Rey Garadén” que al parecer cumplía una función defensiva y de aduanas. Data de hace unos 750 años, y está interconectada con la cueva “del Diablo” (de 1905, y ampliada más recientemente), coformando un conjunto cuya visita es totalmente recomensable (ver página web).

El otro conjunto de cuevas que el viajero no se debe perder es el de Masagó / del Duende, de origen almohade y que atraviesa completamente la hoz. Cuenta con un pequeño museo y un restaurante de vistas inigualables (ver página web).

Paseo fluvial entre el puente “romano” y la hidroeléctrica

Además del castillo y las cuevas, callejear por el pueblo tiene su encanto. Pero cuando el cansancio de sus empinadas cuestas aprieta, nada mejor que bajar hasta las orillas del río Júcar.

Aquí abajo encontraremos precisamente el rincón con más encanto del pueblo: el conjunto formado entorno al Puente de la Rambla (conocido popularmente como “romano”, a pesar de datar de 1771), donde el río salva un azud que alimenta el canal de la central hidroeléctrica.

Descansados por la bajada, podremos pasear tranquilamente junto al citado canal a la sombra del arbolado y el frescor de las aguas. Abundan también las terrazas y restaurantes, por lo que es el lugar ideal para terminar la jornada y coger fuerzas antes de volver a La Golfilla.

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Posibles combinaciones:

 

ITINERARIO HASTA ALCALÁ DEL JÚCAR:

 

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[Medio Ambiente] Alimentos locales y “kilómetro cero” ¿son realmente tan sostenibles?

El producto en sí, la gestión de residuos, la temporada y las técnicas de cultivo son mucho más relevantes que la distancia recorrida por el alimento

localfoodUn término muy de moda entre el movimiento Slow Food es el de los alimentos “Kilómetro cero”. Más allá de la evidente estrategia de márketing que hay detrás (los propios defensores hablan en realidad de “hasta 100 km”, y no escatiman en excepciones), lo cierto es que la distancia recorrida por nuestros alimentos hasta llegar al plato se ha convertido en un creciente motivo de preocupación entre las organizaciones ambientalistas, y parece haber un consenso en la importancia de “comprar local”.

El éxito de esta idea radica sin duda en la simplicidad y aparente evidencia para un consumidor urbanita. Transporte = gasolina = CO2. A menos kilómetros, menos emisiones “y punto”. Pero, como de costumbre, la realidad es harto más compleja y no pocas veces comprar local significa incluso un aumento del consumo energético y de las emisiones contaminantes. Eso por no entrar en la distracción que supone con respecto a los verdaderos problemas ambientales de la agricultura.

¿Incrédulos o desengañados? A continuación explicaremos el por qué y daremos algunos trucos para aplicar a la vida diaria sin agobiarse.

Análisis de ciclo de vida de los alimentos

La afirmación de dos párrafos más arriba -sobre el posible incremento de las emisiones al comprar local- no es gratuita ni está hecha a la ligera. Son ya muy numerosos los estudios, basados en la metodología del análisis de ciclo de vida, los que advierten de estos riesgos.

Un ejemplo ya clásico es el del consumo de tomates frescos producidos en Suecia, en comparación con los importados desde España. Siendo el tomate una planta subtropical, que necesita muchas horas de sol y calor, en los países nórdicos estos solamente se pueden producir en invernadero, con calefacción e iluminación artificial.

En el caso de los cereales, la escasa pluviometría en la Península Ibérica conlleva una menor cosecha y mayor consumo energético por unidad producida. La gran facilidad para su transporte con poca energía ha hecho que desde la antigüedad se comerciara con él a larga distancia, sin generar por ello grandes desequilibrios ecológicos.

Superando el estudio de estos casos individuales, que podrían considerarse aislados, disponemos del magífico análisis de Christopher L. Weber y H. Scott Matthews sobre la dieta del norteamericano medio y sus opciones para mitigar el impacto climático.

Las conclusiones son claras: el 83% de las emisiones de gases de efecto invernadero están relacionadas con la producción del alimento, y solamente el 11% tiene que ver con el transporte. De este último, además, un peso preponderante lo tienen no las grandes distancias, sino el inevitable reparto en camioneta hasta nuestras tiendas y supermercados. Vamos, los famosos “30-100 km” que se aceptan con toda normalidad. Los últimos pocos que recorre el producto, y no los muchos de la mitad de cadena de suministro (y digo mitad, porque del campo al primer centro de almacenaje también se emite muchísimo).

De este hallazgo, y la comparación entre la forma de producir los diferentes tipos de alimentos, se deriva una frase lapidaria para los impulsores del “Kilómetro cero”:

Cambiando la dieta -de carnes rojas y productos lácteos hacia pollo, pescado, huevos o vegetales- en el equivalente a menos de las calorías de un día a la semana, se obtiene una reducción de las emisiones de efecto invernadero superior a la de comprar todos los productos locales.

Una receta que, sin embargo, goza de muchísimo menos predicamiento y atención mediática que el famoso “Kilómetro cero”, tal vez porque choca con los intereses proteccionistas de la ganadería patria, importantes grupos industriales, o porque implica un cambio de costumbres -ya no basta con simplemente mirar la etiqueta y tirar de billetera si lo local es más caro-.

En el orden de prioridades para la defensa del medio ambiente, desgraciadamente, hemos empezado la casa por el tejado.

¿Cómo hacer más sostenible nuestra alimentación?

¡Freeeeena! Lo primero que hay que decir es que la misma atención dada a los alimentos -frente a otros sectores- es excesiva con respecto al impacto climático que tiene -al menos en los países ricos-. De nada sirve centrarse en cambiar la alimentación sin antes haber cambiado nuestros hábitos de movilidad en automóvil privado, la calefacción de nuestras viviendas, etc.

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Distancia diaria media recorrida por cada español y por las mercancías que consume.

Fuente: Ecologistas en Acción

Piensa por ejemplo que los 49,5km recorridos cada día por el español medio en diversos medios de transporte, suponen unas emisiones equivalentes a traer casi 100kg de graneles desde China, y unos 20kg de mercancías en contenedor.

Más recomendaciones para bajar tu huella de carbono en esta pequeña obra de la que soy coautor.

Si hemos de centrarnos específicamente en el sector agroalimentario, podemos enumerar las siguientes medidas:

  • Carnes rojas y lácteos, cuantos menos mejor

Los animales rumiantes, destacando el ganado vacuno, generan unas emisiones de metano (potente gas de efecto invernadero) por la fermentación entérica, cosa que dispara el impacto relacionado con su producción. Se podría hablar también largo y tendido de sus purines y la eutrofización de aguas, la deforestación para producir piensos y pastos, y el riego de esos mismos cultivos para piensos…

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Resumiendo: cuanto menos, mucho mejor… y en todo caso de procedencia ecológica y ganadería extensiva. Para obtener proteínas suficientes, podemos sustituir estas carnes por aves, huevos y legumbres. En el resto de productos, el precio será un buen indicador de las emisiones asociadas.

  • Fruta y verdura, de temporada

calendario-verdurasAunque muchos productos -en particular los cárnicos o cereales- no tengan una temporada específica para ser consumidos, sí es importante que las frutas y verduras sean principalmente de temporada. Más arriba ya pudimos ver los efectos de tener que cultivar hortalizas en invernaderos, y aunque España no sea Suecia, se sigue usando una cantidad importante de energía en forma de plásticos, calefacción, iluminación extra, etc.

Que en invierno la hortaliza triplique o cuadruplique el precio del verano no es por casualidad. El precio seguirá siendo una muy buena guía en este caso.

  • Come fresco y poco procesado… ¡y cocinar en casa no es la solución!

De otros análisis de ciclo de vida se puede deducir también el importante impacto de procesar, refrigerar o congelar ,y finalmente cocinar los alimentos. Es algo muy metido en nuestro ritmo de vida, pero que además de ser anti-ecológico es insano.

Mucha gente, consciente de ello, no compra comida procesada en el supermercado… pero no cae en la cuenta de las emisiones producidas en propia cocina, donde además la termodinámica juega en nuestra contra con respecto a cocinas industriales: al ser cantidades menores, se pierde muchísimo más calor.

Salvo que se disponga de cocina solar, la respuesta está en comer -dentro de lo posible- fresco y poco procesado. Y evitar largos tiempos de cocción o calentar mucha agua que luego se va a tirar por el fregadero.

  • Residuos: comerse todo lo que hay en el plato (y la despensa)

Seguramente resultará más que evidente que los productos envasados en mil capas de plástico tienen un impacto ambiental enorme. Pero el verdadero riesgo es más bien otro: el de tirar la propia comida. No solo por el derroche de energía que ha supuesto producirlo, sino también porque -de no compostarse adecuadamente- la comida en los vertederos fermenta y emite grandes cantidades de metano. ¿Nos acordamos de las vacas? Pues eso…

La fracción orgánica, particularmente elevada en España, suele representar entorno al 40-50% en peso de nuestras basuras. De estas, un 15% es carbono que se puede convertir en metano. Según como se gestionen estos residuos, cada kg de comida “tirada” puede suponer hasta unos 4kg CO2eq. Así que planifica tus compras e intenta aprovechar hasta la última migaja.

Según la FAO el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero son generadas por la comida que tiramos.

Bonus: Fruits Moches (“frutas feas”). No solo hay que evitar que se tire la comida en casa, sino en toda la cadena de suministro.

 

  • ¿Cultivo ecológico? ¡Depende!

A pesar de sus ambiciones por reducir el impacto ambiental de la agricultura, la producción “ecológica” no siempre es “la más ecológica”. Esto es así por varios motivos.

Por un lado, hay muchas maneras de medir el impacto ambiental, y una cosa que puede ser mejor para las aguas puede ser peor para el clima. Y viceversa. Por ejemplo, con frecuencia para reducir el uso de herbicidas se tiene que recurrir a un mayor laboreo.

Por otro lado, cada vez son más las voces que claman contra la laxitud de la certificación ecológica, el “sello” que en muchos casos no supone un cambio fundamental de prácticas o cultivos, sino simplemente de productos y tratamientos.

Respuesta: intenta conocer a tu agricultor, y las prácticas que utiliza. Y aquí tal vez sí que ayude (y bastante) que este sea local, cercano, y facil de visitar (en bicicleta!).

  • Cuando el transporte sí juega un papel importante

Como decíamos al principio, la distancia recorrida por un alimento es relativamente secundaria -en comparación con las emisiones derivadas de la producción-, pero eso no significa que las debamos ignorar.

La regla de oro en estos casos no es cuántos kilómetros ha recorrido, sino cómo los ha recorrido. Y que suele contaminar más el último kilómetro que los cientos de anteriores: porque va en TU COCHE vacío, en vez de en un camión completamente cargado.

Los deberes empiezan siempre por uno mismo, y si tus “productos locales” tienes que ir a buscarlos con un coche a una finca situada a media distancia de la ciudad, poco bien estás haciendo. Los sistemas de reparto de alimentos locales pecan mucho de este error. Pero si puedes ir en bicicleta por vivir cerca, la cosa cambia bastante.

Para hacernos una idea: por cada km que hagas en coche para comprar a un agricultir local 5kg de comida, en camión podrían recorrer más de 100 km, en tren unos 1.000 km y en carguero a granel casi 10.000 km. Si vas a comprar en coche: ¡que sea para volver bien cargado!

En el supermercado lo que hay que evitar a toda costa son productos muy perecederos de origen tropical o cultivados “a contratemporada” en el hemisferio sur (por su disparatado precio los identificarás). Estos suelen venir en avión, donde los kilómetros sí que cuentan -y mucho- en el impacto ambiental.

A la inversa sucede con productos duraderos como los cereales o las legumbres -la base de nuestra alimentación-, que pueden venir de cualquier lugar del mundo (¡excepto de países con problemas de deforestación!) sin que ese transporte suponga unas emisiones demasiado preocupantes. Sencillamente porque vienen por vía marítima, y a granel.

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  • No te dejes llevar por lo que parece evidente

Y para terminar este recetario, no puede faltar la recomendación más general e importante en la vida de uno: no debemos creernos siempre a pies juntillas lo que nos explican en la calle, por muy extendida que esté la creencia y por muy evidente que pueda parecer la explicación a primera vista.

Hay que informarse, abrir los ojos, escuchar, tocar y oler. Pensar más en qué se nos escapa, y no tanto en qué conocemos. No conformarse con una bonita teoría, sino centrarse en los hechos. Pedir cifras y no promesas. Recurrir en lo posible a estudios contrastados e independientes.

Hay que hacer caso a la máxima que dice “si es demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea”. Nada en esta vida es fácil, y mucho menos en el campo.

 

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[Excursión] Circular a Tetuán y el Castellar

Aldea de La Golfilla

El camino viejo de La Golfilla a la Balsa de Ves será nuestro punto de partida.
Foto: Eulogio García.

Aprovechando el buen tiempo característico del Bajo Cabriel, y uno de los escasos huecos en la apretada agenda de un fin de semana en la finca, decidimos el otro día caminar por una de las rutas más bellas que nos ofrece el entorno inmediato.

En efecto, la excursión “Circular de Tetuán” (11 km, + 3km si aprovechamos para subir al Castellar) combina la acción y las vistas de sus tramos de montaña, con el paseo tranquilo y relajante a orillas del Cabriel. Ver mapa y descargar trails en Wikiloc.

Aunque se puede hacer en ambos sentidos, recomendamos salir por la mañana tomando el “Camino Viejo de La Golfilla” -que lleva hacia El Viso y la Balsa de Ves-, recorriendo primero el tramo alto de esta ruta.

A escasos 500m de iniciar el recorrido nos toparemos con una amplia pista forestal y, de inmediato, un camino que sale hacia la derecha. Seguiremos esta senda hasta una zona aterrazada con bulldozers y repoblada con pinos, donde encontraremos una bifurcación. Esta vez tomaremos la izquierda, que tras una breve subida empieza a bajar hasta un barranco.

El paso del barranco, que antaño disponía de un pequeño puente, es ahora un poco más accidentado ya que las avenidas se han llevado esta infraestructura. En todo caso el obstáculo es fácil de salvar, y muy pronto nos encontraremos otra vez subiendo hacia el paraje conocido como “Tollo del Águila” -una cresta rocosa muy visible-.

Vistas desde el Tollo del Águila

Extremo de la Finca La Golfilla vista desde el paso del Tollo del Águila al Camino del Hontanar.
Foto: Eulogio García.

Aquí deberemos encontrar un angosto paso, dejando el Tollo a la izquierda y una escarpada ladera a la derecha, y seguir por él hasta una amplia pista forestal -el “Camino del Hontanar”-. Este es el punto más alto de nuestro recorrido (~510m), y el que ofrece mejores vistas sobre la finca.

Bajaremos por esta pista unos 3 km, y llegaremos a las Casas de Tetuán. En la actualidad dispone de una gran explotación de chopo, aunque ha iniciado la plantación de frutales que la caracterizaba antaño.

Aquí podríamos tomar el camino de vuelta a la orilla del río, pero recomendamos totalmente continuar por la misma pista otro kilómetro y medio más, hasta salir de la explotación y -poco después de unas naves agrícolas en desuso- encontrarnos a los pies del cerro del Castellar.

La subida al Castellar es poco clara. No hay un sendero definido, por lo que deberéis confiar en vuestro instinto excursionista para encontrar la vía más fácil. En la parte más alta rogamos extremar el cuidado, puesto que se trata de un importante yacimiento arqueológico y los escasos lienzos que quedan de las construcciones son muy delicados.

El Castellar es una antigua torre de vigía árabe, de los siglos XI a XII, que controlaba el paso de cabalgadas desde Requena hacia la Tierra de Ves y Jorquera. También era una excelente manera de dominar el comercio fluvial en el Cabriel, en particular la bajada de madera para los astilleros de Denia.

Vistas desde el Cerro del Castellar

Vistas desde lo alto del Cerro del Castellar sobre la finca de Tetuán y el río Cabriel.
Foto: Stefan Nolte.

A 470m sobre el nivel del mar, y unos 100 sobre el nivel del río, las vistas son imponentes -llegando a ver las aldeas de Perichán y Cilanco- y permiten hacer fotografías francamente espectaculares. También nos hacen reflexionar acerca de las condiciones de vida que debían llevar sus moradores antaño.

Entorno a la torre del Castellar pueden hallarse innumerables fragmentos de cerámica árabe e incluso algunos restos del antiguo asentamiento íbero. Rogamos máximo respeto por el patrimonio de todos.

Tras la bajada del cerro desandaremos nuestros pasos de nuevo hasta Tetuán, donde poco después de la abandonada casa de labor veremos un desvío hacia la izquierda -de referencia servirán un corral abandonado y una roca muy característica que bordearemos-. Pasado un pequeño cauce seco, nos adentraremos en un pinar en dirección hacia el río, siguiendo lo que era la antigua senda que unía La Golfilla con Tetuán.

Dado que esta antigua senda se ha perdido en gran medida, es deseable tener algunas nociones de orientación y seguir todo el tiempo paralelos al río, sin subir en ningún momento, hasta que alcancemos un gran platanero que ofrece un lugar magnífico para descansar e incluso bañarse -ojo con la corriente-.

Acantilado frente a la Rambla de Albosa

El acantilado formado por la potencia hidráulica de la rambla de Albosa es el tramo más conflictivo de esta excursión, dado que la senda histórica se ha perdido. Rogamos extremar la precaución.
Foto: Stefan Nolte.

El citado platanero marca el punto de inicio de una suave ascensión para salvar un acantilado, que se ha originado debido a la fuerza con la que baja el agua por la Rambla de Albosa / Caballero -en particular en el diluvio de 1982-. Los desmoronamientos de este acantilado han supuesto la desaparición de la senda histórica, por lo que nos hallaremos en un paso complicado “campo a través”.

Este tramo conflictivo se salva aproximadamente a 20m de distancia del borde del acantilado, por un camino muy poco definido y bastante erosionado. Rogamos extremar la precaución.

Poco antes de la Presa de La Golfilla, de la que toma las aguas nuestra finca, bajaremos rápidamente para reincorporarnos al camino histórico, que transcurre paralelo a la acequia hasta nuestro punto de partida. Salvo un paso con zarzales y un punto en el que a veces la acequia se desborda, no encontraremos mayores problemas y el paseo será agradable.

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Oficios tradicionales: Los ‘gancheros’ y la ‘maderada’

gancho

Paseando el otro día por la orilla del Cabriel, hicimos un hallazgo fortuito la mar de interesante. Se trata de un mango de longitud mediana, con asa en un extremo, y punta de hierro con gancho en el otro. ¿Alguien lo identifica? ¡Pues claro que sí!

El utensilio es muy característico de las comunidades fluviales de la Península Ibérica, y servía para conducir troncos de pino desde los grandes bosques del interior hasta los astilleros de la costa, ayudados por la fuerza del agua. Una profesión muy dura, ejercida normalmente en los meses invernales (con mayor caudal en los ríos) por jornaleros que, durante el verano, también dedicaban todo su esfuerzo a la siega y recolección de los cereales en las zonas de secano. Sin olvidar la inestimable ayuda de sus esposas y resto de la familia, que recorrían el río en paralelo –cargadas y no siempre por caminos fáciles- para preparar la comida en los lugares señalados para hacer una breve pausa y recuperar fuerzas. Un rol vital que pocas veces se reconoce como es debido.

En el caso que nos ocupa, los ríos Júcar y Cabriel están entre las primeras referencias documentales a este oficio, que debemos una vez más al geógrafo Al-Idrīsī (como ya vimos en la Historia de la Villa de Ves), esta vez en su Kitāb Ruyyār:

“Qalasa’ es un castillo (hisn) inexpugnable fundando al otro lado de las numerosas montañas, donde crece innumerable arbolado de coníferas (pinos). Se cortan los maderos y son transportados por agua y conducidos hasta Denia y Valencia. Estas maderas van por el río de Qalasa’ hacia Alcira, y desde allí hacia el castillo de Cullera, donde los descargan al mar. Se embarcan y se llevan a Denia; en ella se construyen grandes navíos y pequeños barcos. Los maderos gruesos se conducen a Valencia, y se envían para la construcción y las viviendas.”

Las ‘maderadas’ por el Júcar y el Cabriel sufrirían un marcado auge a partir del siglo IX, tras el ataque vikingo a Cádiz, que motivaría la creación de la gran flota de Abderramán II con la que los musulmanes dominarían el Mediterráneo occidental por cuatro centurias. Desde la serranía de Cuenca –y sus magníficos pinos laricios– los troncos bajaban por flotación hasta los astilleros de Denia, ciudad que durante las primeras taifas procuró mantener el control estratégico tanto de los bosques del interior como de las Islas Baleares.

denia

La Taifa de Denia se procuró el control estratégico de los pinares del interior para dominar el Mediterráneo.

La importancia de esta actividad hizo que se excavaran pasos específicos en la roca y que en todos los pequeños azudes del río Cabriel se instalaran portillas para que pudieran pasar los troncos. Sabemos incluso que en Villatoya, en pleno s. XIX, se cobraba peaje a los ‘gancheros’ que quisieran pasar por allí –un peaje similar al del ‘pontazgo’ medieval, aunque gravando a los que iban por el río y sin ofrecer una infraestructura útil a cambio, sino por puro chantaje aprovechando el vacío legal-. Hay mucho que contar sobre la pervivencia del Antiguo Régimen en Villatoya, que no se liquidaría hasta 1943.

Sea como fuere, el transporte fluvial de madera entró en declive por la competencia del transporte terrestre (por carretera o ferrocarril) y el recurso a materiales sustitutivos como el acero o el poliéster en la construcción de embarcaciones –y el hormigón y el ladrillo para viviendas-. El golpe de gracia lo daría la construcción del embalse de Contreras, en 1972, que cortaría definitivamente el paso a los ‘gancheros’.

Como muestra del gravísimo impacto social que tuvo este final repentino y forzado del oficio de ‘ganchero’, podemos citar los trágicos Sucesos de Yeste, pocas semanas antes del inicio de la Guerra Civil, en el extremo sur de la provincia de Albacete.

Pero la memoria histórica de este oficio perdura, y en los últimos años se han recuperado con bastante fuerza las ‘maderadas’ como espectáculo y atractivo turístico. Por ejemplo, durante las Fiestas de Mayo de Cofrentes podremos ver a un puñado de valientes jóvenes (y no tan jóvenes), vestidos para la ocasión y armados con el tradicional ‘gancho’, haciendo juegos de equilibrio sobre los troncos flotantes.

¿Alguien se anima a venir a La Golfilla por estos días, y bajar a Cofrentes a participar en la ‘maderada’? ¡Os aseguro que engancha!

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